Part 4 The Depth Study
4.18 Summary of the Depth Study findings
Por: Sandra Xiomara Sarria Cruz
Ana Milena Mena Asprilla
Email: [email protected]
Este artículo de investigación centra su
análisis en las mujeres
afrocolombianas residentes en el municipio de Buenaventura (Valle del Cauca) puesto que ellas resultan más afectadas por la violencia y los conflictos que azotan a la ciudad, debido a la situación de discriminación por las diferencias sociales y a la estigmatización.
La violencia afecta a las mujeres de todos los estratos sociales del territorio nacional y es urgente avanzar en el desarrollo de la legislación y las instituciones para prevenirla, atenderla, sancionarla y eliminarla. Lo anterior cobra especial importancia en Buenaventura, que históricamente ha presentado un alto índice de violencia y conflictividad: ostenta indicadores aberrantes en lo que respecta a
drogadicción, entre otros. Además, es un municipio pluriétnico donde la población afrocolombiana es mayoritaria: esta última asciende al 80%
del total de la ciudad —las mujeres constituyen una cantidad importante
de esa mayoría—. La población afrobonaverense está ubicada en 117
barrios, pertenecientes a 12 comunas. De modo específico, las mujeres afrobonaverenses sufren el yugo de la muerte, la tortura, el desplazamiento, el desarraigo y la discriminación, entre otras formas de violencia.
Buenaventura afronta el azote de todos los factores y clases de violencia. Como se afirma en un artículo publicado por el diario El Espectador, la causa de la violencia en este municipio no es más que la disputa a muerte del corredor geográfico que lleva hasta sus costas y muelles, motivada por la exportación de cocaína. Esta triste realidad ha logrado consolidar la verdadera «mala hora» que vive el puerto. En
otras palabras —como lo ha reconocido el Estado—, Buenaventura es
una ciudad donde se han desarrollado múltiples actividades ilegales: tráfico de armas; movilización de insumos para procesamiento de drogas ilícitas; contrabando; extracción ilegal de crudo del poliducto del Pacífico; y establecimiento de cultivos ilícitos y bandas criminales. Sumados a lo anterior, toda suerte de flagelos (además del desplazamiento) golpean de forma injusta a la población; en ese sentido, las mujeres afrobonaverenses llevan la peor parte.
No todas las mujeres tienen las mismas vivencias; esa construcción social conduce a la creación de desigualdades sociales de género y determina la subordinación del género femenino frente al dominio y poder del masculino, pese a que ciertas características del primero se
potencian frente a otras del segundo. En el proceso de formación de identidades se determinan las oportunidades y las limitaciones que tendrá cada individuo según su género para desarrollarse plenamente: acceso a recursos, capacidad para la toma de decisiones, posibilidades de crear, proponer y adelantar un desarrollo sostenible para el colectivo al cual pertenece. En este sentido, es posible determinar que el ser femenino se construye a partir de su identidad y de la capacidad que tiene para adelantar su proceso de formación y desarrollo. De esta forma, la mujer afrodescendiente tiende a formarse desde el momento en que nace conforme a principios y creencias propios de su cultura, consolidando una forma única de ser, pensar y sentir como mujer negra.
La identidad afro está determinada por varios factores: la condición humana o humanidad; la africanidad (el ser africano); la mujer y la historia afro; y la legislación especial afrocolombiana, entre otros. Este enfoque nos lleva a considerar el ser afrocolombiano como valor fundamental de nuestra identidad, integrado por dos categorías: 1) el cuerpo afrocolombiano; y 2) la espiritualidad afrocolombiana (Mosquera, 1956). Nuestra espiritualidad es africana y corresponde a la forma de ser que nos distingue de las poblaciones mestizas, blancas e indígenas, así como a nuestra cosmovisión (esto es, nuestra manera de percibir y pensar la vida). Nuestra espiritualidad es respetuosa del derecho a la vida, los sentimientos de las personas, la solidaridad y la hospitalidad; la expresamos en nuestra tradición oral, la musicalidad, la estética, la danza, la ritualidad, los gestos y movimientos corporales y la apertura y alegría con que asumimos las relaciones de convivencia (Mosquera, 1956). El cuerpo afro es el templo: es la principal
manifestación externa de la identidad africana. Las personas afrocolombianas tienen la responsabilidad de conocer, respetar y cuidar su cuerpo mediante el conocimiento, aprecio y embellecimiento del cabello y la piel.
Con relación a la violencia en Buenaventura, las mujeres —en
particular, las mujeres afrodescendientes— viven una situación de
degradación y falta de inclusión en su propio entorno social. A este respecto, los tipos de violencia existentes son: 1) intrafamiliar; 2) conyugal; 3) de género; 4) maltrato psicológico; y 5) violencia referida al conflicto armado. Entre las manifestaciones se encuentran el acoso sexual y las agresiones físicas leves, moderadas y severas.
Siguiendo con lo anterior, durante el presente año han aumentado los casos de femicidios (7 mujeres asesinadas), a pesar de las múltiples marchas, campañas y hasta una cierta preocupación por parte del gobierno local y de la comunidad en general; ello demuestra la falta de efectividad de los mecanismos jurídicos existentes. El caso de la muerte de Mayra Alejandra Díaz Torres, asesinada por su ex compañero sentimental y padre de sus cuatro hijos, es prueba fehaciente de la falta de compromiso de las autoridades en este sentido: pese a haber solicitado ayuda a distintas entidades que prestan atención a mujeres violentadas, nunca logró que la atendieran, lo cual demuestra la falta de compromiso por parte de las autoridades. Las ong, las fundaciones y la Mesa para el buen trato han hecho frente a la anterior situación, que afecta ante todo a las mujeres afrobonaverenses; tristemente, no sienten el acompañamiento ni la
efectividad de las entidades y mecanismos legalmente existentes para evitar que los femicidios sucedan. Las mujeres pertenecientes a la Ruta Pacífica consideran necesaria la verdad, la justicia y la reparación para iniciar el proceso de sanación, paz y reconstrucción individual y colectiva. Como lo manifestó la activista afrodescendiente Angela Davis durante su visita a Colombia, los Derechos Humanos son efectivos como herramienta para la defensa de los derechos de las mujeres afrodescendientes, pero ello depende de la fuerza del movimiento y de la lucha. Por ello debemos concientizarnos, solidarizarnos y unirnos para decir «no más violencia contra la mujer».
Debemos tener claro que los Derechos Humanos son atributos que tienen las personas sin importar su edad, etnia, sexo, orientación sexual, nacionalidad o clase social; son universales, inherentes a las personas y no es posible renunciar a ellos, a fin de tener una vida digna y justa. Los derechos se relacionan entre sí y son reconocidos por los Estados en las leyes nacionales. Por ello, se exige su complimiento.