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Servlet API integration

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V. Web Application Security

13. Servlet API integration

“E...]

mi paciencia se agotó y en un arranque, lancé la taza, plato y cuchara al mar.” (57)

La urbanidad y la buena educación de Cané hacen su efecto, reflexiona sobre ese gesto impulsivo, infructuoso, que no conseguirá mejorar la calidad del café y arrepentido se dirige a enmendar su impulso con unas monedas cuando se cruza con el capitán:

un inglés burdo, áspero y antipático, que se lo pasaba todo el día encerrado en su cuarto con un loro, sin duda embriagándose los dos.” (58)

No olvidemos que son miradas retrospectivas desde el presente. Por ello, su valoración del capitán estará influenciada, desde el comienzo del relato, por el cúmulo de acontecimientos que se suceden durante la travesía. Fruto de ello será esa fantasía cómicamente absurda de imaginar al capitán y a su loro emborrachándose juntos; realidades distintas que se equiparan y equilibran en su común afición a la bebida.

Ese recuerdo airado le lleva a transmitirnos una imagen degradante y un tanto arisca de la máxima autoridad del buque, encerrado en su camarote con la única compaflía de su alcohólico y alado camarada; como cuando llega al buque el “New York Herald” y todos se disputan su lectura, habiendo de claudicar ante los derechos del capitán:

“El “lobo” se encerró en su cuarto, y creo que, no sólo leyó hasta los avisos el muy miserable, sino que corrigió hasta las faltas

tipográficas.” (59)

Pero volvamos a donde nos quedamos, habíamos dejado al Sr.Cané en la cubierta del buque, cuando se encaminaba a subsanar su acción con unas monedas, se topa con el capitán y éste le recrimine su acción. Entre ambos se entabla un diálogo lleno de gracia y jocosidad, que da una muestra ejemplar de lo que podría haber dado de

si

Cané. En esa confrontación verbal se pasa inventario a los objetos que volaron por la borda, donde el capitán increpe a aquel desconocido pasajero:

““Señor, usted acaba de tirar una taza al mar”. “Si, señor”. “Y el plato también”. “Perdón, usted olvida la cuchara”. “Usted ha

hecho mal”.

“En todo caso ésa es cuestión mía”. “Yo no puedo

consentir que usted proceda a demoler mi buque” “No tengo tal intención”.” <60)

Actitud que contrasta con la que mostrará el capitán una hora más tarde, cuando sepa quien es ese insolente pasajero. Momento en que confesará con humildad la mala calidad del café que se sirve en su buque; asegurándole a Carié que:

“E...)

toda la vajilla de a bordo estaba a la disposición de mis

arranques

1...)

U4iseria humana!” (61)

La alimentación, con sus manjares y el cultivo del placer de la mesa, para un sibarita como Cané, no pueden dejar de ser objeto continuo de atención y por ello de sus criticas e ironías. No son pocas las cosas que ha tenido que ver y comer por esos mundos de Dios. En sus múltiples viajes por mar, a bordo de cualquier barco, donde la carne se conservaba durante días en bloques de hielo, lo menos que podía pasar era que perdiera, en el mejor de los casos, todo su sabor. En la travesía de Buenos Aires a Burdeos, la cocina tiene el aspecto de un trámite burocrático, mecanicista, carente por completo de ese toque

inmaterial y sublime que se precisa para convertirla en el arte de la exquisitez:

“El cocinero, cuando el ecónomo le indica pasteles en el “menú” del día, los hace duros y secos como una protesta, bajo pretexto de que tiene que fabricar trescientos cincuenta ejemplares. El funcionario tiene razón; pero a mi, que me seria completamente indiferente que trescientos cuarenta y nueve fueran detestables, siempre que el mio, blando y esponjoso se rindiera a discreción, me parece falso el raciocinio del cocinero y reniego contra la compañía y hablo de mis viajes anteriores, como de la edad de oro.” (62)

En la larga travesía <15 días) desde Saint—Nazare (Francia> hasta Pinte—á—Pitre (en la Guadalupe) , si la tolerancia y esa especial reflexión que todo lo relativiza y en todo encuentra motivo para el divertimento no se impusieran, la pesadez y la monotonía podrían lanzarnos por la borda:

‘Mi..)

el buen humor supo convertir en motivo de broma hasta la

detestable comida que se nos daba.” (63)

No era mucbo peor la comida a bordo del “Antioquia”. recorriendo las aguas del Magdalena (en las entrañas de Colombia)

“E...) es muy mala para un colombiano, pero para un extranjero es

realmente insoportable” (64>

“Se abandona la empresa, y cuando la debilidad empieza a producir calambres en el estómago, se acude al “brandy”, que engaña por el momento” (65)

Esta experiencia en la selva colombiana sólo es comparable a la pasada en el hotel Neptuno, en la Guayra, recuerdo que:

me acompañará como una maldición durante toda mi vida” (66> En la extensa experiencia que posee, de lugares de hospedaje, que le ha permitido conocer desde los hoteles más lujosos y de ambiente más refinado de Paris, Londres, Viena o Nueva York, hasta las más míseras posadas de los paramos argentinos o de Los Andes, ha visto cubrir su cuerpo por las más finas sábanas de Holanda y también por aquellas otras de las que uno tenía que dar gracias a Dios por la parte de cuerpo que nos cubría y siempre con la incertidumbre de si estarían completamente libres o, lo que era frecuente, habitadas

por

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