CHAPTER 3 Challenges and Threats 20
3.3 Some Solutions for Key Issues in Cloud Computing Security 25
Después de esta conversación, Brynhildr se metió en la cama. Al rey Gunnarr le llegó la noticia de que Brynhildr estaba enferma. Fue a verla y le preguntó qué le pasaba, pero ella no le respondía nada y estaba en la cama como si estuviera muerta.
Y como él continuaba insistiendo, ella le respondió: “¿Qué hiciste con el anillo que te di y que el rey Buðli me dio la última vez que nos vimos al despedirnos cuando tú y los hijos del rey Gjúki fuisteis a verle y le amenazasteis con devastar e incendiar el país a no ser que me obtuvierais? Después de oír
aquello, me llevó aparte y me preguntó a quién escogería de los que habían ido, pero yo en lugar de aceptar me ofrecí a defender el país y a acaudillar un tercio de sus hombres. Entonces me dio a escoger entre dos posibilidades: casarme con el que él quisiera o perder todos mis bienes y su amistad: y añadió que su amistad me resultaría de más útilidad que su ira. Entonces medité conmigo misma si debía acatar su voluntad o matar a algunos, pero me sentía incapaz de ponerme a discutir con él y así acepté, si bien con la condición de que me prometería con el que atravesara mi muro de llamas cabalgando el caballo Grani cargado con la herencia de Fáfnir y matara todos los hombres que yo le dijese. Nadie se atrevió a hacerlo excepto Sigurðr. Él fue el que atravesó el muro de fuego porque no le faltaba el coraje para hacerlo. Él mató al dragón, a Reginn y a cinco reyes, pero no tú, Gunnarr, que empalideciste como un cadáver y no eres ni rey ni guerrero ni nada. Estando en casa de mi padre, me hice el juramento de que sólo amaría al que fuera el más excelente de todos los hombres nacidos, y ése es Sigurðr, y por eso ahora, al no poseerlo, me he convertido en una perjura y por esta razón te buscaré la muerte. Y a Grímhildr también la tengo que recompensar por todo el daño que me ha causado. No hay mujer peor ni más desalmada que ella.”
Gunnarr respondió de tal guisa que sólo pocos podían oírle: “Acabas de pronunciar muchas falacias, eres una mujer malvada, porque dices mal de una mujer que te supera en mucho, porque ella se ha contentado con su destino a diferencia de lo que tú haces, ni ha torturado a hombres muertos, ni ha asesinado a nadie, y vive en medio de alabanzas.”
Brynhildr le respondió: “Nunca he tenido encuentros secretos con nadie ni he cometido hechos alevosos, porque mi natural no me empuja a ello: a lo que me mueve ahora es a matarte.”
encadenó.
Gunnarr dijo: “No quiero que esté encadenada.”
Ella respondió: “¡No te preocupes por eso! Jamás me volverás a ver alegre en tu hǫll, ni bebiendo o jugando al tafl o diciéndote cálidas palabras de afecto o bordando con hilo de oro los buenos ropajes o dándote buenos consejos.”
Ella declaró solemnemente que tenía un pesar y una aflicción extremos por no haberse casado con Sigurðr. Se sentó y empezó a tejer tan violentamente el tapiz que estaba haciendo que éste se rasgó. Ordenó que abrieran de par en par las puertas de su aposento para que se pudieran oír desde lo lejos sus quejas y lamentos. Su aflicción era grande y se la oía en todo el bœr.
Guðrún preguntó a sus doncellas por qué estaban tan alicaídas o apesadumbradas: “¿Qué os pasa? ¿Por qué os comportáis como insensatas? ¿Qué espantosa visión habéis presenciado?”
Una mujer de su guardia personal, que se llamaba Svafrlǫð234 , respondió: “Éste es un día desafortunado. Nuestra hǫll está llena de lamentaciones.”
Entonces Guðrún dijo a una de sus amigas: “Levántate que ya hemos dormido suficiente. Ve a despertar a Brynhildr y pongámonos a bordar y a estar de buen humor.”
“No lo haré”, le dijo ella: “ni iré a despertarla ni a hablar con ella porque hace días que no ha bebido ni mjǫðr ni vino, así que la cólera de los dioses debe de haberse adueñado de ella.”
Entonces Guðrún dijo a Gunnarr: “Ve tú a verla”, le dijo, “y hazle saber que nos sentimos mal con su aflicción.”
Gunnarr le respondió: “Tengo prohibido el irla a verla y compartir sus bienes.”
A pesar de ello, Gunnarr fue a verla e intentó de muchas maneras que le hablara sin obtener respuesta alguna de ella. Entonces se fue a buscar a Hǫgni y le pidió que fuera a verla. Éste le dijo que no tenía ganas de hacerlo; de todas maneras, fue a verla pero tampoco obtuvo nada de ella, así que fueron a buscar a Sigurðr para pedirle que fuera a verla. Él no les respondió nada y así quedaron las cosas aquella noche.
A la mañana siguiente, al volver de una montería, Sigurðr se fue a ver a Guðrún y le dijo: “He visto que todo esto, todo este estremecimiento [de Brynhildr], ocasionará muchas cosas [malas] y que Brynhildr va a morir.”
Guðrún le respondió: “Mi señor, lo que le está pasando es muy raro: ya hace siete días con sus noches que permanece dormida y nadie se ha atrevido a despertarla.”
Sigurðr le replicó: “No está durmiendo, está maquinando algo terrible contra mí.”
Entonces Guðrún dijo llorando: “Es un gran pesar para mí oír de tu muerte. Mejor ve a verla y averigua si se ha aplacado su cólera, y si no, dale oro y calma así su ira.”
Sigurðr salió y encontró abiertos los aposentos de Brynhildr. Él creyó que estaba dormida, la destapó y le dijo: “Despiértate, Brynhildr, el sol brilla por todo el bœr, ya has dormido bastante. Abandona tu pesar y recobra tu alegría.”
Ella dijo: “¿¡Cómo te atreves a venir a verme?! En toda esta traición nadie ha sido tan malo conmigo como tú.”
Sigurðr le preguntó: “¿Por qué no hablas con nadie? ¿Qué te atribula?” Brynhildr le replicó: “Te voy a contar lo que me encoleriza.”
Sigurðr le dijo: “Si crees que albergo sentimientos hostiles hacía ti es que estás encantada y el marido que tienes es el que tú escogiste.”
llegar hasta mí ni fue él el que me dio el mundio de cadáveres de anteriores pretendientes que yo exigía. Quedé sorprendida por el hombre que entró en mi sala y creí reconocer tus ojos en los suyos, pero no pude discernirlos con claridad a causa del velo que cubría a mi hamingja235.”
Sigurðr dijo: “No soy más noble que los hijos de Gjúki: ellos fueron los que mataron al rey de los daneses y a un gran caudillo, el hermano del rey Buðli.”
Brynhildr respondió: “Les tengo que hacer pagar muchos agravios, no me los recuerdes. Tú, Sigurðr, mataste el dragón y atravesaste el muro de fuego por mi causa: allí no estaban los hijos del rey Gjúki.”
Sigurðr respondió: “No llegué a ser tu marido ni tú mi mujer; y el que pagó tu mundio es un rey excelente.”
Brynhildr respondió: “Nunca ha sonreído mi corazón cuando he mirado a Gunnarr y soy fría y dura con él aunque se lo oculte a los demás.”
“Es espantoso,” dijo Sigurðr, “que no ames a un rey como él. ¿Qué es lo que más te corroe realmente? A mí me parece que su amor debería serte más valioso que el oro.”
Brynhildr respondió: “El más doloroso de todos mis pesares es que no puedo conseguir que una espada afilada quede tinta de tu sangre.”
Sigurðr respondió: “Descuida, no tendrás que esperar mucho para que una espada afilada me atraviese el corazón y tú no puedes pedir peor cosa para ti misma, porque no me sobrevivirás. Los días que nos quedan de vida son pocos.”
Brynhildr respondió: “Tus palabras no presagian una pequeña desgracia,
235. En español, la suerte es siempre individual, es decir, es el individuo el que tiene buena o mala suerte. No existe, por tanto, el concepto de suerte familiar o propia de toda una familia. En norreno, sin embargo, había una suerte individual y una suerte de clan o familiar. Esta última es la hamingja. En la frase norrena debe entenderse hamingja como personificación de la suerte familiar de manera que el sentido de la frase vendría a ser: un velo cubría el espíritu protector de mi familia, por ello, no pude percibir la advertencia que me estaba haciendo. [Nota de los trad.
pero desde que me traicionaste privándome de toda alegría ya no estimo en nada la vida.”
Sigurðr respondió: “Vive y ama al rey Gunnarr y ámame a mí, y si no escoges la muerte, te daré todos mis bienes.”
Brynhildr respondió: “Poco conoces mi forma de ser. Es verdad que sobresales por encima de todos los demás hombres, pero no te has hecho tan odioso a ninguna otra mujer como a mí.”
Sigurðr le dijo: “Otra cosa es más cierta que ésta: yo te quería más y mejor que a mí mismo pero fui víctima de un engaño y ya no podremos cambiarlo, y desde que he vuelto a recuperar mis recuerdos no ha dejado nunca de afligirme el que tú no seas mi mujer. Y he intentado apartar de mí, en la medida de lo posible, estos pensamientos porque me hallaba en la hǫll del rey y, a pesar de todo, estaba disfrutando de que los dos estuviéramos juntos. Es posible que se acabe cumpliendo lo que se nos ha predicho pero no es algo que a mí me dé miedo.”
Brynhildr respondió: “Demasiado has tardado a decirme que mi sufrimiento te atribula: ahora ya no hay salvación para ninguno de los dos.”
Sigurðr respondió: “Me gustaría mucho que nos metiéramos los dos en una misma cama y que tú fueras mi mujer.”
Brynhildr respondió: “No hables así porque no quiero tener dos reyes bajo un mismo techo, y prefiero perder la vida antes que engañar al rey Gunnarr” -y entonces le recordó su encuentro en la montaña y los juramentos que se hicieron allí- “pero ahora todo esto se ha acabado y ya no quiero continuar viviendo.”
“No podía acordarme ni de tu nombre”, le dijo Sigurðr, “y no te volví a reconocer hasta después de tu boda, ésta es mi mayor aflicción.”
que atravesara mi muro de fuego y es un juramento que quiero cumplir o morir.”
“Prefiero abandonar a Guðrún y tomarte a ti por mujer, antes de verte morir,” dijo Sigurðr y sus costados se hincharon tanto a causa de su sufrimiento que los anillos que unían la parte delantera de su coraza a la trasera saltaron hechos pedazos.
“No te quiero”, dijo Brynhildr, “ni a ti, ni a ningún otro.” Sigurðr se fue. Así se cuenta en la Sigurðarkviða:
1 Út gekk Sigurðr 1 Sigurðr se marchó 2 andspjalli frá, 2 de aquella conversación
3 hollvinr lofða, 3 -el amigo leal de los príncipes-, 4 ok hnipnaði, 4 y estaba tan abatido
5 svá at ganga nam 6 que a él, el avezado a los combates, 6 gunnarfúsum 5 se le partió
7 sundr of síður 7 en dos, por los lados,
8 serkr járnofinn. 8 la camisa tejida con hierro236.”
Cuando Sigurðr entró en la hǫll, Gunnarr le preguntó si sabía qué aflicción hacía sufrir a Brynhildr y si ya había vuelto a recuperar su lengua. Sigurðr le dijo que ella volvía a hablar. Entonces Gunnarr fue a verla por segunda vez y le preguntó qué causaba su aflicción y si se podía remediar de algún modo.
“No quiero continuar viviendo”, le dijo Brynhildr, “porque Sigurðr me engañó, a mí lo mismo que a ti, cuando le permitiste que se metiera en mi cama. Pues bien, no quiero tener a dos hombres al mismo tiempo bajo un mismo techo, así que o muere Sigurðr o mueres tú o muero yo - porque él se lo ha contado todo a Guðrún y ella me lo refriega por la cara.”
XXXII.