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THEME 1 – THE PERCEPTION OF AUTHENTICITY AND THE CONSEQUENCE OF TRUST 108

5.   DISCUSSION OF RESEARCH FINDINGS 108

5.1   THEME 1 – THE PERCEPTION OF AUTHENTICITY AND THE CONSEQUENCE OF TRUST 108

CIRCUNSTANCIA (S) DEL CONFLICTO: FALTA

SIGNIFICADO DE LOS SÍNTOMAS: No indica un significado

especial, ya que se produce una ruptura de vasos sanguíneos. Sin embargo durante el cuadro agudo hemorrágico se está en una situación en que peligra la vida. En este estado de conciencia se reevalúan valores y se plantean otras formas de vida.

MOTIVO DE CONSULTA: Mujer diestra de 45 años de edad que

presenta un bulto en mama izquierda que aparece de forma progresiva

DIAGNÓSTICO (S): Carcinoma ductal en mama izquierda. TIPO DE RESPUESTA: Enfermedad orgánica.

ALARMA BIOLÓGICA: Conflicto de separación con hijo.

LÁMINA EMBRIONARIA Y ÁREA CEREBRAL: Ectodermo.

Corteza cerebral sensorial en hemisferio derecho.

CIRCUNSTANCIA (S) DEL CONFLICTO: Conflicto en solución,

pero con recidivas asociadas a un raíl: cada vez que su hijo sale de noche, con la sospecha que lo hace con cierta compañía, se reactiva el conflicto.

SIGNIFICADO DE LOS SÍNTOMAS: Darse cuenta que es una

madre Demeter y su vínculo con los hijos tiende a un excesivo apego. La posibilidad que su hijo “sea arrancado” de su pecho le ocasiona miedo a la separación del mismo. En este caso concreto es interesante que acepte que su hijo necesita “bajar al Hades”, al inframundo donde podrá evolucionar su conciencia al tener que superar varias pruebas e integrar su psique o ánima con su Eros.

MOTIVO DE CONSULTA: Mujer de 50 años, diestra. Presenta

cansancio que aumenta a lo largo del día desde hace 4 años; dolores en columna generalizados, en extremidades y espalda, también coinciden con el inicio del cansancio. Antecedentes de un traumatismo por accidente de moto.

DIAGNÓSTICO (S): Fatiga crónica y Fibromialgia.

TIPO DE RESPUESTA: Enfermedad funcional o psicosomática. ALARMA BIOLÓGICA: Varios conflictos biológicos: conflicto de

indecisión o no saber que camino tomar; conflicto de separación dolorosa, conflicto de motricidad y conflicto de desvalorización.

LÁMINA EMBRIONARIA Y ÁREA CEREBRAL: Mesodermo los

de indecisión y desvalorización (suprarrenales y huesos) que regula el mesencéfalo. Ectodermo el de separación y motricidad (periostio y músculos) que regula la corteza cerebral en diversas áreas sensoriales.

CIRCUNSTANCIA DEL CONFLICTO: todos los conflictos se

encuentran activos en balance con diversos railes

SIGNIFICADO DE LOS SÍNTOMAS: Hacer consciente un

complejo paterno; los primeros vínculos con la madre y el padre le ocasionaron la necesidad de adoptar una actitud propia de Atenea; masculina y dadora, descuidando su parte femenina receptora y, cuidadora, lo que le ocasiona una lucha permanente y una tensión entre ambas tendencias. La terapia de fondo se fundamenta en tratar de que su ego o parte consciente controle la imagen que ha elaborado de su parte masculina inconsciente o animus. La energía resultante que colisiona con su parte femenina surge de un contenido inconsciente surgido en su relación con la figura paterna y de autoridad, por lo que ha de tratar de encontrar su propio centro, más allá de estas fases de la evolución de su conciencia.

MOTIVO DE CONSULTA: Mujer de 75 años, diestra, presenta un

estado de desánimo, tristeza, adinamia, negación continua con sensación de ruina económica propia y de su hijo. Progresivamente su estado físico se degrada ya que se niega a comer, beber, y efectuar sus necesidades fisiológicas.

DIAGNÓSTICO (S): Depresión melancólica. Depresión mayor con

cuadro delirante.

TIPO DE RESPUESTA: Enfermedad mental.

ALARMA BIOLÓGICA: Conflicto biológico de territorio y

separación, ambos activos, lo cual provoca la constelación esquizofrénica propia de depresión con delirio de ruina.

LÁMINA EMBRIONARIA Y ÁREA CEREBRAL: Ectodermo.

Corteza cerebral.

CIRCUNSTANCIA (S) DEL CONFLICTO: Un mes después de la

muerte de su marido inicia el cuadro depresivo que se agrava con un cuadro delirante. Al sentirse desplazada siente que pierde su jerarquía en la familia al tener que convivir de otra manera con su hija, con el marido de ésta con quien nunca tuvo buena relación y nietos. Esto reactiva el conflicto de separación con su hijo que marchó de casa hacia unos años y que siempre consideró su aliado. El sentimiento de ruina se activa tras la muerte de su marido; no recibe ya dinero y su hijo no tuvo el trato equitativo que ella consideraba justo en el reparto de la herencia.

SIGNIFICADO DE LOS SÍNTOMAS: La depresión la inhabilita

para la lucha y al mismo tiempo con el delirio de ruina lanza continuas llamadas a su propio hijo para que restablezca la situación anterior.

MOTIVO DE CONSULTA: Varón de 44 años de edad, soltero,

diestro. Inicia en Mayo del 99 cuadro diarreico y sangre en heces, tenesmo. Posteriormente varios nódulos en hígado, de nuevo sintomatología digestiva, luego nódulos en pulmón y últimamente tos crónica

DIAGNÓSTICO (S): Adenocarcinoma en colon con recidiva.

Metástasis en hígado, pulmón, mediastino y bronquio.

TIPO DE RESPUESTA: Enfermedad orgánica.

ALARMA BIOLÓGICA: Conflicto biológico de mala jugada: “no

poder eliminar la presa”, en dos ocasiones. Conflicto de carencia, conflicto de miedo a la muerte, miedo frontal y “amenaza de pérdida de territorio”.

LÁMINAS EMBRIONARIAS Y ÁREA CEREBRAL: Endodermo y

tronco cerebral en los cambios celulares de intestino grueso, hígado y pulmón (alvéolos). Ectodermo y Corteza cerebral en los cambios celulares de mediastino y bronquios.

CIRCUNSTANCIA (S) DEL CONFLICTO: Una sucesión de conflictos

cuyo inicio surge de una gran “mala jugada” relacionada con unos exámenes para conseguir una plaza de funcionario publico; sufrió en dos ocasiones este conflicto que le condujo con todas las circunstancia acompañantes en estos casos a episodios de carencia alimentaría, miedo a la muerte y miedo por el diagnóstico y pronostico de sus dolencias la posibilidad de perder su estatus.

SIGNIFICADO DE LOS SÍNTOMAS: Este caso muestra con toda su

gravedad la necesidad de una trascendencia en la forma de vida que se da en nuestra actual civilización. El paciente es un ser introvertido y sensible y por tanto vulnerable a las agresiones de su entorno. Los síntomas no hacen más que indicarle la necesidad de una apertura hacia actitudes mas abiertas al exterior y cultivar su función intuitiva.

MOTIVO DE CONSULTA: Mujer de 62 años, diestra, en Mayo de

1990, hace 17 años fue operada de un carcinoma ductal infiltrante en mama derecha. En Febrero del 2002, 12 años después, sufre derrame pleural; en Mayo del 2005 diagnosticada de carcinomatosis peritoneal, derrame pleural basal derecho, engrosamiento de vejiga de la orina con ureterohidronefrosis izquierda, nódulo en línea media del abdomen. Ha sido tratada con quimioterapia de varias generaciones y antihormonas femeninas.

DIAGNÓSTICO (S): Neoplasia de mama con metástasis tardías en

pleura, peritoneo, tejido subcutáneo y vejiga de la orina.

TIPO DE RESPUESTA: Enfermedad orgánica.

ALARMA BIOLÓGICA: Conflicto de separación con marido; de

ataque al tórax y abdomen, de pérdida con su hija y de límites de territorio con el marido de su hija.

LÁMINA EMBRIONARIA Y ÁREA CEREBRAL: Ectodermo los de

separación y limites de territorio, ambos en corteza cerebral; de mesodermo arcaico los de pérdida y ataque al tórax y abdomen; ambos en cerebelo.

CIRCUNSTANCIA (S) DEL CONFLICTO: “Todos sabemos que…”

en la historia del cáncer de mama puede suceder esto… y sucede, lo que ocurre es que se pueden interpretar los síntomas de otra manera. Algunos datos para la reflexión:

- El análisis del líquido pleural fue de “adenocarcinoma” no de carcinoma de células ductales.

- El nódulo subcutáneo fue diagnosticado de carcinoma de origen mamario; ¿no se encuentran restos embrionarios de mama en la línea abdominal que incluso llega a la pelvis?. En este caso, la señora en un interrogatorio más profundo expresaba un sufrimiento intenso y permanente hacia toda la familia y, ¿qué órganos reaccionan ante tal eventualidad?.

- ¿No seria mas lógico pensar que tras 15 años de historia del cáncer de mama, la afectación de la vejiga de la orina con la dilatación consecuente del riñón, fuera consecuencia de otro proceso?.

SIGNIFICADO DE LOS SÍNTOMAS: El sufrimiento no

compartido; la necesidad de una mayor comunicación…y así fue aconsejada…Los resultados han sido positivos. El significado de sus síntomas la lanzaron hacia el encuentro de su “eros” con su “psique”.

MOTIVO DE CONSULTA: Varón de 59 años de edad, zurdo.

Presenta molestias al orinar, anorexia.

DIAGNOSTICO (S): Carcinoma de vejiga de la orina de células

transicionales.

TIPO DE RESPUESTA: Enfermedad orgánica.

ALARMA BIOLÓGICA: Conflicto de marcaje de territorio.

LÁMINA EMBRIONARIA Y ÁREA CEREBRAL: Ectodermo. Y

hemisferio cerebral derecho.

CIRCUNSTANCIA (S) DEL CONFLICTO: Pierde un juicio en que

había demandado a un vecino la ocupación de un terreno agrícola de su propiedad. El supuesto ocupante presenta falsos testimonios y gana el juicio en primera instancia. Pero luego el paciente logra ganar el juicio en un nivel superior. Poco después aparecen las molestias al orinar y se diagnostica el proceso con hidronefrosis en riñón derecho. Se identifica el problema y el paciente con su familia optan por vender el terreno y tratar de olvidar el conflicto. Los TACS de la vejiga muestran un cambio favorable en la evolución del cuadro.

SIGNIFICADO DE LOS SÍNTOMAS: Aunque no se diagnosticó el

adenocarcinoma de vejiga en este caso concurren dos tipos de conflictos: “mala jugada en el propio territorio” y “marcaje de territorio”. El papel de jefe de territorio se ve cuestionado por su entorno.

En este caso, por suerte, el engrosamiento de la pared de la vejiga ha desaparecido. No hubo intervención quirúrgica, ni se aplicó quimioterapia ni radioterapia. Se solucionó el conflicto.

EPÍLOGO

¿Es posible curarse utilizando el poder de la mente?

Planteada la pregunta de esta manera, lo más probable es que suscite respuestas opuestas. La mayoría de científicos consideran la mente como un producto del cerebro, que poco o nada tiene que ver con la enfermedad del cuerpo y sus órganos. Llegan a aceptar que ciertos estados de ansiedad, estrés y depresión puedan ocasionar úlceras de estómago, asmas bronquiales, ciertas colitis o una vaga predisposición a enfermar.

Por otra parte, algunos científicos piensan, al revés, que el cerebro es un fruto de la mente. Los primeros esgrimen que la mente no es nada sin el cerebro, ya que cuando éste se lesiona aquella deja de funcionar, desaparecen los pensamientos, se pierde la memoria y se cercena la voluntad. Los segundos reflexionan que un cerebro sin la mente y sus contenidos es como una cinta magnetofónica vacía, que no posee la información para generar los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones, las intuiciones, en definitiva la melodía de la vida.

Pero, en cualquiera de los dos casos, a la mente y al cerebro se les dota de unas propiedades específicas sin la existencia de una conexión entre ambos, que sirva para explicar el porqué enfermamos y en consecuencia cómo podemos curarnos.

Pero si consideramos que la mente y el cerebro forman una unidad que se extiende al resto del cuerpo, y que los tres no funcionan por separado o ejerciendo un control jerárquico de uno sobre otro, obtendremos más elementos para comprender el papel de la mente en nuestras dolencias. En este conjunto unitario formado por la mente, el cerebro y el cuerpo, nuestro sistema nervioso no solo captaría las sensaciones de nuestro entorno y efectuaría el movimiento con los músculos correspondientes, sino que incluiría una representación tridimensional de las vísceras u órganos del cuerpo en diversas áreas cerebrales, ejerciendo un control sobre su regulación funcional y sobre su permanente renovación celular.

En caso de aceptar esta triada, formada por la psique, el cerebro y los órganos, ésta ha de funcionar en plena armonía para mantener un buen funcionamiento del cuerpo y conservar la salud. Piénsese, por ejemplo, que en este preciso momento suceden miles de reacciones bioquímicas en nuestro cuerpo, millones de células se mueren para ser suplantadas por otras en un crecimiento ordenado siguiendo un patrón de referencia que les indica el momento de su división, la forma y las funciones que van a desarrollar, para conservar la anatomía de los órganos y sistemas corporales.

Para tal finalidad se necesita un programa especial que ordene la información que trascurre por los tres niveles, proporcionando sentido y significado a nuestros actos y a las percepciones de los mismos y los sintonice con nuestro propio cuerpo, y ese programa es la conciencia. La conciencia es el pegamento que une, es una inteligencia innata que aglutina y ordena todos los mecanismos para que nuestro cuerpo se regenere cada día y para que nuestras funciones fisiológicas estén de acuerdo con las circunstancias de nuestro medio; recoge la memoria que nos sirve en el presente y nos prepara para el futuro; nos ofrece las referencias para que nuestras emociones nos ayuden a conocernos mejor, y finalmente, nos proporciona la imaginación necesaria para mover nuestra voluntad hacia una mayor plenitud y trascendencia. Así, todo signo y síntoma que exprese nuestro cuerpo en las enfermedades puede ser considerado como efecto de un estado de conciencia que ha polarizado la suficiente información para generar cambios en nuestro psiquismo y en nuestras células. Por tanto, hemos de identificar concretamente esa información, de manera que podamos reconocer que toda enfermedad es un proceso psico-físico con cambios en los órganos y en nuestro psiquismo, generados por situaciones que han movilizado nuestras más profundas emociones, situaciones que han puesto en peligro necesidades básicas para mantener la vida como la nutrición real o simbólica, la estructura o la valorización y movimiento o contacto. Sin olvidar, en absoluto que en toda dolencia o sufrimiento se ha de encontrar el significado de nuestra existencia en este maravilloso Planeta en cada uno de los acontecimientos que nos suceden y, también, en cada una de nuestras aflicciones.

EL CÍRCULO

En una época y un lugar en que el hecho de vivir para muchos de nosotros era prácticamente pecado, decidí ser médico; ese fue mi deseo con no más de 14 años, recién salido de una infancia con intolerancias, temores y las imágenes de una televisión incipiente. Dos años después, al acabar el curso de entrada a la Universidad, le comenté a mi profesor de griego, un joven jesuita que luego se convertiría en un buen amigo:

“Quiero dedicarme a curar el cuerpo tal como tú lo haces con el alma”

Nos habían enseñado que el cuerpo y el alma estaban separados, y que el primero era presa de enfermedades, y la segunda de los pecados, y para tratar las dolencias estaban los médicos y para las culpas, los curas. Escogí el cuerpo y me puse a estudiar como funciona para poder ayudar a curarlo y me olvidé del alma, que era materia propia de sacerdotes y de religiones. Tras mis estudios de bachillerato superior de Letras inicié la carrera de medicina en la recién estrenada Universidad Autónoma de Barcelona, cuyo primer curso era un curso selectivo de Ciencias, y después de seis años de mucho estudio e innumerables exámenes acabé la carrera de medicina poco antes de cumplir los 23 años.

Recibí pues una formación en ciencias y letras, pero recién conseguido mi titulo de galeno me resultó difícil apreciar para qué me podía servir conocer al dedillo la ley física del péndulo simple y compuesto y traducir y medir los versos de la Iliada de Homero. Bueno, no importaba demasiado, en aquel momento me satisfacía saber, entre tantas materias preclínicas y clínicas, por donde transcurrían los nervios craneales que iban siempre por estrechos corredores anatómicos, a derecha e izquierda del cuerpo; por ese motivo se nombran como pares

craneales. Me maravilló el funcionamiento del cuerpo humano; el ciclo

bioquímico de Krebs en donde se genera energía en forma de ATP; la membrana de las células; las vainas de los nervios periféricos; los glomérulos de los riñones con el asa de Henle, pero también me causó asombro las alteraciones en los órganos y sistemas corporales en caso de enfermedad, lo que me introdujo en un mundo de formas que quise

conocer a fondo. Por ese motivo, la mejor nota de la carrera fue en la asignatura de Anatomía Patológica.

Recién salido de la facultad tuve la sensación que había recibido mucha información y poca formación. Mi primera consulta con un paciente y con la responsabilidad a cuestas fue emocionante, no exenta de un punto de angustia que siempre me ha acompañado en los momentos previos al pase de consulta. Mi ilusión era dedicarme a la Medicina Rural como una continuación de mi origen; incluso inicié con un grupo de compañeros de curso un programa de formación práctica que no cuajó por falta de financiación y por otras razones que no llegué a captar en aquellos años de transición política en el Estado Español. Pero por suerte encontré el lugar adecuado para mi; no estaba situado en un entorno rural pero sí suburbano, un barrio en el cinturón industrial de Barcelona. Allí pasé 20 años trabajando en una experiencia de autogestión de salud y pude ganarme la vida combinándolo con el trabajo en un importante Laboratorio de Análisis Clínicos de Barcelona, donde aprendí diversas técnicas y métodos de diagnóstico por el laboratorio.

Tanto las condiciones laborales que implantamos en el centro de salud del barrio como mi formación en analítica clínica, me permitieron realizar consultas médicas con suficiente tiempo para escuchar a mis pacientes y efectuar in situ analíticas básicas cuando la sintomatología clínica así lo requería. También me dediqué a actividades sociales, ya que fui miembro de la Vocalía de Salud de un Centro Social y Cultural y asistí a numerosas reuniones y asambleas, colaborando en las más importantes reivindicaciones de recursos sociosanitarios del barrio; incluso fui miembro de un grupo eco-pacifista. Esta experiencia fue mi autentica escuela y mi Universidad particular y un período de mi vida inolvidable.

En estas actividades fui generando una cierta inquietud que fue gestándose poco a poco, ya que me di cuenta que todo lo que había aprendido en la facultad de Medicina -aunque era útil para tratar el síntoma- servía de poco para comprender porqué había aparecido. Por alguna razón en mis estudios siempre me había preocupado más por el

diagnóstico y las posibles causas que generan los síntomas que por los tratamientos que proponían mis profesores; quizás intuyendo que la terapia o los procedimientos curativos se utilizaban mejor incidiendo en los factores causales, y era allí donde había que insistir: conocer los

mecanismos que generan la enfermedad. La mayoría de las veces, lo

que me encontraba en el capítulo de etiología, era que tal o cual enfermedad era de origen desconocido o idiopática, o que la causa de la enfermedad era multifactorial, lo cual provocaba que la cuestión de la génesis de la enfermedad quedaba suspendida en el aire. Había que esperar a futuros descubrimientos para encontrar las causas. Por ejemplo, ante una cefalea o dolor crónico de cabeza estaba bien recetar analgésicos para tolerar mejor el dolor, pero lo importante era averiguar si había algún factor que lo provocara, tanto si fuera una alteración en la adhesión de las plaquetas o una predisposición dada por un especial rasgo del carácter de la persona migrañosa, e incidir ahí. Hasta entonces no quedaba clara la causa y se proponían varias hipótesis.

Esta inquietud se forjó mucho más al escuchar a los pacientes sin la