• No results found

6 Practical recommendations

6.1 Setting up recommendations

Una de las prioridades a tener en cuenta para lograr el desarrollo rural es la

atención a los problemas de las mujeres campesinas e indígenas ya que “las

mujeres campesinas históricamente ha ido ocupando un lugar importante en la producción agropecuaria y su presencia se ha hecho más evidente, debido a las

políticas neoliberales” (Sámano, Cervera, Jiménez, et. al. 2001: 130) Es por ello que es necesario que las estrategias de acción tomen en cuenta esta problemática

a partir de un enfoque de género que permita vislumbrar “las formas como se

constituyen las relaciones sociales entre mujeres y hombres que inciden en las desigualdades sociales existentes. El enfoque de género plantea, por lo tanto, que el desarrollo no es neutral, puesto que la participación para la mujer en este proceso no es de igualdad con respecto al hombre. La propuesta que se elabore debe plantear la equidad participativa de las mujeres en donde se vislumbre una

nueva sociedad rural sin exclusiones” (Sámano, Cervera, Jiménez, et. al.

2001:113)

De acuerdo con Alberti (2006: 38) fue a partir de la Conferencia Internacional de la

Mujer de 1975 que “México incorporó el componente mujer en su política”. No

obstante, a pesar de ello también identifica esta autora que esto proyectos se

encontraban basados en el enfoque Mujeres en el Desarrollo (MED) “el cual

considera a las mujeres como madres y esposas, buscando enfatizar sus labores

tradicionales”.

Es por ello que dichos programas se condujeron bajo este esquema y no bajo una perspectiva de género la cual ayuda a visualizar las mujeres como sujetas de una política y no como el objeto de ella. Uno de ellos fue el programa de Mujeres en Solidaridad (MUSOL) el cual se deriva del Programa Nacional de Solidaridad

113

(Pronasol) y fue puesto en marcha en el año 1989, el cual se encuentra orientado

hacia el combate de la pobreza, y de acuerdo con Alberti (2006:38) “el programa fue una estrategia de medida de compensación para atenuar los costos sociales y políticos del ajuste estructural y se centró en grupos propietarios para el combate

a la pobreza”. Otro programa encaminado a este tipo de objetivos es Mujeres en el Desarrollo Rural (MDR) el cual se puso en operación en 1996, impulsada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (SAGAR), hoy Secretaría

de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), “a

través de la Subsecretaría de Desarrollo Rural. Desde su origen, esta estrategia fue concebida con una visión de transversalidad para que en todos los programas de la Alianza para el Campo y de manera primordial, en los de Desarrollo Rural, las mujeres rurales tuvieran acceso a sus beneficios, en reconocimiento a su

valiosa aportación y potencial para el desarrollo rural” (INEGI 2002:157).

De acuerdo con una evaluación del Estado de Jalisco (2000:77) “el Programa

Mujeres en el Desarrollo Rural, tiene como principal objetivo la integración de las mujeres al desarrollo rural, mediante la creación y apoyo de proyectos productivos, potenciando sus posibilidades a través de una estrategia de planificación y organización micro-regional, que permite mejorar los ingresos familiares a y así

abatir la pobreza”.

Sin embargo, dichas evaluación arroja que “la mayor motivación para ingerir a

estas actividades fue la obtención de recursos económicos”, lo cual se puede

deberse a que el enfoque e este programa no está dirigido a las necesidades reales de las mujeres y al combate de sus problemas relacionados con asuntos reproductivos, esto significa que las estrategias al desarrollo rural no solo de contemplar la eliminación de la pobreza mediante proyectos productivos, además debe prever, las condiciones en las que se encuentran los beneficiarios y las posibilidades que tiene para llevar a cabo dichos proyectos de acuerdo con sus

actividades diarias. En este sentido Alberti (2006: 39) subraya que “si se realiza

una política homogénea que no considere diferencias estarías, etnias, de género, de educación, de ambiente geográfico, de religión, entre otras, la posibilidad de

114

éxito se es reducida”. Esto significa, como se revisó anteriormente que debe existir

un vínculo del Estado con la población para que al momento de poner en marcha una acción para combatir problemas de la misma población, exista un conocimiento de los aspectos reales en los que se encuentran los seres humanos, y con ello debe de permitirse su participación desde un inicio del diseño de políticas.

Otro programa que debe contemplarse dentro de las políticas de equidad de género dirigías al campo mexicano es el Programa de la Mujer en el Sector Agrario (Promusag) el cual, de acuerdo con la Secretaría de la Reforma Agraria

(2012) “está orientado a las mujeres que habitan en núcleos agrarios, y que se organizan para desarrollar un proyecto productivo que les permita obtener

ingresos y con ello contribuyan a combatir la pobreza en el medio rural”. El

Promusag fue creado en el 2002. Y de acuerdo con Alberti (2006:40) “la novedad

receto a los anteriores programas se centra en que los proyectos económicos deben canalizarse por organizaciones campesinas que son intermediarias entre el

gobierno y los grupos de mujeres”.Es por ello que se detecta que “el PROMUSAG

incorpora a las mujeres a la vida productiva, pero no incorpora a los hombres a la

vida reproductiva” (Secretaría de la Reforma Agraria: 2012: 90) asimismo se

encuentra que “la alta capacidad de decisión de las mujeres para participar en el proyecto contrasta con el grado bajo de participación en la toma de decisiones en

cuanto al tipo de proyecto a elegir y a la persona técnica a contratar” (Secretaría

de la Reforma Agraria: 2012: 90). No obstante la Secretaría de la Reforma Agraria (2012:91), reconoce gracias a la existencia de este programa es que se ha logrado un mínimo avance en la Secretaría con respecto a la perspectiva de género, es

por ello que al respecto explica: “el PROMUSAG se puede catalogar como una acción afirmativa, es decir es una política pública diseñada bajo el enfoque de igualdad de oportunidades, porque es diferenciada y focaliza sus objetivos a las

mujeres del sector rural que viven en condiciones de pobreza”.

Se aprecia en este último programa la inclusión del enfoque de género en el diseño de éste programa, por lo que puede visualizarse además el avance de los

115

políticas para el campo en México dirigidas hacia la igualdad, sobretodo porque el MUSOL y el MDR se enfocaban en la filosofía de Mujeres en el Desarrollo, en contraste con los avances de esta visón desde los acuerdos internacionales que incorporan la perspectiva de Género en el desarrollo , se ha evolucionado en la concepción y ejercicio de las acciones afirmativas a favor de la igualdad ya que el primer enfoque MED visualizaba a los problemas de las mujeres desde su rol reproductivo, como madres, cuidadoras y encargadas del hogar, no obstante el enfoque GED vira su mirada hacia los problemas de reconocimiento del trabajo y derechos de las mujeres, así como la distribución de los recursos el trabajo y la participación de las mujeres hacia una equidad en todos los sectores en los que se encuentran inmersos tano mujeres como hombres, lo que se enfatiza ahora la importancia de la transversalidad de la perspectiva de género como una metodología aplicable en todas las políticas dirigidas hacia los problemas sociales, puesto que en ellos siempre se encuentran inmersa la población en general y o únicamente los varones.