CHAPTER 2: THEORETICAL FRAMEWORK AND HYPOTHESES
2.6 Supplier Modularity Practices
Que la cadena significante esté articulada significa, en primer lugar, que sus elementos son diferenciales y que adquieren valor por la posición relativa dentro de la estructura y, en segundo lugar, que se vinculan y significan conforme a una serie de leyes. Pues bien, Lacan extrae esas leyes de una lectura combinada de la interpretación de los sueños de Freud, en cuya obra detecta una proto-teoría estructural del inconsciente, y de los trabajos de Roman Jakobson sobre la afasia, pues atribuye el descubrimiento de lo simbólico tanto a los lingüistas como al psicoanálisis. Las leyes de la emergencia del sentido a partir de combinaciones significantes, las reglas relacionales que ordenan las concatenaciones significativas y regulan la posibilidad de efectuar sustituciones entre los términos del sistema, serán, para Lacan, las figuras estudiadas por Jakobson: la metáfora y la metonimia62. Estas figuras vienen a completar, bajo la elaboración de Lacan, la doctrina freudiana acerca de la gramática del inconsciente, y se presentan como las reformulaciones lingüísticas de la condensación y el desplazamiento.
En La interpretación de los sueños, Freud señalaba dos tipos de operaciones fundamentales que gestionan las producciones del inconsciente: la condensación y el desplazamiento. Por medio de la primera, determinadas representaciones oníricas se cargan de viveza y remiten no a una sino a varias ideas superpuestas, ramificando su sentido en diversas direcciones –como, por ejemplo, las personas colectivas y mixtas o los productos híbridos–. En cuanto al desplazamiento, es el mecanismo responsable del trasvase del acento de una representación a otra originariamente poco intensa, pero ligada a la primera por una cadena asociativa. Así, las ideas latentes del sueño se transforman en el contenido manifiesto. En estas operaciones Lacan advierte una anticipación de las dos leyes que presiden el ordenamiento y la incidencia de los significantes: mientras que el desplazamiento vigila la continuidad del discurso y la combinación de los significantes, la condensación asegura su selección y su sustitución. Lacan traduce, por consiguiente, la condensación y el desplazamiento a los dos tropos de la retórica que Jakobson63 emplea para explicar las perspectivas del eje paradigmático y el eje sintagmático de la lengua elaboradas por Saussure:
La Verdichtung, condensación, es la estructura de sobreimposición de los significantes donde toma su campo la metáfora, y cuyo nombre, por condensar en sí mismo la Dichtung, indica la connaturalidad del mecanismo a la poesía, hasta el punto de que envuelve la función propiamente tradicional de ésta. La
Verschiebung o desplazamiento es, más cerca del término alemán, ese viraje de la significación que la
metonimia demuestra y que, desde su aparición en Freud, se presenta como el medio del inconsciente más apropiado para burlar a la censura (E 511).
62 R. Jakobson and M. Halle, “Two Aspects of Language and Two Types of Aphasic Disturbances”, in Fundamentals of Language, The Hague, Mouton & Co., 1956, pp. 80-81: «Hay una competición
manifiesta entre ambos dispositivos, metonímico y metafórico, en cualquier proceso simbólico, sea intrapersonal o social. Por tanto, en una investigación sobre la estructura de los sueños, la cuestión decisiva es saber si los símbolos y las secuencias temporales usadas se basan en la contigüidad (el “desplazamiento” metonímico de Freud y la “condensación” sinecdóquica) o en la similaridad (la “identificación y simbolismo” en Freud)».
El eje paradigmático o eje de la simultaneidad es el plano de la selección de un término entre otros en virtud de relaciones asociativas; el eje sintagmático o eje de la sucesión comprende el ejercicio de combinación en el que se articulan y concatenan las unidades lingüísticas elegidas y en el que un término adquiere su valor sólo porque se opone al que precede, al que sigue o a ambos64. Jakobson vincula la metáfora al primer eje por tratarse del establecimiento de relaciones de similitud en la selección y sustitución de signos, y anuda la metonimia al segundo eje en la medida en que combina signos en el marco de una contigüidad. «El desarrollo de un discurso puede hacerse a lo largo de dos líneas semánticas diferentes: un tema puede llevar a otro, ya sea por similitud o por contigüidad. Lo más apropiado sería hablar de proceso metafórico en el primer caso y de proceso metonímico en el segundo, ya que es en la metáfora y en la metonimia donde ellos encuentran su expresión más condensada»65. A raíz de esta distinción, Jakobson estudió el fenómeno de la afasia dividiéndolo en dos tipos. El primer tipo de afasia sería aquel que por conllevar problemas para detectar relaciones de similitud en la selección y sustitución –eje paradigmático– haría imposible la operación metafórica, mientras que el segundo tipo de afasia experimentaría problemas en la confección de la contigüidad, la alineación o la combinación –eje sintagmático– y no podría emplear el recurso de la metonimia.
Durante el seminario sobre las psicosis (1955-1956), Lacan consagra dos sesiones completas a esclarecer la cuestión de las leyes de la cadena significante (02 y 09/05/1956), cuestión que retoma a partir de las deficiencias que presentan los dos tipos de afasia. En este trastorno del lenguaje, el sujeto es o bien incapaz de paráfrasis –no logra articular, encadenar y desplegar frases– o bien incapaz de metáfrasis –se ve inhabilitado para traducir, ofrecer sinónimos, comentar un discurso o incluso repetir la misma frase–. En el primer caso, se degrada la articulación y la sintaxis del lenguaje, hasta el punto de que los individuos no pueden articular en una frase compuesta lo que sin embargo sí pueden nombrar correctamente; conservan la capacidad nominativa, pero pierden la capacidad proposicional. En el segundo caso, el déficit no afecta tanto a la concatenación de la cadena significante cuanto a la estructura o al vínculo interno al significante.
Así, pues, estas perturbaciones de la capacidad lingüística ponen de manifiesto cuáles son las leyes mínimas del ejercicio significante sin las cuales se desvanece todo efecto de sentido. No obstante, las dos leyes no están al mismo nivel, sino que más bien una posibilita la otra, es condición de la condición. Lacan lamenta a este respecto que los lingüistas hayan puesto mucho más énfasis en la metáfora que en la metonimia, pues ello empaña el hecho de que el vínculo posicional del orden de las palabras es el fundamento de todo vínculo proposicional:
Cuando leemos a los retóricos, nos percatamos de que jamás llegan a una definición completamente satisfactoria de la metáfora y de la metonimia. Surge así, por ejemplo, esta fórmula: la metonimia es una metáfora pobre. Cabe decir que la cosa debe tomarse exactamente en sentido contrario: la metonimia es
inicial y hace posible la metáfora. Pero la metáfora es de grado distinto a la metonimia (la cursiva es
nuestra; SIII 09/05/1956).
Antes de que se pueda producir una transferencia de significado, es necesario que se dé una coordinación o articulación formal del significante.
Por otra parte, estas leyes sirven de antídoto para Lacan contra la ilusión generalizada e ingenua de una presunta superposición o calco entre el orden de las cosas
64 F. de Saussure, Cours de linguistique générale, pp. 170-171. 65 R. Jakobson, Op. cit., p. 76.
y el orden de las palabras. Muestran, además, que el significado, como la referencia, es un efecto de la estructura: «De acuerdo a una especie de ley general de ilusión concerniente a lo que se produce en el lenguaje, lo que aparece en primer plano no es lo importante. Lo importante es la oposición entre dos clases de vínculos que son ambos internos al significante» (SIII 09/05/1956). Así, metáfora y metonimia evidencian la primacía y autonomía del orden simbólico, la preeminencia del significante sobre el significado –y sobre el sujeto–; confirman que toda conexión presuntamente preestablecida entre significante y significado puede quedar desanudada en cualquier momento, pues constituye una relación arbitraria ajena a cualquier semejanza. En definitiva, la autonomía de lo simbólico desemboca en un racionalismo estructuralista que pone de manifiesto la independencia de esta esfera con respecto a las circunstancias empíricas, a la vez que detecta las leyes a priori y lógicamente deducibles que rigen toda aprehensión de la realidad66.
Estas dos operaciones, pese a lo que pueda parecer a primera vista, permanecen en el plano del significante –bien como sustitución de un significante por otro, bien como conexión entre significantes–, desde donde producen un efecto de significación que no responde a la destreza figurativa para designar una realidad previa. La metonimia es una relación diacrónica entre dos o más significantes en la cadena, mientras que la metáfora concierne al modo en que un significante, en una cadena, puede sustituirse por otro significante en otra cadena. El mecanismo metafórico, al reemplazar una palabra por otra, corrobora la idea de que los significados tienen coherencia en virtud de la red de los significantes. La concepción común entiende la metáfora como la transferencia de un significado predeterminado de un signo a otro, pero Lacan aclara que en el principio de la metáfora no está la significación. Para ello, se sirve de un ejemplo extraído de la literatura de Víctor Hugo: «su gavilla no era avara ni odiosa»67. Nada en el uso del diccionario sugiere que una gavilla pueda ser avara u odiosa; sin la estructura significante, sin mantener la distancia entre el sujeto y sus atributos, no podría calificarse a la gavilla de avara u odiosa. De este hecho se deriva una consecuencia ontológica fundamental: la distancia entre el sujeto y sus propiedades anula toda tentativa de buscar esencias, vínculos cuasi-naturales o identidades, e impele más bien a indagar las diferencias y las relaciones que vendrán a calificar al sujeto en cada momento concreto y en cada distribución de la cadena estructural. La primacía de la sintaxis mantiene así separado al sujeto –puro vacío– con respecto a las cualidades, y evidencia que lo característico de lo simbólico es la articulación, no la significación.
Si hay similitud o identidad entre Booz y su gavilla, ello no es más que el efecto de una posición, el resultado de poner a la gavilla en lugar de Booz. «La metáfora se coloca en el punto preciso donde el sentido se produce en el sinsentido» (E 508). No es, pues, que la significación se haya trasladado de Booz a su gavilla como una entidad independiente y autosuficiente, sino que la colocación de la gavilla en posición de sujeto de la proposición es lo que engendra un sentido determinado; es decir, se trata de un fenómeno de significantes:
66 Jean-Claude Milner señala que existe una diferencia notable entre la metáfora y la metonimia
lacanianas, por una parte, y la condensación y el desplazamiento freudianos, por otro: mientras que las primeras son leyes deducidas a priori de la estructura general de cualquier cadena significante, resultado de una deducción trascendental similar a la que pone en marcha Kant, las segundas no son más que generalizaciones hechas por inducción a partir de los casos concretos de la práctica analítica, leyes ciertamente comprobadas pero no deducidas. Metáfora y metonimia son, ya desde la caracterización ofrecida por Jakobson, las únicas operaciones lógicamente posibles en una serie significante. Vid. “Lacan et la science moderne”, en Lacan avec les philosophes, p. 347 y p. 351.
Lo importante no es que la similitud esté sostenida por el significado –todo el tiempo cometemos este error– sino que la transferencia de significado sólo es posible debido a la estructura misma del lenguaje. [...] La transferencia de significado, tan esencial en la vida humana, sólo es posible debido a la estructura del significante. Métanse bien en la cabeza que el lenguaje es un sistema de coherencia posicional (SIII 09/05/1956).
Al ocupar la gavilla el lugar de Booz en la cadena significante, se produce un efecto que Lacan estima poético en el sentido de que promueve una creación68. Pero lo poético no es una excepción del lenguaje ordinario; antes bien, todo sentido es resultado de una metonimia-metáfora que con el paso del tiempo se ha anquilosado en un significado convencional.
En el artículo “La instancia de la letra o la razón desde Freud”, Lacan diseña dos fórmulas para explicar el funcionamiento de la metonimia y la metáfora (E 515):
(1): f (S....S’) S ≈ S (–) s (2): f(S’/S) S ≈ S (+) s
Si bien tanto metáfora como metonimia actúan en el territorio del significante, en la metáfora se rebasa la barra de la significación. «Hay que definir la metáfora por la implantación en una cadena significante de otro significante, por el cual aquel al que suplanta cae al rango de significado, y como significante latente perpetúa allí el intervalo donde otra cadena significante puede injertarse» (E 708). La fórmula de la metáfora, (2), presenta la función significante –f(s)– como la articulación de dos significantes en la que uno de ellos ejerce de significado –en el ejemplo de Víctor Hugo, “Booz” cae al rango de significado del significante “gavilla”–, y declara que esto es congruente (≈) con el traspaso (+) de la barrera de la significación. Lo que esta ecuación implica es que es en la sustitución del significante por el significante donde se produce el efecto de sentido. Pero, como veíamos, para que pueda sostenerse una metáfora, para lograr decir algo diciendo otra cosa, es preciso que haya ya una articulación metonímica. La fórmula de la metonimia, (1), expone la función significante de una cadena (S....S’), de una conexión determinada entre significantes en la estructura, como siendo congruente (≈) con el mantenimiento de la barrera de la significación.