5.4 Platform Specific Models
5.4.2 TinyOS
Cualquier diseño de investigación es fruto de la interacción entre unos objetivos, unas circunstancia concretas -que van marcando la distancia entre lo deseable y lo posible- y la reflexión teórica, epistemológica, metodológica y ética. De manera que la elección de unos determinados procedimientos de investigación solo puede entenderse en relación con ese proceso. Por eso he considerado necesario exponer no solo el modo concreto en la que la investigación se ha llevado a cabo sino también, de forma somera, las reflexiones que han contribuido a darle la forma que finalmente ha adoptado, muchas de las cuales, evidentemente se enraízan en las cuestiones teóricas y metodológicas que se exponen en los primeros capítulos de esta tesis así como en la Esta afirmación se justifica mediante ejemplos en el capítulo 2 en el que se aborda la perspectiva de género y el impacto social de
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propia práctica investigadora. Sin embargo, a modo de síntesis, se presentan aquí unas lineas muy generales desde las que se ha abordado la investigación.
El marco general desde el que se aborda esta investigación es el de la concepción de esta como una forma de “artesanía intelectual” en el sentido dado a esta expresión por C. W Mills en La imaginación sociológica, o en el que le da Bourdieu cuando habla de transmitir un oficio y compara un seminario de investigación con el taller de un artesano (Bourdieu y Wacquant, 2005); concepción que más recientemente ha sido renombrada como “bricolaje” dentro de algunas perspectivas de investigación. Imagen utilizada en gran medida desde la perspectiva cualitativa crítica que defienden, entre otros, Denzin y Lincoln (2012a; 2012b), desde la que se aboga por el uso de diversas metodologías, perspectivas, materiales empíricos y observadores “como una estrategia que potencia el rigor, la amplitud, la complejidad, la riqueza y la profundidad de una investigación dada” (Denzin y Lincoln, 2012a: 53). Y en esa pluralidad el investigador es activo y no pasivo respecto al uso de las diferentes metodologías (Vasilachis, 2012; Kichenloe y McLaren, 2012) . 8
Concepción muy relacionada también con las aportaciones de las epistemologías feministas en las que se destaca la implicación personal y el cuidado puesto tanto en el detalle como en las relaciones personales y las formas de hacer, tradicionalmente ligadas a lo femenino, que tratan de revalorizarse.9
Además, cualquier decisión sobre cómo abordar la investigación de lo social está estrechamente relacionada con la forma de entender lo social y la relación entre el sujeto que conoce y lo que trata de conocer; lo que se traduce en la imposibilidad de desligar la reflexión metodológica de la teórica y la epistemológica, y, por supuesto, la ética. Reflexión metodológica que abordamos aquí de un modo más general, pero que en el contexto de la investigación es donde se va concretando ya que, como señala Bourdieu:
En realidad, las opciones técnicas más “empíricas” no pueden desentenderse de las opciones más “teóricas” que implica la construcción del objeto. Solo en función de una determinada construcción del objeto tal método de muestreo, tal técnica de recolección o análisis de datos, etc. se vuelven imperativos .(Bourdieu y Wacquant, 2005: 314)
O, como señala Lahire:
Un montón de datos empíricos no tiene a priori ningún interés para el sociólogo mientras no lo haya concebido, recortado, seleccionado, delimitado, en suma, mientras no lo haya constituido en corpus empírico teóricamente construido.(Lahire, 2009: 4)
Y, efectivamente, es a través de la construcción teórica del objeto como va tomando forma la investigación empírica, pero esa construcción parte a su vez de una forma previa de entender lo social -y la relación del investigador con su objeto de estudio- que se va concretando y modificando durante el proceso de investigación. En este sentido coincidimos con Dorothy Smith, quien considera lo que se investiga como un conjunto de actividades en proceso que son el producto de procesos anteriores y la investigación como un diálogo, un proceso, en el que la propia persona que investiga también se transforma (2005). Y en este sentido, las ideas sobre lo social y la manera de investigarlo dan forma y son formadas durante la investigación.
Aunque no es fácil ofrecer una síntesis de esas ideas desligadas del proceso, las tres primeras páginas del artículo de Beltrán “Cinco vías de acceso a la realidad social” ofrecen una excelente guía para su exposición
Las implicaciones y el uso del concepto bricoleur se desarrollan en las obras de estos autores. Kichenloe y McLaren (2012) relacionan
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el uso del concepto con la adopción de una perspectiva crítica. Epistemologías que se abordan en el capítulo 2.
ordenada. Así que las usaremos como hilo conductor para reflexionar sobre ciertas características de lo social centrándonos en las implicaciones que tienen en la investigación.
Parte Beltrán en este artículo de dos preguntas que están en la base de los diferentes debates y las diferentes posturas en torno a lo social y su forma de investigarlo:
si existe algo que pueda llamarse método científico, en el sentido de ser solo uno y de estar generalmente aceptado y ser practicado por los científicos; (…) si, en el caso de que tal cosa exista, las ciencias sociales, o humanas, o de la cultura, o de la historia, han de acogerse a un método elaborado para las ciencias físico-naturales desde una perspectiva positivista.”(Beltrán, 1985: 7)
Respecto a la primera pregunta, la respuesta de Beltran es clara: no. Y la justifica tanto porque la filosofía de la ciencia no ha llegado a un acuerdo como por la propia disparidad de la práctica científica. Y es que, en efecto, desde la filosofía de la ciencia se han ido proponiendo diversos criterios de demarcación, -el probabilismo de los lógicos inductivos, rebatido por Popper quien a su vez propone como criterio el falsacionismo, los programas progresivos de Lakatos (1983), entre los más conocidos-. Pero ninguno de dichos criterios ha alcanzado el suficiente grado de acuerdo. Por otra parte, desde la sociología de la ciencia, sobre todo a partir del Programa Fuerte y de los Estudios Sociales, se han puesto de manifiesto las diferencias entre el “método científico” tal como se concibe y explica -sobre todo desde posturas positivistas- y la práctica real de los científicos.
Continúa Beltrán diciendo que, aunque no se pueda hablar de método científico único y común, sí se puede hablar de un conjunto de principios que rigen la práctica científica:
el recurso a la comunidad científica como arbitro y reconocedor de la verdad científica; la contrastación posible con la evidencia empírica disponible; el juego mutuo de teoría y realidad en la construcción de una y otra; la exclusión deliberada de la manipulación o el engaño; la renuncia a la justificación absoluta de la verdad encontrada; (Beltrán, 1985: 8)
En efecto, hay todo un conjunto heterogéneo de prácticas, valores y principios que rigen la actividad científica entre las que destacamos la transparencia, y el antidogmatismo. Si la fuerza de la magia esta en la ocultación, la de la ciencia está en la transparencia porque solo desde esa transparencia es posible la crítica y, en consecuencia, la construcción social de conocimiento; en el sentido que se da a esa idea desde el empirismo social feminista, desde el que se defiende que el sujeto de la ciencia no es el individuo sino la comunidad, por lo que la consideración del conocimiento como una tarea social se convierte en un principio epistemológico básico. Principio compartido por otras visiones postpositivistas de la ciencia en las que se considera “que la producción de conocimiento científico es una práctica social, en la que participan sujetos que trabajan colectivamente.“(Ferreira, 2007: 2)
Respecto al antidogmatismo, es una cuestión que ha de tenerse presente en cualquier proceso de investigación y recordar continuamente. Y es que el significado social que se otorga hoy a la ciencia es, desde muchos punto de vista, precisamente el contrario: la ciencia dice, la ciencia demuestra, la ciencia tiene la última palabra. Se sigue considerando el conocimiento científico como verdadero y se trata de zanjar conversaciones acudiendo al argumento de la prueba científica. Y nada más lejos del “espíritu científico”. Ya Max Weber a principios del siglo XX decía: “Todo logro científico implica nuevas cuestiones y ha de ser superado y ha de envejecer. Todo el que quiera dedicarse a la ciencia tiene que contar con esto.”(1981: 197) Y la propia actividad científica ha ido contribuyendo a ese carácter pues, como señala Lakatos, a partir de los hallazgos de Einstein “muy pocos filósofos o científicos consideran aun que el conocimiento científico es, o puede ser, conocimiento probado.” (1983:17). Como mucho, el conocimiento, tal como dice Popper (1962) puede ser falsado, pero nunca probado.
En cuanto a la segunda pregunta, la respuesta de Beltran es también negativa: las ciencias sociales no deben imitar el modelo de las naturales. Y aunque este debate está actualmente superado, lo interesante es, por una 10
parte, la defensa de Beltrán del pluralismo cognitivo para abordar lo social, y por otra, el conjunto de características sobre lo social que justifican su respuesta y que ofrecen un excelente listado que permite al investigador reflexionar sobre las implicaciones de cada una de ellas en la investigación. Pues bien, desde ese pluralismo cognitivo, “desde esa pluralidad de sendas y miradas comprometidas que confluyen en la búsqueda, que compartimos, del objetivo social de la igualdad” (García Sainz, 2008: 725) nos aproximamos hacia lo social.
Empieza Beltrán señalando que se trata de un objeto “en el que está incluido el propio estudioso”, lo que remite a la clásica distinción formulada por Dilthey en la que considera que la diferencia fundamental de las ciencias del espíritu respecto de las de la naturaleza es epistemológica, al ser en las primeras el sujeto interno al objeto, lo que implica diferencias metodológicas entre unas y otras. Y, efectivamente, la consideración del sujeto que investiga como un sujeto situado dentro del espacio social es fundamental desde las actuales perspectivas en las que:
Frente a la ciencia clásica que trata de conocer los objetos expulsando de la realidad sus dos entidades más características (el sujeto y los valores), la ciencia no clásica centra su atención en las acciones de los sujetos, esto es, reincorpora a la realidad el sujeto y los valores. (Brunet y Morell, 2001: 34)
De manera que el habitus del investigador, tanto personal como académico, influye en la elección de lo que se mira y en cómo mirarlo. Y no solo eso, además, en el mundo social, mirar no significa ver, porque lo que no se ha aprendido no se puede ver. Gestos, detalles, expresiones… prácticas que pasan a ser sociales cuando tienen un significado intersubjetivo y que pasan desapercibidas para quien no lo conoce. La idea principal es que se observa lo social desde lo social. Lo que supone que la mirada del investigador es una mirada “educada” socialmente lo que hará, por una parte, que sea capaz de entender que toda acción social, más allá de la pura acción, tiene un significado para el actor y como ser humano, puede llegar a “comprender” dicho significado; y, por otra, que el hecho de que dicha mirada se haga desde una determinada posición, desde una determinada visión aprendida, hace que su percepción del mundo social esté mediatizada, de manera que solo es capaz de percibir aquello que ha aprendido a mirar.
Las reflexiones metodológicas sobre la posición del sujeto que investiga han girado básicamente en torno a dos cuestiones. Por una parte los problemas con la objetividad, por la falta de distancia y, por otra, las 11
cuestiones relativas a las posibilidades que tal posición interna genera al abrir vías diferentes de acceso (comprensión frente a explicación). Sin entrar a fondo en estas cuestiones, no cabe duda de que en la actualidad, e impulsado en gran medida por el constructivismo y las epistemologías feministas, la posibilidad de 12
un conocimiento objetivo, -entendiendo como tal que lo que dice el sujeto del objeto está en el propio objeto y es independiente del sujeto- no tiene sentido. Como señala Lamo de Espinosa:
Aunque recientemente toma una nueva dimensión con la defensa por parte de la sociología analítica de una forma de trabajo en la 10 que, a mi juicio, el principal problema es la defensa de su forma de entender la sociología como la única "científica" frente a otros planteamientos, tal como se verá en el capítulo correspondiente. Como ejemplo este texto de una obra clásica sobre la investigación social: “La dificultad epistemológica fundamental de las ciencias 11 del hombre consiste en que éste es a la vez sujeto y objeto, y se ve agravada por el hecho de que este objeto, a su vez, es un sujeto consciente, dotado de palabra y de múltiples simbolismos con lo que la objetividad y sus previas condiciones de descentración se hacen tanto más difíciles y a menudo limitadas.(Piaget et al.,1973: 67)
Desde el constructivismo “el saber debe adecuarse, pero no coincidir.” y “no pierde de ninguna manera su fundamental
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importancia. Su significación y su valor son ahora otros. Lo que importa no es la coincidencia con una realidad imposible de profundizar, sino el servicio que nos presta ese saber.” (Glasersfeld, 1994: 26)
…el problema es que el que mira y lo mirado están del mismo lado del agujero, no en lados opuestos, de modo que miramos el mundo desde dentro del mundo. Por ello quizás ningún prejuicio ha hecho más daño a la ciencia, al menos sin duda a la ciencia social, que la creencia de que ésta trataba simplemente de reproducir o reflejar la realidad, de construir una imagen o representación objetiva del mundo desde fuera.(1996: 51)
Por lo que ”toda mirada sobre la realidad es un acto de selección, de construcción y de interpretación que se hace desde un sujeto en un contexto.” (Alonso,1998:17) Por ello, debemos aceptar que:
El problema básico de la mirada sociológica es que la situación social del observador condiciona aquello que mira y aquello que ve. Sin embargo, en la medida en que el observador reconoce y hace explícita cual es su posición social, la subjetividad queda, si no controlada, sí al menos matizada. Es una cuestión de honestidad profesional. (Guash, 1997: 11)
En efecto, esto que Beltrán (1979) denomina “declaracionismo”, que está ampliamente extendido desde hace tiempo, aunque no soluciona el problema, al menos permite al lector situar al investigador en su contexto. 13
Ahora bien, si en lugar de centrar la mirada en la objetividad se desplaza hacia la intersubjetividad , la 14
pregunta puede ser hasta qué punto es más difícil el logro de la intersubjetividad en las ciencias sociales que en otras ciencias y la respuesta es que sí, tanto por las peculiaridades de lo social , como por la posición del sujeto 15
que conoce y la pluralidad de lenguajes teóricos que coexisten.
Resumiendo, esta posición relativa del investigador respecto de lo social al mismo tiempo que abre posibilidades de investigación imposibles de pensar en otras ciencias, introduce una serie de cuestiones que el investigador ha de tener presente y considerar en el contexto de cualquier investigación particular. Se ha de tener en cuenta que todo conocimiento es un conocimiento situado y que la posición y relación con lo que se investiga condiciona la manera de mirar y entender aquello que se mira, de modo que como investigador no solo se ha de mirar el objeto, también se ha de “mirar” (y reflexionar sobre) la mirada al objeto. En palabras de Bourdieu “objetivar al sujeto objetivante”. 16
Por ejemplo , Myrdal defendía que “las premisas de valor en la investigación científica social deben satisfacer un cierto número de 13
condiciones. Deben se asentadas explícitamente, no encubiertas como supuestos implícitos.“ (1970: 120 ); Wright Mills (2000) recomienda que puesto que tanto en la selección de los problemas como en los conceptos usados van implícitos valores, el investigador debe “advertir con claridad los valores en relación con los cuales son seleccionados” (95); o en España González Seara. “Sabemos que la objetividad de nuestro conocimiento es limitada, que los valores orientan nuestro estudio, y que nuestros conceptos, elaborados desde supuestos ideológicos, conducen a una determinada interpretación de la realidad, pero, porque sabemos esto, debemos hacer patentes cuáles son nuestros valores, empezando por ser nosotros mismos conscientes de ellos y haciendo lo posible por separaos de los resultados que obtenemos de nuestra investigación.” (1976: 361) Lo cual no es nuevo ya que, incluso desde la filosofía de la ciencia, Popper describe la objetividad científica como intersubjetividad. 14 Si distinguimos con Watzlawick (1981) entre realidades de primer orden “aquellos aspectos de la realidad que se refieren al 15
consenso de la percepción y se apoyan en pruebas experimentales, repetibles y, por consiguiente, verificables” y realidades de segundo orden referidas al valor o significado que se atribuye a las cosas(150), puesto que las ciencias sociales se ocupan, preferentemente, de realidades de segundo orden, es más difícil el logro de la intersubjetividad. Y el investigador ha de ser consciente de ello. “Aprehender la práctica desde punto de vista del que actúa no supone renunciar a la objetivación (no hay conocimiento científico 16 sin objetivación), se trata por el contrario para Bourdieu de poner en claro la empresa epistemológica que había llevado a cabo en Bearn diez años antes: redoblar la objetivación desde el punto de vista del observador mediante la objetivación del punto de vista del agente, y finalmente objetivar el vínculo mismo de objetivación. Se trata, precisamente, de no abandonar al idealismo el punto de vista del que actúa, de conducir lo más lejos posible el esfuerzo científico y en este proceso, aprender qué quiere decir objetivar cuando lo que se objetiva sobre las prácticas concretas. En suma, supone ubicarse deliberadamente en medio de una tensión: llevar lo más lejos posible la objetivación científica, siendo consciente de las complejidades que supone hacer ciencia no objetivista.”(Martínez, 2007: 132)
Otra de las características que señala Beltrán es que se trata de un objeto “subjetivo” ”en el sentido de que posee subjetividad y reflexividad propias, volición y libertad” (1985: 8). Efectivamente, los seres humanos no solo actúan, además su acción tiene un sentido para el actor y puede reflexionar sobre ella. Cuando el significado 17
es compartido se puede hablar de significación social intersubjetiva que puede o no coincidir con el sentido que el actor da a su acción, pero ni una ni otra son observables directamente si no es a través del contacto y uno de los mayores peligros para un investigador es atribuir a acciones del grupo observado significados intersubjetivos de su propio grupo de referencia. Por otra parte, la reflexividad -capacidad de pensar sobre sus acciones pasadas presentes y futuras y sobre el significado de dichas acciones-, abre posibilidades específicas a la investigación social, pues por una parte, permite al investigador acceder a las reflexiones que sobre sus prácticas elaboran los actores y, por otra, permite usar los resultados de la investigación como forma de acción o- al menos- saber que el conocimiento de la investigación por parte de las personas investigadas puede modificar lo que se ha investigado. Y esta capacidad de reflexión es cada vez mayor en la actual sociedad de la información o del conocimiento lo que lleva a algunos autores a caracterizar la sociedad actual como modernidad