10 BASIC VARIABLES STATE OF THE ART
10.2 Sea Surface Temperature (SST)
mejora del desempeño de la Organización así como en el respaldo al desarrollo institucional. Hace 10 años, en el 2002, la Organización elaboró un marco de gestión del programa, enfocado en la vigilancia, la evaluación y la presentación de informes. Dicho marco incluía una serie de directrices que presentaban a la evaluación en el marco de los principios de la gestión basada en los resultados y se diferenciaban cuatro tipos de evaluaciones del programa de la OMS: las evaluaciones de la ejecución del presupuesto por programas, es decir los informes de evaluación de la ejecución del presupuesto al final de cada bienio; las evaluaciones programáticas; las evaluaciones temáticas y las evaluaciones por países (OMS, 2011).
Posteriormente en el 2006 se establecieron directrices de evaluación, con la finalidad de describir la aplicación de la evaluación en la Organización y las responsabilidades en este aspecto y principalmente para orientar la labor de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna (OMS, 2011).
Dentro de este contexto a partir del 2003 la Secretaría de la OMS ha incrementado el número de evaluaciones tanto programáticas como temáticas y por países en todos los niveles de la Organización. La mayor parte de ellas son evaluaciones programáticas realizadas anualmente, pero no existe un seguimiento sistemático de las recomendaciones establecidas en dichas evaluaciones por lo que su contribución al aprendizaje institucional y a la gestión de conocimientos es menor (OMS, 2011).
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Asimismo, si se lo analiza desde una perspectiva institucional más amplia, la OMS no ha tenido mayor éxito en cuanto a la promoción de una cultura de la evaluación y de enfoques participativos respecto a las evaluaciones, así como también el desarrollo de la capacidad de evaluación en todos los niveles ha sido escaso. Esto es producto de la ausencia de disposiciones institucionales respecto a la función de evaluación, a pesar de la importancia que ésta tiene. Un gran ejemplo de esto es el hecho de que la Organización no cuente con un mecanismo directo de supervisión de los órganos deliberantes. “La OMS carece de un mecanismo arraigado de supervisión de la evaluación por los órganos deliberantes” (OMS, 2011:6).
Sin embargo, en deliberaciones recientes y a medida que se ha ido reconociendo el problema que esto representa para la Organización en su desarrollo institucional y gestión eficaz, se ha determinado la posibilidad de utilizar algún arreglo institucional disponible mediante el cual los órganos deliberantes podrían encargar, supervisar y realizar evaluaciones independientes de la labor de la OMS. Entre ellos, se encuentra la posibilidad de seleccionar expertos independientes, ampliar el mandato de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna o establecer un órgano independiente que informe de manera directa al Consejo Ejecutivo (OMS, 2011).
Otra razón es la falta de un mecanismo eficaz para la asignación presupuestaria que impulse la función de evaluación mediante su financiamiento, es por este motivo por el cual la mayor parte de las evaluaciones que se llevan a cabo dentro de la OMS se las continúa encargando a los distintos programas técnicos, quienes además de tener otras funciones técnicas no son un actor independiente ya que se trata de la evaluación de su propio desempeño (OMS, 2011).
Por otra parte, la evaluación también tiene una importancia decisiva en la Organización debido a su contribución fundamental a la labor de ésta dado que fortalece la rendición de cuentas de cara a los interesados directos. Si bien la evaluación externa independiente, profunda y realizada periódicamente puede constituir un gran aporte para la mejora del desempeño de las organizaciones internacionales y contribuir a su desarrollo, la OMS es una de las pocas organizaciones del sistema de las Naciones Unidas que no cuenta con una política de evaluación avalada por sus órganos deliberantes y que
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además no hace públicos sistemáticamente los informes de evaluación (OMS, 2011).
Las evaluaciones de la labor de la OMS son realizadas por encargo y se llevan a cabo en tres niveles distintos: el nivel del sistema de las Naciones Unidas, a través de la Dependencia Común de Inspección; la Organización en su totalidad, mediante la Oficina de Servicios de Supervisión Interna; y a nivel descentralizado por medio de los programas individuales de la Organización. Sin embargo, la OMS no dispone de un mecanismo destinado a que los órganos deliberantes encarguen a quien corresponda y supervisen las mencionadas evaluaciones, por lo que no existe una vigilancia y monitoreo adecuado que contribuya a mejorar la eficacia institucional (OMS, 2011).
Gran parte de las evaluaciones externas se encargan a algún asociado o a un grupo de asociados. De esta manera, puede limitarse a la OMS o también se puede encomendar a otros organismos que pueden estar dentro o no del sistema de las Naciones Unidas, como por ejemplo la Red de Evaluación del Desempeño de Organizaciones Multilaterales y el Examen de la Ayuda Multilateral del Reino Unido, quienes han presentado informes recientes que incluyen la evaluación de la gestión de la OMS, como se ha detallado ya en apartados anteriores. Lo curioso de esto es que los resultados de dichas evaluaciones externas si se hacen públicos (OMS, 2011).
A pesar de que se trata de dos elementos independientes la evaluación se encuentra vinculada con la vigilancia sistemática del desempeño y el uso de los recursos, una función esencial para la rendición de cuentas. La evaluación es permanente y resulta en un componente integral para cada etapa del ciclo de programación, en cada ciclo de planificación y presupuestación de la Organización es incluido un plan de evaluación. En este aspecto, existen dos tipos de evaluación, la evaluación formativa cuyo fin es mejorar los programas y la evaluación sumativa o acumulativa la cual examina los resultados o productos de los programas (OMS, 2011).
En este sentido, se evidencia la necesidad de institucionalizar desde una perspectiva integral el seguimiento y la evaluación de la OMS a partir de dos enfoques. En primer lugar a través del fortalecimiento de los mecanismos que ya existen por medio del establecimiento de una política de evaluación de
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la Organización que se base en las mejores prácticas a fin de que se aplique tanto a las evaluaciones realizadas en la OMS como a las encargadas externamente. Y por otro lado también mediante la aplicación de un mecanismo para llevar a cabo una evaluación independiente de alto nivel, con el liderazgo de los órganos deliberantes, a fin de que tenga un impacto e influencia de gran relevancia (OMS, 2011).
3.3.3. Eficacia, coordinación y eficiencia entre los distintos niveles de la OMS