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Según Sánchez (1995) el aula taller es un espacio para aprender haciendo; lo definió como un modo de organizar el proceso de enseñanza- aprendizaje que se basa en la conjunción de la teoría y la práctica para abordar la resolución de un problema o el estudio de un contenido concreto, y mediante la actividad participativa del alumnado, a través del ensayo creativo que éste hace de sus capacidades, conocimientos y destrezas, utilizando múltiples y variados recursos y materiales

El aula taller fomenta la construcción del aprendizaje y el trabajo cooperativo. El papel del docente es orientador, facilitador y asesor. El espacio físico deberá aportar a la movilidad del alumnado y los recursos adecuados a la tarea. Los tiempos deben ser flexibles para permitir suficiente dedicación a las tareas planteadas.

Los talleres pueden organizarse en torno a las asignaturas básicas o a áreas complementarias. Lo esencial es planificar el taller de acuerdo a los contenidos, seleccionando los que tienen un componente de hacer, es decir, de procedimientos,

destrezas y habilidades. Sin embargo, el concepto de taller no deberá limitarse a la elaboración de manualidades.

Perkins (1997) elaboró el diagnóstico de que una persona no recuerda con exactitud la formulación de una teoría, o bien, su confusión llega a un extremo que se transforma en un conocimiento distorsionado y a veces carente de sentido; organiza su exposición examinando las grandes deficiencias de la educación, cuyos síntomas son el conocimiento frágil (los estudiantes no recuerdan, no comprenden o no usan activamente gran parte de lo que supuestamente han aprendido) y el pensamiento pobre (los estudiantes no saben pensar valiéndose de lo que saben)

Arango (2000) mencionó idénticos resultados sobre los estudiantes que son capaces de repetir los conceptos aprendidos en las aulas escolares, pero son incapaces de resolver los problemas que se les presentan en su diario vivir; juzgan con precipitación y sin un previo análisis los fenómenos sociales en los cuales les toca desempeñarse por carencia de visiones más holísticas y complejas para mirar tales fenómenos. Análogamente, los

problemas morales y éticos son tratados en forma relativa y simplista sin enfrentarlos racionalmente, arguyendo sus posiciones personales e individualistas, sin ninguna reflexión y consideración por los puntos de vista del otro, o lo que es lo mismo, sin referencia por lo otro y su sentido comunitario

En el aula taller, el docente, más que dar respuestas deberá plantear preguntas, a fin de que la respuesta surja de los propios alumnos. Esto no implica pasar del autoritarismo a la permisividad absoluta, sino que docentes y alumnos avancen juntos, por la única senda

que hasta hoy ha dado resultado: la que toma en cuenta tanto el criterio de realidad (la visión crítica) de los adultos, como el criterio de ilusión (las utopías) de los jóvenes. Sólo por este camino el resultado será creativo, reelaborado (y no aceptador) de la realidad circundante.

Esto significa que el aprendizaje ya no puede limitarse a una serie de nociones teóricas, impartidas en aulas alineadas desde lo alto de la tarima (para ver que nadie se copia), o desde la cima del "saber", que crea en los alumnos un inocultable sentimiento de inferioridad. El verdadero saber, el saber que queda, el saber de los alumnos, que es el que importa, surgirá de ese laboratorio, de esa tierra revuelta y fértil, que es la discusión y la práctica colectiva.

Sólo en el debate entre iguales, resolviendo juntos los problemas que les afectan, los jóvenes van adquiriendo clara convicción sobre lo imprescindible de las normas sociales, sin las cuales no hay forma de conjugar el progreso de cada uno y el progreso de la sociedad toda. Esto significa comprender la alteridad, es decir, la relación entre "el otro", "lo otro", "los otros" y "yo" para establecer la comunicación en un "nosotros".

2.2.1.3 La agroecología

La Agroecología podría definirse o entenderse como:

Un nuevo campo de conocimientos, un enfoque, una disciplina científica que reúne, sintetiza y aplica conocimientos de la agronomía, la ecología, la

sociología, la etnobotánica y otras ciencias afines, con una óptica holística y sistémica y un fuerte componente ético, para generar conocimientos y validar y aplicar estrategias adecuadas para diseñar, manejar y evaluar agro ecosistemas sustentables (Sarandón, 2002).

La Agroecología parte de una serie de premisas metodológicas para desarrollar, integrar y mejorar las prácticas que respondan a sus principios (Guzmán, González y Sevilla, 2000b):

o Un enfoque holístico y sistémico.

o Una mirada multidisciplinaria, entendiendo que los sistemas sólo pueden entenderse a través de las perspectivas que aportan diferentes áreas del conocimiento.

o Una investigación-acción participativa, en que los agricultores son sujetos y no sólo objetos del proceso de investigación.

La Agroecología debe entenderse como un nuevo enfoque, más amplio, que

reemplaza la concepción exclusivamente técnica por una que incorpora la relación entre la agricultura y el ambiente global y las dimensiones sociales, económicas, políticas, éticas y culturales. La sustentabilidad debe ser vista como una búsqueda permanente de nuevos puntos de equilibrio entre estas diferentes dimensiones que pueden ser conflictivas entre sí en realidades concretas (Caporal y Costabeber, 2004a).

Sarandón y Flores (2014b, pp. 56-58) mencionaron las siguientes características del Enfoque Agroecológico:

Desde la dimensión social se busca una mayor equidad intra e intergeneracional.

Desde el punto de vista cultural, la Agroecología entiende que la intervención sobre el agro ecosistema debe considerar los valores y saberes locales de las poblaciones rurales y que los mismos deben ser el punto de partida para la generación de propuestas de desarrollo rural.

Desde el punto de vista ecológico la Agroecología busca la conservación y rehabilitación de los recursos naturales a nivel local, regional y global utilizando una perspectiva holística y un enfoque sistémico que atienda a todos los

componentes y relaciones del agro ecosistema, que son susceptibles a ser deteriorados por las decisiones humanas.

En la dimensión económica se busca el logro de un beneficio que permita cubrir las necesidades económicas del productor y su familia y la disminución de los riesgos asociados a la dependencia de los mercados, de los insumos o a la baja diversificación de productos. En esta evaluación económica deberían tenerse en cuenta o considerarse, todos los costos y no sólo aquellos que pueden expresarse en unidades monetarias.

La dimensión política, siendo evidente de que no hay dudas que a nivel regional, nacional o supranacional, no puede desarrollarse un nuevo modelo de agricultura si no existe una voluntad política para ello.

La dimensión ética (inseparable del concepto de sustentabilidad) insiste en la necesidad de componer un nuevo vínculo moral (corpus de valores) que incluya el respeto y la preservación del medio ambiente no sólo para éstas, sino también para las futuras generaciones. En este sentido, será necesario, por un lado, crear nuevos valores que disminuyan el consumo excesivo y el deterioro ambiental provocado por estilos de vida que devastan el ambiente, y, por el otro, la reivindicación de la ciudadanía y la dignidad humana, la lucha contra el hambre y la eliminación de la pobreza y sus consecuencias sobre el medio ambiente.

Altieri (1991) afirmó que la agroecología incorpora en su enfoque es la

revaloración del “conocimiento campesino”, el conocimiento propio de los agricultores, el cual, se asume, es derivado de una variedad cultural que ha coevolucionado con las

condiciones naturales, por lo que es necesario darle presencia en el desarrollo técnico científico

Asimismo, Caporal y Costabeber (2004b).indicaron que la agroecología se consolida como enfoque científico en la medida en que este campo de conocimientos se nutre de otras disciplinas científicas, así como de saberes, conocimientos y experiencias de los propios agricultores, lo que permite el establecimiento de marcos conceptuales,

metodológicos y estratégicos con mayor capacidad para orientar tanto el diseño y manejo de agroecosistemas sustentables como los procesos de desarrollo rural sustentable”

Por otra parte, de acuerdo con Caporal y Costabeber (2004a), los procesos

participativos y democráticos que se desarrollan en el contexto de la producción agrícola y del desarrollo rural, así como las redes de organización social y de representaciones de los diversos segmentos de la población rural.

Sevilla (2006) nos dijo que es el manejo ecológico de los recursos naturales a través de formas de acción social colectiva para el establecimiento de sistemas de control

participativo y democrático, en los ámbitos de la producción y circulación; la estrategia teórica y metodológica de la agroecología tiene dos elementos fundamentales: por un lado, requiere de una naturaleza sistémica y un enfoque holístico. Esto implica lograr una visión globalizadora sobre los recursos naturales y capturarlas interrelaciones entre los múltiples elementos que intervienen en la artificialización de la naturaleza. De esta forma, la

agricultura es contemplada como una intersección de sistemas de naturaleza ecológica, sociocultural y sociopolítica.

La dimensión ecológica, técnica y agronómica de la Agroecología

Ottmann (2005) presentó al sistema ecológico o ecosistema como la unidad funcional de la naturaleza que intercambia materia y energía con su ambiente. En consecuencia, los ecosistemas no son unidades independientes ya que reciben y liberan recursos del hábitat. Gliessman (2002), desde una visión más ecológica, consideró que el

ecosistema es un sistema funcional de relaciones complementarias entre los organismos vivos y su ambiente, delimitado por criterios arbitrarios, los cuales parecen mantener un equilibrio dinámico.

Con el objeto de producir alimentos, el ser humano altera los sistemas ecológicos y desarrolla sistemas diferentes a los ecosistemas naturales. Dichos sistemas son

denominados agroecosistemas, ambientes transformados o ecosistemas artificiales. Sin embargo, Gliessman (2002) afirmó que, a pesar del manejo antrópico, estos sistemas mantienen ciertas características propias del ecosistema natural.

El agroecosistema es la unidad de análisis de la Agroecología. Su elección se basó, según Ottmann (2005), en la posibilidad de aplicar los principios de la Ecología con el objeto de diseñar sistemas sustentables de producción de alimentos autodependientes. Sólo a través de una forma de manejo ecológico es posible encarar el deterioro de la naturaleza. Por este motivo esta dimensión constituye un componente imprescindible para la

Agroecología.

Gliessman (2002) analizó el funcionamiento del agroecosistema considerando que se encuentra inmerso e interactúa con el entorno social y ambiental. Por lo tanto, la agricultura es más que una actividad económica y tiene muchas partes interactuantes. Así, Gliessman et al. (2007) compararon el sistema finca con un estanque ubicado en una región, afirmando que el estanque - finca es el punto focal (humano y ecológico) para cambiar el modo de hacer agricultura, sin embargo, dicho cambio debe estar acompañado por el contexto de las sociedades humanas.

Ottmann (2005) y Sevilla (2006) afirmaron que dentro de la dimensión ecológica se supone a la sociedad como un subsistema que se extiende a la finca y reduce su madurez o frena su sucesión; el agroecosistema se encuentra inserto en el medio social y tanto

naturaleza como sociedad reciben influencias mutuas.

La dimensión socioeconómica y cultural de la Agroecología

Guzmán et al. (2000a) y Gliessman et al. (2007) afirmaron que la estructura interna del agroecosistema es producto o resultado de la construcción social desarrollada por medio de coevolución. Durante esta coevolución los grupos humanos han desarrollado sus propios conocimientos para el manejo de los recursos. Sevilla (2006) sostiene que, la estrategia agroecológica es social.

Pero, además, la producción agraria es el resultado de las presiones

socioeconómicas que realiza la sociedad sobre los ecosistemas naturales. Dichas presiones socioeconómicas se encuentran interrelacionadas con las percepciones que la sociedad tiene sobre el ser humano y la naturaleza. A través del tiempo se puede observar cómo los seres humanos han podido elegir entre respetar o no los principios ecológicos en el manejo de los recursos. De estas elecciones depende la sustentabilidad de las prácticas agrícolas. Por lo tanto, Sevilla (2006), consideró que es necesario conocer la historia del

Ottmann (2005) afirmó que el hecho de que un determinado grupo hegemonice socioculturalmente la actualidad, no quiere decir que no existan formas de conocimiento de los grupos históricamente subordinados susceptibles de ser recuperadas para su

incorporación al diseño de estrategias agroecológicas. Por lo tanto, Sevilla (2006) mantiene que para lograr el conocimiento, tanto de la historia de los agroecosistemas como de su proceso de configuración, es necesario conocerla incidencia de las estructuras sociales y de las representaciones sociales dela naturaleza, el ser humano y la relación entre ambos.

Ottmann (2005, p. 21) afirmó que el objetivo de la agroecología no termina en el manejo sustentable de los recursos. Pretende también evitar la “degradación de la sociedad”. A través de la dimensión socioeconómica y cultural de la Agroecología, se propone (con metodologías participativas de desarrollo local) la sistematización y análisis de los elementos de resistencia locales frente al proceso de modernización, para, a través de ellas, diseñar estrategias de desarrollo y bienestar autodefinidas a partir de la propia identidad local.

La dimensión sociopolítica de la Agroecología

Esta dimensión se encuentra desarrollada a partir de los aportes del paradigma político de la Ecología Política. Garrido (1993) manifestó que este paradigma propone una forma distinta de entender lo político y la organización social, cultural, económica.

Desde esta perspectiva se analizan críticamente diferentes temáticas como son la crisis ecológica, el poder, el tiempo de las formas modernas, la democracia radical.

Además de estas conceptualizaciones, la ecología política, recibe una doble influencia: por un lado, la experiencia histórica de los movimientos sociales (pacifistas, ecologistas, feministas, etc.) y por el otro, la experiencia cultural y vital de las nuevas sensibilidades. Según Garrido (1993) dichos aportes de política –viva y dinámica– posibilitaron la gestación de este paradigma.

Desde la dimensión sociopolítica de la agroecología se cree necesario tomar el análisis desarrollado sobre el concepto de poder que plantea dicho paradigma. El poder, según Garrido. (1993), es definido como las propias relaciones sociales (educativas, económicas, culturales, etc.). Por lo tanto, la sociedad (ecosistema social) es, en sí misma, un sistema de poder. En consecuencia, todos los subsistemas que conforman el sistema social son subsistemas de poder.

De esta manera podemos ver que el poder político no es algo exclusivamente relacionado con el Estado y el gobierno. El poder político se transforma en una práctica y una reflexión cotidiana. Es una actividad que interviene en las micro y macro relaciones de poder de las diferentes instituciones que conforman la sociedad (como por ejemplo el gobierno, la magistratura, el ejército, la familia, los medios de comunicación, la escuela etc.). A esto Garrido (1993) lo definió como transpolítica.

Desde lo concreto, Garrido (1993) manifestó que transpolítica es lo que hace: a) el movimiento feminista cuando se ocupa del poder en las relaciones de genero o, b) el movimiento pacifista cuando critica al ejercicio y a la violencia estructural o, c) el

consumismo como practica social. Es decir, la transpolítica es un arco de actividades que van desde las conductas individuales hasta las estrategias políticas de alcance continental y mundial. Todas instancias en las que se juegan relaciones de poder.

Ottmann (2005, p. 30) sostuvo que el objetivo de una sustentabilidad ecológica primero (dimensión ecológica); y de acceso a los medios de vida, después (dimensión sociocultural), aparecería incompleta si no se incorporara esta dimensión sociopolítica, generada en tales estructuras socioeconómicas, que permita alcanzar una calidad de vida definida por la comunidad. Esta autora apuntala que la acción agroecológica necesita romper los marcos de legalidad para desarrollar sus objetivos y que por medio de un verdadero desarrollo integral de las dimensiones mencionadas se pueden introducir transformaciones en la actual estructura de distribución de poder.

Por lo tanto, las explotaciones productivas son una excusa inicial de reunión para aquellas personas que, de alguna manera u otra, no están de acuerdo con el modelo actual. Posteriormente, en concatenación con los resultados, se percibe que la acción colectiva permite modificar el entorno. Es precisamente este el foco central de la dimensión política: la acción colectiva y la necesidad de cambio a través de la intervención directa sobre las relaciones de poder.