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He elegido a unos pocos críticos: creo que sus definiciones son suficientes para mi propósito, que es fundar mi propia posición.

Distingo entre la trama —que he descrito en 10. y 11.— y los contenidos que sacamos de la trama. Sin duda hay correlaciones entre la trama (estructura de partes integradas en el todo de un cuento) y el contenido (que pescamos con una red de conceptos: tema, motivo, leitmotiv, tópico). Pero la estructura de la trama está en el texto y la conocemos estéticamente; y al revés, la red de conceptos está en nuestra cabeza y con ella pensamos lógicamente. Los movimientos de la acción narrada que antes, en su medio natural, coleaban vivos, ahora, en el aire mental del crítico, han pasado a ser motivos (11.9.2). Es la diferencia entre el pez y el pescado. Y lo mismo puede decirse de la idea, que era dinámica en el narrador y ahora, en el crítico, pasa a ser tema inerte. El pasar del goce estético de un cuento a la disección intelectual de un cuento implica un distanciamiento y un cambio de perspectiva. Si antes veíamos, con el corazón palpitante, cómo la acción corría de principio a fin, ahora, en frío, damos vueltas entre las manos las significaciones que hemos extraído.

Los procedimientos con que la inteligencia extrae de un asunto sus contenidos varían de crítico a crítico, según sus inclinaciones más o menos filosóficas. Imposible describirlos. Mucho menos darles nombres técnicos. Un crítico pesca con la mano, otro con anzuelo, otro con red, otro con arpón, otro con dinamita. Se pesca en la superficie o en la profundidad, mojarritas o ballenazos. A veces no se pesca nada, sino que se cree estar pescando mientras se sueña con una fauna submarina que no existe.

Creo que lo sensato es resignarse a la idea de que la investigación externa de los contenidos de un cuento vale menos que el análisis intrínseco de la trama. Son dos tareas diferentes y no hay que confundirlas. Una vez resignados a la tarea de pescar en un cuento todo lo que se pueda, debemos pensar cuál va a ser nuestro método de estudio. Se me ocurre que un buen método sería ir de los contenidos más pegados al texto a los más despegados, sin prepararse demasiado por cuestiones terminológicas. Después de todo los términos tema, motivo, leitmotiv, tópico no se refieren al cuento sino a los aparejos piscatorios del crítico.

12.7. Tematología

La palabra «tema» es tan conocida, tan universal, tan usada, tan cómoda que me quedaré con ella. Es la que ha permitido acuñar el nombre de una gruesa rama de la ciencia literaria: la Tematología. Los «tematólogos» o «tematistas» —que así suele llamarse a quienes se especializan en el método temático— se ocupan de todas las materias que pueden abstraerse del contenido de la literatura. Harry Levin, en su artículo «Motif» —Dictionary of the History of Ideas (vol. IlI, Nueva York, 1973)—, tras pasar revista a las definiciones, concluye con que «sería prudente reservar "motivo" para aplicaciones precisas y emplear "tema" como concepto genérico, como lema para el ataque crítico». Véase también su ensayo «Thematics and Criticism» en Grounds for Comparison (Harvard University Press, 1972).

En adelante, de acuerdo con lo prometido, ordenaré mis observaciones sobre el contenido yendo de las abstracciones más adheridas al cuento a las más despegadas. Las primeras no se han desprendido del todo, conservan del cuento algo concreto y vivo, aun conservan palabras del texto original: la abstracción con que resumimos un cuento, por ejemplo, no lo desfigura hasta el punto de hacérnoslo irreconocible. Por el contrario, las abstracciones más despegadas han perdido el parecido físico con el modelo y llega a un momento en que se salen del cuento y desde fuera lo clasifican con una especie o género: cuento policial, cuento fantástico, etc.

12.8. El resumen

El primer tema que abstraemos se asemeja tanto al cuento, está todavía tan pegado a él, que habrá quienes no lo consideren un tema: me refiero al resumen. Si el cuento está bien resumido, en ese resumen aparecerá bien visible el tema. Ya he señalado la diferencia entre el resumen y la trama (10.6.). Ahora quiero zanjar otras diferencias. La más ancha, la más obvia, es ésta: el cuento es un objeto verbal definitivo. Como un poema, fue concebido con palabras y nació hecho de palabras. Cambiar una sola de ellas sería adulterarlo. Pues bien: el resumen es la traducción, la muda lingüística, la adulteración del cuento. Cumple un propósito práctico, que es reducir a lenguaje lógico lo que el cuento relataba en lenguaje poético. La lógica oficia de partera: es una partera macabra que saca del cuento sólo la osamenta. El resumidor y el lector del resumen están fuera del cuento, en una posición comunicativa, no estética.

Si el resumen está bien hecho, es fiel al cuento: esto es, la acción del cuento no sufre en el traslado y mantiene la individualidad de su mensaje. Es un epítome, una sinopsis de los acontecimientos más importantes de la acción. La caracterización de los personajes, las descripciones, las reflexiones del narrador, los diálogos, etc., son reducidos a las líneas principales del argumento. Es lo que intenté hacer en Los primeros cuentos del mundo, 1977.

El orden del resumen es lógico y no se ciñe necesariamente al orden de la narración, que suele alterar la secuencia cronológica de los hechos. Sin duda el resumen es pedagógicamente muy útil y aun útil desde el punto de vista crítico, puesto que, en sí, implica una interpretación, pero esa materia narrativa reorganizada con criterio lógico no está ya en el cuento: es una abstracción. Una cosa es la composición artística de relato tal como los hechos aparecen en la lectura; y otra es el ordenamiento lógico, cronológico de una materia prima que abstraemos de aquella estructura artística. El cuentista nos da a conocer los acontecimientos de un modo muy personal, con un estilo propio. El resumidor no respeta ese modo único de contar: él elige un modo impersonal como si los acontecimientos pertenecieran más a la realidad que al arte.

La diferencia entre trama y resumen ha sido descrita por muchos autores pero con otros términos. (Sobre los términos opuestos «fabula-sujet», «trama-argumento», «historia-discurso» véase el comentario correspondiente en Apostillas.) Lo que importa no es el término que se usa sino la observación del fenómeno; la observación de que el cuentista ha narrado su cuento de una manera única y, por el contrario, el resumidor puede exponer de diferentes maneras los mismos hechos. El lector de un cuento goza de cómo se lo ha narrado; el lector de un resumen se entera de qué se ha narrado. El qué es independiente del cómo.

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