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Ya para el primer cuarto del siglo XX, las pequeñas localidades, estos pueblos bonaerenses insertos en el contexto de las localidades pampeanas conforman una gran región que funciona a partir de solidaridades y complementariedades trazadas en el seno del modelo agroexportador. Los conflictos rurales con más relevancia se evidenciaron en el periodo Yrigoyenista, sobre todo en áreas rurales del Chaco y patagónicas. Conflictos como el de «La Forestal» en Chaco el de la rebelión Anarquista de «La Patagonia Trágica» se encuentran entre los más recordados y lamentables hechos de la historia de los trabajadores rurales, en tiempos en los que los terratenientes aliados al contexto agroexportador con socios británicos y estadounidenses, junto a las compañías productoras mantenían a sus obreros en condiciones miserables, llegando a apoyar y colaborar con fusilamientos y torturas de obreros, ante las protestas del naciente sindicalismo importado generalmente por inmigrantes europeos anarquistas.37
Los trazos que dan lugar a consolidar el «dibujo» del mapa bonaerense, se vinculan a: la repartición de las tierras entre las familias asociadas al poder; la demanda de transporte para evacuar la producción generada; el interés de las empresas británicas en barrer con transportes y comunicaciones de las áreas de creciente valor productivo; y el establecimiento de nuevos pequeños núcleos urbanos que abastezcan de los medios de consumo y servicios a la población. Estos centros de abastecimiento rural, para Milton Santos, o proveedores de servicios como los llaman Gaignard y Sili, son núcleos que cooperan y se complementan; desde el punto de vista del transporte de la producción y personas: como los pequeños afluentes de un gran río que desemboca en un delta fragmentado en las ciudades de Rosario, Buenos Aires y Bahía Blanca.
37Para más información sobre este tema se sugiere remitirse a: «La Patagonia rebelde» (tomo I: Los bandoleros).
Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, (1972). «La Patagonia rebelde» (tomo II: La masacre). Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, (1972). «La Patagonia rebelde» (tomo III: Humillados y ofendidos). Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, (1974). «La Patagonia rebelde» (tomo IV: El vindicador). Osvaldo Bayer, Editorial Booket, Buenos Aires, (1997).
En pocos años quedó formado en la provincia de Buenos Aires, en un sistema de pequeñas localidades, parajes, puertos, estaciones y ciudades (éstas generalmente preexistentes a la llegada del ferrocarril) donde para el Censo de 1947, existían más de 600 núcleos de agrupamiento poblacional identificados.
Para los años 1930, en Buenos Aires se inicia un nuevo proceso de colonización. El gobierno conservador de Manuel Fresco se caracterizó por múltiples obras en el interior de la provincia. La construcción de canales para evitar las inundaciones, la construcción de caminos; puentes; aeródromos; la emblemática obra de Francisco Salamone, en la que se construyeron mataderos y delegaciones municipales; y el proyecto de Colonización que según Daniel Sisti (2001) apuntaba a «Romper el latifundio» fueron, entre otras obras, las que indican a esa época como la del
«Estado Interventor Modelo» (René Longoni, Juan Carlos Molteni y Virginia Galcerán 2006). El Plan Vial, la acción del Instituto Autárquico de Colonización y el Instituto de la Vivienda Obrera y el impulso que se otorgó a las comunicaciones, los servicios urbanos, la continuidad
MAPA 4: LOCALIDADES IDENTIFICADAS POR EL INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL EN PROVINCIA DE BUENOS AIRES.
de Ferrocarril Provincial38 y la construcción de edificios escolares y sanitarios, fueron parte de la política de obras públicas a tono con el fascismo europeo que para algunos sería la pantalla de grandes injusticias y avasallamientos a la libertad. La década del '30 es recordada como un periodo de mínimos derechos sociales, entre los que se enmarcan la proscripción de partidos políticos, el fraude electoral sistemático, la intervención de algunos sindicatos y el recordado «desalojo», que se extendió hasta la llegada del Justicialismo, con la promulgación de la Ley de Arrendamientos, que se verá más adelante. Para Rogelio, ex delegado municipal, jubilado de 72 años, el desalojo fue el motivo de su llegada a San Agustín, en los finales del gobierno de Manuel Fresco «...vinimos en septiembre del año cuarenta, cuando en aquellos tiempos existía el desalojo, el desalojo urgente, no como ahora… ...por ejemplo nosotros alquilábamos diez
hectáreas, o cinco o cuatro, o veinte, entonces el dueño del campo te lo alquilaba por un año, a lo sumo te lo alquilaba por ocho años, y después de ocho años te tenías que ir. «Yo me acuerdo cuando a nosotros nos desalojaron de allá, de Buena Vista, en el cuarenta, antes que a nosotros desalojaron a otra gente que no quería salir. Venía el alguacil, como se le decía en aquellos tiempos, el alguacil… ...Yo me acuerdo que había una familia, un turco, que eran un montón de hijos, y en ese tiempo uno tenía cinco hectáreas, el otro siete, estábamos todos cerca, y nosotros veíamos cómo le tiraban la casa, le enganchaban con los lazos, de las chapas ¡se la tiraban abajo! Y la gente miraba, miraba y cargaba lo que tenía y se iba. Y a nosotros vinieron también, pero yo siempre me acuerdo que mi papá les hizo… mi papá salió con el arma y dijo 'acá 38En el gobierno conservador, continúo con la construcción del Ferrocarril Provincial de Buenos Aires. La obra fue iniciada en 1909 con el objetivo de bajar las tarifas del transporte en manos del monopolio británico. Esto evidencia aún más la falta de comando ejecutivo y legislativo con respecto a las ferroviarias británicas. El Ferrocarril Provincial, tuvo una corta vida y muchos proyectos de extensión truncados. Partiendo de Avellaneda y La Plata, se extendió hasta Meridiano V, Azul y Olavarría. Es llamativo observar que las estaciones que componen sus ramales, en muy pocas oportunidades lograron pasar a ser pequeñas localidades. Los problemas de hinterland y conflictos con los ferrocarriles del Sud, Oeste y Midland, condicionaron su existencia, la cual fue una de las primeras en desmantelar, el gobierno de Arturo Frondizi. Ilustración 2: Afiche promocional del Régimen de Colonización de la provincia de Buenos Aires en 1940. Fuente: «Manuel Fresco. Cuatro años de gobierno 19361940». La Plata. Ed. gobierno de la
no vengan porque al primero que venga acá lo bajo. Yo me voy a ir cuando consiga tierra'». El relato de Rogelio es más que gráfico sobre las condiciones inestables en las que se vivía en ese periodo. Irónicamente el beneficio de «ser dueño», sería mucho más que un «inmenso beneficio» como anuncia el cartel (Imagen 2) en un contexto donde la situación para aparceros y arrendatarios sería muy desfavorable. Para Javier Balsa, en un interesante trabajo sobre el pensamiento y discurso en torno a los latifundios de la clase dominante argentina «En el discurso de los años veinte y treinta, este «agrarismo moralizante» se articulaba algunas veces con otra variante agrarista que se podría definir como «antiindustrialista», pues insistía en una defensa de la economía rural, como producción natural de Argentina, frente a una industrialización presentada como «artificial» (Balsa, J. 2008) Para Gaignard, durante la crisis financiera de 1929 se manifiesta un cambio en la lógica agroexportadora, se vivencia una crisis relevante para aparceros y arrendatarios. Este marco no indica un nuevo proceso de concentración de las tierras. El sector pampeano, hacia la década de 1940, queda dominado por la especulación pastoril. A este suceso se le debe sumar el crecimiento demográfico generado por las inmigraciones que propiciará como consecuencia, una disminución de las exportaciones y un aumento del consumo interno de carnes. En este periodo, Buenos Aires, La Plata y Rosario, hacia el primer tercio del siglo XX concentraban a los frigoríficos más importantes de la región y el país, que a su vez habían sido beneficiados por «las buenas épocas» para la ganadería, durante la primera guerra mundial. Hacia mediados de la década de los '40, el proceso de sustitución de importaciones y el aumento del consumo interno de carne, llevó al quiebre de los grandes frigoríficos. Paralelamente, éstos ya venían siendo reemplazados por los incipientes «mataderos» ubicados en las localidades menores (Azul; Balcarce; Tandil; Chascomús; etc.). Este cambio de destino de las carnes, o bien del baricentro de los centros de comercialización de carnes, enmarca también un refortalecimiento de las poblaciones menores allegadas al espacio rural. La década de 1930 marcó para Aldo Ferrer, un periodo en el que el país necesitaba cambiar su estructura económica, pero «la permanente gravitación del pensamiento económico y la acción política de este grupo de la generación de 1880 constituyó uno de los obstáculos básicos del desarrollo nacional» (Ferrer, A. 1963 en Jauretche, A. 2008:26). Se coincide con Ferrer, en el punto de que «la propiedad territorial en manos de unos pocos, aglutinó la fuerza representativa del sector rural en un grupo social que ejerció, consecuentemente, una
poderosa influencia en la vida nacional» (Op. Cit 1963). Las políticas de libre comercio implementadas casi de modo perenne entre 1880 y 1946 y la asociación de estos grupos sociales nacionales a los intereses extranjeros, opuestos a la integración nacional territorial, económica y social, se observa como producto en la esquematización del mapa y sus flujos circulatorios. Flujos que asentaron el camino de la exportación exclusiva de materias primas, la dependencia de maquinaria y la formación de una clase terrateniente acomodada. «Inglaterra será el taller del mundo y América del Sur su granja39». La Argentina iría así consolidándose como una pieza fundamental en el sueño de los industriales manchesterianos. Los festejos de Julio Roca (hijo) en 1934 cuando se firma el tratado Roca – Runciman en el que se aceptó venderle a Gran Bretaña carnes a los menores precios del mercado mundial, y exenciones impositivas para los productos manufacturados Británicos, a lo que se le sumó la adjudicación del monopolio transportista de Buenos Aires a Gran Bretaña entre otros actos «beneficiosos para la independencia nacional»; emanó la frase roquista «la Argentina es parte virtual del Imperio Británico» (Jauretche, A. 2008:26). Quizás no sean necesarios más comentarios ni citas, para entender plasmado el espíritu de esa «generación del 80» tan acamada por algunos como detestada por los cortes más independentistas. «Llegaremos a exportar manufacturas dentro de mil años» expresó Mariano Billinghurst; otro integrante de la generación del '80 e importador de material ferroviario y tranviario.
La crisis financiera de 1929 y la «década infame» también afectaron a las pequeñas localidades, dada la gran inestabilidad tanto económica como de carácter político y jurídica (de tenencia de la tierra como se ha visto) en la que se vivía. Los gobiernos de la década del '30 se caracterizaron por grandes escándalos de corrupción y la continuidad de las concesiones de los servicios públicos a las empresas británicas. Paralelamente desde sectores críticos en el sentido de la desindustrialización40, se comenzaron a trazar las ideas que denunciaban la 39Frase anunciada por el economista británico Richard Corben a fines del siglo XIX. 40 Javier Balsa, comenta al respecto del discurso del agrarismo crítico del latifundo, que «incluso la vertiente liberal del conservadurismo bonaerense promovió políticas en su contra. En 1940, el ala liberal había desplazado a Fresco y sus seguidores del gobierno de la provincia de Buenos Aires y, en 1942, el gobernador Rodolfo Moreno propuso un gravamen especial a las grandes propiedades. El proyecto apuntaba a estimular el fraccionamiento de la tierra y, para ello, instituía un gravamen adicional al impuesto inmobiliario vigente sobre las propiedades de más de 10.000 hectáreas, con una tasa progresiva que comenzaba con el 6 por mil, incrementándose un 2 por mil cada 5.000 hectáreas, llegando al 14 por mil para las propiedades de más de 30.000 hectáreas. Y lo notorio no es sólo que las Cámaras bonaerenses aprobaran este impuesto al latifundio', sino las líneas argumentales que los propios conservadores sostuvieron en los debates parlamentarios, a favor de que la tierra pasase a manos de quienes la trabajaban, quedando muchas veces en posiciones mucho más contundentes que los radicales y los socialistas, quienes se centraron en cuestiones menores u objeciones de tipo general.28 Así se pudo escuchar a Antonio Santamarina plantear que 'esta ley no busca sino apoyar la paulatina desmembración de las grandes propiedades, para que las tierras vayan llegando lentamente, naturalmente, a las manos de quienes, por trabajarlas con su propio esfuerzo, habrán de hacerlas producir más y mejor, en beneficio común. El propio mensaje del Ejecutivo, que
dependencia económica y el «neocolonialismo», impulsando la nacionalización de los servicios públicos, en el seno de agrupaciones políticas como FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) integradas por intelectuales como Scalabrini Ortíz, Arturo Jauretche y Homero Manzi, entre otros. Estos grupos, son los que años más tarde encarnarían parte del espíritu del Justicialismo, donde de a poco iría acrecentándose aún más la dualidad política que subsiste hasta nuestros días entre dependencia e independencia, país agroexportador o país industrial. El contexto de este periodo histórico es transcisional entre el de la generación de 1880 y el gobierno Justicialista de 1946. No es este pasaje una mera revisión histórica de acontecimientos. Sino, el telón de fondo de la continuidad de un modelo dependentista tanto en el sentido económico, como político, que tiene como elementos funcionales a los componentes del espacio. Es decir: el espacio se compone de servidumbres atentas a los intereses foráneos. Paralelamente, como contraparte, aparecen las primeras cooperativas en las pequeñas localidades, se profundiza en la construcción de un ferrocarril provincial y se atiende a programas de colonización. Sin embargo, todo esto no logra romper el esquema de espacio derivado ni la estructura de comandos instalada. Desde la perspectiva geográfica, el esquema de espacio del hacer, en conjunto con una dependencia de la técnica utilizada en los objetos que pueblan el espacio, se complementa con un sistema que va desarrollándose al compás de las exigencias de la ciudad de Buenos Aires y las exportaciones. Como contraparte, en las pequeñas localidades se potencia el espacio del hacer. La actividad agrícola – ganadera permite el asentamiento poblacional y su empleo rural. Los primeros servicios públicos, irán cubriéndose a partir de la llegada de las compañías británicas y luego, en otros lugares, con la aparición de cooperativas locales. No hay ni en este periodo, ni en el anterior, una concepción del bien común en la prestación de lo que actualmente se denominan servicios públicos. En este sentido, la provisión de servicios fue otorgada a partir de negociaciones entre las zonas rurales explotadas, el trazado de los transportes y la existencia de núcleos poblacionales que luego formarían localidades. La demanda de servicios, daba lugar a la existencia de servicios. Más que aportar a la cobertura de un bien común se abría la posibilidad de «hacer negocios» a partir de la demanda.
acompañó el proyecto, destacaba que casi un sexto de la superficie total de la provincia estaba en manos de solo 272 personas». Al mismo tiempo, señalaba con preocupación «los desalojos de colonos, la eliminación de la agricultura y la dedicación de los campos a la ganadería con prescindencia del poblador al cual se elimina» (Balsa, J. 2008:1314).