Integration and
3.7 Software Production Process Models
mientras que otras industrias del entretenimiento (música) y de la información (prensa) se han visto obligadas a adaptarse más rápidamente al medio online. La distribución de películas en Internet surgió asociada al proceso de digitalización del sector, lo que amenazó las bases sobre las que se asienta la hegemonía de las majors norteamericanas. Estas distribuidoras, dueñas de los principales mercados durante años, se esforzaron por ralentizar el proceso con la excusa de los estándares y la piratería según Izquierdo- Castillo (2010).
La evolución de los acontecimientos ha evidenciado que la tecnología digital no era el fin, sino el medio para que el cine (y la televisión) se introdujeran en el actual universo de tecnologías convergentes. En el contexto digital, la Red desafía a la industria albergando y elaborando formas de consumo fuertemente influenciadas por la cultura de la gratuidad y el acceso instantáneo. Sin embargo, Internet no descarta el negocio y esta premisa ha quedado demostrada con la reorganización del modelo de la música, que ahora intentan seguir los productos informativos, en especial la prensa, muy afectada por la digitalización según afirma Casero-Ripollés (2010).
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En este sentido, siguiendo la teoría de la long tail defendida por Anderson (2004) y Elberse (2008) -que analizaremos detalladamente en un apartado posterior- según la cual muchos pequeños clientes pueden dar lugar a un negocio fructífero, se puede afirmar el potencial de la Red para el desarrollo de mercado pues puede distribuir una variada gama de productos (en este caso, películas) destinados a una amplia, numerosa y dispersa demanda. Así, la reducción de costes de distribución debida a la Red, señalada por Miguel-de-Bustos (2007) sustituye –o complementa– el modelo hegemónico mantenido durante años por las majors descrito por Augros (2000), basado en la distribución, intensiva en el tiempo y extensiva en la cobertura de grandes superproducciones (Miller, 2005; Wasko, 2003; Augros, 2000; Gomery, 1991 citados en Izquierdo-Castillo, 2012).
La Red permite estimular la creación y venta de productos dirigidos a públicos minoritarios, que, considerados de forma agregada, constituyen una demanda importante. El estudio del desarrollo y el estado de la cuestión de dicha teoría de la long tail será analizada profusamente en el marco teórico. De esta forma, potenciando los mercados minoritarios, Internet contribuye a aumentar la oferta y variedad de títulos, así como a favorecer la introducción de contenidos alternativos y de nuevos agentes intermediarios (Casero-Ripollés, 2008 citado en Izquierdo-Castillo, 2012).
Por lo tanto, el cine se suma a las alternativas online, que le facilitan acceso a las audiencias transnacionales como afirman Ryan y Hearn (2010) al analizar tres aspectos clave de la cinematografía de próxima generación: tendencias digitales en la distribución de películas y su comercialización; procesos y estrategias de los cineastas de nueva generación; y los estudios de los modelos de negocio viables de última generación.
Es imprescindible destacar que la distribución online no sólo transforma el modelo de negocio, sino también, el consumo de películas. Este proceso de digitalización se ha acelerado debido a tres factores tecnológicos, que pueden parecer obvios pero que se han de destacar porque, aunque parezca que siempre han estado ahí, son realmente recientes:
– Aumento del ancho de banda y disponibilidad de monitores de alta definición para ordenador.
– Incremento de plataformas con capacidad de reproducción de vídeo (móviles, tabletas, videoconsolas, etc.)
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Profundizando en la idea de que Internet cambia las formas de consumo, Zentner, Smith y Kaya (2012) van un paso más allá, y, tras constatar que los consumidores de Internet compran más productos “de nicho” que los consumidores de tienda física (lo que los anglosajones llaman brick and mortar stores) se preguntan ¿Se debe esto únicamente al tipo de consumidor que decide utilizar el canal Internet, o tiene algo que ver con el propio canal?
Los autores analizan esta cuestión a partir de los datos de alquiler de una cadena nacional de video que, en el momento del estudio, estaba cerrando muchas de sus tiendas locales, migrando hacia el entorno online (no se nombra pero evidentemente era Blockbuster). Los datos permiten a los autores observar cómo el comportamiento cambia cuando los consumidores se ven obligados a desplazarse de la tienda física al consumo online. Los resultados sugieren que cuando los consumidores se mueven de la tienda física al universo online son significativamente más propensos a alquilar o comprar títulos “de nicho” en relación a los blockbusters. Esto sugiere que una cantidad significativa del consumo online de productos “de nicho” se debe a la naturaleza misma del canal, no sólo a la naturaleza de los consumidores que eligen dicho canal. Es decir, Internet no sólo cambia la manera de, en nuestro caso, adquirir películas sino también el tipo de películas que se compran o alquilan.
Todo ello ha contribuido a la reestructuración del sector cinematográfico, provocando una ruptura con el modelo tradicional, tal y como afirman Cunningham, Silver y McDonnell (2010). En este artículo plantearon que gran parte del debate planteado en los estudios de los medios de comunicación está polarizado entre los que consideran que la revolución digital sólo traerá consecuencias positivas al negocio de distribución de contenidos digitales frente a los que piensan que solamente le acarreará perjuicios. Los autores pretendían proporcionar una visión rigurosa de la industria y arrojar luz sobre el asunto fundamental del cambio social que conlleva la irrupción de Internet, preguntándose como se ha de estudiar este proceso de cambio. Para ello, examinan el impacto de la distribución online de la industria del cine y se preguntan si realmente existen nuevos agentes que han irrumpido en el monopolio prexistente y, en caso afirmativo, cuáles son las consecuencias. Los autores aseguran que la alteración del modelo del negocio es inevitable y también confirman que el cambio cultural ha sido, en cierto modo, forzado. Finalmente, según los datos recabados en su trabajo, que fuera de los productos standard de Hollywood, las oportunidades de negocio online siguen sin
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ser tan atractivas como se esperaba en un principio, pero se hace evidente que están mejorando año tras año.
Como conclusión se puede afirmar que el desafío digital supone la elaboración de modelos de negocio que moneticen el contenido según Álvarez, Benamou, Fernández- Bosch, y Solé (2011). Como resultado surgen estrategias diversas, delimitadas, por un lado, por la entrada de nuevos intermediarios que agrupan contenidos sin producirlos, y negocian con los agentes tradicionales para la elaboración del catálogo. Y por otro lado, por los operadores de telecomunicación que se consolidan como la infraestructura necesaria para canalizar el contenido.