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3.4 RESEARCH METHODS

3.4.2.3 Sampling strategy

Michael Coe (1965, 1968) retoma la interpretación de Stirling del acto sexual entre un jaguar y una mujer, como momento mítico que instituye el origen del hombre olmeca que se reconocía como el producto de este acontecimiento (Coe, 1962: 85). De esta unión se generó una estirpe de niños-jaguares que con el tiempo se convirtieron en el imaginario religioso, en divinidades relacionadas con la lluvia y la fertilidad, como bien pudo demostrar, en la opinión de Coe, Miguel Covarrubias en su hipótesis genealógica de cultura

madre. En breve tiempo: “El concepto del jaguar se convierte en el corazón de la civilización olmeca”21 (Coe, 1962: 85). El mascarón y los pavimentos de serpentina, que constituyen las ofrendas masivas de La Venta y que tendremos modo de interpretar más adelante, son considerados por Coe como una de las pruebas más evidentes de la presencia de un culto al jaguar en las comunidades olmeca.

La contribución más importante del autor con relación a la definición de una religión olmeca, yace en su interpretación de un monumento conocido como el Señor de Las Limas (lámina 1) por el lugar en donde fue encontrado. Examinando la iconografía de la escultura, Coe resalta la presencia de cinco divinidades (figura 1) que posiblemente formaron el centro de un sistema religioso politeísta, basado en el principio dualístico de oposición de los contrarios como sistema de ordenación del cosmos, que subsistirá como una característica distintiva de las posteriores tradiciones, principalmente de la mexica. En el marco de este análisis, el autor interpreta las cuatro figuras incisas en los hombros y en las

rodillas de la escultura, como un grupo de divinidades que anticipan los aspectos de los dioses mexica Xipe, Xiuhtecuhtli, Quetzalcóatl y Mictlantecuhtli que se representan, conforme a esta exégesis, como aspectos de la más compleja figura del dios Tezcatlipoca. Esta figura sobrenatural, a la cual Coe atribuye características de dios jaguar22, reúne a todas las anteriormente mencionadas en la imagen del niño-jaguar (were-jaguar), situado en el centro del tema narrativo23 y símbolo de la centralidad del poder y de la autoridad de un linaje real.

figura 1. Las cinco divinidades señaladas por Covarrubias.

En el Señor de Las Limas, Coe ve un principio de organización del universo basado en la idea de la división del plano horizontal terrestre en cuatro puntos extremos más un quinto en el centro (el quincunce), que constituye el foco hacia el cual convergen las fuerzas opuestas y complementarias que gobiernan el equilibrio del cosmos y que se sintetizan en la imagen del Tezcatlipoca olmeca. Desde luego, a pesar de reconocer la complejidad del sistema de creencias sobre el cual se basaba la interpretación del mundo para las comunidades que, por su utilización de ciertos temas iconográficos, caían dentro del

horizonte olmeca, Coe reitera su interpretación del sustrato “felinista”, que orienta y

alimenta el sistema religioso y social de aquellos grupos.

22 En realidad la figura de Tezcatlipoca, es mucho más compleja. Evidentemente, Coe ajusta su interpretación

a los datos parciales a su disposición en el momento en que lleva a cabo su investigación, aunque ya en su época habían sido publicados numerosos estudios, como los de Sejourné (1957), que trataban de interpretar esta divinidad del panteón mexica.

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De la Fuente comenta brevemente la obra de Coe en la siguiente forma: “Sus estudios lo llevaron a reconocer una deidad primordial de la lluvia – bajo el especto de hombre jaguar – (1965, 1968), y más adelante a proponer la identidad de otros dioses cuyos nombres y atributos se toman de la religión mexica: Xipe, Xiuhcóatl, Quetzalcóatl y el dios de la muerte, y se miran grabados en hombros y rodillas de la escultura de Las Limas.” (de la Fuente, 1996: 208).

La centralidad de la figura con rasgos humanos de infante y de jaguar, no es puesta en discusión por el autor. Por lo contrario, la eleva a punto de convergencia y de explicación de la compleja dinámica del cosmos olmeca centrada en el culto del dios de la lluvia, como ya había sugerido anteriormente Miguel Covarrubias. A Michael Coe, se debe además el haber puesto nuevamente en el centro del debate las líneas de continuidad presentes entre la cultura olmeca, vista como origen de todos los desarrollos posteriores, y las más conocidas tradiciones maya y mexica24, a pesar de que sus asociaciones de las supuestas divinidades olmecas con las mexicas, queden bastante dudosas25.

El profundo convencimiento de que lo olmeca constituyese la cultura fundadora de Mesoamérica, llevó a Coe, como ya había sucedido con Covarrubias y otros autores de la escuela felinista (como Piña Chan), a marginar la problemática de un estudio total de las bases de la cultura mesoamericana.

El estudio del Señor de Las Limas es paradigmático de esta actitud. En la opinión de Coe, el olmeca representa el fenómeno prístino y fundador de toda la civilización mesoamericana. El culto de esta cultura temprana, gira alrededor de la figura del hombre- jaguar producto de una cópula mítica. El olmeca resulta ser el primer Estado de toda la tradición mesoamericana y utilizando como fuente a Bernardino de Sahagún, Coe plantea que la Tamoanchan de la cual habla el fraile, pudo coincidir precisamente con el centro de difusión de la cultura olmeca que, más tarde, echará los fundamentos de los desarrollos mayas (Coe, 1968: 59).

Si el jaguar es el ancestro fundador de todo el sistema simbólico olmeca, en la muy posterior cultura mexica, el tigre está representado por el dios Tezcatlipoca que, como hemos visto, lucha ardientemente contra Quetzalcóatl en uno de los numerosos mitos fundacionales que nos han dado a conocer los cronistas de la Conquista. De esta forma, resulta que las cuatro figuras esgrafiadas en los hombros y en las piernas del Señor de Las

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Parafraseando a Alfonso Caso, afirma Coe: “Hay la posibilidad de un análisis genético que destacaría las analogías entre las iconografías religiosas maya y mexica; después que relativamente tardíos pormenores de difusión entre las dos han sido descubiertos, es bien obvio que esas imágenes que son parientes, radicarían en su común origen, un origen que sólo puede ser olmeca.” (Coe, 1972: 1)

25 El autor, examinando la oferta masiva constituida por el mosaico de serpentina de La Venta (lámina 2), la

interpreta (según la tradición, aunque autores como Drucker lo habían leído, en la opinión de Coe, al revés) como un gran mascarón de hombre-jaguar con la “hendidura en forma de V” hacia arriba y los remates inferiores representando motivos de pluma-diamante (Beverido, 1996: 58).

Limas, no son otra cosa que la representación del Tezcatlipoca cuádruplo del que habla también la Historia de los mexicanos por sus pinturas, identificándose con las varias advocaciones que este principio encarna, es decir: Xipe, Xiuhtecuhtli, Quetzalcóatl y el Dios de la Muerte.

Desgraciadamente Coe no aporta datos iconográficos decisivos que pudieran relacionar estas cuatro figuras con Tezcatlipoca. La hipótesis del autor no queda comprobada además ya que toma simplemente uno de los muchos mitos que se refieren a Tezcatlipoca y lo convierte en una clave de lectura cabal. Dentro de sus premisas, Coe, a pesar de que anticipa por primera vez, algunos principios que están en la base del funcionamiento del cosmos mesoamericano (como el sistema de advocaciones), interpreta el concepto de divinidad simplemente como la ocurrencia de un principio divino fijo que lleva sus características peculiares y que queda separado del contexto de su acción cosmogónica.

El Tezcatlipoca olmeca, se convierte por lo tanto, en el receptáculo de la autoridad de una élite que se reconoce como descendiente de este gran animal totémico. De hecho, la propuesta de Furst (la transformación chamánica y su vinculación con un grupo de poder religioso), parece constituir, en la opinión de Coe, el primer paso de este proceso. Además hay que subrayar que el Tezcatlipoca mexica, no se personificaba solamente bajo las apariencias de un jaguar. Siendo un principio divino vinculado a la dinámica cósmica,

Tezcatlipoca, como todas las demás divinidades, representaba una figura compleja que no

podía sustraerse de sus desempeños dentro del funcionamiento del universo y podía presentarse, por ende, bajo varios aspectos.

Sin embargo, nos parece fundamental evidenciar cómo, en la interpretación de los elementos iconográficos que constituyen el referente visual de la esencia del universo olmeca y de su complejo sistema de creencias, la propuesta de Coe, junto con las indicaciones ya definidas por Piña Chan, representa un cambio de paradigma importante ya

que muestra la presencia, en el sistema de culto elaborado por lo olmeca (que para nosotros cae adentro de la identificación temporal con el Preclásico Medio), de una

variada combinación de elementos iconográficos y de entidades sobrenaturales que la

teoría del “felinismo”, según nuestro punto de vista, no logra abarcar plenamente26