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En conclusión, la sociología del conocimiento (Wissenssoziologie), que se ha presentado en este apartado, debe ocuparse del sentido común, de lo que las personas entienden por “realidad” en su vida cotidiana. Este conocimiento constituye el armazón de significados fundamental (no necesariamente teórico) y sin el cual ninguna sociedad podría llegar a existir. Los significados que resultan de esta construcción son compartidos, deben lograr explicar y justificar el orden institucional, para que las personas puedan construirse en dicha realidad de forma coherente con sus identidades personales.

Con base en los postulados centrales de esta propuesta socioconstruccionista se puede llegar a comprender ciertos aspectos de la identidad personal como fenómeno relacional, es decir, como fenómeno social y a la vez individual. La identidad personal es un proceso cuando menos precario. La identidad personal es relacional, está en estrecha dependencia de la palabra del otro no para ser definida pero sí para ser negociada con los otros. Las interacciones que establecen las personas con los otros significantes pueden llegar a modificarse, desaparecer, variar en cuanto a lo que se encontraba en ellas. Este carácter volátil de las relaciones que se establecen en la socialización hace que la identidad personal, como fenómeno relacional, permanezca en un estado inconcluso y acompañada por un permanente conflicto que la dinamiza.

Paradójicamente, la identidad permite a la persona ocupar un lugar en el basto abanico de posibilidades que le muestra la sociedad. La identidad personal dice quien se es, otorga una explicación que ayuda a la persona a salir de un espacio de indeterminación que le es

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angustiante. Las identificaciones que conforman la identidad personal se organizan dentro de un horizonte de sentido más amplio (un metarrelato o metateoría) que es el mundo social específico de la persona. La identidad personal es un proceso que adjudica un lugar de sentido propio y específico a la persona en el mundo. Pero no se quiere decir que sea un lugar estático, como proceso relacional este lugar cambia en mayor o menor medida durante el transcurso de la vida de la persona.

Este lugar que ocupa la persona gracias a su identidad personal está dado por el conjunto de las tipificaciones, roles, instituciones a las que está vinculado y que socialmente le son atribuidas. “…la identidad misma (el yo total si se prefiere) puede reificarse, tanto el propio, como el de los otros. Existe pues una identificación total de la persona como sus tipificaciones socialmente atribuidas.”161

Este conjunto de tipificaciones, roles, instituciones es atravesado por la forma como la persona se posiciona frente a estos diferentes espacios. La pertenencia a ellos media el reconocimiento que el otro puede llegar a elaborar y, en consecuencia, la imagen especular que el otro le regresa a la persona como material de identificación consigo mismo. Es decir, la identidad personal es un proceso relacional y también dialógico. La persona para poder mantener una cierta seguridad de quien cree ser, debe encontrar y buscar en los contactos cotidianos dicha confirmación que le brindan los otros significantes ya sea en forma implícita o explícita. Los otros ayudan a mantener la realidad subjetiva de la persona.

La identidad personal se construye medida por procesos que exceden un plano individual o subjetivo, la identidad personal se forma por procesos sociales. Así, por ejemplo, una persona no puede llamarse a sí misma cazador si no existe un subuniverso en el que el lugar de cazador tenga un significado. Sin un cuerpo de conocimientos organizados, tipificados, sin una institucionalización de ese sector de la realidad que es reconocido no sólo por la persona en cuestión, sino también por la sociedad en general. La actividad de la caza es un conjunto de conocimientos producidos y objetivados socialmente. Una vez que cristaliza, es mantenida, modificada o aun reformada por las relaciones sociales. Los procesos sociales están en el centro de la formación y el mantenimiento de la identidad personal desde un punto de vista relacional, es decir, como fenómeno que articula indisolublemente lo social y lo individual.

En resumen, este capítulo ha mostrado los supuestos centrales a partir de los cuales se propone una identidad personal desde un punto de vista relacional, construccionista. La identidad personal es un fenómeno que se inscribe en el plano intersubjetivo, es una creación continua de la persona. La experiencia que la persona puede llegar a tener de sí mismo es una experiencia indirecta de sí, está mediada por el otro generalizado en palabras de Mead: el otro está inscrito en la creación misma del yo. Se ha mostrado como la persona self es en esencia una estructura de orden social-individual, es decir, no está de un lado u otro de esta supuesta división entre persona y grupo o sociedad. Es así como se deriva lógicamente que la identidad personal no puede ser asimilada a una esencia estática o inmutable que es contenida por el yo. Se presentó también desde Berger y Luckman una visión de la realidad como construcción objetiva y subjetiva que brinda un contexto puntual para proponer la identidad como construcción situada. El lugar de los conceptos de roles,

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instituciones, lenguaje, socialización primaria y secundaria, objetivación, internalización, externalización y legitimación ha sido presentado. Estos conceptos permiten comprender como la construcción de la identidad personal es un fenómeno relacional, dinámico cambiante, precario pero que paradójicamente para las personas adquiere una representación de realidad estable, que se mantiene en el tiempo en forma coherente. La identidad personal se reifica a la manera como ocurre con las instituciones en el proceso de objetivación.

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