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Workload Scheduling in Distributed Systems

Milagros Sáiz

La posibilidad de la medición de la reactividad humana se hizo especialmen- te atractiva después de los grandes descubrimientos que en torno al funcionamien- to de los nervios se fueron produciendo desde inicios del siglo XIX. Conseguir medir el “tiempo de reacción” de los humanos podía ser, hasta cierto punto, bastante elemental. Según Wundt el tiempo que requiere un humano en dar una respues- ta ante la estimulación es de fácil medición, ya que consiste en registrar el momen- to de la estimulación y del movimiento de reacción a través de un dispositivo cro- nométrico.

La medición del sentido del tiempo pasó a ocupar un lugar importante en la investigación guiada por Wundt en su Laboratorio Psicológico de Leipzig. Sin embargo, antes de llegar a Leipzig, la historia de los tiempos de reacción6reco- rre un peculiar camino.

Al que está poco iniciado en Historia de la psicología le puede parecer extra- ño que una ciencia tan distante a nuestra disciplina como lo es la astronomía haya podido tener una gran influencia en el surgimiento del estudio de los tiempos de reacción; sin embargo, es justamente un incidente en el estudio y control del

6. El tiempo de reacción es un “proceso que se inicia con la influencia de un estímulo senso- rial simple de naturaleza conocida de antemano y que termina con un movimiento arbi- trario efectuado lo más rápidamente posible después de la recepción del estímulo” Wundt, W. (1881/1883) “Über Psychologische Methoden”. Philosophische Studien (núm. 1, pág. 1-38).

movimiento de las estrellas uno de los caminos por los que transcurre el inicio de este tipo de investigación.

La localización precisa de los astros no tiene en estos momentos las dificulta- des que hasta mitad del siglo XIX tuvieron que padecer los astrónomos por falta de una metodología “segura”. Antes de los sistemas mecánicos y fotográficos actuales, la determinación de cualquier movimiento astral dependía fundamen- talmente de la habilidad de estos profesionales. El astrónomo miraba el cielo a tra- vés del telescopio que tenía aplicado un retículo, y oía –a la vez– el sonido de un reloj. Cuando el cuerpo celeste, cuya velocidad quería mesurar, entraba en el campo de visión, marcaba la hora exacta del reloj y empezaba a contabilizar los tic-tacs que sonaban hasta que desaparecía la estrella, que venían marcados por el espacio prefijado que iba de un lugar a otro del retículo del telescopio. Aunque este método necesitaba de gran pericia, nunca, de forma reconocida por los astróno- mos, había presentado problemas. Un hecho acaecido en el Observatorio de Greenwich en 1796 y leído años más tarde, a principios del siglo XIX por el astró- nomo alemán F.W. Bessel hizo plantearse la cuestión de la constancia y fiabilidad en la anotación entre distintos observadores a través de esta metodología.

El suceso de Greenwich puede resumirse en el despido de Kinnerbrook, ayu- dante de Maskelyne, por negligencia en su trabajo. Maskelyne despidió a su cola- borador porque desde hacía algunos años las anotaciones de éste no coincidían con las suyas. Cuando desde Königsberg, Bessel lee este episodio, se pregunta cuál es la causa real de este aparente descuido laboral y se contesta si no puede ser debi- do a las diferencias individuales existentes entre los sujetos que realizan este tipo de labor.

La cuestión suscitada llevó a Bessel a comparar sus tiempos de observación con los de otros ilustres astrónomos, comprobando así que su sospecha era justifica- da. Para solventar estas repetibles discrepancias, Bessel construyó las llamadas “ecuaciones personales”, que tenían como fin ser aplicadas a los cálculos astro- nómicos y compensar de esta forma el error cometido. Las ecuaciones refleja- ban los tiempos de reacción personales y, en consecuencia, sabiendo este dato tan solo consistía en corregir adecuadamente las posiciones de las estre- llas. Había nacido así la problemática de los tiempos de reacción, nombre acu- ñado por von Exner en 1871 para este fenómeno, que hasta entonces había teni- do la denominación de “tiempos fisiológicos”.

Por otro lado, la historia de los tiempos de reacción está ligada a la figura del gran físico alemán Hermann von Helmholtz. Sin embargo, en este caso, la pro-

blemática que provoca los experimentos es muy distinta, se trata de intentar medir la velocidad de la conducción nerviosa. Helmholtz demostró experimen- talmente, como ya hemos visto al hablar de la fisiología de estos umbrales pre- vios al nacimiento de la psicología científica, que el impulso nervioso era medi- ble y frente a la idea imperante de que dicho impulso era casi instantáneo, puso en evidencia que la corriente nerviosa se propagaba a la velocidad de 25 metros por segundo.

El tipo de investigación que dio paso a este gran descubrimiento es básicamen- te un experimento de tiempo de reacción. Helmholtz suministraba a un sujeto un estímulo en un punto de un miembro, y el sujeto tenía que apretar un botón en el mismo momento de recibir el estímulo. Medía así el tiempo de esa reacción. Más tarde aplicaba otro estímulo a un punto distinto del mismo miembro y ano- taba ese segundo tiempo de reacción. La diferencia entre esos dos tiempos era la cantidad de tiempo precisa para llegar el impulso nervioso de un punto a otro del miembro del sujeto. Helmholtz se convierte así en el primero que introduce los experimentos de tiempo de reacción en psicología.

Aunque la problemática e investigación de los tiempos de reacción pro- vienen tanto de la astronomía y su “ecuación personal”, como de von Helmholtz y su estudio sobre la velocidad del impulso nervioso, quien reco- ge estas dos fuentes de influencia y les da un carácter de estudio psicoló- gico es el fisiólogo holandés Frans Cornelius Donders.

Los experimentos de Donders planteaban tres condiciones: 1) se presentaba un estímulo al que el sujeto debía dar una respuesta (reacción simple); 2) el suje- to recibía más de un estímulo a los que debía responder con una respuesta dis- tinta (reacción compleja), y, 3) ante varios estímulos el sujeto sólo debía respon- der a uno, omitiendo la respuesta en presencia de los otros (reacción compleja). Donders comprobó que los tiempos de reacción más rápidos eran los realizados ante la primera condición, seguidos de la tercera y segunda situación.

El tipo de metodología empleada por Donders fue, al principio, utilizada por Wundt, y estuvo presente en los primeros psicólogos, ya que era una fórmula que ayudaba –por su rango cuantitativo– a afianzar el grado de cientificidad de la recién nacida psicología experimental. En torno a esta temática se publicaron muchos artículos importantes, presentando los tiempos de los distintos procesos mentales. Pero pronto surgieron dificultades en la constancia de los datos conse-

guidos, provocados por la incidencia de otra área de trabajo que tendría un amplio foco de interés, sobre todo en la psicología inglesa y americana: la problemática de las diferencias individuales, aspecto que veremos algo más adelante.