5. DISCUSSION OF RESEARCH FINDINGS 108
5.4 THEME 4 – THE RELATIONSHIP BETWEEN PASSION AND DELIBERATE PRACTICE 117
La teoría del andamiaje formulada por Bruner en 1976 a partir del concepto de zona de desarrollo próximo de Vigotsky, parte del supuesto fundamental de que las intervenciones mediadoras del adulto deben mantener una relación inversa con el nivel de competencia en la tarea del niño: a menos nivel corresponde más ayuda; a más nivel, menos ayuda. Lo que el profesor
ofrece es sólo ayuda, porque el verdadero artífice y protagonista del proceso de aprendizaje es el alumno. Pero no olvidemos que es una ayuda sin la cual es imposible que se produzca la aproximación entre los significados que construye el alumno y los significados que representan los contenidos escolares. La metáfora del andamio evidencia el carácter necesario y transitorio de las ayudas. Como el andamio que sirve provisionalmente de apoyo, la acción del profesor debe saber regular la pertinencia y la conveniencia de sus apoyos y de su actuación. El profesor eficaz debe tener una buena formación referida al conocimiento del alumno y a la metodología educativa y ser crítico y reflexivo porque será el grupo con el que trabaja el que le indicará qué tipo de ayuda en concreto debe prestar en cada momento. La teoría del andamiaje en relación con el criterio de favorecer la construcción de aprendizajes significativos, sugiere muy diversas estrategias; entre ellas:
Y Proponer siempre actividades contextualizadas: utilizar, por ejemplo, la
lectura y la escritura dentro de situaciones necesarias, donde se cumpla una
función comunicativa.
Y Hacer que el niño comprenda la funcionalidad de leer y de escribir;
manifestar la funcionalidad de cada actividad propuesta; y especificar siempre las conductas deseadas.
5
ALGUNAS PROPUESTAS A FAVOR DE LA LECTO-ESCRITURA
PRECOZ
Glenn Doman, (Filadelfia, Estados Unidos), uno de los más decididos defensores de la lectura precoz, afirma: las posibilidades intelectuales de un niño
son inmensas, y los primeros años de la vida, del nacimiento hasta los 6 años, o casi, son cruciales para la adquisición de las habilidades mentales, y sobre todo las habilidades necesarias para todo aprendizaje. También Paul Chauchard, neuro-
fisiológico francés de la Escuela de Altos Estudios de París, fundamenta la lectura precoz en la ductilidad cerebral. Rachel Cohen, en dos obras de referencia,
L’apprentissage précoce de la lecture (1977), Apprendre à lire avant de savoir parler, (1999), sostiene que el reconocimiento de palabras, letras, símbolos gráficos lingüísticos en general, desde el jardín de infantes, lleva implícitas actividades lógicas de la inteligencia. Maestra en un barrio popular de París en
los años setenta, desarrolló la lectura precoz con inmigrantes que no hablaban francés, con extraordinarios resultados: aprendían a leer al mismo tiempo que aprendían a hablar la lengua francesa. Estudió también los efectos positivos del aprendizaje precoz de la lectura respecto de las matemáticas y del aprendizaje en general; y las posibilidades de la aplicación de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Jeanine Cougnenc, maestra infantil del sur de Francia, creó y aplicó con mucho éxito a lo largo de casi cuatro décadas una pedagogía de la lectura precoz muy original y particularmente innovadora.
Françoise Boulanger, miembro de su equipo, fundó la asociación Le Bonheur de
Lire, que preconiza el aprendizaje precoz de la lectura, desde los 3 años.
Pero no todos los autores que abogan por el aprendizaje de lectoescritura desde la más tierna infancia son contemporáneos. Ragnhild Söderbergh descubrió en 1983, en la Biblioteca Real de Estocolmo, un librito escrito en 1800 por un misterioso Cadmus, que proponía enseñar a niños que apenas empezaban a hablar, con argumentos semejantes a las conclusiones del Dr. Doman, casi dos siglos después.
Podríamos seguir añadiendo datos y argumentos diversos en el mismo sentido. Pero basta con retomar el enfoque constructivista para encontrar múltiples y definitivas razones para sentirnos estimulados a desarrollar este proceso desde los primeros años de escolarización. Permítanme que, para terminar, les presente un decálogo de posibles razones para apoyar la decisión de enseñar, cuanto antes mejor, la lectoescritura, que no pretenden agotar, ni mucho menos, todas las posibles:
1 Desde el nacimiento, el niño comienza un proceso de apropiación de la lengua materna. Lo natural es iniciar el de lecto-escritura como parte del mismo. Los períodos más adecuados para el desarrollo del lenguaje -la lectura es, ante todo, lenguaje- son aquellos en los que el cerebro cuenta con la máxima plasticidad y alcanza el mayor crecimiento madurativo (fundamentalmente antes de los 3 años).
2 Desde una perspectiva constructivista, lenguaje y pensamiento están íntimamente ligados desde edades muy tempranas. La lectura precoz supone el desarrollo de ambos, del lenguaje en su doble dimensión, interior (reguladora de la propia conducta) y exterior (comunicativa); y del pensamiento. El niño de tres años cuenta ya en el ámbito familiar con experiencia en la adquisición del lenguaje y de estructuras gramaticales altamente complejas: el aprendizaje lector precoz, contribuye a su fortalecimiento y ampliación natural, como parte del mismo proceso de adquisición de la lengua materna. Leer es un proceso complejo en el que intervienen aproximadamente diecisiete áreas cerebrales, en permanente interacción, que se adquiere con facilidad en las etapas de mayor ductilidad cerebral. Esa interacción funcional determina que toda actividad de lecto- escritura contribuya al desarrollo de una o más de las áreas implicadas. 3 Las experiencias de estimulación temprana influyen en todas las áreas del
desarrollo, como producto de una interacción compleja y dinámica entre los factores genéticos, biológicos y ambientales. El niño incorpora progresivamente todos los estímulos de su entorno, en interacción con el adulto competente: si se incluye la lectura, a través de juegos de identificación de signos lingüísticos, si la lectura de los padres forma parte del medio, etc., la integrará también como un elemento de su ambiente, según afirma el filósofo K. Popper.
4 La lectura y la lengua misma son hechos culturales que exigen la transmisión del adulto competente; no se heredan sino que se aprenden como instrumento de interacción para toda la vida. El niño se humaniza hablando, adquiere la palabra en la primera infancia y luego aprende a servirse de ese instrumento. La lectura es parte inicial y fundamental de ese proceso de humanización, que continuará desarrollando a lo largo de toda la vida.
5 El periodo óptimo para varios aprendizajes esenciales (como la lectura, o el hablar) es desde el nacimiento hasta los 7 años (más o menos), porque en estos años cruciales se desarrollan, íntimamente relacionadas entre sí, en la interactividad esencial de las funciones cerebrales, las habilidades mentales específicas del ser humano. Todas las estimulaciones verbales ayudan a la multiplicación de conexiones neuronales. El niño recibe estas estimulaciones, y se desarrolla en su cerebro el “proceso de comprensión”, que algunos llaman “inteligencia”.
6 Los aprendizajes precoces y el manejo de los símbolos abstractos del lenguaje estimulan y adelantan el desarrollo intelectual del niño: la lectura es ante todo un valioso instrumento de maduración mental.
7 El desarrollo de la competencia comunicativa y lingüística oral puede darse con el refuerzo perceptivo del signo gráfico, de la lectura. Hay métodos de estimulación precoz de la lectura con niños con síndrome de Down, que incluso trabajan con la palabra escrita antes del desarrollo de la competencia oral, y éste se ve sensiblemente apoyado por aquélla. Si la estimulación precoz se ve como una necesidad para los casos de educación especial, con excelentes resultados, no hay por qué pensar que no es interesante o necesaria para el niño normal.
8 La lectura estimula la imaginación, ayudándonos a crear imágenes sucesivas en el acto mismo de leer, así como en cualquier proceso cognitivo. No hay posibilidad de resolver un ejercicio matemático, por ejemplo, sin las proyecciones, sin las hipótesis, sin las funciones analítico-sintéticas, sin la capacidad de imaginar, que están también implicadas y se desarrollan en la lectura.
9 La lectura es una vía posible de placer, de disfrute personal, mediante el ejercicio del pensamiento y de la imaginación, y como parte de la educación emocional. El dominio progresivo de la lectura refuerza también en el niño su autoconciencia y autoestima, su seguridad en las facultades y capacidades propias.
10 La lectura –como proceso complejo de funciones psicobiológicas, fisiológicas, cognitivas, procedimentales, actitudinales- permite aprovechar las zonas de desarrollo próximo en el niño para anticipar ligeramente el aprendizaje, la instrucción. Como apunta Vigotsky: la instrucción debe ir
siempre un poco por delante de las capacidades. La reiteración de
contenidos de prelectura y preescritura ya adquiridos, la falta de novedad de las tareas propuestas, etc. pueden ocasionar un sentimiento de frustración tan perjudicial como el que siente el niño cuando no es capaz de resolver una tarea por falta de la habilidad o de los conocimientos
necesarios. Ambas situaciones son desastrosas respecto de la motivación, no sólo hacia la lectura sino también hacia el aprendizaje en general.