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3.5 Scientific Computing

3.5.2 SciDB

En la discusión metodológica de la historia de la ciencia se distinguen dos enfoques básicos: el anacrónico y el diacrónico. De acuerdo con Kragh (2007: 123), actualmente la elaboración de la historia anacrónica de la ciencia en raras ocasiones es una elección consciente; más bien, y por el contrario, se tiende a alabar un ideal no anacrónico. Sin embargo, este autor reconoce que la historia anacrónica se encuentra muy difundida y resulta difícil no practicarla.

En esencia, la elaboración anacrónica de la historia de la ciencia plantea que la ciencia debería estudiarse a la luz de los conocimientos con los que hoy en día contamos, y además teniendo presente esa evolución posterior, especialmente la manera en la que llegó a convertirse en lo que es en la actualidad. La interpretación histórica anacrónica está relacionada con la visión presentista de la historia; además, esta perspectiva se encuentra justificada desde el punto de vista que considera como meta final de la historia de la ciencia la comprensión de la ciencia actual; ― si se piensa que la tarea del historiador de la ciencia es entender los contenidos técnicos de la antigua ciencia y transmitir esta comprensión a los científicos de hoy día, resultará de lo más natural un modo de presentación de tendencia anacrónica‖ (Kragh, 2007:123).

Contrastantemente, y siguiendo a Kragh (2007), el ideal diacrónico pretende estudiar la ciencia del pasado a la luz de la situación y las teorías que existían realmente en el pasado; en otras palabras, se plantea despreciar todos los acontecimientos posteriores que no pudieron tener ninguna influencia sobre el periodo en cuestión. Así pues, idealmente, en la perspectiva diacrónica uno se imagina que es un observador que está en el pasado, y no simplemente un observador del pasado. Este viaje ficticio de regreso en el tiempo tiene como consecuencia que la memoria del historiador-observador se vea despojada de todo el saber procedente de periodos posteriores. En este sentido, podríamos decir que en la historiografía diacrónica existe un elemento relativista, cuya asociación con la reactualización propuesta por Collingwood es evidente.

Una argumentación a favor del enfoque diacrónico la ofrece Cohen (1979:389):

[...] el trabajo del historiador consiste más bien en sumergirse en las obras de los científicos de épocas anteriores y en sumergirse tanto como para llegar a familiarizarse con la atmósfera y con los problemas de dichas épocas. Sólo así, y no mediante análisis lógico o filosófico anacrónico alguno, puede el historiador llegar a comprender por completo la naturaleza del pensamiento científico del pasado... El objetivo del historiador de la ciencia, a diferencia del filósofo, no debe ser otro que ver la manera de precisar las circunstancias de alguna etapa del pasado, así como la idiosincrasia del pensamiento de aquel individuo que uno esté estudiando.

Por su parte, y en contraste, se puede reconocer en ciertas corrientes de la historiografía anacrónica alguna tendencia hacia lo que se denomina historia teleológica de la ciencia, asociada a Bachelard, quien propone que a la historia de los hechos hay que añadir una historia evaluadora cuyos criterios de valor consisten en los valores de la ciencia moderna, a esto le llamó historia recurrente, cuya aspiración es convertirse en historia sancionada. De acuerdo con Bachelard (1991:131):

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la historia de las ciencias siempre es descrita como la historia de un progreso del conocimiento. Pensar históricamente el pensamiento científico es describir cómo pasa del menos al más. Nunca al revés, del más al menos. Dicho de otro modo, el eje central de la historia de las ciencias está netamente dirigido en el sentido de una comprensión que se mejora y de una experiencia que se amplía

Así, para Bachelard (1991: 133) ―la historia de las ciencias es, por lo menos, un tejido de juicios implícitos sobre el valor de los pensamientos y de los descubrimientos científicos‖. Para ello, el historiador de la ciencia debe ser un juez de los valores de verdad que conciernen a la misma; ―el historiador de las ciencias debe conocer el presente para juzgar bien el pasado; debe aprender lo mejor posible la ciencia cuya historia se propone describir‖ (Bachelard, 1991:133).

De acuerdo con Fichant (1978), la historia sancionada o juzgada es la historia de los pensamientos que siguen siendo actuales o que podrían hacerse actuales si se les evalúa según la ciencia de la actualidad.

No obstante la evidente utilidad del enfoque anacrónico, Kragh (2007:131) advierte:

Al fin y al cabo, la tarea del historiador de la ciencia es transformar y comunicar la ciencia más antigua al público de la actualidad, cualesquiera que sean los medios necesarios para formular juicios históricos en términos modernos para poder hacer totalmente comprensible el pasado. Sin embargo, es fácil que la modernización caiga en serios anacronismos que distorsionan la realidad histórica haciéndola irreconocible.

Pero también señala los riesgos del enfoque diacrónico: ―el historiador no puede liberarse de su tiempo ni evitar completamente el empleo de patrones contemporáneos‖, tampoco puede basarse ―simplemente en los criterios de

significación admitidos en el pasado‖. Finalmente, hace notar que sólo en unos cuantos casos habrá un consenso absoluto en torno a la prioridad que hay que dar al pasado y que esto implicará habitualmente una selección sobre los hechos del pasado y, por tanto, comportará también la intervención del historiador.

Las objeciones que pueden hacerse al diacronismo estricto no implican que el historiador esté obligado a mirar al pasado teniendo como punto de arranque la ciencia moderna. Tampoco habría que tomarlas como apoyo a la historiografía relativista o presentista en su forma más extremada. Por lo menos hasta cierto punto, la perspectiva diacrónica puede proporcionar a la historia una medida de objetividad que no depende del tiempo o las costumbres (Kragh, 2007:144).

La forma en que Kragh plantea la solución al conflicto entre enfoques es la siguiente:

Concluiremos que en la práctica el historiador no se enfrenta a una opción entre la perspectiva diacrónica u otra anacrónica. Habitualmente deberían estar presentes ambos elementos, dependiendo el peso de cada uno de ellos del tema en concreto que se investigará y del objeto de la investigación (Kragh, 2007: 146).

Así, la recomendación para el historiador de la ciencia es tener los dos puntos de vista dispares, tanto el anacrónico como el diacrónico. En este ensayo, intentaré una interpretación diacrónica de las ideas de naturaleza y de especie, las que presentaré en sus respectivos contextos históricos, sin embargo, estoy anticipando la inevitabilidad de pensar situado en el presente. Es decir, no podré evitar el anacronismo.

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