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4.6 Multiple third parties

4.6.2 Static data allocation

El dispensacionalista afirma que su principio de hermenéutica es el de la interpretación literal. Esa interpretación que le da a cada palabra el mismo significado que tendría en el uso normal, ya fuese al escribir, hablar o pensar.1 Este principio es denominado algunas

veces gramáticohistórico, ya que el significado de cada palabra está determinado por consideraciones gramaticales e históricas. También podría llamarse interpretación normal, puesto que el significado literal de las palabras es el enfoque normal a su comprensión en todos los idiomas. Otro nombre sería el de interpretación normal, para que nadie reciba la noción equivocada de que el principio literal deja fuera las figuras del lenguaje. Símbolos, figuras y tipos son todos interpretados normalmente en este método y no son de ninguna manera contrarios a la interpretación literal. Después de todo, la existencia misma de algún significado para una figura del lenguaje depende de la realidad del significado literal de los términos en cuestión. «El literálista (así llamado) no es uno que niega que el lenguaje figurado, o los símbolos, son usados en la profecía, ni niega que grandes verdades espirituales son así presentadas; su posición es simplemente que las profecías deben ser interpretadas normalmente (por ejemplo, de acuerdo con las leyes del lenguaje) como cualquier otra expresión: que lo que sea manifiestamente figurado, sea considerado como tal.2

Hay muchas razones por las que los dispensacionalistas defienden el principio de la interpretación literal, normal o llana. Por lo menos tres merecen ser mencionadas en este momento.

Filosóficamente el propósito mismo del lenguaje parece requerir una interpretación literal. El lenguaje fue dado por Dios para comunicarse con el hombre. Como dice Clark:

Si Dios creó al hombre en su propia imagen racional y le dotó con el poder de hablar, entonces un propósito del lenguaje sería, naturalmente, la revelación de la verdad y las oraciones del hombre a Dios. En una filosofía teísta uno no debe decir que todo lenguaje ha sido ideado para describir y discutir los objetos finitos de nuestra experiencia sensorial. ... Al contrario, el lenguaje fue ideado por Dios; es decir, Dios creó al hombre racional con el propósito de hacer posible la comunicación teológica.3

Si Dios es el originador del lenguaje y si el propósito principal de originarlo fue comunicar Su mensaje al hombre, entonces debe aceptarse que, siendo totalmente sabio y totalmente amoroso, El originó un lenguaje adecuado para comunicar todo lo que deseaba decirle. Además, es de esperar que Dios use el lenguaje en sentido literal, normal y llano, y el hombre debe hacer lo mismo. Las Escrituras, entonces, no pueden considerarse como un caso especial del uso del lenguaje de modo que en su interpretación haya que buscarse un significado más profundo. Si el lenguaje es creación de Dios para comunicar Su mensaje, entonces un teísta debe ver que el lenguaje es suficiente en su alcance y normativo en su uso para alcanzar el propósito para el cual Dios lo originó.

Una segunda razón por la cual los dispensacionalistas creen en el principio literal de interpretación podría llamarse razón bíblica. Esta consiste en lo siguiente: las profecías del Antiguo Testamento que conciernen a la primera venida de Cristo —Su nacimiento, vida terrenal, ministerio, muerte, resurrección— todas fueron cumplidas literalmente. Sólo hay cumplimientos literales de las profecías en el Nuevo Testamento. Este es un argumento fuerte a favor del método literal.

Una tercera razón es de carácter lógico. Si uno no usa el método llano, normal o literal de interpretación, toda objetividad se pierde. ¿Qué comprobación podría haber en la variedad de interpretaciones que la imaginación del hombre podría producir si no hubiera una norma objetiva como la que el principio literal provee? Tratar de ver otros sentidos además del normal resultaría en tantas interpretaciones como personas interpretando. El literalismo es racionalmente lógico.

Por supuesto, el principio literal no es propiedad exclusiva de los dispensacionalistas. La mayoría de los conservadores estarían de acuerdo con lo que se ha dicho. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre el uso que los dispensacionalistas hacen de este principio hermenéutico y el que utilizan los no dispensacionalistas? La diferencia estriba en que el dispensacionalista demanda el uso del principio normal de interpretación consistentemente en la Biblia. Además, afirma que el no dispensacionalista no usa dicho principio dondequiera. El admite que el no dispensacionalista es un literalista en gran parte de su interpretación de la Biblia, pero le acusa de alegorizar o espiritualizar cuando se trata de la interpretación de la profecía. El dispensacionalista afirma ser consistente en el uso de este principio y acusa al no dispensacionalista de ser inconsistente.

Notemos, por ejemplo, la difícil situación en que se sitúa un escritor contemporáneo por no usar consistentemente el principio literal.4 Como se sabe, algunos insisten en un

cumplimiento literal de la profecía, mientras que otros ven sólo un significado simbólico. Su sugerencia es que la profecía debe ser enfocada «en términos de equivalencia, analogías o correspondencia».5 Como un ejemplo de la aplicación de este principio, menciona las

armas citadas en el capítulo 39 de Ezequiel y afirma que no serán exactamente las armas que se usarán en la guerra futura, sino que se usarán armas equivalentes. Pero supongamos que este principio de equivalencias fuera aplicado a Miqueas 5:2. Entonces cualquier pueblo pequeño en Palestina donde Cristo hubiera nacido habría cumplido satisfactoriamente la profecía. Si la Biblia dice «como carros de guerra» o «como Belén», entonces existiría cierta latitud en la interpretación. Pero si detalles específicos no son interpretados literalmente cuando son dados como tales, entonces no habría fin de la variedad de significados de un texto.

B. La posición del no dispensacionalista

Tal vez esta diferencia entre los dos puntos de vista puede observarse mejor notando lo que el no dispensacionalista tiene que decir acerca la hermenéutica, especialmente en lo que se relaciona con la aplicación del principio de interpretación de la profecía. Por

ejemplo, Allis, un campeón de la teología del pacto y del amilenarismo y un vigoroso oponente del dispensacionalismo, dice:

Una de las más marcadas características del premilenarismo en todas sus formas es el énfasis que pone en la interpretación literal de las Escrituras. Es la pretensión insistente de sus partidarios que la interpretación literal de la Biblia es la única forma de hacerlo; y denuncian como «espiritualizantes» o «alegorizadores» a quienes no interpretan la Biblia con el mismo grado de literalismo que ellos. Nadie ha hecho esta acusación más enfáticamente que los dispensacionalistas.6

En sus palabras, el punto en disputa entre dispensacionalistas y no dispensacionalistas es «el mismo grado de literalismo». Más específicamente esto tiene que ver con la interpretación de la profecía. El dispensacionalista afirma que aplica su principio literal a todas las Escrituras, incluyendo la profecía, mientras que el no dispensacionalista excluye la profecía. El no dispensacionalista aplica el principio literal a otras áreas de la verdad, y esto es evidente, ya que no hay desacuerdo con los dispensacionalistas sobre otras doctrinas. Pero el hecho de que no aplica esto a la profecía es también evidente, porque si lo hiciera, no adoptaría el amilenarismo. El mismo Allis admite que «las profecías del Antiguo Testamento, si se interpretan literalmente, no pueden considerarse como ya cumplidas ni como teniendo su cumplimiento en esta edad presente».7

Claro que hay premilenaristas que no son dispensacionalistas. Pero estos hombres, como los amilenaristas, no aplican el principio literal de interpretación consistentemente. Lo aplican más extensivamente que los amilenaristas, pero no tanto como los dispensacionalistas.8 En otras palabras, la posición del no dispensacionalista es

simplemente que el principio literal es suficiente con excepción de la interpretación de la profecía. En esta área, según ellos, el principio espiritualizante debe ser introducido. El amilenarista lo usa en toda el área de verdad profética; el premilenarista que cree en el pacto lo usa sólo parcialmente. Es por esto que el dispensacionalista afirma que es el único que usa consistentemente el literalismo.

Hace muchos años, Peters advirtió de los peligros de espiritualizar de cualquier manera la interpretación de las Escrituras. Sus palabras son todavía apropiadas:

Las profecías referentes al Reino de Dios como se interpretan ahora por la mayoría de los cristianos, han pasado a ser un arma poderosa empleada por los incrédulos contra el cristianismo. Desafortunadamente, la incredulidad con frecuencia está lógicamente correcta. Así, por ejemplo, ávidamente apunta a las predicciones concernientes al Hijo de David, mostrando que, si el lenguaje tiene algún significado legítimo y las palabras son adecuadas para expresar una idea, inevitablemente predicen la restauración del trono y Reino de David, etc., y triunfalmente declaran que no se ha efectuado aún (así Strauss, Baur, Renán, Parker, etc.). Ellos ridiculizan las expectaciones de los judíos, de Simeón, la predicación de Juan, de Jesús y de los discípulos, las esperanzas de la Iglesia primitiva, y concluyen apresuradamente, sostenidos por la presente fe de la Iglesia (exceptuando sólo unos pocos), que nunca serán realizados (cumplidos); y que, por lo tanto, las profecías, la base sobre la cual se levanta la superestructura, son falsas y de confección humana. La manera de rechazar esas objeciones es humillante para la Palabra y la razón; porque descarta el llano sentido gramatical como dudoso y, para salvar el crédito de la Palabra, insiste en interpretar todas esas profecías añadiéndoles, bajo la pretensión de espiritual, un sentido que no contiene el lenguaje, pero que conviene al sistema religioso adoptado. La incredulidad se apresura en tomar la ventaja, regocijándose en apuntar cómo este cambio hace de la fe antigua una fe ignorante, la Iglesia primitiva ocupando una posición falsa, y la Biblia un libro al cual el hombre añade cierto

sentido, bajo la excusa de ser espiritual, que puede considerarse necesario para su defensa.9