Milagros Sáiz
La historia de la vida sobre la Tierra había sido interpretada desde Aristóteles bajo un planteamiento “fixista”. Esta visión, que veía a los seres orgánicos e inor- gánicos inmutables desde el origen del mundo, imperó hasta que a finales del siglo XVII hubo descubrimientos geológicos que pusieron en evidencia las importan- tes transformaciones que había experimentado el Universo a lo largo de los siglos, aunque no se tenía por entonces conocimiento exacto del origen temporal de la vida terreste. También, en el curso de observaciones naturalistas se hallaron fósi- les tan distantes a las especies conocidas que pusieron en duda el planteamien- to “fixista”. Por otro lado, la idea de evolución empezó a surgir en el seno de las ciencias históricas y de la filosofía y el concepto de “progreso” se manejó duran- te el siglo XVIII.
El primero en proponer una teoría evolutiva aplicada a los seres vivos fue el francés Jean Baptiste Lamarck (1744-1829) que, frente al fixismo afirmó que los organismos cambiaban. Este autor planteó la hipótesis de que los cam- bios del entorno son los responsables de alteraciones estructurales en anima- les y plantas y que estos cambios de estructura pueden ser heredados, en cier- ta medida, por sus descendientes. Lamarck argumentó que los organismos adaptados al medio, cuando de forma imprevista su medio cambia, se ven obli-
gados a crear nuevos recursos y abandonar otros por falta de utilidad. De tal forma que aparecen nuevas funciones que a través del uso dan carácter de órgano a los elementos que entraron en juego durante la ejecución y hacen que desaparezcan o se atrofien aquellos que no se usan. Estos planteamientos fue- ron conocidos como “principio de la herencia de los caracteres adquiridos” o “la ley del uso y del desuso”. Sin embargo, este intento de explicar los cambios en las especies fue rechazado, triunfando en aquel momento, las interpretacio- nes catastrofistas.
Charles Darwin (1809-1882), probablemente por haber sabido acompañar sus ideas de una importante cantidad de información empírica, consiguió hacer penetrar el evolucionismo. Las teorías de la evolución han sido, sin duda, uno de los acontecimientos más destacados de la segunda mitad del siglo XIX. Darwin transformó la imagen del ser humano, éste pasó de ser la figura protagonista del Génesis a ser un organismo más luchando por su supervivencia y dotado de ins- tintos, al igual que el resto de los animales.
Las principales ideas de Darwin las encontramos en su libro El origen de las espe-
cies (1859), en el cual demostró que la evolución era un hecho real y que ésta se
fundamentaba principalmente en la selección natural. En este libro, sin embar- go, no se hacía referencia expresa a la especie humana, pero de alguna forma podía interpretarse que el hombre, igual que cualquier especie, era producto de la evolución. Sería su discípulo Thomas Huxley, quien enunciaría de forma explí- cita las semejanzas entre el hombre y los grandes simios.
Elementos básicos de la teoría darwinista
1) Los organismos se adaptan al medio para sobrevivir. 2) Los seres vivos luchan por su existencia.
3) En los individuos se producen variaciones o diferencias individuales que les ayu- dan a adaptarse mejor al ambiente.
4) En los organismos se da una selección natural; aquellos que están mejor prepara- dos, que son más aptos, se adaptan mejor, sobreviven y se multiplican.
5) Los organismos mejor dotados y que han sobrevivido traspasan a través de la heren- cia los caracteres adquiridos.
Las afirmaciones que acercan el hombre al animal aparecen en el libro Origen
del hombre (1871), en el que defiende la continuidad del hombre y el animal y ase-
gura que no hay diferencias fundamentales entre el hombre y los mamíferos superiores respecto a sus facultades mentales y que la diferencia que podría
existir es de grado y no de clase, por tanto, entre la inteligencia animal y la huma- na sólo existía una diferencia cuantitativa.
La idea de una continuidad animal-hombre hace que desarrolle una labor comparativa en el libro La expresión de las emociones en el hombre y en los anima-
les (1872), donde intenta determinar los gestos con los que expresamos las emo-
ciones, empleando la observación objetiva a través del registro de conductas y ges- tos emocionales. En este libro –que le hace merecedor de ser el punto de inicio de la moderna psicología animal o comparada– llegó a proponer que el compor- tamiento emocional del hombre depende de la herencia de ciertos comporta- mientos que fueron útiles en la vida animal anterior, pero que ya no juegan un papel útil para el hombre actual. Así, por ejemplo, afirmó que lo que hoy no es más que un gesto de desprecio o ritos de cólera, posiblemente fue en una época anterior una preparación para morder.
Por otro lado, otro inglés, Herbart Spencer (1820-1903), proclamaba antes que Darwin, que la mente sólo podía comprenderse mostrando su evolución, y acuñaba la expresión “supervivencia del más apto” que más tarde asumiría Darwin. En su libro Principios de Psicología (1855) formuló básicamente sus tesis, que podríamos simplificar a través de la teoría a la que se ha llamado “asociacio- nismo evolucionista”. Según esta doctrina evolucionista la Ley de la frecuen- cia asociativa opera filogenéticamente. La asociación, cuando se repite con frecuencia, conlleva una tendencia hereditaria que en generaciones sucesivas se vuelve acumulativa. Bajo este punto de vista, Spencer explicaba la herencia de aso- ciaciones adquiridas y la formación de los instintos. Nótese cómo en estas afir- maciones aparece claramente la influencia de la teoría evolucionista de Lamarck. La influencia del evolucionismo en la psicología va a ser importante, se aban- donará paulatinamente el estudio de los contenidos de la conciencia (objeto de estudio de la psicología pre-científica y de la experimental alemana, que todavía no hemos visto) y pasarán a primer plano las ideas de adaptación, ajuste, heren- cia, medio, etc. Esta influencia fue de todos modos mucho más directa sobre la psicología americana, en especial en todo lo que hace referencia a los aspectos de adaptación, supervivencia, etc., que eran fácilmente entendidos por los autores de esta nacionalidad dada su idiosincrasia.
Influencias fundamentales de las teorías evolucionistas en la psicología
1) Al situar al hombre en el marco de una teoría evolutiva, hace pensar que las técni- cas utilizadas para estudiar al hombre pueden generalizarse a los animales y vice-
versa, lo cual da lugar al nacimiento de la psicología animal o comparada. Por otra parte, la teoría evolutiva dio pie a una perspectiva genética y evolutiva en la psi- cología que intentó explicar el origen y el desarrollo de las funciones psicológicas. 2) El pensamiento evolutivo desplaza el objetivo de los psicólogos. Parece más ade- cuado responder a la pregunta ¿qué funciones desempeña la conciencia? que inten- tar responder a ¿qué elementos contiene la conciencia? La adaptación del organis- mo a su medio parece de mayor importancia que el análisis de las imágenes mentales o los elementos que contiene la conciencia. Esto da lugar al nacimiento de la psi-
cología de la adaptación, con una filosofía pragmática que derivará en el funcio-
nalismo americano.
3) El acento puesto sobre la variación, sobre las diferencias individuales, llevó a los psi- cólogos, interesados por la evolución, a intentar catalogar las formas en que podí- an diferir las mentes. De esta línea nacerá la psicología diferencial.
Capítulo II