Chapter 2 Literature Review
2.4 Identity control: Using the BSC to monitor and regulate identities
2.4.3 Using the BSC to regulate identities
2.4.3.3 Using the BSC to regulate identity processes
Para presentar la misma verdad de otro modo, Pablo dice que Dios envió a Jesús (como hombre) para que viviera bajo la ley con el fin de redimir a los que estaban bajo la ley, de modo que nosotros (judíos y gentiles) «recibiésemos la adopción de hijos» (Gálatas 4:5). Con el término «adopción» se quiere dar a entender el entrar en los privilegios y las responsabilidades que les corresponden a los hijos. También usa él este término respecto de la condición de hijos de los israelitas (Romanos 9:4). Gálatas 4:1, 2 indica que el hijo y herede ro de una familia adinerada en los días de Pablo sería tratado como un esclavo hasta que tuviese mayoría de edad. Entonces recibiría «la adopción», esto es, todos los derechos, privilegios, y responsabilida des que pertenecían a un miembro adulto de la familia. También se usaba «adopción» en el sentido moderno, de modo que los gentiles que no eran «hijos» de Abraham llegaron a ser herederos de verdad mediante la fe, genuinos hijos de Dios. Jesús murió, no solo para sal varnos de los fuegos del infierno, sino para hacer posible que recibié semos todas las bendiciones que corresponden a un miembro de la familia de Dios (Efesios 2:19).
Luego, por el hecho de que ustedes son hijos, y porque todas las prometidas bendiciones que corresponden a los hijos ahora les perte necen, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a sus corazones, el que clama, «Abba, Padre» (Gálatas 4:6; Romanos 8: 15). El Espíritu Santo es probablemente llamado aquí el Espíritu de su Hijo para recordarnos las palabras de Jesús en Lucas 24:49. Allí, Jesús usó el mismo verbo, «enviar», para decir, «enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros». Este envío del Espíritu es claramente el bautismo en el Espíritu Santo, como se explicó en Hechos 1:4, 5; 2:4. El hecho de que Pablo se refiera a ello como el Espíritu que viene a sus corazones no es extraño. Él todavía tiene en mente la misma venida definida del Es píritu como en Gálatas 3:2. Todavía más, hemos visto en Hechos la variedad de términos que usa la Biblia para la venida del Espíritu en la experiencia pentecostal.
Es de gran importancia aquí, sin embargo, que Pablo establece con claridad de que el hecho de que ellos son hijos es la base para enviar el
Espíritu. Algunos han procurado reinterpretar Gálatas 4:6 para evitar
una diferencia entre la experiencia del nuevo nacimiento y el envío del Espíritu. Pero el versículo es una oración llana y sencilla que no admite otro significado. Algunos intentan hacer que los hijos sean solamente
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hijos en potencia, no nacidos de nuevo todavía, pero esto es solamente otro argumento ingenioso para intentar evitar el significado claro que tiene. Se puede ver con claridad que la condición de hijo debe preceder al envío del Espíritu en plenitud pentecostal.
El hecho de que Pablo tenía todavía en mente una experiencia clara que la gente puede saber si la tiene o no, se ve en el siguiente ver sículo ( 4:7), «Así que ya no eres esclavo, sino hijo». Al decir esto Pablo hace que cada individuo reconozca que el hecho de que experimentara el bautismo en el Espíritu es una confirmación positiva de que verda deramente es hijo y heredero, no un esclavo de la ley.
Esto es confirmado por el Espíritu mismo que viene a nuestros corazones y continuamente clama, «Abba, Padre». «Clamar» significa generalmente exclamaciones en voz alta, gritos, tales corno las que se necesitarían para llamar la atención en un mercado o en una plaza pública. Expresa una profundidad de intensidad, fervor, y urgencia, mediante la cual el Espíritu mismo dentro de nosotros dama a Dios como Padre.
La repetición del clamor le añade solemnidad. A menudo se dice en la actualidad que Abba era el equivalente arameo de «¡Papá!» en ca lidad de una forma de trato familiar. Resulta agradable pensar que te nemos el privilegio de la comunión más intima con el Padre por medio del Espíritu. Verdaderamente así es. Sin embargo, Abba es realmente el correspondiente arameo para «el Padre», u «¡Oh Padre!» Se usaba en el círculo familiar. Pero en esa sociedad los niños no decían «papá». Muy respetuosamente decían «padre». En los intensos clamores del Espíritu no hay trazas de una excesiva o descuidada familiaridad.
Una mejor explicación podría ser que los primeros cristianos ha bían oído a Jesús que se dirigía a Dios con la expresión aramea Abba. Esto llegó a ser la forma común de expresarse en oración y fue adop tada por los gentiles de habla griega. Pero fácilmente pudo llegar a ser una forma sin significado, especialmente para aquellos que no habla ban arameo. Así es como el Espíritu Santo dirige sus corazones a Dios, al llamarle por el precioso nombre de Abba, pero añadiendo de inme diato «Padre» en su propio idioma. El deseaba que ellos sintieran que Dios era verdaderamente su Padre.
«Abba, Padre», no era por cierto algo dicho en lenguas, pero era el continuo clamor interno del Espíritu mismo. Está implicado, sin embargo, que esto mueve al creyente a una reacción, de tal modo que él también dama a Dios como Padre. Por el hecho de que estos
EL ESPÍRITU SANTO REVELADO EN LA BIBLIA
clamores son genuinos y significativos, le dan al creyente una mayor seguridad de que es un hijo y un heredero.
Justicia mediante la fe
No solo la abundante provisión del Espíritu que Dios nos propor ciona nos muestra que somos hijos; debiera hacernos comprender que no necesitamos añadir nada a la provisión de Dios. Los que enseñaban que los gentiles debían guardar la ley aparentemente decían que solo por medio de guardar la ley puede alguien ser justo delante de Dios. Pablo indica que nuestra esperanza es una mejor justificación (Gálatas 5:5). La ley no puede esperar conseguir genuina justicia, y ni siquiera ayuda para obtenerla.
Los gentiles que prestaban oídos a los judaizantes estaban ponien do su confianza en la circuncisión ( como una señal del Antiguo Pacto) para su posición delante de Dios. Mediante esto, ellos estaban en rea lidad rechazando a Cristo, y habían caído de la gracia. No necesitamos la ley, «Pues nosotros por el Espíritu aguardamos (con ansiedad) por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor» ( Gálatas 5:5, 6). La fe es la clave. La fe hace lo que la ley no puede hacer cuando la fe es operativa, efectiva, por medio del amor ( o en una atmósfera de amor). Por consiguiente, solo podemos esperar una justicia que agrade a Dios mediante el Espíritu por fe (o, mediante el Espíritu que se recibe por fe vitalizada por el amor).
Caminar en el Bspiritu
Pablo se muestra continuamente cauteloso de que por recalcar de masiado una verdad no vaya a hacer que la gente tome una dirección equivocada. Ciertamente los gentiles estaban libres de la ley. Pero esto debe ser balanceado por el hecho de que no eran libres para la satisfac ción de los apetitos carnales sino para la vida en el Espíritu. No debían usar su libertad como una ocasión (oportunidad, pretexto) para la car ne (para dejar que los deseos e impulsos de la carne se impusieran). Más bien, por amor deberían servirse los unos a los otros ( Gálatas 5:13). Esto significa tener la misma autodisciplina que manifestó Jesús cuando :Él, el Señor de gloria, se humilló y fue entre nosotros «como el que sirve» (Lucas 22:25-27; Filipenses 2:5-8).
En algunos pasajes Pablo usa la palabra carne para denotar el cuerpo físico (2 Corintios 4: 10, 11 ), pero aquí él quiere dar a entender
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las tendencias malignas dentro de nosotros que conducen a la satisfac ción egoísta y a las rencillas. De este modo, los deseos que provienen de la carne en este sentido son directamente opuestos a los deseos que provienen del Espíritu (Gálatas 5:17). Y ni siquiera era suficiente que estos creyentes fueran simplemente bautizados en el Espíritu Santo. Se precisa caminar (vivir) en el Espíritu para tener victoria sobre los deseos e impulsos de la carne.
El problema que había con estos creyentes gálatas era que se es taban mordiendo y devorando unos a otros (Gálatas 5:15; comparar Santiago 4:1). Esta lucha mostraba que no estaban caminando en el Espíritu, porque si uno camina en el Espíritu, definitivamente no sa tisfará las concupiscencias (deseos, deseos pecaminosos) de la carne y de la mente. (El griego es enfático). Esto mostraba también que al ponerse bajo la ley tampoco obtenían victoria sobre la carne. En efec to, la ley estimulaba los impulsos de la carne, de tal modo que ellos ni podían hacer las cosas buenas que deseaban hacer, ni podían obtener la paz que deseaban ver. El único modo de conseguir la victoria en este conflicto entre la carne y el Espíritu era ponerse totalmente al lado del Espíritu y dejar que él fuera quien dirigiera. Además, eso significaría que ellos no estaban bajo la ley (la ley mosaica).
Caminar en el Espíritu y ser guiado por el Espíritu significa enton ces algo más que milagros. Significa victoria sobre los deseos e impul sos de la carne. Significa la crucifixión de esos deseos. Significa cultivar el fruto del Espíritu, porque el fruto del Espíritu es el mejor antídoto para los deseos de la carne.
El principio de guía, entonces, se halla en Gálatas 5:16, 18. Pero Pablo nunca dejó a la gente solo con generalidades. :Él estableció exac tamente lo que quería decir por las obras de la carne que surgen de sus impulsos y deseos o concupiscencias. Identificó claramente el fruto que habría en las vides de los que fuesen guiados por el Espíritu. :Él no quería decir que estas listas (Gálatas 5:19-23) lo incluyeran todo. (Nótese la palabra «tales» en los versículos 21, 23). Pero son lo suficien temente claras como para saber de qué está hablando.
En realidad, necesitamos ver el fruto del Espíritu contra el fondo de los deseos de la carne con el fin de ver si estamos andando en el Espíritu o no. Para Pablo aquí no hay términos medios. Las obras de la carne no son posibles si somos guiados por el Espíritu. Si hacen su aparición, significa que hemos dejado de vivir por el Espíritu; nos hemos apartado de su dirección. Esto no significa que el Espíritu nos
EL ESPÍRITU SANTO REVELADO EN LA BIBLIA
haya dejado, sino que le estamos dando oportunidad a la carne en lugar de darle oportunidad a :Él. Sin embargo, los que hacen (perma nentemente, lo constituyen en práctica) estas cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5:21).
Las obras de la carne
Las obras de la carne pueden clasificarse en cuatro grupos. Prime ro, adulterio, fornicación, impureza, lascivia ( testarudez desenfrenada, hechos licenciosos contra la decencia) y tiene que ver con la inmora lidad sexual. Mucho de esto ni siquiera era considerado pecado por la sociedad en general. Segundo, idolatría (incluyendo las imágenes y la adoración de los dioses que representaban) y hechicería (incluida la brujería, los encantamientos, y posiblemente el uso de drogas en ritos religiosos), tienen que ver con las religiones de origen humano. Tercero, están las enemistades (hostilidad), pleitos (contiendas, discor dias, disputas, riñas), celos (celos respecto de lo que tienen otros), iras (arranques del mal genio, pérdida del control), contiendas (intrigas egoístas con motivos mercenarios, devoción egoísta a los intereses de uno como en la búsqueda de un puesto), disensiones (desavenencias, como entre partidos políticos), herejías (diferencias de opinión, espe cialmente cuando se les presiona hasta el punto de causar división), envidias (expresadas en mala voluntad y malicia), y homicidios (que a menudo son el resultado de cualquiera de estos; véanse Mateo 5:21-23; 1 Juan 3:14, 15). Todos esos tienen que ver con conflictos que surgen de nuestros propios impulsos y deseos egoístas. Cuarto, borracheras y orgías (parrandas que por lo general son el resultado de la borrachera). Estos son nuestros impulsos naturales que batallan contra los de seos que el Espíritu tiene para nosotros. La civilización, la educación, la cultura, la buena crianza familiar pueden poner una delgada cober tura sobre estas cosas, de tal modo que un incrédulo puede presentar una buena apariencia. Pero por lo general no cuesta mucho que estas obras de la carne hagan su aparición a través del disfraz.
Cuando el cristiano se identificó con el Cristo crucificado, crucificó la carne con sus deseos. Pero esa victoria, que es nuestra potencialmen te, debe convertirse en algo activo y real. Nosotros, como cristianos, vivimos en el Espíritu en el sentido en que tenemos nuestra vida por el Espíritu. Pero también debemos caminar por el Espíritu si es que las tendencias, impulsos y deseos de la carne han de ser verdaderamente crucificados en nuestra experiencia diaria (Romanos 8:4, 5).
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El fruto del Espíritu
Nada hay que muestre mejor esto que nuestra relación de los unos con los otros. Si deseamos vanagloria (si llegamos a ser jactanciosos con ambición desmedida) nos provocamos e invadimos los unos a los otros (Gálatas 5:26). Si somos espirituales (viviendo por el Espíritu, cami nando en el Espíritu, viviendo en activa comunión con :Él) tomaremos , el lugar humilde. En lugar de poner por debajo a las demás personas, en lugar de buscar nuestro propio deleite, llevaremos los unos las cargas , de los otros, y nos preocuparemos por restaurar al hermano caído (6:1,
2). En realidad, ésta es una ilustración del fruto del Espíritu, fruto que
comienza con amor y que se resume en amor. Se le llama el fruto del Es píritu por cuanto el Espíritu es su fuente. No crece en forma natural del terreno de nuestra carne humana. El amor es el sentimiento que maní- , festó Dios en el Calvario cuando envió a su Hijo para que muriera por ., nosotros cuando aún éramos pecadores (Romanos 5:8). Se le describe
en 1 Corintios 13:4-7 como sufrido (paciente para con aquellos que nos , provocan y nos injurian), benigno (que devuelve bien por mal), libre de envidia (incluida la malicia, la mala voluntad), humilde, desprovisto 1 de presunción, jamás es rudo o descortés, nunca es egoísta o avaro, no ·
se resiente, no guarda rencor, jamás se regocija en la iniquidad o en la caída de otros. Sobrelleva todas las circunstancias de la vida con fe y esperanza. ¡No es de extrañar que jamás deje de ser, que nunca cese! El gozo es algo de lo cual el mundo nada sabe. Muchos se hallan empeñados en una loca persecución del placer. Algunos han hallado una medida de felicidad o satisfacción. Pero ni siquiera pueden ima
ginar lo que es tener el gozo profundo y continuo que es el fruto del
' Espíritu. Este se manifiesta cuando el Espíritu hace que Jesús y su obra de salvación sean más reales a nuestros corazones. Se expresa en un re gocijo activo en el Señor (Filipenses 3:1). No obstante, está allí, nutrido 1 por el Espíritu, bien sea que haya oportunidad para expresarlo o no, y aun si las circunstancias externas son gozosas o si no lo son (véanse también Romanos 14:17; 15:13; 1 Tesalonicenses 1:6; Filipenses 1:25).
La verdadera paz también proviene del Espíritu Santo. Incluye un
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espíritu sereno, pero es más que eso. Es la conciencia de que estamos en una correcta relación con Dios, una sensación de bienestar espiri , tual. Incluye la seguridad de que podemos confiar en que Dios suplirá todas nuestras necesidades «conforme a sus riquezas en gloria en Cris to Jesús» (Filipenses 4:19). Junto con el amor y el gozo viene la ayuda del Espíritu para el desarrollo del resto del fruto.
BL BSPfRIT'U SANTO RBVBLADO BN LA BIBLIA