3. Methodology
3.5 The Empirical Model
3.5.2 Standardising the Dependent Variable
En esta breve historia se esconden varios “errores” cometidos por María:
Los hombres no sienten la “química” igual que las mujeres. Simplemente les lleva más tiempo que les surjan los mismos
sentimientos. Al principio, el ego de un hombre se siente reafirmado, lo que le hace sentirse de maravilla. Esto sirve de base para todo lo que esta por venir, pero no se puede comparar con sentimientos auténticos. Los hombres no desarrollan sentimientos en un par de horas, sino que pueden llegar a necesitar meses hasta sentir algo comparable mínimamente con los sentimientos de las mujeres.
Si te acuestas con un hombre justamente después de vuestro primer encuentro, él da por hecho que normalmente también lo haces con otros hombres. El comentario “normalmente no lo hago nunca” no nos lo creemos. Tal vez pienses que de esta manera vas a demostrar a un hombre el afecto especial que sientes por él, pero nosotros lo vemos de otra manera. En nuestra memoria, vas a ser siempre la mujer que nos llevamos a la cama tras la primera noche.
Normalmente, un hombre no cuenta con “ligar contigo” tan rápido y, si lo consigue, no cree que sea precisamente por su naturaleza
irresistible, sino que lo achaca inconscientemente a tu falta de control emocional sobre ti misma. A causa de ello pierde el interés por ti. Pero no sólo porque eres una “presa fácil” para él, sino porque en el subconsciente de un hombre eres una mujer que no es capaz de controlarse a sí misma y sus necesidades sexuales. Y eso supondría una auténtica amenaza si te convirtieses posteriormente en la madre de sus hijos. Y, a fin de cuentas, eso es lo que significa para él
inconscientemente una relación seria.
Una vez que un hombre ha conseguido llevarte a la cama de forma tan rápida y “sencilla” va a tantear la oportunidad de pasar contigo más noches desenfrenadas y sin compromiso. Sin embargo, sólo hay una mínima posibilidad de que de algo así surja una relación seria y con confianza. Si después haberos acostado la primera noche
precipitadamente se vuelve a poner en contacto contigo y te hace propuestas “claramente ambiguas”, entonces la cosa está clara: te ve como una mujer con quien poder acostarse sin ningún compromiso, sin presión. Mientras le sigas el juego no habrá ningún problema, pero en cuanto le demuestres que sientes algo por él o que tienes planes serios con él, pondrá tierra de por medio rápidamente.
Y ¿qué deducimos de esto?
Que los hombres buscan básicamente relaciones sexuales. Si se les presenta la oportunidad, la aprovechan rápidamente y sin pensárselo dos veces. Y si se nos vuelve a presentar la oportunidad para tener relaciones sexuales rápidas y sin complicaciones, nos apuntamos siempre con mucho placer. No obstante, además de este instinto rudimentario, los hombres van en busca de su “media naranja”. Profundamente en un pequeño y oscuro resquicio de nuestro
corazón está el serio deseo de encontrar un día a nuestra “media naranja”, la cual queremos que sea la madre de nuestros hijos y con la que queremos compartir nuestra vida.
Pero los hombres no van por la vida con una idea concreta de cómo debería ser su media naranja, y tampoco buscan activamente a esta compañera
sentimental, al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las mujeres. Esto ocurre porque la mayoría de los hombres no son conscientes de este deseo. No lo pueden ver porque están cegados por el velo de testosterona que les turba los sentidos. Además, al contrario que las mujeres, tampoco tienen el acceso directo a su fuero interno, a su corazón. Muy a menudo simplemente
desconocen qué es lo que realmente desean en lo más profundo de su corazón. En principio, conseguir relaciones sexuales rápidas no tiene nada que ver con una relación seria (con la posible “media naranja”). Para un hombre, son dos cosas totalmente distintas.
Generalmente, las mujeres vinculan con las relaciones sexuales una atracción emocional, o mejor dicho, ven ésta como una condición previa para tener relaciones sexuales. Nosotros no lo hacemos. A ver, claro que una mujer nos tiene que parecer simpática y debería ser mínimamente nuestro tipo, pero nosotros no necesitamos emociones como condición previa. De hecho, tampoco se van a desarrollar forzosamente emociones.
Desde el punto de vista meramente biológico, para una mujer las relaciones sexuales también tienen un efecto “enamoradizo”. Distintos estudios han demostrado que las mujeres producen durante el coito una concentración considerablemente más alta de oxitocina, la llamada “hormona del amor”, que los hombres.
Esta hormona provoca que “veamos todo de color de rosa”, lo que hace que veamos a nuestra pareja de manera totalmente positiva.
La oxitocina también es la responsable del fuerte deseo de compromiso y de la búsqueda de la proximidad corporal. Los hombre también producen esta hormona, pero lo hacen antes del coito, por lo que el nivel de esta “hormona del amor” vuelve a caer en picado después de las relaciones sexuales.
Esto explica también por qué a las mujeres les gusta tanto acurrucarse y hacerse caricias “después” de las relaciones sexuales, lo cual no suele entusiasmar a los hombres.
Estudios han constatado que las mujeres tienen un nivel más alto de oxitocina mediante las relaciones sexuales —a veces incluso semanas— mientras que los hombres producen esta hormona principalmente por la posibilidad de
conseguir relaciones sexuales.
En definitiva, que no vas a poder despertar esta necesidad de proximidad y compromiso de un hombre acostándote con él precipitadamente, sino
dejándoselo entrever pero haciéndole esperar un poco hasta conseguirlo. Los hombres no producen necesariamente emociones mediante las relaciones sexuales, cosa que sí hacen las mujeres. Frente las hormonas, tenemos todos las manos atadas.
Además, tenemos un concepto del cuerpo de la mujer totalmente arraigado en nosotros, por lo que lo percibimos como algo “sagrado”, algo que no nos
pueden entregar fácilmente. Si una mujer nos entrega su cuerpo sin que
un par de comentarios simpáticos y haber fingido tener los mismos hobbies que ella— entonces se descalifica a sí misma sin quererlo.
Imagínate que conoces a un hombre y que después de hablar tres horas con él te dice “¡Te quiero y quiero casarme contigo!”, sin haber tenido siquiera la oportunidad de conocerte de verdad. ¿No te parecería extraño? Pues igual de extraño nos parece a nosotros que una mujer lo de todo la primera noche y nos entregue fácilmente “lo más sagrado”.
Al igual que los hombres siempre quieren ver el cuerpo desnudo de una mujer, las mujeres quieren ver el fuero interno de un hombre, su corazón.
No le concedas nunca demasiado pronto sus deseos distorsionados por la testosterona, él tampoco te va a abrir su corazón durante la primera noche. Está claro que tú también tienes necesidades sexuales, pero te aconsejo algo encarecidamente:
si desde el principio quieres llegar a tener una “relación seria” con un hombre y no quieres que te vea sólo como un objeto sexual, sigue este principio:
¡No te acuestes con un hombre el mismo día que le conoces! Da igual que haya habido muy buena “química” entre vosotros. Yo diría que, precisamente si hay buena química entre vosotros y os entendéis bien, deberías tener paciencia con los asuntos sexuales.
Puesto que hay una cosa que es tan cierta como que dos y dos son cuatro: el hombre que esté interesado de verdad en ti, va a poder esperar hasta
acostarse contigo. Y no sólo podrá esperar, sino que precisamente le resultará muy atractivo el hecho de que no te acuestes con él enseguida. De esta manera cumples con los requisitos que, según él, debe tener una “mujer decente”. En este asunto, nuestras ideas morales son mucho más conservadoras y burguesas de lo que te puedas imaginar.
Ten en cuenta también lo siguiente: los sentimientos y las expectativas entre tú y un hombre apenas coinciden, especialmente al principio, ni siquiera aunque creas que “él debería sentir lo mismo”.
Para despertar los sentimientos (serios) de un hombre se requiere algo más de tiempo, y lo que vas a necesitar por encima de todo es:
paciencia.
Está claro que no hay nada en contra de un beso de despedida a tono con la situación, siempre que éste esté asociado a cierto romanticismo. En contra de los obstinados rumores, a los hombres les gusta el romanticismo. El
romanticismo es uno de los métodos más efectivos para crear un “ambiente de relación” para el hombre. No se te ocurra meterle la lengua hasta la garganta de repente y sin comerlo ni beberlo.
Aquí también hay que tener en cuenta una cosa: deja que sea él quien de el primer paso. Y bésale sólo si lo estimas conveniente y estás preparada para ello. Tienes que querer hacerlo. Lo mejor es que cuando intente besarte por primera vez te escapes un poco de sus brazos y gires la cabeza hacia un lado. Aún así, no dejes de sonreírle y de entretenerle brevemente con la frase “Bueno, en realidad todavía no te lo mereces”. Aunque el cuerpo no te pida nada más que devorarlo en el momento, deberías torturarle un poco y dejarle en vilo en las cuestiones sexuales. Pero no lo hagas desanimándole del todo. Deberías darle a entender en todo momento que sí que tiene una oportunidad contigo si tiene un poco de paciencia.