3 Philosophical assumptions and methodological implications
3.2 Data collection
3.2.1 Selection of cases
Joaquín Díaz
Real Academia de BB.AA. de la Purísima Concepción
RESUMEN:El hallazgo del programa de la obra teatral “La Valeria o la cieguecita de Olbruk”, representada, a comienzos del siglo XIX, en el Teatro de la Comedia de Valladolid por el compositor y director de bailes Antonio Cayron, permite conocer mejor el nivel de calidad de las funciones teatrales ofertadas en la ciudad así como sobre sus intérpretes y bailes.
PALABRAS CLAVE:Teatro. Baile. Valladolid. Cayron.
THE COMPOSER AND DANCER ANTONIO CAYRON IN VALLADOLID
ABSTRACT:The discovery of the programme of “La Valeria o la cieguecita de Olbruk”, played in the early 19thcen- tury at the Comedy Theater in Valladolid by the composer and dance director Antonio Cayron, makes it possible to know better the quality level of the performances carried out in the city, apart from knowing about their actors and dances.
ficación, siempre tuvo un sentido negativo, ya que «mendum» significaba defecto y «remiendo» algo no terminado de hacer, de modo que en esa consideración tenían los tipógrafos e impresores a estos papeles que, según su opinión, parecían inconclusos, fal- tos de entidad o endebles.
Fernando Santarén Martínez, propietario de la imprenta que llevaba su nombre, ya había conseguido hacia la tercera década del siglo XIX un cierto prestigio en la ciudad, prestigio que tratarán de mantener a su muerte su viuda y su hijo Dámaso Santarén. El programa, sin fecha en la parte que se conserva –aunque probablemente sea del año 1834–, parece de la época en que la razón comercial se conoce bajo el nombre de Viuda e hijos de Santarén (desde 1833 a 1836 al menos), aunque el pie de imprenta sólo diga «Imprenta de Santarén».
LAS OBRAS ANUNCIADAS
El programa anuncia una función habitual en la época: la empresa del Teatro de la Comedia, «que no perdona medio para pro- porcionar al público los mejores espectácu- los, ha hecho venir al Señor Antonio Cayron, maestro, compositor y director de bailes de los teatros de la Corte». Para el día 2 de ene- ro en la sesión de tarde2 se anuncia una
comedia en tres actos seguida de un baile general, formato muy habitual para los años de que estamos hablando. «Valèrie», la comedia a la que se refiere el programa, fue escrita por el autor francés Augustin Eugène Scribe para la actriz francesa Ana Mars, también conocida como mademoiselle Mars, la misma que recomendó a Delacroix al conde de Mornay y la misma que presentó a su alumna Isabelle Constant a Dumas para que hiciese el papel de Hèlene en «El capi- tán Lajonquière», convirtiéndose después en amante del escritor. Scribe fue uno de los autores más conocidos en su época, no sólo por sus obras sino por haber sido libretista de celebradas óperas como «I vespri sicilia- ni» de Verdi o «La favorita» de Donizetti.
El melodrama «Valèrie» fue traducido al español por Bretón de los Herreros, se editó en la imprenta de M. Galiano en 1825 –bajo el título «Valeria o la cieguecita de Olbruk» y se estrenó en 1826 en el Teatro del Príncipe. Tuvo una segunda parte, tal vez a causa del éxito de la primera, que adaptó Manuel Antonio Lasheras en 1837 con la colaboración de Gaspar Fernando Coll. Ese éxito, inexplicable en nuestros días ante un melodrama de tal tipo, se extendió sin embargo a lo largo de más de cuatro déca- das3. El argumento nos parece hoy demasia-
do endeble y el desarrollo y el lenguaje un poco afectados pero el Romanticismo estaba en todo su esplendor y exigía protagonistas con vidas desgraciadas que acababan encon- Programa del Teatro de la Comedia,
trando la felicidad gracias a un destino manejado por la mano del autor que entu- siasmaba a las audiencias (recuérdese que en el programa se hace referencia a la obra como una pieza que había agradado mucho a los «sabios espectadores» de los teatros de la Corte).
La función se completaba con un baile general en tres escenas. «El robo de Dorila o el abate enamorado» (Dorila es un nombre habitual en la poesía del XVIII y XIX que usan desde Meléndez Valdés, Blanco White o Martínez de la Rosa hasta Bretón de los Herreros) se representó al menos desde 1816 (se estrenó el 24 de abril de ese año como «baile nuevo» y después aparece anunciado en el Diario de Madrid en diciembre de 1816, bailado siempre por Antonio Cairón) hasta 18394.
ANTONIO CAYRON
El bailarín francés Antonio Cayron, nacio- nalizado Cairón, comenzó a bailar en España hacia 1816 en el teatro del Príncipe de Madrid, según se desprende de un comentario de Emilio Cotarelo y Mori en su obra Isidoro Máiquez y el teatro de su tiem-
po5. Cayron, que ya venía precedido de una
cierta fama como bailarín y coreógrafo, fue el traductor y adaptador de un texto titulado
Compendio de las principales reglas del bai- le6, escrito, según sus propias palabras, para
satisfacer la curiosidad de algunos apasiona- dos del baile amigos suyos «...que pretendí- an tuviésemos en España una obrita que nos diese una idea más que general de este arte». Cayron se basó principalmente en las obras de Feuillet7y de Noverre8a las que añadió
algunos aspectos descritos por Ferriol9 y
finalmente aportó sus propias experiencias. Entre los papeles de Francisco Asenjo Barbieri se puede ver una lista de las compa-
ñías de teatro unidas de los teatros de la Cruz y del Príncipe en el año de 1823 y en ella Cayron figura como director de la compañía de baile, cargo que, según reza el programa, ocupó durante algunos años10. Los títulos
con los que se le presentó en Valladolid «Maestro, Compositor y Director de Bailes de los Teatros de la Corte» parecen suficien- tes para atraer al público vallisoletano al tea- tro de la Comedia después de un año terrible en el que la peste y otros males se cebaron con la ciudad.
El artista aprovechó las últimas páginas del tratadito mencionado, en el que promete una segunda parte que probablemente no llegó a Compendio de las principales reglas del baile. Traducción de A. Cairon, Madrid, 1820.
editarse, para hablar de la figura del maestro de bailes: «El maestro a quien se encarga la dirección de los bailes, debería poseer un talento vastísimo y un gusto sobresaliente. Ligar la danza a la acción, imaginar nuevas escenas análogas al drama, conducirlas discre- tamente al fin, aumentar lo que se ha escapado al ingenio del poeta, llenar los huecos o partes más frías del asunto que se trata de hermosos episodios que en vez de desfigurar la acción la haga más hermosa y teatral: esta es la obliga- ción de un compositor, esto lo que debe fijar su atención, y lo que puede hacerlo distinguir de estos maestros que creen saber algo porque han ligado una docena de pasos y formado cuatro figuraciones, que todas ellas constan de ruedas, cuadrados, de algunas líneas derechas, molinetes y cadenas»11. Cayron destaca el
papel de director de escena del maestro de bai-
le, atribuyéndole no sólo funciones coreográ- ficas o relacionadas con los pasos a realizar sino otras ocupaciones que llegan a darle vara alta en la redacción del texto de la propia obra para adaptarlo a la parte musical del baile, lo que justificaría el título de «Compositor» que se le añade en el programa.
NOTAS
1 Rosa DÍEZGARRETAS, El teatro en Valladolid en la
primera mitad del siglo XIX. Valladolid, Institución Cultural Simancas, 1982, p. 124 y ss.
2 Falta una esquina del programa pero la hora de comienzo de la sesión de tarde en la época siempre solía ser las 6 o las 6 y media
3 Tras el estreno la obra sigue en cartel y continúa representándose con numerosa asistencia de público según se desprende del hecho de haberse incluido en la
Biblioteca dramática. Colección de comedias represen- tadas con éxito en los teatros de Madrid,impresa por Galiano en 1862.
4 Gaceta de Madrid,febrero de 1839: en el Teatro de las tres musas de la Plaza de la Cebada.
5 Emilio COTARELOy MORI, Isidoro Máiquez y el
teatro de su tiempo. Reedición de la Asociación de Directores de Escena de España, con estudio preliminar de Joaquín Álvarez Barrientos. Madrid, 2009, p. 404. Al hablar del momento en que la Villa de Madrid vuelve a encargarse de los teatros, recuerda que Máiquez seguía siendo autor en el teatro del Príncipe que se reforzó en 1816 con algunos artistas extranjeros como Justa Quatrini y su marido Juan Bautista Cozzer: «Vinieron también María Fabiani, que estaba en Lisboa, y Antonio Cairón, famoso compositor de bailes pantomímicos...».
6 Antonio CAYRON, Compendio de las principales
reglas del Baile: traducido del francés por …, y aumenta- do de una explicación exacta, y método de ejecutar la mayor parte de los bailes conocidos en España, tanto anti- guos como modernos. Madrid, Imprenta Repullés, 1820.
7 Raoul FEUILLET, Chorégraphie, ou L’Art d’Écrire la
Danse par Caractéres, Figures et Signes Démonstratifs.
París, 1700
8 Jean Georges NOVERRE, Lettres sur la danse et sur
les ballets. Lyon, 1760.
9 Bartholome FERRIOL, Reglas útiles para los aficio-
nados a danzar. Provechoso divertimento de los que gus- tan tocar instrumentos...Capua, 1745.
10 Francisco Asenjo BARBIERI, Documentos sobre
música española y epistolario. Edición a cargo de E. Casares. Madrid, Fundación Banco Exterior, 1988. Doc. 3.447 correspondiente al Ms. 14.067.
11 Antonio CAYRON, Ob. cit., p. 210. Teatro de la Comedia de Valladolid (destruido).
Un Real Decreto de 4 de enero de 1900 prescribe la creación de talleres como medio auxiliar necesario para completar en España las enseñanzas de las por entonces denominadas Escuelas de Artes e Industrias y, en la de Valladolid, se trata de este asun- to en la memoria escolar de aquel mismo año, señalándose los inconvenientes que se originarían al llevar a la práctica el proyec- to por la inexistencia de locales adecuados a tal fin1.
Sobre el problema del espacio se vuelve a insistir en la memoria de 1903, planteándose como solución anexionar al Colegio Mayor de Santa Cruz, lugar que entonces ocupaba la Escuela, el edificio de su antigua Hospedería, igualmente propiedad del
Estado, que había dejado de ser Instituto provincial y se hallaba en desuso.
En octubre del año siguiente se ordenó al arquitecto estatal, Teodosio Torres, que rea- lizase una visita al edificio para acordar, jun- to con el director de la Escuela, los nuevos espacios que se requerían. La ampliación fue presupuestada y aprobada, comenzándose la reforma el 25 de junio de 1906, dándose noticia de que las obras estaban llegando a su fin en agosto de 1907. Por entonces se había comprado, gracias a un presupuesto extraordinario concedido por el Ministerio, el material necesario para poner en marcha los talleres. Al año siguiente, el director de la Escuela, José Martí y Monsó, en el discurso de la entrega de premios del pasado curso,