La discusión sobre el uso del tiempo libre, de las y los jóvenes, ha estado presente desde hace décadas. Pese a que el concepto se ha abordado desde distintos puntos de vista, un eje común ha sido la búsqueda de formas y actividades que puedan ocupar ese tiempo libre del que disponen. Pero, más allá de esto, se le ha descrito como un ámbito fundamental del ser humano, tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 24, como en la Constitución Política de Colombia donde está consagrado como un derecho:
ARTICULO 52. El ejercicio del deporte, sus manifestaciones recreativas, competitivas y autóctonas tienen como función la formación integral de las personas, preservar y desa- rrollar una mejor salud en el ser humano. El deporte y la recreación forman parte de la educación y constituyen gasto público social. Se reconoce el derecho de todas las personas a la recreación, a la práctica del deporte y al aprovechamiento del tiempo libre. El Estado fomentará estas actividades e inspeccionará, vigilará y controlará las organizaciones depor- tivas y recreativas cuya estructura y propiedad deberán ser democráticas (Constitución Polí- tica de Colombia, 1991)
Aun así, no hay una comprensión unificada del concepto, siendo la descripción de la Constitución colombiana un ejemplo de ello. En esta, se hace un claro énfasis en el aprovechamiento del tiempo libre únicamente en relación con la actividad física y deportiva. Mientras que autores como Muñoz, Olmos, Hernández, Calvo y González (2011) cuando se refieren a tiempo libre lo definen como
Un tiempo, de entrada, desocupado, liberado de ocupaciones que cada uno puede acomo-
dar a su gusto y manera. Es una parte del tiempo vital de una persona, de libre dispo- sición para llevar a cabo cuantas actividades se consideren oportunas (…) estar libre para algo, o sea, disponibilidad para ejecutar algo que procura placer y satisfacción (pág. 17).
Desde la descripción de la Constitución Política, se podría interpretar que se invita a pensar estrate- gias para ocupar el tiempo libre de las personas desde una visión más institucional, enfocada en la actividad física y el deporte, mientras que la defini- ción dada por Muñoz et al. se dirige a la autonomía de la persona y, en últimas, a su propia capacidad de agencia. A pesar de las diferencias, hay aspec- tos en común respecto de lo que se asocia al uso del tiempo libre, como la formación, el desarrollo integral y el bienestar de la persona.
De cualquier forma, la preocupación por ocupar el tiempo libre de las y los jóvenes es una constante. Es común que se conciban diversas problemáticas sociales como resultado de entornos en los que no se ha ocupado el tiempo libre, o se hace un mal uso de él, como el embarazo adolescente, el consumo de sustancias psicoactivas, y la vincula- ción a grupos delincuenciales, entre otros. Estas ideas, en muchas ocasiones, tienen como ori- gen diversos imaginarios sociales acerca del ser joven. Como mencionan Guerrero, Gutiérrez y Ortiz (2018), estas ideas tienen su origen en una estructura social adulto-centrista, que alude al joven como un sujeto problemático, confundido, expresado y consumido por el mercado e, incluso, pasivo y desesperanzado.
En ese sentido, el abordaje de las problemáticas, ya relacionadas, debería estar enfocado a la miti- gación de los riesgos a los cuales se ve expuesta la juventud, más que en buscar, desesperadamente,
que ocupen su tiempo libre. No se debería calificar el tiempo libre y su “mal” uso, como la causa cen- tral de los comportamientos dañinos o de riesgo para las y los jóvenes, soslayando las verdaderas causas de tales riesgos, como la pobreza, la falta de oportunidades sociales, la impunidad y el des- control de los grupos delincuenciales que pene- tran todo el entramado social. Visto desde otra mirada, no punitiva, el tiempo libre, además de ser un ejercicio de ciudadanía, puede ser un espa- cio de creación, de florecimiento de las artes o de desarrollo espiritual.
Ahora, partiendo de la idea del uso del tiempo libre como un ejercicio de ciudadanía en sí mismo, podríamos entenderlo como todas aquellas acti- vidades que el sujeto realiza, desde su capacidad de agencia y desde su posibilidad de tomar deci- siones autónomas, que aportan a la convivencia, las relaciones sociales, el desarrollo de capacida- des y el desarrollo humano, en el marco del bien- estar y la formación integral. Si partimos de esta comprensión, nuestro curso de acción, más allá de estar enfocado en determinadas actividades, debería dirigirse al fortalecimiento de la agencia juvenil 1, así como a la reducción del riesgo en
aquellos escenarios en los cuales las y los jóvenes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como consecuencia de su situación socioeconó-
1 “Se sitúa la comprensión de la juventud desde su condición de agente capaz de construir y transformar sus espacios vitales; con
posibilidad de asociarse, de ser miembro de diferentes redes; de movilizarse en el tiempo para conocer diferentes visiones del mundo. En esta perspectiva reconocemos a las y los jóvenes desde la heterogeneidad, como sujetos diversos, autónomos, con una gran capacidad de agencia y enormes recursos para generar una transformación de sus realidades” (Guerrero, Gutiérrez, & Ortiz, 2018, pág. 23).
mica, identidad de género, orientación sexual, pertenencia étnica, territorial y cultural.
Teniendo en cuenta esto, es claro que se debe 1) partir de la idea de un joven con capacidad de agen- cia que puede definir qué es, -desde su contexto-, el desarrollo y bienestar integral, incluyendo las perspectivas individual y colectiva, 2) pensar las estrategias institucionales desde la reducción de los riesgos y vulnerabilidades, de manera tal que, cada joven pueda desarrollarse integralmente, sin barreras y 3) tener una clara comprensión e identi- ficación de las posibilidades, motivaciones y capa- cidades de cada contexto juvenil para configurar una oferta asertiva.
A continuación, se presentan los resultados de la Encuesta en su bloque de uso del tiempo libre de las y los jóvenes colombianos. Los datos ofrecen algunas pistas sobre tendencias, motivaciones e intereses y, en consecuencia, sobre cuáles podrían ser algunos cursos de acción.
Esta sección se encuentra dividida en tres grandes temáticas: uso de internet, actividades en tiempo libre y hábitos de lectura. Se construyó con un total de 10 preguntas, sobre las cuales se obtuvo infor- mación discriminada por grupos de edad, sexo, grupo socioeconómico (GSE), división urbano-ru- ral y condición de víctima del conflicto armado.