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CHAPTER 1 INTRODUCTION

1.3.3. Treatments

Entendemos el espacio social como un territorio delimitado y apropiado, transformado mediante operaciones de ordenamiento

o a través de actividades productivas y sociales dadas por un orden social,

con historicidad, instituciones y normas propias que le dan legitimidad, sustancia y sentido

Thierry Linck12

12Linck, Thierry (1997): Acción organizativa y pro- ducción territorial. Documento inédito. Universidad de Toulousse, Francia, en: Estrada Lugo, Erin I.J. y Bello Baltazar, Eduardo. “Espacio social y selva: Ecosistemas y comuni- dades: Procesos naturales y sociales de los bos- ques”, Revista Ecofronteras 18. Disponible en: http://www.ecosur.mx/ecofronteras/ecofron- tera/ecofront18/pdf/espacio.pdfurbana”.

Ordenación Urbana de Madrid del citado año (PGOUM 1985) paradigma de su generación; 1992, por el cambio económico y la legislación urbanística, que abren un nuevo periodo, pero sobre todo por el cambio del ciclo inmobilia- rio; 1997, por la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997 (PGOUM 1997) antagonista en la ciudad de Madrid, mode- lo de otra nueva generación de planes, y 2007, por el arranque de la crisis actual, en clara relación con la crisis inmobiliaria;

- presente o instantáneo, aunque ilusorio, un instante en el que el observador está

situado en el entorno que estudia, como en la presente investigación en cuanto a que el observador se encuentra incluido en el objeto de estudio (aunque en el caso de la presente investigación, se refiera principalmente a momentos pasados);

- futuro o de escenarios, los cuales se plantean como alternativas al presente

modelo.

- “Socio-“, ya que la realidad es social, es decir, que incluye a la sociedad, y esto con- lleva no solo un entorno económico determinado, como en el caso de estudio, la Región Metropolitana de Madrid en el periodo 1985-2007, el sistema capitalista (para algu- nos, con cierto aprecio al marketing, “turbocapitalismo”13), sino también la reproduc-

ción social de la misma (o las dificultades), la cultura, las creencias, el idioma, por no

hablar de otro tipo de configuraciones sociales como el mosaico de barrios o dis- tritos por precios o por nivel social, por hablar de algo más aterrizado.

-“Espacial”, lo que incluye cierta configuración espacial en un medio ambiente determina- do. Esto es, los patrones de coberturas y usos de suelo, es decir, la ocupación de suelo, y otras características tales como, la morfología espacial, la densidad, com- pacidad, diversidad, y otras determinaciones que caracterizan (e influencian) la rea- lidad. Asimismo, el medio ambiente está incluido en la realidad socio-espacial, en su vertiente espacial, ya que el espacio, como concepto abstracto, se corresponde con el territorio, como concepto abstracto y figurativo, y éste a su vez refleja el medio ambiente, considerado como conjunto de circunstancias exteriores a un ser vivo y como Naturaleza, pero también el espacio o entorno en el que suceden todas nuestras acciones. Por ello, se puede afirmar que los problemas espaciales son problemas territoriales y problemas ambientales. La dimensión espacial-terri- torial-ambiental es clave en la configuración de la realidad, porque puede limitar de partida la cohesión social y el desarrollo económico.

El espacio social o realidad socio-espacial debe considerarse por tanto, la concreción de una sociedad y su espacio (tomado también como territorio y/o medio ambiente), en un momento determinado.

El espacio social incluye el sustrato edificado y la morfología urbana y social, las for- mas sociales y físicas y la relación produción-reproducción.

Ahondando en las definiciones que se han apuntado sobre realidad socio-espacial, más concretamente sobre espacio social, se observan los matices que configuran este importante elemento del análisis de lo urbano a través de modelos. Se citan a conti- nuación ideas de dos de los más influyentes pensadores sobre el espacio social del siglo XX, Alain Lipietz y Henri Lefebvre.

Según Vázquez (2009), una de las más importantes aportaciones de Lefebvre es su afirma- ción de que la sociedad al relacionarse produce cierto espacio, que es su propio espacio, es decir, un espacio construido como el molde físico y abstracto de su propia construcción social:

13Luttwak, Edward N. (2000): Turbocapitalismo. Editorial Crítica. Mercadal Vidal, Carles, (tr.), 368 pp.ISBN: 8484320537 ISBN-13: 978848432053.

«Lefebvre argumentó que existen diversos niveles de abstracción en relación al mismo, desde la más inmediata a la percepción que es el espacio de la física y la mate- mática, hasta la más compleja: el espacio como construcción social. Explica que cada sociedad al relacionarse produce cierto espacio, su propio espacio» (Vázquez, 2009). Ahondando en los condicionantes del espacio social, Lefebvre (1977) apunta que «el espacio no es algo dado, es decir, que no es “una dimensión específica de la organiza- ción espacial”» (Lefebvre, 1977)14. Apoyando esta tesis se encuentra la gran obra de Lipietz El capital y su espacio (1979)15, en la cual se plantea que el espacio social debe huir de la percepción de «espacio concebido como pura localización puntual y el espa- cio como superficie consumida» (Lipietz 1979:137).

Además, apunta una de los principales problemas que se encuentra el capital en su desarrollo, en general, y especialmente en su vertiente inmobiliaria: «El espacio jurídi- co, heredado del pasado de la formación social, se presenta como un obstáculo para la expansión del capitalismo» (Lipietz, 1979: 27).

Que el espacio no sea exclusivamente una simple ubicación, o un simple dato del con- sumo de suelo, muestra, entre otras cuestiones, que se está ante un concepto polisémi- co, entre cuyos significados también está el ser “espacio de pensamiento”. «Este espacio concreto, que llamaremos espacio social o socioeconómico, es un “concreto de pensa- miento” que reproduce en el pensamiento la realidad social en su dimensión espacial, realidad que llamaremos del mismo modo» (Lipietz, 1979: 26).

Sobre este espacio social o socioeconómico apunta Lipietz (1979) algunas de las (pre)existencias y características que muestran la complejidad del mismo, como se ha mostrado anteriormente (figura 1.1):

«Hay un espacio ocupado, la dimensión más sensible de la materialidad de las relacio- nes sociales, con toda su complejidad: es el espacio socioeconómico considerado como un dato, con la división interregional del trabajo, el capital fijo materializado pre- existente, la ubicación de los mercados, el estado de los sistemas de transportes y tele- comunicaciones, la estructura del espacio jurídico (catastro), etc.» (Lipietz 1979:136). Una vez conocidas las diferentes visiones sobre el espacio social y la complejidad que conlleva, es importante entender que si existe espacio, existe política o gestión del mismo, ya que la no neutralidad del espacio conlleva una consecuencia, que siempre «existe una política del espacio porque el espacio es político» (Lefebvre, 1977)16.

En esta línea, algunos expertos apuntan la idea del origen social del espacio y del pro- tagonismo de las comunidades locales17:

«Al respecto, el Geógrafo español Ortega Valcárcel, en su libro Los horizontes de la

Geografía (2000), refuerza la idea del origen social del espacio. Argumenta que se debe

tener en cuenta al espacio como un producto social, el cual es resultado de una vasta mezcla de decisiones, tanto individuales como colectivas, a muy distintas escalas. El valor de los individuos como agentes protagonistas se da a partir de su pertenencia a una comunidad local, es decir, a una formación social» (Vázquez, 2009).

Pero en cuanto se centra el tema en instrumentos relacionados con la gestión del espacio social, aparece el planeamiento urbano, como instrumento propio del espacio social urba- no. Por ello, «todo espacio social, ya sea urbano o rural, nace de una acción de gestión; al respecto el espacio urbano ha visto desarrollada esta gestión por medio de la planeación urbana también llamada planeación territorial» (Vázquez, 2009).

14Citado en Vázquez, 2009.

15Aunque en algunos aspectos están superadas las cuestiones concretas que plantea, como ejemplos o casos de estudio, la validez de los conceptos que maneja tiene un valor indiscuti- ble y puede ser considerada una obra que marca un antes y un después en la forma de entender los procesos espaciales en el marco del sistema capitalista. Una de sus principales apuestas es considerar «el capital como una relación directamente social, y su espacio como la dimensión espacial de su existencia material» (Lipietz 1979:135). Por todo ello, la obra es rei- teradamente citada a lo largo de esta tesis doc- toral.

16Citado en Vázquez, 2009.

17La bibliografía de Lipietz también es amplia al respecto, y la mayoría de sus artículos están dis- ponibles en: http://lipietz.net

Resulta de interés apuntar la directa relación que parece subyacer en el planeamiento urbano como instrumento relacionado con una política de mayor calado, facilitando el beneficio de ciertos grupos sociales en el planteamiento de estrategias urbanas:

«El espacio [social] urbano, al lidiar con la planeación, ineludiblemente evoca una amplia política del espacio; por tanto, este espacio político es funcional en el momento en que su discurso o materialización implica un proyecto o una estrate- gia, que beneficia a los intereses de un grupo social» (Vázquez, 2009).

Como se observa, el espacio social o realidad socio-espacial, se caracteriza por su inheren- te complejidad y por su carácter político debido a lo cual existe una política del espacio. Esto trae como consecuencia que exista una gestión de dicho espacio, y el planeamiento urbano aparece como el instrumento propio del espacio social urbano.

Inherente al planeamiento que incide en el espacio social urbano se encuentran los pro- yectos o estrategias, que benefician a los intereses de un grupo social, que según palabras del pensador marxista Gramsci (1948 -1951) constituyen un bloque hegemónico. Este enfoque deriva hacia un modelo de dominación que dispone de todas las dimen- siones, desde las relaciones laborales, el reparto de la riqueza al espacio social y sus dimensiones morfológicas (sociedades estratificadas) y formas urbanas basadas en la exclusión, entre otras cuestiones.

El modelo urbano es, como se ha indicado anteriormente, un esquema teórico pero también un intermediario entre el poder – el gobierno de ese grupo hegemónico – y construcción del espacio social (figura 3.1). De hecho, habrá dos grandes modelos básicos: el de mercado, en teoría no intervenido, también llamado liberal, donde el orden –la racionalidad– surge de las relaciones mercantiles, y el intervenido, con instru- mentos de orden, como los planes que responden a proyectos políticos concretos. Pero además de eso, el modelo es la interfase entre la realidad y el planeamiento (o en ausencia de éste de las decisiones que se toman aisladamente sobre el espacio social), ya que todo planeamiento busca fijar un modelo de desarrollo urbano, es decir, un funcio- namiento más perfecto que el actual. Por ello, el modelo sirve de referencia para enten- der la realidad y para hacer las propuestas de planeamiento, que en su caso fijará un nuevo modelo de desarrollo urbano.

Se puede considerar que una de las características principales del planeamiento o planifi- cación espacial es dotar de un modelo urbanístico a las ciudades. Partiendo de la base de que los sistemas de planificación espacial son esenciales para la aplicación de políticas urbanas, en su función de regulación de los instrumentos económicos y sociales, se obser- va que ésta, la planificación espacial, interviene claramente en el modelo de ciudad.

El sistema de representación ideológica puede ser plural y aún a riesgo de equivocarme podría afirmar que ha venido siendo en la historia reciente sobre todo una dualidad nacida como resultado de añadir a la tradicional del diseño disciplinar […]

otra de intención científica, aunque no menos ideológica, que ha aportado a la anterior algunos elementos nue- vos entre los que destaca el concepto amplio de modelo y el de planificación

Fernando Roch18

18Roch Peña, Fernando (1993): “Nuevas ideologías de siempre”, Ciudades 1, pp. 125 y ss.

3.2.2.

Modelo

Los instrumentos o políticas son las herramientas públicas para la acción del gobier- no. En esta línea toda la legislación, los reglamentos, programas, planes, proyectos y estrategias, así como cualquier pequeña acción o regulación se pueden considerar ins- trumentos.

Los principales instrumentos son económicos y sociales, como se pueden observar en las políticas distributivas o sectoriales, por una parte, o en las políticas sociales, del Estado del bienestar o también llamadas de rentas indirectas (como la sanidad y la educación, públicas, universales y gratuitas).

Entre ambos tipos de instrumentos se encuentran los que se pueden denominar ins- trumentos reguladores, que no son exclusivamente instrumentos económicos y socia- les, y que inciden tanto en la realidad socio-espacial (y por ende, en la formulación de su modelo), como en los propios instrumentos económicos y sociales y de ahí que se hable de regulación.

Entre este tipo de instrumentos reguladores destaca por su importancia e interés en la configuración del espacio social, la fiscalidad, ya que traduce las políticas en cuestio- nes concretas, favoreciendo o gravando importantes aspectos que influyen en la con- figuración del espacio social, desde la compra de una vivienda hasta el tipo de vehícu- lo según su nivel de contaminación.

Dentro de los instrumentos reguladores se encuentra como uno de los principales ins- trumentos el planeamiento urbano que supone la recreación de un nuevo espacio social, sobre la base de un espacio concreto heredado, como indica Lipietz con influencia de Marx. «La sociedad recrea su espacio sobre la base de un espacio con- creto, siempre dado, heredado del pasado. Y es así que abordaremos el problema de la administración del territorio [aménagement du territoire]» (Lipietz, 1979: 27).

Sobre la base de esta idea, surge la instancia política (dentro del mundo del gobierno de la ciudad y el territorio) como agente principal de intervención en el espacio social, lo que a su vez afecta a los modos de producción, y al capital fijo y su formación bruta. En sus propias palabras: «La intervención de la instancia política en la (re)producción de la espacialidad de los modos de producción (en particular, del modo capitalista): lo cual remite a la noción de “administración del territorio”» (Lipietz, 1979:175).

3.2.3.

Instrumentos. Económicos, sociales y reguladores: