Tuve el privilegio de estar en uno de sus seminarios en verano de 2010. Para entonces yo había leído todos sus libros publicados y tenía interés en compartir experiencias con quienes tuvieran el sistema de creencias que había llegado a ser el mío como consecuencia de esas lecturas. En este sistema de creencias se incluía la vida como ciclo interminable de evolución con aquellos a quienes amamos, los que más pueden enseñarnos.
Tengo sesenta y un años, pero cuando me acercaba a la treintena comencé a tener un sueño recurrente, en el que me hallaba en el Vesubio siendo una joven de unos diecinueve años enamorada de un habitante de la ciudad con quien no podía relacionarme debido a ciertas prohibiciones culturales. Cuando la tierra tembló y empezó a fluir la lava, busqué refugio cerca del agua, bajo cubierto. Entró un hombre corriendo en la misma cueva: era mi amado. Sin decir nada, me abrazó con fuerza, y yo supe que también me amaba, aunque no estaba permitido. El sueño acaba aquí, sin dolor ni experiencia de la muerte, solo el conocimiento profundo de que el amor que yo había sentido en mi corazón era correspondido.
He tenido este mismo sueño de vez en cuando durante más de treinta años. Cuando me hube iniciado en su obra, la intensidad y la agudeza emocional del sueño, amén de su naturaleza repetitiva, me permitieron comprender que podía haber sido una experiencia de vida real en mi memoria del alma. Tras leer más acerca de su trabajo, ensamblé los hechos aplicables a mi vida presente. A los catorce años, fui enviada a un colegio privado religioso, donde recibí las enseñanzas de un hombre cuya voz identifiqué con un relámpago. Nos hicimos amigos, y yo fui alumna suya durante cuatro años de secundaria. Proseguí mis estudios y me mantuve en contacto con él. Me casé con otro hombre, y mi antiguo profesor visitó a nuestra familia a lo largo de unos doce años mientras gozó de buena salud. Durante esas visitas, mi esposo, mi hija y yo agasajábamos a sus amigos y a él y les ofrecíamos una casa donde alojarse. En una de las visitas, mi esposo y yo descubrimos que nuestra hija había nacido exactamente cincuenta años después que mi profesor.
Siempre había habido una atracción lejana por ese hombre, si bien cuando yo era joven no lo entendía ni sabía qué hacer con ese viejo recuerdo. Su voz era inconfundible. Tras estudiar con usted y presenciar otras historias, le hablé de toda esta experiencia, y le conté que creía haberle conocido en una época anterior. Poco después de mi revelación, se puso muy enfermo. Acudí en su ayuda; llamé a miembros de su familia y verifiqué la asistencia médica. Ahora la medicación lo mantiene en equilibrio, y valora lo que yo he llegado a ser para él: amiga, mentora y abogada defensora. En nuestro reencuentro, soy yo quien tiene el papel de maestro. En mi mente no hay la menor duda de que volvemos a estar aquí para ayudarnos uno a otro a ser dichosos y mejorar.
Mirando el canal de Historia, también he descubierto que viví en Herculaneum, una pequeña ciudad cercana a Pompeya gravemente afectada por la erupción del Vesubio. Hace poco se han descubierto cerca del puerto varios cuerpos de personas que intentaron refugiarse allí pensando que era un lugar
seguro. Al mirar los mapas de la región y ver los restos y dónde han sido hallados, mi alma sabe que es ahí adonde huí y donde me encontré con ese hombre adorable al que he amado durante siglos. En su seminario, conté la misma historia en estado de hipnosis. En la actualidad, ese hombre y yo disfrutamos de una relación maravillosa. Hablamos varias veces a la semana. Le encanta saber de los progresos de mi hija, y él y mi esposo se tienen el máximo respeto mutuo. Al saber que tenemos toda la eternidad por delante, siento júbilo y paz. ~ Cynthia El poder de un volcán dista muchísimo del poder de un alma gemela. El amor de las almas gemelas no siempre es romántico. Es eterno e incondicional, trasciende el tiempo y el espacio, pero puede ser el amor de un padre y un hijo, de los amigos, los hermanos, los abuelos, los primos, cualquier forma platónica de amor. Quizás el alma gemela es un profesor universitario a cuyas clases asistimos, cuyo conocimiento y pasión por la asignatura influye en nuestra trayectoria profesional. En cuanto terminamos el curso, cada uno sigue su camino; nuestro trabajo conjunto en esta vida se ha completado.
Más que una sola alma gemela, tenemos familias de almas con las que estamos continuamente conectados. A veces solo por unos instantes, aunque este breve período puede cambiarle a uno totalmente la vida. Tanto da que estemos juntos diez minutos, diez meses o diez años; lo importante son las lecciones que se aprenden, las indicaciones y los recordatorios que aparecen en estos encuentros. Hay cierta familiaridad, cierta profundidad de conocimiento. Nos relacionamos según una determinada vibración que no cabría esperar de un tiempo tan corto. Las almas gemelas se juntan una y otra vez para interaccionar. Tienen un karma o destino conjunto. Satisface ver que la relación entre las almas de Cynthia y su profesor fuera tan apreciada por toda la familia y estuviera desprovista de celos, temores o resentimientos. El amor incondicional no pide nada a cambio. Este amor puro jamás genera dependencias ni deudas. Tan solo existe. Como energía absoluta que es, no se acaba nunca. Conecta al instante vidas separadas por siglos y promete que todos los seres queridos estarán entrelazados por toda la eternidad. Veamos cómo Carla, autora de la siguiente historia, tradujo este concepto en acción cuando tendió la mano a su hermana con un amor que sobrevivió tanto al tiempo como a la tensión.
. LAZOS ENTRE HERMANAS .
Hace unos años tuve el privilegio de verle en el Instituto Omega de Nueva York. Era al final del día, y usted tuvo tiempo de efectuar una regresión a la infancia, a la que con mucho gusto me ofrecí como voluntaria. Lo de subir al escenario y exponerme ante los demás me generaba dudas, pero sabía queestaba en buenas manos y confiaba en usted. También sentía curiosidad por lo que revelaría el experimento.
No tardé mucho en recordar algo. Contaba unos cuatro años y llevaba de la mano a mi hermanita de dos, a la que ayudaba a bajar las escaleras la mañana de la Pascua. Estábamos muy agitadas. Recuerdo la sensación de la alfombra bajo mis pies, del pijama. Llegamos abajo y nos encontramos con un montón de cestas de Pascua esperándonos... ¡y un pollito! Me preocupaba que uno de los perros pudiera comerse el pollito, pero la verdad es que fue un recuerdo agradable.
Mientras salía de la hipnosis, me emocioné y me puse a llorar. El público me preguntaba por qué estaba disgustada tras haber tenido un recuerdo tan bonito. La verdad es que, en esa época, la misma hermana y yo estábamos peleadas y no nos hablábamos. Y lo único que recuerdo es ese amor inocente y genuino que sentía yo por ella. Echaba de menos el vínculo estrecho que habíamos compartido en la mayoría de nuestras vidas.
Lo más importante que saqué de todo el proceso es que solo el amor es real. Así pues, una vez finalizado el seminario de fin de semana, llamé a mi hermana y le expliqué la experiencia. Lloramos al teléfono y nos echamos a reír; y luego nos preguntamos una a otra: «¿Qué fue del pollito?» Gracias a la sesión con usted, mi hermana y yo volvimos a estar juntas. En la actualidad todavía conservamos el vínculo afectivo. Asistimos juntas a otro seminario e hicimos regresión grupal, y ahí nos dimos cuenta de que hemos compartido muchas vidas en muchas relaciones diferentes.
Siempre recordaré con cariño esa regresión que hice ese día delante del público. Cambió mi vida para siempre.
~ Carla White
El breve relato de Carla sobre su recuerdo de infancia transmite un mensaje potente. El amor no se acaba nunca, jamás se para. Su energía es absoluta, eterna. Un episodio inocente de las hermanas de cuatro y dos años le recordó a Carla la inmediatez y la importancia de los lazos del amor. En comparación, la enemistad temporal parecía algo insignificante. Tras una llamada telefónica, se restableció enseguida la relación. El enfado y la pena quedaron perdonados.
La lección es aplicable a todos. Dejamos que muchos malentendidos, peleas y discusiones nos priven de la dicha de las interacciones afectuosas que tenemos con personas importantes en nuestra vida. Se interponen el ego y el orgullo. ¿Tendremos el valor de coger el teléfono y curar nuestras relaciones, como hizo Carla?
El amor supera a todo lo demás.