Chapter 3: The context around local governments in Mexico
3.4 Transitions resulting in a patchwork democracy
El ciclo menstrual rige el flujo no sólo de los líquidos, sino también de la información y la creatividad. Recibimos y procesamos información de forma diferente en las distintas fases del ciclo… desde el comienzo de la
menstruación hasta la ovulación, estamos madurando un óvulo y, al menos de forma simbólica, preparándonos para dar nacimiento a otro ser, papel que la sociedad honra. Muchas mujeres encuentran que están en su cima de expresión en el mundo exterior desde el comienzo del ciclo menstrual hasta la ovulación: su energía es extrovertida y animada; se sienten llenas de entusiasmo y nuevas ideas, es decir, son más «fértiles» (…) Si no quedamos biológicamente embarazadas durante la ovulación, pasamos a la segunda mitad del ciclo, la fase lútea, la que va desde la ovulación hasta el comienzo de la menstruación. Durante esta fase, de modo natural nos retiramos de la actividad exterior y nos dedicamos más a la reflexión. Nos volvemos más hacia nuestro interior, preparándonos para desarrollar o dar nacimiento a algo que procede de lo más profundo de nuestro interior. La sociedad no se muestra tan entusiasta por esto como por la fase folicular. Así pues, juzgamos «malas e improductivas» la energía, las emociones y la introversión premenstruales (pág. 81).
Este alejamiento de la mujer de los ritmos internos que le proporciona su ciclo de maduración ovárica, la aleja de sí misma, le restringe el acceso a un estado de autoconciencia que le puede mostrar territorios muy ocultos de ella misma, obligándola a bloquear la información proveniente de su inconsciente durante su fase lútea, para (Northrup, 1999) “cuando bloqueamos rutinariamente la información que nos llega durante la segunda mitad del ciclo menstrual, esta no tiene otra alternativa que volver como síndrome premenstrual o locura menopáusica, arrebatándole a la mujer la facultad que ya posee de acceder a su interior por medio de su cuerpo (pero) cuando reconocemos y dejamos salir nuestro sufrimiento emocional, nos conectamos inmediatamente con nuestros sentimientos, los cuales actúan de sistema orientador o guía interior (pág.83).
Retomando a (Goleman, 1994)“conciencia de uno mismoes la atención continúa a los propios estados internos, conciencia autorreflexiva en la que la mente se ocupa de observar e investigar la experiencia misma mientras ocurre, esto incluye a las emociones, es una atención imparcial y no reactiva ante lo que ocurre a la conciencia, como si se tratase de un testigo, es una actitud neutra que mantiene la atención sobre uno mismo aun en medio de la más turbulenta agitación emocional (pág. 47).
En este sentido, la mujer que se auto observa a sí misma a lo largo de su ciclar hormonal y emotivo es una mujer que comienza a darse cuenta que su vida trascurre en ritmos desde la pubertad hasta la menopausia y que ese ritmo está determinado por las oscilaciones hormonales; “las mujeres tienen durante su ciclo un modelo hormonal diferente para los veintiocho días y debido a eso sus estados de ánimo y sentimientos son diferentes durante cada uno de los días” (Riedl, 2009, pág. 20). Esta es la razón por la cual las mujeres son tan variables y pueden percibir tantos matices emocionales. Ellas mismas experimentan estos matices todos los días debido a su ciclo, si la mujer se escucha y se observa llevando un registro de esos cambios podrá estar más cerca de ser consciente de sus estados emocionales cuando le están ocurriendo en cada una de las etapas de su maduración ovárica.
(Goleman, 1994) define, ser consciente de uno mismo,es ser consciente de nuestros estados de ánimo y de los pensamientos que tenemos acerca de estos estados de ánimo, estar atento a los estados internos sin reaccionar ante ellos ni juzgarlos (pág. 48), esta atención ayuda acontrolar las emociones. Así, la mujer que lleva un registro de sus cambios cíclicos puede entrenarse para observar lo que siente y registrar lo que piensa sobre ese sentir, permitinedole tomar distancia de su emoción para encararla, reconocerla y transformarla para su bienestar, pues para (Goleman, 1994) “la conciencia emocional de uno mismo conduce al siguiente elemento constitutivo esencial de la inteligencia emocional: la capacidad de desembarazarse de los estados de ánimo negativos.
El ciclo menstrual es un suceso dinámico que “una vez liberado de los condicionamientos y restricciones sociales, puede afectar activamente al crecimiento emocional de la mujer” (Gray, 1994, pág. 13) y no se restringe a los días de sangrado sino que se extiende a todo el mes, no es una experiencia puramente fisiológica sino psíquica y creativa, siendo un indicador de la naturaleza cíclica de la mujer, de los cambios que se producen en su conciencia y de su profundo vínculo con los grandes ritmos de la tierra y el universo.
Las mujeres de las sociedades modernas entablan con la menstruación una relación que no las faculta para aprovechar toda la información que sobre sí mismas, se despliega durante el ciclo, para (Gray, 1999) el conocimiento de los sentimientos y las experiencias del cuerpo y su ciclo son la base de la naturaleza cíclica femenina, y por esta razón el intelecto debería interpretar esos sentimientos en vez de dictarlos. Para (Northrup, 1999): “Las hormonas, por ejemplo, son moléculas mensajeras que llevan emociones y pensamientos (...) Los ovarios, y probablemente también el útero, fabrican estrógeno y progesterona, hormonas que son también neurotransmisores que afectan a las emociones y los pensamientos. Y estos órganos tienen asimismo sedes receptoras que reciben mensajes del cerebro y del sistema inmunitario. Es fácil entonces comprender que cuando estamos tristes, nuestros órganos femeninos «se sienten» tristes, y sus funciones se ven afectadas” (pág. 207).
En esta medida aprender a escuchar, observar y sentir el oleaje emocional del ciclo menstrual conduce hacia un camino de autoconocimiento, en donde la mujer toma conciencia de sus emociones, gracias a las señales que le envía su cuerpo, su movimiento ovárico y uterino, recuperando una facultad que le es propia pero para la cual no la prepara ninguna de las instituciones sociales de la sociedad actual, al darse el permiso de ser cíclica, la mujer se desarrolla como un ser que se puede cuidar y guiar a sí misma porque conoce lo que
necesita, se concede el potencial de la creatividad bajo las formas que ella elija, porque ella misma se recrea mensualmente, y reserva del mundo un rincón tranquilo para dedicarse a menstruar, para renovarse, reciclar sus emociones, descansar, aquietar su mundo interno y externo, y profundizar en los sueños y mensajes que su inconsciente tiene que revelarle.