PRINCIPIO DE BENEFICENCIA
El principio de beneficencia persigue maximizar los beneficios y
minimizar los daños, por tanto los participantes en una
investigación, deben conocer los riesgos y los beneficios que
lograrán con su participación. El beneficio supere el riesgo
30 CONSENTIMIENTO INFORMADO
El consentimiento informado, es un elemento de respeto al
paciente, constituye una exigencia ética de los derechos del
ciudadano y está reconocido en la Ley General de Salud Nº 26842,
de 1997.
Es la manifestación voluntaria, libre y racional, realizada por un
paciente de aceptación a un tratamiento, luego de haber sido
informado del mismo y de habérsele respondido todas sus dudas
de manera adecuada y suficiente, así como de las alternativas
posibles con sus respectivos riesgos y beneficios
CONFIDENCIALIDAD
La confidencialidad es una propiedad que ostenta algún tipo de
información y mediante la cual se garantiza el acceso a la misma
solamente a aquellas persona que estén autorizadas a conocerla;
es así que durante el desarrollo de la investigación s e procuró un
ambiente adecuado, libre de distractores o interferencias que
favoreció la privacidad y seguridad para los participantes, luego se
inició el diálogo que fue horizontal y espontáneo, se le explicó el
objetivo de la investigación, garantizando el anonimato y la
31
III.
RESULTADOS
TABLA 01
DISTRIBUCION DE USUARIOS CON DIABETES MELLITUS SEGÚN
SU ESTILO DE VIDA. CASA GRANDE 2014.
ESTILO DE VIDA Nº %
No saludable 34 79
Saludable 9 21
Total 43 100
FUENTE: Datos provenientes del cuestionario aplicado a usuarios con diabetes mellitus en un Centro Médico Especializado de Casa Grande, 2014.
32 TABLA 02
DISTRIBUCION DE 43 USUARIOS CON DIABETES MELLITUS
SEGÚN SUS PRACTICAS DE AUTOCUIDADO. CASA GRANDE,
2014. PRÁCTICA DE AUTOCUIDADO Nº % Malo 0 0 Regular 10 23 Bueno 33 77 Total 43 100
FUENTE: Datos provenientes del cuestionario aplicado a usuarios con diabetes mellitus en un Centro Médico Especializado de Casa Grande, 2014.
33 TABLA 03
ESTILO DE VIDA Y PRACTICAS DE AUTOCUIDADO EN EL
USUARIO CON DIABETES MELLITUS. CASA GRANDE, 2014.
ESTILO DE
VIDA
PRÁCTICA DE AUTOCUIDADO
Regular Bueno Total
Nº % Nº % Nº %
No saludable 9 21 25 58 34 79
Saludable 1 2 8 19 9 21
Total 10 23 33 77 43 100
FUENTE: Datos provenientes de las tablas 1 y 2.
X2 = 0,941 valor-p = 0,332
34 IV. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN
En el presente estudio de investigación sobre “Estilo de vida y prácticas de autocuidado para la prevención de la enfermedad renal
crónica en el usuario con diabetes mellitus”, se obtuvieron los siguientes resultados:
En la tabla 01: Se presenta la distribución de 43 usuarios con diabetes mellitus según su estilo de vida; los resultados evidencian que el
79% de los usuarios presentaron un estilo de vida no saludable y el 21%
restante un estilo de vida saludable.
El estilo de vida hace referencia a patrones de comportamiento
compartidos por un grupo social, que se ven favorecidos por los hábitos,
las costumbres, las modas o los valores dominantes en cada momento y
en cada comunidad, que se adquieren mediante el proceso de
socialización. Estos patrones tienden a persistir en el tiempo, pero pueden
ser modificados a lo largo de la vida (Hernández y cols., 2009).
De esta manera, se puede distinguir dos tipos de estilos de vida,
uno denominado saludable y otro no saludable. Un estilo de vida
saludable es el conjunto de patrones conductuales o hábitos que guardan
una estrecha relación con la salud en un sentido amplio, es decir, con
35 biopsicosocial, lo contrario originaria un estilo de vida no saludable.
(Rodrigo, 2004).
Dentro del estilo de vida no saludable se han citado, entre otros, la
dieta inadecuada, el sedentarismo, el consumo de tabaco, etc., los que en
conjunto constituyen importantes factores de riesgo. Se considero para la
presente investigación valorar los estilos de vida en cuatro aspectos
fundamentales, los cuales son: la nutrición, el ejercicio, la responsabilidad
en salud y el manejo de estrés, enfocándonos en situaciones que
evidencien el tipo de estilo de vida que llevan los usuarios con diabetes
mellitus (Chiang, 2003).
Los resultados encontrados son desalentadores, en el sentido de
que a pesar que estos usuarios ya padecen de una enfermedad crónica
como lo es la diabetes mellitus, a lo largo de los años de tratamiento no
han podido establecer pautas de comportamiento que favorezcan su
salud, puesto que se evidencia que en su mayoría (79%), los usuarios
presentan un estilo de vida no saludable.
Estos resultados concuerdan con lo encontrados por Montejo (2009),
en México, quien refirió que en su población diabética, mayormente
femenina y de edad avanzada, presentaron un estilo de vida malo (75%) y
con descontrol glucemico. Así también, Balcazar y Cols. (2008), en su
36 (73%) presentaron inadecuado estilo de vida, es decir, se observan
patrones conductuales desordenados en su estilo de alimentación , no
realización de actividad física, falta de sistematización en la toma de
medicamentos y en el control de los niveles de glucosa, así como malas
conductas en el estado emocional, situación que empeora el estado del
enfermo.
Se debe prevenir y tratar el sobrepeso y la obesidad en los usuarios
con diabetes mellitus, por ello es apropiado mantener un índice de masa
corporal (IMC) optimo, mediante la reducción de peso de manera
voluntaria; para lograrlo es necesario practicar actividad física moderada
que sea bien tolerada. El ejerció regular aumenta las HDL colesterol,
disminuye los triglicéridos séricos y la presión sanguínea, mejora la
eficiencia de la glucosa, la sensibilidad de la insulina y reduce el riesgo de
arritmias cardiacas (Velásquez, 2006; Hernández y cols., 2009).
Al examinar las respuestas comprendidas dentro del cuestionario
elaborado para valorar el perfil de estilo de vida del usuario con diabetes
mellitus, se observa que dentro de las 10 primeras preguntas con menor
puntaje, en las que recaería el peso de haber obtenido los puntajes bajos
y establecer que estos usuarios tienen un estilo de vida no saludable,
tenemos: el no realizar ejercicio físico vigoroso 3 veces a la semana,
evaluando su pulso y bajo supervisión, no asistir a programas educativos
37 que contengan presevantes artificiales y químicos, no prestando atención
al aporte nutricionaly finalmente no relajar los músculos antes de dormir
(Anexo 2).
Con respecto a lo antes descrito, Salazar y cols. (2011) en México,
coincide con lo encontrado al referir que los dominios del estilo de vida
que requieren atención fueron actividad física (48.1%), autoestima (57.8
%), autopercepción (68.3%), dieta (68.7%) y apego terapéutico (73.5%).
Cabrera y cols. (2009), en España, con sus resultados aporta
describiendo que la población diabética es sedentaria y obesa, muestra
un consumo alta de grasas saturadas y gran prevalencia del síndrome
metabólico; el porcentaje que sigue tratamiento regular es muy bajo (48%
hombres y 28% mujeres), en especial en el varón que además mantiene
el tabaquismo.
El usuario con diabetes mellitus, debe tener responsabilidad en su
salud, es decir, evidenciar conductas que reduzcan el riesgo de
complicar su enfermedad, una de las principales es la ERC. Debe buscar
atención sanitaria en el momento oportuno y adherirse a los regímenes y
tratamientos médicos prescritos, por consiguiente, mantener
comportamientos estrictos, haciendo frente a situaciones estresantes por
ser difíciles de realizar o satisfacer, como son: seguir una dieta estricta,
realizar ejercicio físico, tomar las pastillas en horas indicadas, etc., su
38 de conductas no saludables (Matarazzo,1980; Becoña y cols., 2004;
Hernández y cols., 2009).
En contradicción a los hallazgos de la presente investigación,
Ramírez y cols.(2011), en México, concluyeron en su estudio que el 80%
de los pacientes encuestados con diagnostico de diabetes mellitus,
presentaron practicas de estilos de vida saludables. En nuestra localidad,
el estudio de Malca y Quilcate (2010), en el Hospital Belén de Trujillo,
encontró: que el mayor porcentaje (65,1%) de pacientes adultos con
diabetes mellitus tipo 2, presento un estilo de vida promotor de salud
regular, seguido de un 34,9% con un estilo de vida promotor de salud
bueno; no se encontró pacientes con estilo de vida promotor de salud
malo.
En la presente investigación solo el 21% de los usuarios diabéticos
presentaron un estilo de vida saludable. De acuerdo a la comparación de
los resultados, se puede decir, que los estilos de vida del usuario
diabético, son en su mayoría, no saludables y estos recaen en las
deficiencias que presentan, en general, en las cuatro áreas planteadas en
el cuestionario para su valoración, se debe reforzar las actitudes proclives
a la realización de ejercicio físico, seguir una adecuada nutrición,
evidenciar una buena adherencia al tratamiento médico prescito y un
39 La estrategia más adecuada para disminuir la prevalencia de la
diabetes y de sus complicaciones en quienes ya la padecen, es promover
estilos de vida saludables desde etapas tempranas de la vida. La razón se
fundamenta, en general, que los estilos de vida de un pueblo están
fuertemente influidos por factores sociales, políticos, económicos,
educacionales, culturales y familiares, entre otros, por lo que conseguir la
meta de promover conductas saludables significa involucrar a todos los
sectores que, de una u otra forma, regulan estas conductas (Sánchez,
2005).
Esto es una tarea compleja y difícil, puesto que cada institución o
sector trabaja de manera aislada; el sector salud tiene sus propias
estrategias, así como el sector educación, quienes aportan de forma
independiente en la educación en salud. Sin embargo, también es
necesario intervenir considerando los patrones culturales predominantes
en cada comunidad y específicamente los aceptados en cada persona,
influenciados por los medios de comunicación, por su condición
económica que muchas veces limita la adquisición de los medios para
llevar un estilo de vida saludable y la influencia familiar que es
determinante porque es el medio donde se adquiere los comportamientos
que van a regir el estilo de vida desde etapas tempranas de vida.
En general, existen muchos factores influenciables para que el
40 mayoría estilos de vida no saludables, pero sin duda, la intervención del
profesional de salud es de vital importancia; en este medio, es el
profesional de enfermería quien destaca por sus actividades de
promoción de la salud, la cual debe garantizar la concientización de la
población sobre mantener una buenasalud, con participación de otros
profesionales e integrar las actividades con los actores sociales de la
comunidad, de esta manera, se garantizara una buena intervención
educativa en salud y a mediano o largo plazo resultados alentadores.
En la tabla 02:Se presenta la distribución de 43 usuarios con diabetes mellitus según sus prácticas de autocuidado , los resultados
evidencian que el 77% de los usuarios presentaron practicas de
autocuidado bueno, seguido de 23% con prácticas de autocuidado
regular, no se encontraron ningún usuario con prácticas de autocuidado
malo.
El autocuidado es una actividad aprendida por los individuos,
orientada hacia un objetivo. Es una conducta que existe en situaciones
concretas de la vida, dirigida por las personas sobre sí mismas, hacia los
demás o hacia el entorno, para regular los factores que afectan a su
propio desarrollo y funcionamiento en beneficio de su vida, salud o
41 Orem (1990) señalo tres tipos de requisitos de autocuidado, estos
son: autocuidado universal,conocidos como demandas de autocuidado
para la prevención primaria; autocuidado del desarrollo,para prevenir la
aparición de condiciones adversas o mitigar los efectos de dichas
situaciones, en los distintos momentos del proceso evolutivo o del
desarrollo del ser humano; y finalmente los autocuidado de las
alteraciones de la salud o terapéutico, definido como las acciones
necesarias solo en caso de enfermedad, agresión o accidente, por lo
general estas acciones requieren cambios o ajustes en la forma de vida.
Este último tipo de autocuidados definidos por Orem, son los que
guiaron la elaboración del instrumento de valoración de las prácticas de
autocuidadoen el usuario con diabetes mellitus. En los resultados resalta
que el 77% presentaron prácticas de autocuidado bueno y no se
encontraron porcentajes de usuarios con prácticas de autocuidado malo,
situación muy alentadora, pues indicaría que las intervenciones
educativas que se realizan en el Centro Médico Especializado Casa
Grande, a través del programa de diabetes, están siendo efectivas.
Algunos estudios de investigación que concuerdan con los hallazgos
del presente, teniendo en cuenta la variable autocuidado vista desde
diferentes aspectos son: Cadena y Flores (2010), en México, quienes
encontraron que en la población diabética se presenta capacidad de
42 Alemán (2007), refirieron que los resultados de su estudio evidenciaron
que la mayor parte de la población diabética (75%) posee información
adecuada sobre su enfermedad y autocuidado, no obstante un 25%
presento lo contrario.
Al considerar estudios nacionales, se tuvo el de Hidalgo (2005), en
Lima- Perú,quien encontró que la mayoría de pacientes diabéticos realiza
las medidas de autocuidado, tales como alimentación, ya que consumen
diariamente verduras y frutas e ínter diariamente carnes y harinas.
Asimismo la mayoría realiza el cuidado de sus pies y ejercicios, siendo
frecuente las caminatas; Valera y Vargas (2008), en Trujillo- Perú, precisa
en sus resultados que el mayor porcentaje (55%) de los pacientes con
diabetes mellitus presentó un nivel de prácticas de autocuidado bueno y
un menor porcentaje (8%) presento un nivel de prácticas de autocuidado
malo.
Otras investigaciones que difieren parcialmente de los resultados
encontrados en el presente, son la de Baquedano y cols. (2010), en
México, en su estudio encontraron que el 66% de las personas con
diabetes mellitus tipo 2 presentaron regular capacidad de autocuidado y
34% capacidad buena. Así mismo, Cabrera y cols.(2009), Chincha- Perú,
encontraron que del total de pacientes que asistían al programa de
43 30% conocimiento bajo y 15,3% conocimiento alto, con respecto al
autocuidado en la prevención de complicaciones diabéticas.
Cabe resaltar que si bien los mayores puntajes para la valoración de
la práctica de autocuidado fue buena, también se encontró un 23% con
valoración de prácticas de autocuidado regular, sin embargo, discrepa
mucho de los resultados encontrados en las dos investigaciones antes
descritas, por ser los actuales un porcentaje mucho más bajo, no por eso
menos valorados, pues son estos porcentajes los que en un futuro se
pretenderá redimir y convertirlos a buenos.
Dentro de la revisión que se hizo de investigaciones que contengan
las mismas variables del presente estudio, se hallo algunas que
discrepan rotundamente con los resultados de la presente, que hacen
referencia al deficiente autocuidado que podrían estar presentando los
usuarios con diabetes mellitus, tal es así, que Baca y cols. (2008), en
Culiacán Sinaloa, encontraron que el nivel de conocimiento del diabético
sobre su autocuidado fue insuficiente en un 79%, los aspectos que más
conoce son el ejercicio y la alimentación, no así el cuidado de sus pies y
lo relacionado al tratamiento farmacológico.
Hernández (2011), en Guatemala, refiere que el 96% de los
pacientes diabéticos no poseen los conocimientos necesarios de
44 demuestran la deficiencia de prácticas de autocuidado que la enfermedad
requiere para contribuir a mantener una mejor calidad de vida, a través de
un estilo de vida saludable.
La educación que se imparta al usuario con diabetes determinara
cuanto conoce de las practicas de autocuidado que debe realizar para
mantener un buen estado de salud dentro de los limites que le imponga
su enfermedad, por ello, el papel de la enfermera en básico para la
implementación de programas educativo y más específicamente la
orientación o consejería individualizada que realiza durante la ejecución
del cuidado de estos pacientes; los resultados aquí presentados
evidencia un buen desempeño de la labor educativa de la enfermera.
Para Orem enfermería orienta sus acciones directamente al
autocuidado expresando que “el autocuidado es indispensable porque cuando se ausenta este autocuidado, la enfermedad y la muerte se
puede producir” o en tal caso, las complicaciones en quienes ya tienen un tratamiento se hacen evidentes, empeorando la situación. (Novel, 2000;
Marriner y Raile, 2011).
Por lo tanto, se puede concluir que el usuario diabético que asisten al
Centro Médico Especializado Casa Grande posee un adecuado
conocimiento de las practicas de autocuidado que debe seguir, no
45 realizando, pues la presente investigación solo se limita a recolectar los
datos de forma verbal o escrita.
Dentro de las posibles causas del porque el resultado de la
valoración de las practicas de autocuidado son muy positivas, se tiene al
tiempo que el usuario con diabetes mellitus lleva en el tratamiento de su
enfermedad, con más de 5 años en los cuales no solo asistió a sus
controles médicos sino también a su orientación y educación impartida
por la enfermera a cargo, quien brindo educación en salud y acrecentó su
nivel de conocimiento acerca de su enfermedad y su autocuidado.
Sin embargo, se puede deducir queteniendo un adecuado
conocimiento de las prácticas de autocuidado, el usuario con diabetes
mellitus no presenta un estilo de vida saludable debido a que a pesar de
las razones antes expuestas, su decisión de que lo aprendido forme parte
de su estilo de vida no esaceptada en su totalidad; las razones pueden
ser muchas como por ejemplo: el rechazo a aceptar su condición de
enfermo crónico, a privarse de las cosas que le gusta hacer, el no tener
disciplina para seguir con lo estrictamente estipulado en su tratamiento, la
falta del apoyo emocional familiar básico para superar situaciones de
enfermedad, a ver la posibilidad de mejoría como algo innecesario puesto
que de todas maneras morirá, etc., cuestiones que tienen que ver con la
importancia que este le atribuye a su propia salud y lo que significatener
46 En la tabla 03: Se presenta la relación que existe entre el estilo de vida y las practicas de autocuidado para la prevención de la enfermedad
renal crónica en el usuario con diabetes mellitus. Los resultados
evidencian que, del 77% de usuarios con diabetes mellitus que considera
como bueno las prácticas de autocuidado, el 58% tiene un estilo de vida
no saludable y 19% tiene un estilo de vida saludable; sin embargo del
23% de usuarios con diabetes mellitus que considera como regular las
prácticas de autocuidado, el 21% tiene un estilo de vida no saludable y
2% tiene un estilo de vida saludable.
Las acciones que se realizan dirigidas a cuidarse son aprendidas, y
en este aprendizaje influyen múltiples factores (creencias, hábitos, nivel
de conocimiento, grupo social, etc.) que determinan tanto el tipo, como la
cantidad de autocuidados que cada uno se aplica así mismo. Para que el
aprendizaje se asimile hay que integrar las acciones de autocuidado entre
las acciones cotidianas, y de esta forma el autocuidado pasa a formar
parte del estilo de vida personal, convirtiéndose en una acción
automática que contribuye a elevar el autoconcepto y la estima personal
(Marriner y Raile, 2011).
Sin embargo, este aprendizaje no es solo impositivo y las
orientaciones que se brinden no serán asimiladas al estilo de vida si es
que no hay una predisposición, reflejada en las actitudes que presente el
47 pueden enrumbarse dentro de lo positivo o lo negativo y por ello, por mas
conocimiento que se tenga derivado de la orientación y educación
continua en los centros de salud por personal capacitado, el usuario no
las seguirá, pues él tiene su propia concepción de vida, mas aun que
siendo adulto, el aprende lo que quiere aprender y poner en práctica lo