6.10 Theoretical discussions
6.10.2 Dynamic electromagnetically induced transparency
6.10.2.1 Scaling behavior to optical depth and pitfalls via dissipative absorption
Las apuestas e iniciativas de la Ley 731, construida en el marco del neoliberalismo, se encuentran bajo la lógica empresarial y productiva, que caracterizan este modelo y son acordes a sus principios y ejes rectores. Dentro de este tipo de políticas existen herramientas, mecanismos y estrategias para vincular a toda la sociedad a la productividad nacional, a la competencia mundial, por medio de la eficiencia y maximización de sus actividades diarias, para estar acordes con el modelo productivo de mercado. Un ejemplo de estas estrategias
son los créditos, microcréditos y subsidios condicionados, los cuales permiten a los pobres y a los grupos vulnerables, que encuentran desventaja en el sistema, involucrarse e incorporarse en las dinámicas económicas. Se pretende, entonces, que a partir de los préstamos, se le brinde ayuda a las mujeres como población más pobre y vulnerable, sin formas de acceder a los medios de producción, para que puedan, por medio de ingresos propios, tener la oportunidad de generar empresas a pequeña escala, que por lo general son de producción artesanal en el hogar (Feiner & Barker, 2013).
Siguiendo uno de los principios rectores del neoliberalismo, las personas son pobres a partir de causas y limitaciones individuales, que si empiezan a trabajar activamente y a aportar al modelo, se verán retribuidas satisfactoriamente, se beneficiarán de la riqueza producida en la nación y disminuirá así la condición de pobreza (Feiner & Barker, 2013); por lo cual, la mayoría de programas de créditos son diseñados para mujeres pobres, ya que es en ellas que recae la posibilidad de combatir la pobreza en los países en vía de desarrollo. De esta forma, los créditos y subsidios condicionados, que hacen parte fundamental de las políticas sociales del modelo neoliberal, pretenden ser una herramienta que les permita competir con los hombres que se encuentran en la esfera pública; incorporarlas y articularlas a la producción nacional; que se conviertan en sujetos útiles y eficientes económicamente y que tengan mayor posibilidad de acceder a los factores de producción.
Es así como el neoliberalismo concibe los créditos y subsidios, que sirven para paliar las consecuencias del mismo, pero sobre todo, para generar mayores niveles de producción nacional. Sin embargo, las mujeres que hicieron parte de la construcción de la Ley 731, que se encuentran inmersas en este modelo, tienen una visión diferente que permite entender y apropiar la política del crédito de forma
que empodera a las mujeres, y no sólo las somete a ser mano de obra útil al sistema capitalista.25
En el momento de la promulgación de la Ley 731, las mujeres expresaban que ellas querían tener sus propios cultivos, donde pudieran sembrar y comercializar, pero principalmente, que pudieran tener un ingreso a partir de proyectos propios de mujeres, como lo señala Laura Herrera, dirigente campesina de ASODEMUC:
“Las mujeres querían poder acceder a créditos blandos, que fueran diferenciados para hombres y mujeres, que no constituyeran una carga más para las mujeres sino que pudiera ser útil para la independencia económica que guardaban con sus esposos y hombres de la familia; al igual que se pudiera visibilizar, demostrar y potenciar el trabajo de las mujeres para el producto interno bruto”26
Fue así como las mujeres campesinas pertenecientes a diferentes organizaciones de mujeres y mixtas, se sumaron y participaron de la construcción de un Fondo que pudiera cumplir con los objetivos que éstas habían trazado.
“Crear un fondo para espoliación de las mujeres, para que los pesos no se desviaran hacia proyectos colectivos, que con la disculpa de que hay hombres y mujeres se invisibilizara la mujer, sino que sirviera como un fondo que permitiera a las mujeres acceder a cualquier proyecto productivo que ellas quisieran. De esta forma se esperaba empoderar a las mujeres, que al recibir ingresos propios, a partir de proyectos productivos, generaría un mínimo de seguridad económica, que permitiera un paso más para la independencia economía de las mujeres rurales”.27
Las intenciones o pretensiones que se le adjudicaban a este fondo, se podrían resumir en 4 objetivos centrales, tal como lo señalan las mujeres entrevistadas: el primero hace referencia a que se debía capacitar a las mujeres para que mejoraran sus producciones o se incorporaran en ellas, el segundo en la financiación de alguien que las ayudara a hacer la presentación del crédito de su proyecto productivo, el tercero a la asistencia técnica especializada para los
25
Si bien, este Fondo ha representado una ardua pelea de las mujeres con el gobierno nacional, para que no solo se reglamente, sino que también se cumpla a cabalidad, en esta investigación nos centraremos en ciertos objetivos que moldean a las mujeres campesinas a partir de exigencias que caracterizan el modelo neoliberal.
26
Entrevista realizada a Laura Herrera, dirigente campesina de ASODEMUC, Octubre del 2013.
27
Entrevista realizada a Myriam Gutiérrez, perteneciente al IICA, y participante activa en la construcción de la Ley, octubre de 2013.
distintos proyectos y, por último, la entrega del capital semilla, es decir el crédito para la siembra, la semilla o la cosecha, ya que la mayoría de ellas no recibían créditos porque sus cónyuges ya habían sido destinatarios de algunos.
De esta forma, se crea el Fommur en el artículo 10 del capítulo II de la Ley 731 del
2002, como una herramienta para el “apoyo de planes, programas y proyectos de actividades rurales que permitan la incorporación y consolidación de las mujeres
rurales y sus organizaciones dentro de la política económica y social del país”28. Dentro de sus principales objetivos, señalados en la Ley, se encuentran “la
divulgación y capacitación sobre el acceso al crédito, la promoción y la formación de planes, programas y proyectos a favor de las mujeres rurales, así como, para la
asistencia técnica, comercial y gerencial de los mismos”. Así mismo “el Fommur
incentivará tanto la creación, promoción y fortalecimiento de formas asociativas, con el fin de lograr una vinculación organizada y directa de las mujeres rurales
dentro del mercado”. Por último, contempla “el apoyo a los departamentos y
municipios que inviertan en planes, programas y proyectos para las mujeres
rurales que guarden relación con su objeto social”.
Este Fondo, de conformidad con la filosofía y enfoque empresarial que caracteriza la política agropecuaria, tiene el deber de desarrollar Proyectos de Fortalecimiento a Emprendimientos Productivos y Desarrollo de las Mujeres Rurales, que se encuentren enfocado en la implementación de proyectos productivos acordes a las demandas concretas del mercado nacional y sobre todo mundial (Juristas, 2011).
Debido a que en la Ley 731 del 2002, únicamente se disponían los objetivos generales del Fondo, quién lo administraría y de dónde saldrían los recursos para su funcionamiento, fue necesario reglamentarlo con el fin de ampliar, concretar y ejecutar de mejor forma las disposiciones de la Ley. Bajo esto se reglamenta mediante Resolución 00127 de 2003, por la cual se resuelve: la naturaleza, objetivos, beneficiarias, actividades y recursos, así como su estructura y
28
Documento investigado de la página:
ejecutores29. En este marco se apuntando a “fortalecer la capacidad de gestión y
ejecución de los procesos de desarrollo económico, político y social de las mujeres rurales que les permita mejorar su calidad de vida. Los beneficios de este Fondo estarán destinados a las mujeres rurales de bajos recursos económicos30, que
vivan en las áreas rurales del país y aquellas que vivan en las cabeceras
municipales cuya población no exceda los 5.000 habitantes”. Se establece
también la participación de las mujeres representantes de organizaciones en el Comité Directivo del Fondo y, que los recursos podrán estar destinados a la capacitación en: acceso a financiamiento; formulación y gestión de proyectos; creación y fortalecimiento de formas asociativas; en actividades que les permita desarrollar sus proyectos y negocios rurales de manera eficiente tales como: producción, transformación, comercialización y procesos de mercadeo, desarrollo empresarial y manejo ambiental; y, desarrollo humano, participación ciudadana planeación del desarrollo, liderazgo y equidad de género.
Muy pocos son los proyectos que tienen como fin a las mujeres, y los que los tienen desvían los recursos o simplemente no se ejecutan. La mayoría son planes mixtos, los cuales le asignan recursos a los hombres; en los cuales la asistencia técnica, los créditos y las capacitaciones van destinadas a éstos debido a la valoración que se hace de su trabajo en el sector agrario y muy pocas veces a las mujeres, así ellas participen activamente en todos los procesos productivos.
De esta forma, y siguiendo la lógica de la división sexual del trabajo, los proyectos destinados al campo colombiano, así como las asignaciones generales de presupuesto, tienen cierto sesgo patriarcal, los cuales parten de la falsa noción que las mujeres se encuentran en el mismo nivel que los hombres sin tener en cuenta las desventajas históricas y por lo tanto no reciben beneficios particulares. Retomando la entrevista realizada a Myriam Gutiérrez:
29
Documento investigado en http://www.icbf.gov.co/cargues/avance/docs/resolucion_minagricultura_0127_2003.htm
30
Aquella cuyos activos totales no sean superiores a los definidos para los pequeños productores según Decreto 312 de 1991, y aquella que no posea activos pero que sus ingresos mensuales, en especie o dinero, no superen los dos salarios mínimos mensuales legales.
“los presupuestos generales destinados al campo colombiano, no existe una asignación diferenciada por género; los fondos y dineros se destinan a programas y planes, en los que se incluyen de la misma forma hombres y mujeres, por ejemplo a la salud de los y las campesinas, o a los proyectos productivos de hombres y mujeres”
Lo anterior hace que este Fondo operado por el Ministerio de Agricultura, como lo señala Laura Herrera:
“seleccione 10 departamentos, los de mayor pobreza, que tengan las cifras e índices más desfavorables del país, y dentro de estos se genera concursos de tal forma, que las mujeres puedan participar con sus proyectos, para acceder a la tierra y no se desvíe a otras partes. En cada gobierno se fijan los criterios para seleccionar cada uno de los proyectos que se presenten, partiendo que deben estar acordes y en consonancia con las exigencias actuales del mercado”.
Es así, que el Fondo se fija como principal objetivo incorporar y consolidar a las mujeres rurales y a sus organizaciones dentro de la política económica y social del país e incentivar cualquier esfuerzo de las mujeres y sus organizaciones para vincularlas directamente al mercado. Alude al principio de la productividad de las mujeres y, con esto, pretende capacitar a las que no han podido ingresar en la economía nacional, para que puedan recibir préstamos y acceder a los medios de producción.
La creación del Fommur dentro de esta Ley, pretende ser el instrumento que permita apalancar las actividades necesarias para que se formulen proyectos en torno a dar cumplimiento a algunos articulados de la Ley y, como lo expresa Myriam Gutierrez:
“De igual forma pretende brindar a las mujeres las mismas oportunidades que los hombres tienen, sin dejar de lado las diferencias biológicas y demás, para acceder a los recursos y al poder”.
El Fommur moldea las características de las mujeres, capacitándoles y permitiendo el ingreso e incorporación en el mundo económico, a partir de la solicitud de créditos y préstamos que les da la posibilidad de producir mucho más.
Se pretende que las mujeres potencien las labores reproductivas y domésticas para que puedan ser funcionales al sistema, y que puedan ampliarlas a un ámbito que traspase lo domestico, incentivando la capacitación para poder tener sus propios proyectos, lo que significa más mano de obra productiva.
Estos dispositivos de poder, reflejados en la intención de capacitar a las mujeres que no se encuentran incorporadas en la producción nacional, a partir de las exigencias del mercado, para que puedan acceder a créditos que le permitan entrar a competir en la economía nacional, demuestran que son técnicas encaminadas a satisfacer las necesidades del modelo predominante, forjando mujeres más eficientes, competitivas y útiles con sus proyectos productivos.
Es necesario resaltar que se habla del Fommur como tecnología de género que produce mujeres con ciertas características específicas, debido a que incorpora a las mujeres a la producción nacional, sin resolver las causas de discriminación, a la vez que profundiza los sesgos de género propios del sistema patriarcal. Como lo señala Facio (1999), se profundizan las estructuras que excluyen la participación real y adecuada de las mujeres, ya que se tiende a situarlas en una
“igualdad masculinizada”, es decir, se pretende elevar a la mujer al nivel del
hombre, bajo paradigmas netamente masculinos, mientras se fortalecen, con esto, los roles constituidos históricamente, en los cuales las mujeres tienen funciones desfavorables.
Para ahondar en la concepción del Fommur como tecnología de género, se hace preciso retomar tres puntos clave que, podría considerarse, muestran de forma explícita el reforzamiento del sesgo de género:
- Las mujeres y su trabajo no eran reconocidos por la economía nacional, no eran tenidas en cuenta para los proyectos o planes del gobierno. Sin embargo, en marco del modelo neoliberal, se generan ciertos mecanismos para incorporarlas a la producción de forma más efectiva y eficiente. Es así como el
planteamiento del Fommur y su justificación, tienden a un claro privilegio de lo productivo, a partir de brindar préstamos y capacitaciones a las mujeres para que accedan a los medios de producción y a maximizar sus actividades cotidianas. Prevalece la intención de priorizar la productividad, por encima de cambiar las condiciones estructurales que producen la pobreza entre las mujeres y la falta de oportunidades de ellas, adaptándolas por medio del Fommur con políticas de financiación, capacitación y acceso a medios de producción, a la nueva dinámica económica que experimenta el país, en la cual deben maximizar sus labores domésticas y reproductivas.
- El marcado enfoque patriarcal y empresarial que atraviesa y condiciona este Fondo, no involucra a los hombres a las actividades domésticas. Por el contrario, tiende a generar el doble esfuerzo de las mujeres, para poder ser útiles en el nuevo modelo de producción, sin dejar de cumplir con las labores de la casa. Omite las diferencias y las desigualdades históricas que ha traído consigo el sistema patriarcal, en el que hombres y mujeres no se encuentran en el mismo nivel de acceso a oportunidades, sitúa a las mujeres a competir en el mercado de trabajo y a desenvolverse en la esfera pública, que se constituye con lógicas masculinas, sin darle posibilidades reales e iguales.
- Las mujeres rurales, como hemos visto a lo largo de esta investigación, cumplen funciones y roles muy específicos dentro de la economía agraria, los cuales generalmente son invisibilizados; el trabajo doméstico no cuenta como parte de la producción agraria, el cuidado de animales y de cosechas, es un acompañamiento que las mujeres realizan a los hombres, quienes sí son tenidos en cuenta en la economía nacional y en el momento de recibir los ingresos que la producción agrícola genera (Gutierrez, 2003). Estos rasgos de mujeres cuidadoras y protectoras han estado relacionadas principalmente con su labor reproductiva en el espacio privado y han condicionado a las mujeres en el momento de ser tenidas en cuenta por el modelo neoliberal, generando limitaciones para alcanzar el acceso a los medios de producción (Zabala, 2004). La intención del Fommur, de posibilitar créditos, préstamos y subsidios a las mujeres rurales, no deconstruye la asignación de funciones específicas
para los espacios productivos y reproductivos, sino que por el contrario, refuerza que las mujeres puedan potenciar sus labores reproductivas en proyectos de pequeña escala, sumando las exigencias que denota el ámbito público, al cual son incorporadas, obligándolas a tener dobles o triples jornadas de trabajo, mientras que los hombres sólo asumen uno de los dos espacios. - Si bien el Fommur, tiende a ampliar la igualdad entre hombres y mujeres,
aumentando la posibilidad de ellas a ingresar a los medios de producción, es necesario señalar que esta igualdad del modelo neoliberal, que contiene rasgos androcéntricos, se basa en un sujeto, varón, productor que se desenvuelve en la esfera pública, que acomoda y obliga a la mujer con sus condiciones desiguales a adquirir créditos y deudas para poder ser como ese sujeto de la igualdad neoliberal.
6. Conclusiones
Tal como se vio a lo largo de los resultados plasmados en este texto, las políticas sociales bajo el modelo neoliberal se encaminan a favorecer a los grupos más pobres y vulnerables de la sociedad, entre los que se encuentran las mujeres. A partir de esta concepción, el neoliberalismo pone un carácter especial a las mujeres debido a su condición de cuidadoras, madres y la importancia de la reproducción en la sociedad, e intenta incorporarlas al modelo económico, brindándoles mayores posibilidades de acceso a los medios de producción. Tal como vimos en la investigación, la Ley 731 de 2002 y en específico la estrategia analizada, en el marco de las que se identifica y visibiliza la importancia de las mujeres en la producción económica rural y se potencian sus labores y funciones cotidianas para disminuir los niveles de desigualdad, son ejemplos de estas políticas sociales.
En el marco de estas se establecen una serie de medidas afirmativas, no solo para propiciar el acceso de las mujeres a los recursos productivos, especialmente al crédito, sino también para facilitar su participación en las diferentes instancias de decisión, que tienen que ver con el sector rural. Reiteramos, que no tenemos
dudas, frente a que estas estrategias potencien a las mujeres, como actor clave, en el desarrollo rural, sin embargo, no se prevé, en el marco de la Ley, un proceso paralelo de concienciación y soluciones estructurales. A nuestro modo de ver, esto obstaculiza en gran medida, que las mujeres puedan pasar de la igualdad formal a la igualdad real en el acceso a recursos productivos o puedan participar plenamente, en las instancias, donde se planea el desarrollo rural.
Se fija como meta una igualdad, que funciona como recompensa a partir de la contribución productiva dentro del mercado, la que está condicionada por el modelo neoliberal, privilegiándose valores y principios como la competitividad, individualismo y egoísmo, por encima de los beneficios sociales.
Vemos entonces, como la igualdad dentro del neoliberalismo se convierte en una trampa que pretende incorporar a las mujeres a la vida económica y productiva, bajo el argumento de generar mayor nivel de igualdad, pero realmente no les brinda las posibilidades a las mujeres de competir y entrar a la esfera pública, sin que ingresen en desventaja. Decimos que es la trampa de la igualdad, ya que se encuentra enmarcada bajo sesgos patriarcales y androcéntricos, que afianzan la supremacía masculina, ya que pretenden por medio del crédito brindar la posibilidad de incorporar a las mujeres a competir de par a par con los hombres.
Esta trampa de la igualdad, sugiere, una “igualdad masculinizada”, es decir,
pretende elevar las mujeres a los mismos parámetros que concibe el neoliberalismo como sujeto ideal y útil: un hombre varón, ilustrado, productivo, competitivo, racional, con amplias oportunidades de acceso a estudio, servicios sociales, entre otros, sin tener en cuenta las diferencias de género que se han constituido históricamente, omitiendo la posibilidad de solucionar las causas estructurales que han desembocado en dicha discriminación y de igualdad de género.
La creación del Fommur con el objetivo de posibilitar la incorporación y consolidación de las mujeres rurales, y sus organizaciones dentro de la política
económica y social del país y potenciar su vinculación de forma organizada al mercado, a la final está contribuyendo al reforzamiento de la división sexual del trabajo. Al promover la vinculación de las mujeres a la esfera pública, productiva y competitiva, esfera que sigue siendo masculina, las obliga no solo a desempeñar los roles domésticos, reproductivos sino también todas las funciones productivas