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COMPONENT REQUIREMENTS

CHAPTER 3 : RESEARCH DESIGN AND METHODOLOGY This chapter describes the design of the research investigation and the manner in which these tasks were

4.3 ASSISTING SOFTWARE

4.3.2 SCRIPT-FILES

La influencia que la Ilustración y la Modernidad ejercen en PECES-BARBA es, pues, manifiesta. Sin embargo, este proyecto cultural no ha estado exento de críticas. Ya en el siglo XVIII y XIX diversos pensadores reaccionaron contra sus postulados desde posiciones moderadas (que recogían ciertas propuestas y rechazaban otras o formulaban matices a sus planteamientos) hasta posturas radicales (que veían en sus ideas un peligro para el orden preexistente por lo que las desechaban y atacaban conjuntamente). Eran críticas efectuadas como consecuencia del cambio de paradigmas que supuso este proyecto, o por las insuficiencias que reflejaba para abordar todos los problemas del ser humano situado y concreto70. En el siglo XX las críticas han provenido especialmente de quienes postulan el discurso de la postmodernidad, caracterizado por su crítica a la razón universal e ilustrada y el culto a la diferencia. Las expresiones del particularismo socio- político, del relativismo ético-cultural, el nacionalismo excluyente y la versión dogmática del comunitarismo que, en palabras de Juan José SEBRELI, postula un obsesivo

“fetichismo hacia la identidad cultural”, son ejemplos de ello71.

Entre sus principales críticos se encuentran Theodor W. ADORNO y Max

HORKHEIMER por la influencia que han tenido sus reflexiones para el llamado

70

Vid al respecto: SORIANO, Ramón. La ilustración y sus enemigos, op. cit., p. 9 y siguientes. 71

Este autor explica así su posición: “La sobrevaloración de la llamada identidad cultural de los pueblos, el respeto incondicionado a las peculiaridades, lleva a los relativistas a defender supersticiones y prejuicios enraizados en las tradiciones ancestrales, a aceptar hábitos que, de acuerdo con la manera de pensar actual, son estupideces y, a veces, crímenes”. “Las tradiciones que los defensores de la identidad cultural quieren preservar significan muy frecuentemente la opresión y el sufrimiento de los individuos y el atraso económico y técnico,” (El asedio a la modernidad, Crítica del relativismo cultural, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 54 y 55, respectivamente).

“pensamiento postmoderno”72. Estos autores formularon en la primera mitad del siglo XX cuestionamientos importantes contra el paradigma racional de la Modernidad. Tras examinar las realizaciones, frustraciones, deficiencias y contradicciones del modelo occidental de racionalidad, denunciaron el peligro totalitario que conlleva apelar dogmáticamente a lo racional y advirtieron de la existencia de una dialéctica oculta que conduce a la razón, ofuscada en la consecución de condiciones de vida auténticamente humanas, a perderse “en una nueva forma de barbarie”. Si en un principio el proyecto ilustrado y moderno tenía “por objetivo liberar a los hombres del miedo y convertirlos en soberanos”, hoy en día –nos dicen– “la tierra completamente ilustrada resplandece bajo el signo de las calamidades que triunfan por todas partes”73. Su análisis reposa en una evidente base histórica: por esos años ocurrieron sucesos tan trágicos como los producidos por el estalinismo, el fascismo y la segunda guerra mundial, eventos que destruyeron todo tipo de optimismo histórico acerca del progreso moral de la humanidad. La materialización que alcanzó dicho proyecto en esos años decepcionó las expectativas levantadas: no pudo lograr la emancipación del ser humano a través de la erradicación del dogmatismo y la superstición; por el contrario, se produjo una conciencia equivocada sobre el sentido de la Modernidad, desprendiendo a la razón de su dimensión moral y considerándola unilateralmente como una razón instrumental, lo que ocasionó una extraña compatibilidad entre una enorme perfección en los medios y una tremenda confusión en los fines74. Los análisis de estos autores señalaron que en las sociedades modernas existe una correlación entre el nivel de desarrollo técnico, el grado de concentración del poder y los medios disponibles para la inculcación ideológica –el potencial manipulador de la cultura de masas–, significando un ingente peligro para la conciencia crítica y, por consiguiente, para la emancipación de los seres humanos. Un

72

Sobre el pensamiento postmoderno vid: LYOTARD Jean-François. La condición postmoderna, Informe sobre el saber, (1984), (Colección Teorema), novena edición, traducción de Mariano Antolín Rato, Cátedra, Madrid, 2006.

73

La dialéctica de la Ilustración (1947), Trotta, Madrid, 1994, p. 51, la primera cita; y 59, las dos últimas.

74

La razón instrumental es llamada así porque “se trata de una razón perfectamente habituada a descubrir qué medios son adecuados para alcanzar los fines que se persiguen, como también a calibrar las consecuencias de realizar determinadas acciones, pero que nada quiere saber de valorar los fines últimos, porque ya no se sabría desde dónde hacerlo.” Según esta postura, “[l]os fines y valores últimos se aceptan o se rechazan, pero es imposible argumentar a favor de unos u otros, pretendiendo que son racionalmente superiores, porque no hay otros fines o valores desde los que calibrarlos.” (CORTINA, Adela. La ética de la sociedad civil, –Hacer Reforma–, Alauda Anaya, Madrid, 1994, pp. 46-47).

análisis que no permitía mantener el optimismo y cuya conclusión resultaba desalentadora: el proyecto ilustrado y moderno parecía inviable sino responsable –en los hechos– de algunos de los más perniciosos excesos cometidos por la humanidad.

Esas críticas, aunadas a la constatación de que en la realidad muchas veces el conocimiento o la razón se ha convertido en una meta a alcanzar por sí misma, ha llevado a autores como Eduardo SUBIRATS a considerar que: “[l]a filosofía de la Ilustración ha

fracasado” porque el fin que la legitimaba históricamente (la liberación del individuo del temor a los poderes de la naturaleza y de las constricciones y poderes sociales), “ha sido reducido a lo que, en un principio, se había determinado como su medio: el conocimiento científico de la realidad y del poder que de él emanaba sobre la naturaleza y la sociedad.”75 Esto se debe –explica este autor– a que el espíritu de las nuevas ciencias, que había sido proclamado por la Modernidad como defensa de la supervivencia individual y de la libertad social, fue objetivado en una nueva forma de institución absoluta: la del conocimiento por el conocimiento y la consideración del avance de la ciencia y de la técnica como fin en sí mismo, como un principio absoluto. Esto produjo un olvido de la condición que justificaba su importancia social: la conservación de la vida frente al poder.

“En lugar de hacerse fuertes frente a la amenaza de la naturaleza y las coacciones sociales, los individuos se han visto socialmente debilitados en la medida en que el espíritu de la ciencia y la tecnología los separaba irreversiblemente de la naturaleza y de su propia naturaleza, y les usurpaba con ello su protección. No sólo el espíritu científico y la razón nacida de la Ilustración ha sido incapaz de abolir efectivamente la angustia de los individuos, sino que ha añadido al temor que no supo esperar [sic; entiéndase “superar”] –el miedo a lo sagrado, la angustia a la muerte– el horror social frente a su propia realidad y poder.”76

En otras palabras, el poder científico-técnico, que debía contribuir al progreso de los individuos y de la humanidad, no sólo ha terminado por someter ámbitos importantes de la naturaleza a costa de la estabilidad o subsistencia de ésta, sino que ha acabado por someter al propio individuo y a la sociedad en aras de ese supuesto desarrollo:

“La misma autonomía de la razón, que constituía la premisa de toda la ilustración filosófica entendida como actividad crítica y emancipación efectiva de cadenas sociales, y en cuyo nombre debía de ponerse a salvo la integridad espiritual y física de los sujetos, ha destruido a éstos y los ha sometido a un universo de dependencias institucionales en

75

La Ilustración insuficiente, Taurus, Madrid, 1981, p. 127, ambas citas. 76

virtud de su mismo desarrollo. El individuo empírico ha de experimentar aquella racionalidad como una coacción total y totalitaria porque le impide ya toda confrontación espontánea y rica con el mundo de lo particular que lo rodea.”77

Entre las deficiencias o grandes promesas incumplidas de la Modernidad, Boaventura DE SOUSA SANTOS anota las siguientes: el incumplimiento de la promesa de

igualdad, que se ve reflejada en la gran diferencia que existe en la distribución de la riqueza entre los países capitalistas desarrollados con relación a los países en vía de desarrollo; el incumplimiento de la promesa de libertad, ya que las violación de los derechos humanos en países que viven formalmente en democracia y en paz han alcanzado niveles alarmantes; el incumplimiento de la promesa de paz perpetua: basta con pensar en las dos grandes guerras mundiales del siglo XX, sin dejar de tener en cuenta las situaciones de violencia que le precedieron y le sucedieron; y el incumplimiento de la promesa de dominación de la naturaleza, pues se ha incidido de manera perversa sobre ella afectándola severamente y causando una crisis ecológica de proporciones alarmantes78.

Los inconvenientes para abordar los problemas del ser humano situado y concreto, así como para responder de manera adecuada a la diversidad cultural, al particularismo socio-político y, en general, a la diferencia, son otros de los cuestionamientos que se han formulado contra el pensamiento abstracto y universal de este proyecto. Un reproche que hunde sus raíces en los planteamientos contrarrevolucionarios del Siglo de las Luces, que cuestionaban la idea de “hombre” de la Ilustración. Así lo expresaba Joseph DE MAISTRE: “La Constitución de 1795, como las precedentes, está hecha para el hombre. Ahora bien, el hombre no existe en el mundo. Yo he visto, durante mi vida, franceses, italianos, rusos…, y hasta sé, gracias a Montesquieu, que se puede ser persa: en cuanto al hombre, declaro que no me lo he encontrado en mi vida; si existe lo desconozco”79.

Todas estas críticas, certeras en muchos aspectos, deben ser matizadas. En la producción académica de PECES-BARBA se extraña, sin embargo, la presencia de alguna

77

SUBIRATS, Eduardo. Ibid., p. 128. 78

Vid su obra: “Sobre el Posmodernismo de oposición”, (1999), en: El Milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política, traducción de Antonio Barreto, Trotta-Ilsa, Madrid, 2005, pp. 98-99. 79

Consideraciones sobre Francia, traducción de C. Gutiérrez de Gambra, Rialp, Madrid, 1955, p. 142.

obra que se encargue de hacerlo o que se ocupe de responderlas en forma sistemática. No se trata de una omisión involuntaria. El propio autor lo explica en su Carta manuscrita (2006):

“La modernidad, desde el Renacimiento a la Ilustración sitúa, a mi entender los fundamentos de la democracia liberal y social y de su Derecho. No se si mi displicencia esté justificada pero considero poco fundadas esas críticas a las que no creo que se deba dedicar mucho atención. Espero que en el cambio histórico sigan valiendo los conceptos que hicieron de la modernidad un núcleo de civilización.”80.

Si bien las críticas formuladas contra el proyecto ilustrado y moderno pueden resultar insuficientes para justificar su abandono, la gravedad de los datos empíricos en los que se basan, que explican su pesimismo y dureza, merecen atención y respuestas. Éstas no sólo contribuirían a desvirtuar o matizar los argumentos de quienes defienden tal abandono –acción que sí ha sido realizada por otros autores–, sino que servirían para mejorar y poner a prueba las propias propuestas, incluso las del proyecto ilustrado y moderno81. Servirían para fortalecerlas y perfeccionarlas, desechando lo negativo e irracional que aquellas críticas pudieran tener, y rescatando e integrando lo positivo y razonable que pudieran aportar. Al respecto, cabe oponer las siguientes observaciones:

1º. Contrariamente a lo que esas críticas parecen propugnar, no resulta congruente, o por lo menos suficiente, descalificar unos fines o valores por su falta de

80

Carta manuscrita, 16 de Agosto de 2006, op. cit., p. 1.

Sobre este punto cabe señalar que PECES-BARBA se refiere a la crisis del proyecto moderno y a la aparición de la cultura postmoderna en su artículo: “Valores jurídicos y políticos de la cultura europea”; sin embargo, más que una respuesta a los cuestionamientos postmodernos es una recapitulación de los grandes objetivos, de los logros y frustraciones del proyecto moderno. Una estrategia metodológica a la que considera como “el único camino para valorar si la modernidad tiene futuro en el próximo milenio y si sus ideales centrales, especialmente sobre la persona como sujeto moralmente autónomo, independiente y libre, sigue siendo el núcleo central del humanismo laico. Renunciar a eso [agrega nuestro autor] es rendirse ante la postmodernidad, con el anuncio del fin de la historia, de la desaparición del sujeto humano, y con la fragmentación en mil pedazos de la cultura, con la conversión de los ciudadanos en consumidores y en propiedad de sus propietarios, con la dependencia del ordenador y con la aceptación del capitalismo y del mercado como último referente moral. Es aceptar una complejidad, imposible de ordenar, y una fragmentación imposible de integrar y cuando los hombres renuncian a comprender siempre tienen la tentación de manipular.” (“Valores jurídicos y políticos de la cultura europea”, en: Economía y Sociedad. España y Europa en la década de los noventa, Consejo Social de la Universidad de Valladolid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Valladolid, 1995, pp. 49-50).

81

Por todos los autores que se han ocupado de responder a los argumentos de quienes promueven el abandono del proyecto ilustrado y moderno, así como de insistir en la necesidad de explorar vías que permitan reconciliar dicho proyecto con las nuevas tendencias y necesidades que van apareciendo, puede citarse a: Alfonso DE JULIOS-CAMPUZANO, siendo una muestra de ello su obra: La Globalización ilustrada, Ciudadanía, derechos humanos y constitucionalismo, Cuadernos “Bartolomé de las Casas”, Nº 30, Instituto de Derechos Humanos “Bartolomé de las Casas”, Universidad Carlos III de Madrid, Dykinson, Madrid, 2003.

correspondencia con la realidad. Mientras estos últimos apuntan a lo que debería ser, esas críticas apuntan a lo que es en la vida real. Cuando esos fines o valores son dignos de alcanzar –como ocurre con los del proyecto ilustrado y moderno por el servicio que prestan a favor de la humanidad– las dificultades para alcanzarlos no deben conducir a su abandono, antes bien, deben impeler a mayores esfuerzos para su realización.

2º. Despreciar las conquistas de la Modernidad al extremo de no ver por doquier más que la alianza entre razón y dominación, no sólo es un exceso sino también una injustificada simplificación. Como lo advierte Jürgen HABERMAS: una condena absoluta

de la razón en su totalidad, dista mucho de constituir el modo más reflexivo e idóneo de reaccionar ante las manifiestas patologías del mundo moderno. Condenar de plano cualquiera de los usos de la razón constituye un sinsentido, ya que la viabilidad de una crítica lógicamente consistente de los efectos no deseados de la modernización depende, a su vez, de los presupuestos racionales y normativos que la Modernidad puso a punto82.

3º. En el proyecto ilustrado y moderno hay elementos positivos subyacentes que ciertamente pueden y deben ser salvados; más si se tiene en cuenta que, por su fuerte dimensión utópica, no ha alcanzado todos sus objetivos en el plano de la realidad. Si bien en varios ámbitos ha sido realmente insuficiente, se trata de un proyecto cultural inacabado y aún no superado83.

4º. La razón por la razón, desprovista de un horizonte ético, no se corresponde con ese proyecto. La razón sin dimensión moral puede producir otras formas de dogmatismo o de dominación –como el pragmatismo deshumanizante, la discriminación, la corruptela y otras formas de perversión– que contradicen sus objetivos y presupuestos. El hecho de que la razón sea utilizada no pocas veces como un fin en sí mismo no es una crítica adecuada contra el planteamiento ilustrado y moderno; es una patología, una contradicción de sus términos. No se olvide que el objetivo final de este proyecto es la emancipación de la persona, a través de la implantación de una sociedad bien ordenada; por ese motivo, la razón –que en este proyecto es considerada como un medio para alcanzar ese objetivo– no puede carecer de horizonte ético. Siendo coherentes con ello, la

82

La necesidad de la revisión de la izquierda, Tecnos, Madrid, 1991, p. 155. 83

Jürgen HABERMAS es de igual parecer. Cfr. sus: Ensayos políticos, traducción de Ramón Garcia Cotarelo, Península, Barcelona, 1988, p. 265 y siguientes; y del mismo autor: “La modernidad, un proyecto incompleto”, op. cit., p. 27 y siguientes.

razón –en todos los ámbitos de la vida o la cultura– debe ser considerada siempre como un medio para alcanzar el desarrollo humano, nunca un fin en sí mismo. Debe tener siempre una dimensión moral: estar al servicio del ser humano. El problema no se encuentra, por tanto, en tales medios sino en el uso que se haga de ellos.

5º. Este proyecto es una propuesta cultural situada en la historia, por lo tanto, perfectible y abierta a aportes mayores. Como ocurre con cualquier propuesta cultural, puede y debe ser renovado. Además de corregir sus errores, es posible reconstruir a partir de él una razón moral para hacer realidad sus objetivos84. Las muchas referencias que ofrece el siglo XX sobre la fragilidad de la modernización ilustrada de las sociedades desarrolladas –sobre todo en el ámbito político– así lo reclaman (por desgracia, la barbarie experimentada por la humanidad durante la primera mitad del siglo XX es uno de los más notorios emblemas, pero no la única referencia). En ese esfuerzo no resulta conveniente, ni mucho menos correcto para la plena realización de la persona, renunciar a los objetivos de racionalidad y humanización que postula este proyecto para alcanzar, a partir de esa renuncia, un modelo de convivencia alternativo. Lo que se precisa es rescatar lo valioso de él y volver a dotar a la razón de un carácter profundamente práctico y emancipador; es decir, vincularla con la satisfacción de las necesidades concretas de los seres humanos, buscar con ella la autonomía de cada persona, no olvidar la interacción que ésta mantiene con la sociedad y el conjunto de la naturaleza, a fin de alcanzar un desarrollo pleno, real y vivificador. Se trata de afianzar dicho proyecto, adaptándolo a los nuevos tiempos, renovando críticamente la dimensión moral de la razón, así como el uso de los medios adecuados para su concreción. No se trata de conservar indiscriminadamente todo lo moderno, sino de buscar salvar de la Modernidad todo lo que tuvo de esencialmente bueno y positivo para la organización de la vida humana; y,

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“Así construida, nuestra ética conserva el status de una ética en sentido ‘fuerte’, que no cree en el fracaso del proyecto moral ilustrado, sino que, por sentirlo incompleto, se apresta a llevarlo a cabo. La Ilustración –al menos ciertas corrientes ilustradas– suponía la fe en el progreso técnico y moral, pero estando el primero al servicio del segundo: la racionalidad técnica era ancilla de la razón práctica. El hecho de que la razón instrumental se haya convertido en señora, y que su triunfo tenga por secuelas el emotivismo y el nihilismo, no significa tanto el fracaso como la desviación con respecto a ideales de libertad, igualdad y fraternidad, que deben ser encarnados. Se trata, pues, de reconstruir con medios actuales una razón moral, que tiene su matriz en la Modernidad, pero intentando eludir críticamente las consecuencias indeseables que la historia ha comportado de hecho y pudieran tener en ella su origen.” (CORTINA, Adela. Ética sin moral, op. cit., p. 164).

naturalmente, utilizarlos como materiales, conjuntamente con los antiguos y nuevos aportes, para la construcción de un mundo mejor orientado a favor de la persona.

6º. En ese esfuerzo, es posible formular planteamientos abiertos al diálogo intercultural, a la diferencia, a los problemas del individuo concreto, a fin de abordar de manera fructífera los problemas del multiculturalismo, de la globalización y del ser