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CHAPTER 2: THEORETICAL FRAMEWORK AND HYPOTHESES

2.5 Supplier Partnership Practices

En la mayoría de –si no en todos– los manuales e historias del estructuralismo figura el nombre de Lacan como uno de los protagonistas del boom estructural de la segunda mitad del siglo XX francés y, en concreto, como principal responsable de la extensión de las premisas fundamentales de esta corriente al campo del psicoanálisis. Ciertamente, Lacan edifica su teoría del significante sobre los cimientos de los principios estructurales, pero lo hace en una dirección peculiar y paradójica que reintroduce en la estructura aquello que en primera instancia había sido evacuado o había quedado neutralizado: el sujeto. El estructuralismo y particularmente la disciplina pionera del movimiento, la lingüística, disolvieron la fisonomía de la subjetividad original, autónoma y activa, pero dejaban en suspenso la cuestión que no obstante habían inaugurado como nuevo campo problemático, a saber: la cuestión de la subjetividad producida, secundaria y dependiente, la cuestión del estatuto de la subjetividad “sujeta” (assujetti) y de sus condiciones. Lacan, por su parte, se esmera en subrayar –y este énfasis es lo que lo distancia del estructuralismo ortodoxo sin sujeto– que, pese a que el sujeto es absolutamente dependiente e, incluso, efecto de las estructuras de significación en las que se inserta, adoptar una perspectiva estructural no conduce necesariamente a una negación del sujeto:

Quisiera hacer notar que, estructuralismo o no, no se trata en ningún caso, en el campo vagamente determinado por esta etiqueta, de la negación del sujeto. Se trata de la dependencia del sujeto, que es algo por completo diferente; y, en particular, en el nivel del retorno a Freud, de la dependencia del sujeto con respecto a algo verdaderamente elemental, algo que hemos intentado aislar bajo el término de “significante”23.

Lacan, pues, acude a las estructuras para recabar herramientas que le asistan en la construcción de su teoría de la subjetividad; por tanto, la noción de estructura que maneja no es en modo alguno la canónica, y de ahí que sea a menudo considerado no tanto un estructuralista clásico cuanto uno de los pensadores que abrieron los márgenes de esta escuela y forzaron su transformación24. El hecho de que conceda importancia no tanto a la cuestión de la estructura en sí misma cuanto a la adopción de un punto de vista estructural en el abordaje de un problema25, es índice de que se está disponiendo al estructuralismo para integrar una transformación, para hacer recaer el acento más sobre el proceso o la práctica que sobre la entidad o el concepto –de ahí, también, que no abunden las definiciones propiamente dichas de estructura en los textos de Lacan, como sí abundan los enfoques estructurales de diversas cuestiones.

En la nota “Observación sobre el informe de Daniel Lagache”, redactada en 1960, Lacan reconoce que su empleo del término “estructura” es deudor de la

23 Intervención de Lacan tras la conferencia de Foucault sobre qué es un autor. Vid. M. Foucault, “Qu’est-

ce qu’un auteur?”, Conferencia en la Sociedad Francesa de Filosofía, 22 de febrero de 1969. Publicado en

Littoral, nº 9, juin 1983, pp. 3-32. La intervención de Lacan se encuentra en la p. 31.

24 Vid. B. Ogilvie, Lacan. La formation du concept de sujet (1932-1949), Paris, PUF, 3ème édition, 1993,

pp. 41-44.

25 «La noción de estructura merece de por sí que le prestemos atención, no para volver sobre su empleo

corriente, sino sobre lo que quiere decir que se precise o se aborde un problema desde el punto de vista estructural». SIII, 11/04/1956.

conceptualización de Lévi-Strauss26. En este texto, como ya hiciera en su Seminario de 195627, emplea la categoría de conjunto para referirse a la estructura con el objetivo de depurar todas las implicaciones de la totalidad, es decir, la idea de una suma de relaciones unívocas y cerradas. Frente a la totalidad, las relaciones que se establecen dentro del conjunto no son ni fijas ni terminantes, ya que sus elementos son susceptibles de encarnar todas las relaciones definibles para el sistema, esto es, no están determinados de antemano y pueden así recubrir una relación cualquiera sin verse limitados por ninguna jerarquía o vínculo natural (E 648). Además, en un conjunto siempre se pueden añadir elementos nuevos, mientras que una totalidad entraña el matiz de completitud. Que algo esté estructurado significa, por ende, que no se especifica más que por las relaciones concretas que establece en el conjunto, ninguna de las cuales le pertenece o cualifica por naturaleza, siendo por tanto apto para entablar una relación cualquiera definible para la estructura. Así, en el seminario de 1956 ofrece la siguiente definición: «sistema correlativo de elementos que toman su lugar sincrónica y diacrónicamente unos en relación a otros» (SIII 11/04/1956).

En la medida en que el enfoque estructural privilegia la categoría de relación frente a la de substancia e invierte de este modo la alineación tradicional, no es lícito identificar o siquiera asemejar la estructura y la forma28, pues esta última opera dentro de un paradigma substancialista. La estructura no es una forma que injiere en una materia dada para constituir una substancia, sino un conjunto de relaciones recíprocas, diferenciales e interdependientes concertadas entre elementos que no adquieren un valor más que en virtud de tales relaciones. Por otra parte, la perspectiva hilemórfica es dual, mientras que Lacan circunscribe su pensamiento en un sistema ternario –real, simbólico, imaginario– donde, además, no todo es subsumible bajo el filtro de la estructura, no todo es informable por el lenguaje simbólico; lo real, como veremos más adelante, es un resto, un afuera que se resiste a ser estructurado o simbolizado. La perspectiva estructural, por consiguiente, aboca ineludiblemente a un antiesencialismo, por cuanto muestra que las identidades son un producto contingente de las estructuras y no un punto de partida, y por cuanto otorga a las relaciones diferenciales una potestad genética

26 Vid. “Remarque sur le rapport de Daniel Lagache”, en E, p. 648: «nosotros mismos hacemos del

término de estructura un uso para el que nos autorizamos en Claude Lévi-Strauss».

27 SIII, 11/04/1956: «La estructura es una cosa que se representa de entrada como un grupo de elementos

que forman un conjunto co-variante. Nosotros no nos serviríamos de la noción de estructura si no fuera para señalar un fenómeno, algo que constituye un conjunto co-variante. No he dicho una totalidad».

28 «La estructura no es la forma» (E 649). Lacan no se detiene a explicar esta afirmación que repetirá

sintéticamente a lo largo de sus enseñanzas, y remite en su lugar, en una nota al pie, a su intervención en un simposio organizado por Monsieur Bastide. Lacan se refiere aquí con toda seguridad al Colloque sur le

mot Structure organizado por Roger Bastide, que tuvo lugar en París los días 10, 11 y 12 de enero de

1959. La publicación que recoge las comunicaciones de dicho coloquio no contiene, no obstante, ninguna mención a Lacan, quien probablemente habría manifestado su desacuerdo con respecto a la propuesta de Daniel Lagache en su ponencia “Structure en psychanalyse”. Vid. R. Bastide (ed.), Sens et usages du mot

structure dans les sciences humaines et sociales, La Hague, Mouton & Co, 1962, p. 85. Lagache sostiene

allí que el empleo del término estructura en psicoanálisis tiene lugar desde dos perspectivas: una semántica y la otra personológica. Afirma que la perspectiva semántica se refiere a la distinción entre materia y forma: la materia estaría constituida por las palabras y las acciones del analizado, y la forma vendría de la mano de la interpretación del analista, que extraería la estructura subyacente y latente disfrazada en un primer momento por los contenidos y expresiones manifiestas. Para Lacan, las palabras y acciones del paciente son ya nódulos dentro de una o varias redes estructurales con independencia de la interpretación del analista, que en todo caso vendría a entablar una nueva relación dentro del sistema diferencial del individuo en cuestión. No puede aceptar, asimismo, algo así como una materia desnuda.

que desafía el contenido de la noción clásica de relación –establecida siempre entre dos sustancias previas–, categoría que Aristóteles catalogaba como la más débil29.

En cuanto al estatuto ontoepistémico de la estructura, Lacan aclara, en la misma nota sobre el informe de Daniel Lagache, que no se trata de un mero modelo teórico o de un simple utillaje conceptual para interpretar la realidad que guarda una distancia insalvable con la experiencia. Constituye, antes bien, aquello que organiza la experiencia, aunque no obstante no proviene de ella, y otorga un lugar y, con ello, una identidad, al sujeto: «“la distancia a la experiencia” de la estructura se desvanece, puesto que ésta opera en ella no como modelo teórico, sino como la máquina original que pone en escena allí al sujeto» (E 649). La tarea de una investigación estructural consistirá en indagar el lugar de la incidencia de la estructura en nuestra experiencia, es decir, cómo la hace posible y nos hace posibles como sujetos.

La definición que ofrece Lacan de la estructura en sus Escritos es la siguiente: «los efectos que la combinatoria pura y simple del significante determina en la realidad donde se produce» (E 649). En esta definición es patente la presencia de Saussure, la afiliación al modelo lingüístico y la centralidad de la noción de significante. Estructura y lenguaje van a devenir sinónimos, hasta el punto de que la célebre fórmula, «el inconsciente está estructurado como un lenguaje», será considerada por el propio autor como un pleonasmo. Las elaboraciones de Lacan en torno a la estructura están destinadas, pues, a servir de apoyo a su teoría del significante –y por extensión a su teoría del sujeto–. «La noción de estructura es ya por sí misma una manifestación del significante»; «interesarse por la estructura es no poder descuidar la cuestión del significante» (SIII 11/04/1956). Además, serán los conceptos de significante y de estructura los que para Lacan van a delimitar su campo de estudio, al ofrecer un criterio para distinguir tanto las ciencias humanas de las ciencias naturales cuanto la vida humana de la vida animal. El marinero que escribe en su cuaderno de bitácora (SIII 11/04/1956) es la figura que representa lo genuinamente humano, algo que no es en absoluto directamente deducible de los instintos.

El carácter protagónico y autónomo del lenguaje, herencia de las lecciones de Saussure, convive en Lacan con el estudio de la emergencia del sujeto y con el creciente interés por lo que queda afuera del símbolo. En definitiva, Lacan ejerce de gozne particular entre el estructuralismo y el post-estructuralismo, pues aunque preserva las premisas de Saussure o Lévi-Strauss, introduce a la vez una doble ruptura en el concepto de estructura: primero una grieta abre hueco al sujeto, y después otra grieta se convierte en mirilla hacia lo imposible, hacia lo que no es decible porque rebasa lo estructurado. Lo real ex-siste, como también ex-siste el sujeto, ambos en una posición descentrada con respecto a lo que se tenía hasta entonces por centro. La maniobra de Lacan no consistirá realmente en sustituir un centro por otro, sino en reivindicar a Kepler más que a Copérnico, es decir, en abolir cualquier centro y en rehabilitar la importancia del margen, de lo que a primera vista queda fuera del cuadro. Esta inquietud llevará a Lacan a ahondar cada vez más en la dimensión –o no-dimensión– de lo real, eclipsada en un primer tiempo por la omnipresencia de lo simbólico. Pero estudiemos primero, para respetar el orden de razones, su teoría del significante.

29 La relación es, «de todas las categorías, la que tiene naturaleza y entidad en mucho menor grado». En