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El que busca que a sus hijos no les haga falta nada

El estudio se manifiesta como una herramienta que perciben los padres para que no les haga falta nada a sus hijos, se convierte así en algo de suma importancia para el futuro y más si se trata de educación superior. Cuando nació la hija de Manuel y este tenía 20 años, prefiere tener un ritmo de vida muy agitado con tal de poder seguir estudiando: ―además a las 6 de la mañana levantarme a ir a clase en la universidad, trabajos por ahí

hasta las 11 y uno se acostaba y la bebé empezaba a llorar entonces… y yo me adelgacé‖.

Dicha importancia de hacer parte del sistema educativo superior, se manifiesta en que en Colombia

El porcentaje de mayores de edad sin educación pasó de 50 por ciento en 1951 a 10 por ciento en 2005. El porcentaje con educación superior pasó, en el mismo lapso, de menos de 1 por ciento a más de 12 por ciento. (Profamilia, 2011, p. 20)

Otro hecho que se observa es la responsabilidad adquirida por los jóvenes actualmente, pues salen muy jóvenes del colegio y no son capaces de asumir lo que conlleva una universidad, así lo vivió Manuel:

―Entré a la universidad de 16 años, uno entra como a conocer…, porque yo

durante el colegio fui… estuve becado 4 años en el colegio fui muy juicioso entonces uno entra a la universidad y uno cree que es como el relajo que allá se va es a desordenar, yo entre a estudiar ingeniería metalúrgica pero entré muy… hasta que me tocó una vez cancelar semestre."

Al igual que en la generación anterior, se nota una disminución en el número de hijos, escenario que da cuenta de la transición demográfica que ha tenido Colombia en las últimas décadas, calificada por Profamilia (2011) como espectacular, la cual se ha caracterizado por una caída abrupta de la fecundidad. Aunque no es uno de los factores que nombra Profamilia por los que está sucediendo la baja fecundidad, la abstención de tener hijos se entiende también porque estos requieren cosas que de pronto los padres no podrían darles. Así es enunciado por Juan: ―tener muchos hijos y no poderles dar las

comodidades que ellos necesitan, el diálogo… no solo es dinero en esta vida, no solo es que tome y ya…‖, por eso Juan quisiera buscar una estabilidad como primera cosa antes

de decidir formar un hogar aparte de los padres, pues aunque ya tiene una niña con su pareja, no se han ido todavía a vivir juntos, porque ―primero lo primero, primero la

estabilidad… entonces estamos buscando eso en estos momentos, el ahorrar un poco para el próximo año iniciar carrera, lo que le comento, buscar la independencia‖. Este

padre se plantea vivir en independencia con su pareja e hija, luego de alcanzar la estabilidad, lo contrario a como lo expresa Fuller (2001), o a lo que pareciera ser lo común:

Una vez se ha demostrado tener la disciplina necesaria para trabajar y conseguir el dinero necesario para la manutención de una familia, se hace indispensable encontrar una pareja para construir una familia de procreación y afirmarse como varón adulto, independiente de la familia de origen. (Pág. 102)

Incluso Juan no ha comenzado sus estudios, reproduciendo así un comportamiento parecido a las generaciones anteriores en las que por una paternidad temprana, no estudiaban antes de formar un hogar.

Por su parte, Pablo experimenta una contradicción, pues no sabe qué será lo mejor para su hijo, ya que su hijo ―es muy consentido porque él medio abre la boca… aunque

también pueda estar haciendo yo mal ahí‖, con un riesgo y es que el niño comience a

identificarlo por su papel de proveedor, tal como lo cuenta Pablo: ―ya ahorita se olvidó,

ahorita ya se olvidó… solo me llama para decirme: papi quiero este juguete… y yo bueno mijito‖, situación que existe desde hace unos meses debido a que se tuvo que ausentar

de su casa para trabajar en otro lugar. En esta situación, Pablo se retrata a sí mismo de diferentes maneras dependiendo del contexto relacional (Gergen, 2007) en el que se encuentre, ya que sabe que no debería hacer algo con su hijo, pero delante de este no es capaz de hacerlo.

La paternidad de Pablo se podría clasificar de diferentes maneras de acuerdo a las vivencias, pues hubo un momento en el que no estaba trabajando y por tanto se hacía cargo de diversas tareas domésticas y de crianza, por lo que se podría decir que era un padre presente y muy próximo de acuerdo con Rebolledo (2007) y ahora ha pasado a ser un padre periférico según el mismo autor, pues lo caracteriza la buena proveeduría, pero igualmente su prestigio y éxito laboral.

Hablando de la falta que le hicieron sus padres, Pablo asevera que el dinero no es lo más importante: ―lo económico… para mí la plata siempre ha sido ah… la plata va y viene

¿sí?‖ Sin embargo, en la siguiente narración en torno al cumplimiento de ciertas

funciones con sus hermanas, se percibe la forma en que todavía considera la proveeduría económica como un distintivo de ser padre: ―o sea a los 11 años al asumir

estos roles de responsabilidades, de orientarlas, de guiarlas, de poder… hasta cierto punto yo me acuerdo de que alcancé a comprarles ropa‖.

La responsabilidad del padre se sigue asociando en esta generación, a la responsabilidad económica, aunque entendida de diversas maneras, siendo más acentuada esta creencia en sectores rurales. Así lo expresa Paola al hablar de su pareja:

“¿Muy responsable? no, no, a mí me ha tocado sola. Yo… trabajo y todo es para ella. Yo estaba estudiando… y, eso es difícil. Es difícil, es muy difícil, porque ya… yo tenía apenas 17 años (…) porque igual el papá la ve y esto, pero igual… él no está aquí, y él no… o sea, él no me ayuda… con lo suficiente. Igual yo trabajo para mi hija‖.

Esta responsabilidad económica de los padres viene a ser el soporte de familias con una estructura patriarcal, proveniente de la tradición cultural boyacense (Guarín Martínez, 2002). Es por esto que los padres de esta generación se enfrentan a una difícil tarea en cuanto a la formación de un hogar, pues tienen que pasar por los significados de la masculinidad que han heredado –en la que la proveeduría económica era primordial para ser considerado hombre a cabal, por lo que el desempleo era un atentado a su propia masculinidad-, y así ubicarse en las exigencias de la sociedad actual.

Las exigencias externas -mantener el estatus social y progresar en el profesional-, e internas, ya que su socialización se produjo en una época y en un sistema familiar patriarcal bien diferente al del mapa actual, se lo hace muy difícil (Rodríguez, 2001, p. 6).

El que provee pero también ayuda en la casa

El trabajo de los hijos no es algo impuesto como se veía en las generaciones anteriores, pues ellos lo hacen voluntariamente y además le ayudan a los papás con el dinero.

―Hasta en el colegio uno que a veces vendía, llevaba para comprar paqueticos de

dulces y entonces eso vendía todos nos ayudábamos. Yo siempre tuve como la noción de ahorrar de chiquito, ahorre y ahorre. Una vez reunía 100, 150 mil pesos y veía algo así necesitado [en la casa] se los daba a mi mamá o a mi papá, cuando tocaba colaborar". (Manuel)

Afirmación soportada por su padre Javier que comenta de la manera más natural, la ayuda económica que le dan sus hijos: "pues ahí mis hijos son muy responsables,

[Ramón] cuando trabaja de Dj ahí en el bar, él gana y a veces también aporta y parece un viejo cuando llega con cosas a la casa".

El hecho de que padre y madre estén trabajando, obliga a repartir adecuadamente los oficios domésticos, encontrándose en esta generación que las hacen indistintamente, aunque con ciertas dificultades de parte del hombre, así lo expresa Juan:

―Que oye negra, ve que cambiá la niña o flaco ve que la niña no sé… Mami, voy a

sacar la niña un rato mientras tanto prepará algo de comer… es algo ya de nosotros, ya de hogar y de que cocino también, ella no tiene que estarme lavando ropa, ya en la lavadora, sí le colaboro, pues nada, aunque me ha jalado las orejas que no combine la ropa de la niña con la suya, que no sé qué… bueno, bueno…”.

Ahora, si el padre está sin trabajo, se puede observar que se encarga de la casa tal cual, como en el caso de Diego que no solo participaba más activamente de la crianza de su hijo: ―como permanecíamos tanto tiempo los dos, yo todos los días lo llevaba al colegio,

le daba el almuerzo, le empacaba las onces, nos sentábamos a hacer tareas‖, sino

también en otras tareas como hacer el almuerzo ―póngame a hacer el almuerzo, ehh que

es lo más desagradecido que existe, y ahora sí entiendo a mi mamita por qué uno no come un plato y ya se ponen de mal genio‖. Sin embargo, Diego apuntaba que su esposa

se recargaba en él: ―entonces ya mi esposa descansó [en] mí y yo ya me estaba

acumulando en ciertas actividades muchas cosas. Hasta tal punto que ella aprovechaba ya para salir con sus amigas y pues llegaba 3, 4 de la mañana‖, pues sentía que él se

estaba encargando del cuidado de la casa muy bien y ya tenía asignadas esas tareas.

Tal parece ser que en esta generación, la persona que aporta económicamente, ya sea el hombre o la mujer, se exime de las labores domésticas, que de esta manera le corresponderían al otro miembro de la pareja.

El que es apoyado económicamente

A Carlos (el hijo de Rodrigo), la pareja lo ayuda económicamente, así lo narra él: "entonces hay épocas en las que afortunadamente mis papás me apoyan muchísimo o

[Adriana] (su pareja) me ayuda muchísimo… en cuestiones económicas", aquí Carlos

utiliza la palabra ―ayuda‖, como si pensara que de todas formas la responsabilidad económica la tiene que asumir él. De igual manera lo considera Juan, como lo exponía él mismo en el apartado anterior. Se manifiesta acá la ambigüedad propia de los llamados padres en transición según Puyana et al (2003), donde las funciones de proveeduría y trabajo doméstico se perciben como ―colaboración‖ al hombre y a la mujer respectivamente. Y aunque este padre se lamenta de no haber estado presente para su hijo -el cual tuvo con una primera novia-, también se queja de no haber proporcionado un

sustento económico: ―yo no tenía como responder, entonces no solamente era la falta de

presencia como padre sino respaldo económico también‖, y esto porque muchos

hombres adquieren sentimientos de frustración e ira cuando sienten que no están cumpliendo su papel de proveedor y protector en su familia (Rosenberg & Wilcox, 2006).

Este papel del hombre, se ha manifestado también en la forma de manejar el dinero, sobre todo con respecto a su pareja. En las primeras generaciones, ―los hombres

dominan el hogar. Guardan el dinero, hacen las compras y suministran a la esposa los abastecimientos alimenticios‖ (Fals Borda, 1961, p. 255). Actualmente se percibe una

desnaturalización del rol proveedor del hombre: en el caso de Carlos, este no es el que aporta a la casa económicamente, y en el caso de Pablo, no es él el que maneja el dinero en la casa: ―ahhh sí, yo le doy mi salario a ella jajaja‖, ya que como vive lejos de su familia por cuestiones laborales, desde hace unos meses le manda a su esposa el dinero que él gana. Este es un rasgo que también es descrito por Puyana et al (2003) en los padres en ruptura, como las nuevas relaciones entre hombres y mujeres.

El hecho de que la mujer esté generando ingresos en la familia, tiene un efecto entonces fundamental en la nueva paternidad, pues el hombre reconoce que su mujer y los hijos ya no dependen de él económicamente (Montesinos, 2002).

Asimismo se percibe en este padre un cambio con las generaciones anteriores en el motivo de su sufrimiento por lo económico, pues en esta generación no era como tal el no estar proveyendo económicamente, sino el tener que vivir con menos: ―duré 7 meses

sin trabajar, eso fue duro porque igual estábamos acostumbrados a recibir dos salarios‖.

Pablo se encontraba entonces en un estado de conformidad como lo diría Bauman, en una especie de equilibrio entre las necesidades y los lujos, pero ―como no hay normas para convertir algunos deseos en necesidades y quitar legitimidad a otros deseos, convirtiéndolos en ‗falsas necesidades‘, no hay referencias para medir el estándar de ‗conformidad‘‖ (Bauman, 2004, p. 82), de ahí el sufrimiento que tiene por su familia estar ganando la mitad del dinero que se ganaban antes.

3.5 Cambios en la paternidad desde el sustento