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Understand the multiple factors involved in failures

En cuanto al consumo alimentario cotidiano del grupo familiar, se observaron diversas estrategias.

Comensalidad

El espacio de compartir la comida se constituye como un acto social a través del cual se comparten conocimientos, gustos y tradiciones familiares, donde se establecen los diálogos que fortalecen la cohesión entre los miembros del hogar a partir de los momentos compartidos, es decir, se constituye como un espacio social donde se trasmiten normas, reglas y símbolos (Contreras, 1995; Fischler, 1979).

Muchas situaciones influyeron para que la comensalidad pueda verse impedida. Se observó que muchas de las UD carecían de los recursos necesarios para cocinar, preparar y servir los alimentos, así como de muebles acordes para todos sus miembros (ausencia de una mesa y/o suficientes sillas). En otras UD, aunque contaban con estos recursos no se compartía la mesa entre todos los integrantes del hogar, algunos comían en soledad en las cocinas mientras otros lo hacían las habitaciones, sobre la cama y/o mirando televisión.

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“(Comen en la mesa o… enfrente de la tele?) No, sí, una mesa. Igual yo lo tengo en la cocina, ellos se van a la pieza. (Ellos se van…) [RÍE] A comer a la pieza con la tele”.(BO2.8)

También se mencionó que aunque compartían la misma mesa y consumían la misma comida, el televisor solía encontrarse encendido y consideraban que la relación que podía establecerse entre los miembros de la UD en el momento de compartir los alimentos tendía a diluirse. Sin embargo, en términos de las entrevistadas, se realizaban intentos por mantener la comensalidad en el hogar, apreciándolo como espacio donde pueden encontrarse y compartir, aunque algunas prácticas como las mencionadas afectaran la posibilidad comunicarse.

“trato de sentarme con ellos, viste, porque es el único momento que compartimos, digamos, porque el desayuno, viste, el nene se levanta a media mañana, ella toma una mamadera en la cama, y entonces viste… me quedo yo tomando mate! Entonces, viste, el desayuno es como medio desparramado… pero el almuerzo no, no sentamos, ellos después van a la escuela, viste, trato que el almuerzo sea… los tres. (Y qué hacen? Miran la tele, charlan, cuando están comiendo…) Últimamente no les prendo la tele cuando están comiendo, porque se emboban mucho y están dos horas con la comida, entonces listo, le apago la tele…” (VE1.3)

Otra circunstancia de influencia negativa para la comensalidad eran los horarios dispares de los miembros de la UD en los días hábiles de la semana, debido a la realización de distintas actividades de la vida cotidiana que implicaba la dispersión de los integrantes en distintos espacios: los niños en la escuela, uno o dos padres en el trabajo. Los fines de semana generalmente se presentaban como el momento de encuentro entre todos los miembros para compartir la comida.

El desayuno era el momento generalmente compartido entre madres e hijos, aunque el tiempo dedicado para el consumo de alimentos se encontraba limitado debido

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a que los niños concurrían a la escuela. Cuando los niños desayunaban en el jardín o en la escuela primaria, el desayuno de la madre era nulo o muy liviano, donde frecuentemente solo se consumían infusiones, como el mate. En la hora del almuerzo era común que los adultos se encontraran trabajando y los niños almorzaran en el jardín o la escuela, de modo que no se encontraban todos los integrantes de la UD para compartir la comida. En estos casos, la comida se realizaba en soledad, tanto en los trabajos como en el hogar, generalmente de forma muy liviana, con platos menos elaborados. Entre otras opciones, se mencionó la posibilidad de compartir el almuerzo en casa de algún familiar cercano como padres o hermanos. La cena era el único momento de encuentro en el cual participaban todos los integrantes de la unidad doméstica y el momento en que generalmente se realizaban los platos que precisaban más elaboración. Por ejemplo, fue mencionado el pastel de papa, como una comida más elaborada y preparada solo durante las cenas.

“(¿Comen juntos?) Siempre cena. Porque los chicos comen en la escuela, la nena viene ya de la guardería, viene almorzada porque la verdad tiene una atención… excelente. Y bueno, lo único que estamos todos juntos es… (A la noche…): Bah, noche, digamos, para otro, para nosotros es a las siete de la tarde, ocho ya estamos comiendo y… a las nueve ya estamos todos…” (BO1.3)

“( Y tu marido también está acá, viene a comer?) Viene del trabajo a almorzar, pero… si hay, si quedó algo hay come y si no tomamos un té, compartimos mate. Como venimos los dos de trabajar, no... no hacemos gastos” (BO1.3).

“cuatro días, un día tiene franco. Él ya viene comido. Estamos hasta el mediodía nosotras, que ella va a la escuela. Ella va a la tarde, entra a la 1. Entonces nosotras nos arreglamos con cualquier cosa…Yo a veces paso, sinceramente, con mate, porque no me gusta mucho comer. Pico, así… como galletitas, todo el día… y para

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ella sí. Ella es sagrada su comida. Antes de ir al jardín tiene que comer. Sí o sí. Por ejemplo, ahora yo unas alitas se las estoy haciendo al horno… Ahora le hiervo un poco de arroz, con mayonesa come…Toma su jugo, su fruta, que ya está preparada ahí. Eso solamente todos los días que ella va al jardín. Y bueno, cuando el papá no está y que está, que está de franco, elaboro. Por ejemplo, hago pizza o hago empanadas de pollo… Otra cosa! Salimos de la rutina” (EC1.1).

Estos resultados se encuentran en coincidencia con los hallazgos de Aguirre (2005), la comensalidad decrece mientras aumenta la alimentación solitaria y desestructurada saliendo del control de las normas culturales y convirtiéndose en una

gasto-nomía: la comida deja de "compartirse" no solo de manera material sino también

simbólica.

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