4 Fingerprint Detection Techniques
4.2 SURFACE CHARACTERISTICS
Más trabajos se han realizado sobre el tema de la disputa entre los historiadores por cuenta del uso de la historia por Hugo Chávez y de la versión que ha hecho de la historia el Centro Nacional de Historia. Aunque algunos de estos trabajos hacen referencia al tipo de comunidad que se construye en esas versiones de la historia no concurre ningún trabajo sistemático en ese sentido y mucho menos se ha analizado la dimensión agonística del nacionalismo. Tal vez esto se debe a que son en su mayoría historiadores los que se han ocupado de la disputa y su interés ha derivado en indagar las causas por las cuales existe entre los venezolanos esa tendencia al uso de la historia o del pasado. Algunos trabajos, como veremos, se han enfocado en señalar la poca representancia de una u otra versión de la historia.
En “La épica del desencanto” Tomás Straka se ocupa de las lecturas políticas de la
historia y de la justificación histórica de lo político, es decir, del uso de la historia. Es una obra, advierte el autor, que tiene un eje de historia cultural y se ocupa de la historia como representación. La primera parte del texto está dedicada a lo que el autor llama la
“rebelión historiográfica”, el reparo de los historiadores al uso político de Bolívar que comenzó en los años 70 con la obra de Germán Carreras Damas, pero que resurgió debido al uso de la figura que hace el gobierno de Hugo Chávez. Aunque se trata de una rebelión de intelectuales, el autor reconoce que puede tener un tinte político entre tantas razones, porque muchos de esos académicos han sido desplazados de los puestos públicos que habían ocupado antes de la llegada de Chávez al poder (Straka, ¿Hartos de Bolívar? La rebelión de los historiadores contra el culto fundacional 35). Straka
Carrera Damas, Guillermo Morón y Manuel Caballero, en contra del uso de la historia por parte del régimen. Al final coincide con varios de ellos en que el uso de la historia en Venezuela se debe a una característica de la conciencia histórica del venezolano, esta conciencia es historicista, permanece anclada en el pasado glorioso pues allí los venezolanos encuentran la satisfacción que no hallan en el presente. Advierte que esto es riesgoso sobretodo porque lo que se exalta del pasado es lo militar.
El artículo de Alejandro Gómez “El papel de los intelectuales en la Venezuela de Hugo
Chávez: los historiadores en la palestra pública” se ubica en la misma línea del trabajo
de Straka. Recoge los argumentos de los historiadores que se oponen al uso de la historia por parte del gobierno, pero también hace alusión a los planteamientos de historiadores como Samuel Moncada, adepto al régimen y ex ministro de educación del mismo. Gómez coincide con Straka en señalar que el uso de la historia por parte de los políticos es posible por las características de la conciencia historica del venezolano, en particular por la falta de memoria histórica. Reconoce, y es útil en la línea de este trabajo, que detrás de ese enfrentamiento está presente una lucha que involucra a la nación, afirma:
En Venezuela se está desarrollando una lucha desigual entre dos percepciones de lo que deben ser las bases ideológicas de la identidad nacional (Gómez, El papel de los intelectuales en la Venezuela de Hugo Chávez: los historiadores a la palestra pública 94) .
Los dos trabajos anteriores no se ocupan de la forma como la comunidad nacional se contruye a través del uso que se hace de la historia, se ubican en cambio en un plano de análisis distinto del nuestro; su interés es señalar las características de la conciencia nacional sobre la que se soporta tal uso de la historia, por eso Straka plantea que su trabajo puede ser entendido como una historia cultural.
Maria Helena González De Luca se ocupa de la forma como el gobierno de Hugo Chávez y la oposición han usado la historia señalando que esa práctica es común y generalizada en Venezuela. Plantea que la historia se usa de forma retórica para argumentar creando paralelismos entre el pasado y el presente, usando el pasado para predecir el futuro y arguyendo a la necesidad de cambiar la historia. En cuanto a la versión de la historia de Hugo Chávez sostiene que es una historia heróica, donde se concibe el tiempo como escindido por hechos como la conquista, la separación de la Gran Colombia, el golpe de 1992 y la llegada de Chávez al poder en 1998 y que el siglo XIX prácticamente se invisibiliza en el relato nacional.
También se han ocupado de la conciencia histórica de los venezolanos algunos trabajos que analizan en específico el uso de la historia por parte de Hugo Chávez. Retomando su clásico trabajo de 1969 El Culto a Bolivar, Germán Carrera Damas sostiene que el uso de la historia por parte de Chávez es expresión del culto a Bolívar que se inició con la repatriación de los restos del Libertador en 1842 y se ha perpetuado gracias a la combinación de una precaria conciencia nacional que busca compensar la insatisfacción del presente, refugiándose en los logros del pasado, y a una frágil conciencia histórica donde la historia crítica se ha visto relegada por una historia oficial que se ha dedicado a hacer un culto a los héroes (Carrera, Simón Bolívar, el culto heróico y la nación 67 1983) (Carrera, El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo 2005). Por esta razón desde sus primeros trabajos en los que criticaba el culto bolivariano afincado en la Academia Nacional de Historia, Carrera Damas plantea la necesidad de rescatar una conciencia histórica crítica que cuestione visiones como el culto heróico, el requisito de que la historia sea amena, la falsa creencia sobre que el pueblo es actor de la historia y la idea errada de que la democracia debe construir un determinado orden económico (Carrera, Achicar la sentina de la historiografía venezolana 2005b). En varios de sus ensayos y artículos de prensa califica la ideología chavista como
“bolivarianismo-militarismo”. Atribuye su surgimiento a la crisis de los grandes relatos que en los años 80 dejaron un vacío que causó una fuerte desorientación ideológica, llenada por las ideas bolivarianas y por un pensamiento militarista que se remonta al siglo XIX y cuya última expresión fue el dictador Marco Pérez Jiménez que gobernó desde 1952 hasta 1958 (Carrera, El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo 2005).
Desde un enfoque psicoanalítico también se ha ocupado de la conciencia histórica de los venezolanos Ana Teresa Torres. Sostiene que el mito de Bolívar es producto del remordimiento que sienten los venezolanos por haber traicionado al Padre, al romper con el proyecto de unidad de la Gran Colombia y al haberlo dejado morir solo en Santa Marta. Torres rastrea las distintas formas que toma el mito de Bolívar: como mito socialista, como mito cristiano a través de su divinización- tema trabajado por Elías Pino Iturrieta- como mito pagano asociado al culto de María Lionza y como mito filosófico en la medida en que su vida y obra se convierten en filosofía política que inspira lo que los venezolanos deben hacer. Sostiene que Bolívar es un héroe frustrado lo que compagina bien con la visión romántica de los venezolanos producto de la
la acelarada urbanización. Plantea que la revolución bolivariana es una alegoría nostálgica de la independencia que compensa en los venezolanos la sensación de pérdida tanto del padre como del mundo tradicional, es decir, que permite retornar tanto a la unión con el padre como a la unión con la naturaleza. A diferencia de los trabajos anteriores, dedica un apartado al relato de nación de Hugo Chávez ,señalando que es un relato heróico, que el tiempo en el relato es mítico y que hay héroes y antihéroes en el relato (Torres 2009).
Juan Eduardo Romero, desde varios trabajos se ha ocupado del uso de la historia en el chavismo. Analiza el discurso político de Hugo Chávez y sostiene que la posibilidad de existencia de su discurso se fundamenta en la pérdida de credibilidad del discurso político tradicional, lo que le permitió una reestructuración lógico discursiva. Afirma que ese discurso tradicional, el del pensamiento político democrático de 1958-1993 se sustentó en un bolivarianismo auspiciado a través de la historia oficial, las sociedades bolivarianas, la Academia Nacional de la Historia que endiosaba la figura de Bolívar y sostenía que el Estado era el único que tenía derecho de usar y de representar al Libertador. En ese marco el pueblo se construía como un simple espectador que no anhelaba otra cosa que la satisfacción de sus necesidades sociales mediante la acción del partido; en contraposición, en el discurso de Hugo Chávez el pueblo no se asume como un incapaz ni plagado de ignorancia, sino que se le reconocen valores positivos como la civilidad y la ciudadanía (J. Romero, Usos e interpretaciones de la historia de Venezuela en el pensamiento de Hugo Chávez 221-235).
Romero analiza también la visión del proceso histórico que tiene Chávez señalando que desmitifica a los Padres fundadores de la democracia puntofijista, a saber, Betancourt, Caldera y Jóvito Villalba y en contraposición valora de manera positiva los logros de los gobiernos militares de Eleázar López Contreras e Isaías Medina Angarita (J. Romero, Usos e interpretaciones de la historia de Venezuela en el pensamiento de Hugo Chávez 2005). Ofrece también una propuesta sobre la forma en que Chávez reconstruye la historia de Venezuela, sin embargo pasa por alto la importancia de los años 1989 y1992, en la visión de la historia que tiene Chávez. Usa el análisis crítico del discurso y se ha ocupado también de analizar los contenidos del discurso chavista en distintos momentos destacando como concepto central el de crisis; de allí la recurrencia a categorías como podredumbre y descomposición para caracterizar el momento político previo a la llegada de Chávez al poder (J. Romero, El discurso político de Hugo
historia en Hugo Chávez 2005) (J. Romero, El discurso político de cara a las elecciones 2012 2012) (Romero y Quiñonez, El pensamiento sociopolítico de Hugo Chávez: discurso, poder e historia 2010).
Pocos trabajos se han ocupado de la versión de la historia del Centro Nacional de Historia, y ninguno de la forma como se construye la comunidad nacional en sus relatos. Algunos de estos trabajos se encuentran en el texto editado por Inés Quintero en 2011 titulado El relato invariable. Independencia, mito y nación, donde se observa en qué terminos se da la disputa entre los historiadores. Tal es el capítulo escrito por
Angel Almarza en el que se acusa a los cultivadores de la “historia oficial” de
descalificar, y a la vez, reproducir la historia tradicional. El autor hace referencia a los trabajos de Luis Felipe Pellicer, Vladimir Acosta y Carmen Michelena en los que se incluye al pueblo y se defiende su agencia. Según Almarza no sólo hay evidencias históricas que contradicen tal interpretación sino que la pretensión de originalidad del CNH no es tal puesto que desde mediados de siglo hay historiadores que defienden esa interpretación, como es el caso de Manuel Vicente Magallanes, Paul Verna y José Luis Salcedo Bastardo (Almarza 2011).
En el mismo libro, Rogelio Altez propone un argumento es similar. Muestra cómo el 19 de abril de 1810 (que desde 1960 se instituyó como la fiesta de la independencia por ser el día en que se manifestó la “conciencia nacional”), es el mito de origen de la nación que también reproduce el Centro Nacional de Historia; a esa fecha se le dedicó un número exclusivo (el 14) de la Revista Memorias de Venezuela. Sostiene también que la pretensión del CNH de rescatar la agencia del pueblo en la historia tampoco es nada original, eso ya lo había hecho el historiador Augusto Mijares. Sugiere también que historiadores como Pedro Calzadilla que había criticado la versión mítica de la historia de Venezuela, ahora la reproduce al trabajar para el gobierno (Altez 19-56) A una conclusión similar, -la de la poca originalidad de la tesis de los historiadores cercanos al régimen o del mismo Chávez en el sentido de que la independencia es una revolución- lleva el artículo de Miguel Felipe Dorta: “Cuando la independencia no es
(más que) una revolución”. El autor ubica el inicio de este planteamiento en el año
1939 en la historiografía marxista, en particular en la obra de Carlos Irázabal “Hacia la
democracia”. Al analizar los planteamientos de José Rafael Núñez Tenorio, un
historiador marxista cercano al régimen, encuentra la misma contradicción que Rogelio Altez destacó en Calzadilla: aunque la izquierda defiende la agencia del pueblo, al
reproducir el relato de la independencia, lo convierte en simple instrumento de los héroes (Dorta 236-269).
Desde otro lugar Andrew Tillman, quien desarrolla su tesis doctoral en la Universidad de Cambridge titulada “The Uses of the Past in Contemporary Venezuela”, también aborda la historia producida por el CNH. Desde el enfoque de The Cambridge School of Political Thought y sobre la base del análisis de los editoriales de la Revista Memorias de Venezuela, de las biografías de Memorias de la Insurgencia publicadas por el Centro Nacional de Historia y de varias entrevistas, este autor sostiene que los historiadores del CNH no producen conocimiento histórico sino que reproducen el discurso chavista para legitimar su proyecto político, por eso los llama “caudillos
intelectuales del régimen”. Para sustentar su argumento muestra que muchos de estos historiadores como Pedro Calzadilla, aunque se formaron con maestros como Germán Carrera Damas, desconocen los recientes hallazgos de los más reconocidos historiadores de hoy, entre los que se encuentran Elías Pino Iturrieta e Inés Quintero. Señala que cometen errores como suponer agencia en ciertos sectores populares cuando en realidad no la han tenido, y que descalifican por racistas y clasistas a investigadores que han producido obras que muestran justamente lo contrario. En definitiva, no producen una historia ajustada a la realidad ni coherente con los últimos avances (Tillman 2012). Un planteamiento similar es el Frédérique Langue, quien sostiene que en Venezuela se hace un uso político de la historia y ello ha generado una guerra de memorias en este país. Plantea que la historia oficial que considera una sola, equiparando el relato histórico de Hugo Chávez al del Centro Nacional de Historia, se caracteriza por revivir el culto fundacional, caracterizar a Bolívar como redentor y establecer una continuidad temporal entre la independencia y el presente. Denomina estos rasgos como “los
paradigmas de la historia oficial” que se soportan en la tradición venezolana: el culto a Bolívar que se inició en el Guzmanato y su representación como redentor social desde 1945. Sobre los historiadores cercanos al régimen afirma
De la historia concebida como creencia se deriva la imposición de una historia oficial cuyos actores, pese a ser historiadores, no dejan de ser defensores de una nueva religión cívica en la cual el pueblo es “bueno” y la política mala” (planteamiento frecuente en los regímenes de inspiración populista (Langue,
Usos del pasado y guerra de las memorias en Venezuela de la "Segunda Independencia"13)
Un primer análisis de la Revista Memorias de Venezuela permite sospechar de las conclusiones de estos autores en el sentido de que los historiadores del CNH reproducen el relato histórico de Chávez. Esta duda se funda en la inclusión en la revista de episodios y actores históricos distintos a los que alude el relato del ex presidente, en
particular, mientras su relato se centra en los episodios de guerra, en especial en la gesta bolivariana o en los gobiernos militares del siglo XIX, el relato del CNH incluye actores como los negros, los indígenas y las mujeres y dedica en sus números sesiones al mundo indígena, la colonia y la conquista, el siglo XX y XXI y a la historia de la cultura.
Más que simples diferencias, estas variaciones en los elementos del relato nacional (actores y episodios) tienen implicaciones en la construcción de la nación pues ésta en tanto que sujeto de la narración se construirá de manera distinta si hay distintos actores y episodios en el relato, según lo sostiene la teoría del relato (Bal y Mieke 21). Por eso es necesario un análisis profundo y sistemático de las narraciones de estos dos actores, y esto se hará utilizando el método de análisis estructural de contenidos.
Tampoco puede estarse de acuerdo con la descalificación que hace Tillman de los historiadores del CNH como “caudillos intelectuales del régimen” (Tillman 2012). Esto no sólo pasa por alto que los historiadores fundadores del CNH son académicos, algunos de ellos con amplio reconocimiento y trayectoria15 sino que replica el prejuicio tan extendido de suponer que lo que se llama el “chavismo” es un sector homogéneo del
que hacen parte pobres, ignorantes y ciegos seguidores de un líder (C. Valencia, Venezuela´s bolivarian revolution: who are the chavistas 79-97). La historia de la constitución de la fuerza política que llevó a Chávez al poder permite ver que tal homogeneidad no existió nunca, ni entre los militares que formaron el Ejército Revolucionario Bolivariano 200, entre los que había una corriente nacional desarrollista y un grupo más cercano al socialismo; ni en el Movimiento Bolivariario Revolucionario 200 en el que participaban civiles, lo que al parecer implicó diferencias entre estos y los militares, y lo que supuestamente dificultó la coordinación del intento de golpe de 1992. Estas diferencias se mantienen en el movimiento que se forma para alcanzar electoralmente el poder, el Movimiento V República y en la coalición, el Polo Patriótico, que logra el triunfo en 1998 (López- Maya, Venezuela: Hugo Chávez y el bolivarianismo 59). En el año 2007 cuando el presidente propuso una reforma a la constitución de 1999 que pasaba por la creación de un solo partido unificado, las diferencias emergieron. Los partidos Podemos, Patria para Todos y el Partido
15 De la comisión organizadora del Centro Nacional de Historia hacen parte Arístides Medina Rubio, Doctor en historia y profesor de la Universidad Central de Venezuela; Carmen Bohórquez, también Doctorada en Historia de la Universidad de la Sorbona y profesora emérita de la Universidad de Zulia y Pedro Calzadilla, también historiador, Magister en historia de la Universidad Central de Venezuela.
Comunista de Venezuela se negaron a desaparecer. También algunos importantes personajes se distanciaron de la visión del socialismo del siglo XXI del ex presidente, como fue el caso del General Raúl Isaías Baduel e intelectuales como Margarita López- Maya (López- Maya, Venezuela: Hugo Chávez y el bolivarianismo 60) Esta investigación también se desmarca del trabajo de Tillman y de los trabajos precedentes porque aquí no se aborda la disputa entre los historiadores desde la discusión por la