Chapter 2 Literature Review
2.4 Identity control: Using the BSC to monitor and regulate identities
2.4.3 Using the BSC to regulate identities
2.4.3.1 Using the BSC to regulate identity products
En :Éfeso se menciona de nuevo el hablar en lenguas en conexión con ciertos discípulos a los que Pablo encontró allí (Hechos 19:1-7).
Aun cuando el libro de Hechos casi siempre utiliza la palabra dis cípulo para hacer referencia a un discípulo de Jesús, a un cristiano, Pablo presintió que aquí faltaba algo. Sin lugar a dudas, estos doce hombres profesaban ser seguidores de Jesús. Sin embargo, Pablo les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo «cuando creísteis» (des de que creísteis).
Las versiones modernas por lo general traducen «cuando creís teis», pero el griego literalmente dice: «habiendo creído, ¿recibisteis?» La impresión completa de Hechos 19:2 es que puesto que estos dis cípulos reclamaban ser creyentes, el bautismo en el Espíritu Santo
EL ESPÍRITU SANTO REVELADO EN LA BIBLIA
debiera haber sido el siguiente paso, un paso distinto del creer, aun cuando no necesariamente separado del mismo por un largo tiempo. El «creísteis» es un participio (pasado) aoristo en griego, mientras que el recibir es el verbo principal (también en aoristo). Ya que el tiempo del participio a menudo muestra su relación de tiempo con el verbo principal, el hecho de que el creer está un tiempo pasado fue tornado por los traductores de la Reina Valera Revisada como si indicara que esto precedía al recibir.
Muchos eruditos modernos en griego señalan, no obstante, que el participio aoristo a menudo indica una acción que ocurre al mismo tiempo que la del verbo principal, en especial si éste está en aoristo, como en 19:2. Un escritor, Dunn, llega incluso a afirmar que cual quiera que sugiera que el participio aoristo aquí indica una acción previa al recibir está mostrando solo que él (al igual que los revisores de la Reina Valera Revisada) tienen una comprensión inadecuada de la gramática griega.
Dunn llama la atención a los muchos casos de «responder y de cir», que en realidad son expresiones idiomáticas y no dan mucha luz sobre cómo interpretar otros pasajes. Algunos de sus otros ejemplos muestran que la acción del participio y la del verbo principal ocurren al mismo tiempo. Pero otros no son tan concluyentes. Hebreos 7:27 parece ser: «Porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo». Esto es, cuando l?.l se ofreció a sí mismo. Mateo 27:4, «Yo he pecado entregando sangre inocente», parece coincidir, pero el uso no es el mismo en Hechos 19:2. Se define el pecado como la traición. Parece muy difícil que el recibir el Espíritu Santo sea definido como creer en Hechos 9:2, en especial ya que otros pasajes indican con clari dad que la recepción incluye un derramamiento definido del Espíritu. Otro pasaje que usa Dunn es 1 Corintios 15:18: «Entonces tam bién los que durmieron en Cristo perecieron». Sin embargo, Pablo no considera que el perecer sea lo mismo que el dormir (morir). Más bien, al dormir le seguía el perecer si Jesús no resucitó. Dunn toma también Hechos 1:8 como coincidente: «Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo». En un sentido, el poder puede venir con el Espíritu y el Espíritu debe ser considerado el poder. Pero el po der en el libro de Hechos parece venir cuando se necesita. De modo que es el resultado de la venida del Espíritu en lugar de ser lo mismo.
Otro ejemplo es Hechos 10:33: «tú has hecho bien en venir». «En venir», define a lo que Cornelio se refiere por hacer bien. Pero, ¿Será
El Espíritu en el libro de Hechos
«cuando creísteis» lo que Pablo quería decir con el recibir el Espíritu Santo? En verdad no parece ser ese todo el significado que él quiso dar. Entonces, Hechos 27:3 no coincide de manera tan obvia como
1 Dunn quisiera hacernos creer. Es mejor traducido: «Julio, habiendo
tratado a Pablo con hospitalidad, le permitió ir a sus amigos». Parece más que posible que la hospitalidad precedió al permiso para visitar , a los amigos.
Dunn pasa por alto otros ejemplos que son menos coincidentes con su postura. Hablando de siete hermanos (Mateo 22:25), los sadu
ceos dijeron del primero, «el primero se casó, y murió». Es obvio que
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esto no significa que el casamiento y la muerte fueron lo mismo o que las dos cosas ocurrieron al mismo tiempo. Fueron distintos aconteci mientos, y el casamiento precede con claridad a la muerte, probable mente por algún tiempo.
De modo similar, Hechos 5:10 dice: «La sacaron, y la sepulta- ' ron». De nuevo, el acto de sacarla y el de sepultarla no fueron el mis mo. La sepultura siguió al sacarla en una simple secuencia histórica. Aunque no hubo un tiempo largo entre los dos, por lo menos fueron distintos eventos.
Pueden hallarse otros ejemplos en Hechos 13:51 ( «sacudiendo con- , tra ellos el polvo de sus pies, llegaron a Iconio» ); 16:6 («Y atravesando
Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia»); 16:24 ( «El cual, recibido este mandato los metió en el calabozo de más adentro»). En estos casos y en muchos otros la acción del participio precede a la acción del verbo principal. De ese modo, aunque existen algunos casos en que la acción de un participio aoristo coincide con la del verbo principal, esto no consti tuye una regla inflexible. La impresión total de Hechos 19:2 es que el Espíritu Santo haya sido el siguiente paso, un paso diferente después de
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creer, aunque no necesariamente separado de eso por mucho tiempo. La réplica de estos discípulos: «Ni siquiera hemos oído si hay 1 Espíritu Santo» no debe entenderse, al parecer, como que ellos des
conocían por completo la existencia del Espíritu Santo. ¿Qué judío
piadoso o gentil interesado en las cosas espirituales podría haber sido tan ignorante? Es mucho más probable que la frase se compare con
1' Juan 7:39. Allí, la frase condensada, «aún no había venido el Espíri
tu Santo» significa que la época del Espíritu, con su prometido de rramamiento, no había llegado todavía. Así, estos discípulos decían realmente que no habían oído de la posibilidad de ser bautizados en
BL ESPÍRITU SANTO RBVBLADO BN LA BIBLIA
el Espíritu Santo. Efectivamente, varios manuscritos y versiones an tiguas del Nuevo Testamento expresan: «Ni aun hemos oído que al guien haya recibido el Espíritu Santo».
Cuando Pablo continúo su averiguación, descubrió que estos dis cípulos habían sido bautizados únicamente con el bautismo de Juan, el cual, según la explicación de Pablo, era solamente preparatorio. Luego de lo cual fueron bautizados en el nombre (en el servicio y adoración) del Sefior Jesús. Luego, «habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas y profetizaban». Es mejor también aquí considerar que la imposición de manos fue un medio de estimular la fe de ellos, y que fue anterior o al menos distinta de la venida del Espíritu. Luego probablemente para recalcar que estos discípulos habían recibido ahora la experiencia plena del bautismo en el Espíritu, Lucas declara definidamente que hablaron en lenguas y que profetizaron. (El griego probablemente implica también que siguieron haciéndolo).
Diri¡idos por el Espiritu
Una de las evidencias más importantes de la obra del Espíritu, tan to en la Iglesia como en las vidas de los individuos, fue la manera en que el Espíritu los dirigió. Ya se han mencionado varios incidentes en las vidas de Pedro y de Felipe, pero la dirección del Espíritu es todavía más prominente en las experiencias del apóstol Pablo.
La manera en que fueron guiados los líderes espirituales en Antio quía fue muy específica (Hechos 13:14). Estos hombres eran profetas y maestros, hombres usados y dotados por el Espíritu, hombres que edificaron la iglesia, tanto en lo espiritual como en cuanto a número de miembros. En razón de que eran sensibles a sus propias necesida des espirituales como también a las necesidades de la iglesia, oraban y ayunaban juntas con frecuencia. Ellos sabían que debían ministrar al Sefior ( esperar delante de :81 en oración de intercesión y en la búsqueda de su presencia y de su poder) si es que habían de ministrar al pueblo. En una de estas ocasiones el Espíritu Santo habló (probablemen te por medio de una exclamación profética). Ordenó que apartaran a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual Él (ya) los había llamado. Después de haber ayunado y orado, los otros los enviaron (los deja ron ir). El versículo 4 recalca que fueron enviados mediante la agenda directa del Espíritu Santo. La razón para que hubiera una exclama ción profética dirigida al grupo fue porque Pablo y Bernabé habían
Bl Bspfritu en el libro de Hechos
aceptado responsabilidades respecto de la iglesia en Antioquía. Era ne cesario no tan solamente que el Espíritu tratara con ellos respecto de su viaje; la iglesia debía estar dispuesta a dejarlos ir. Al imponer sus ma nos sobre los apóstoles estimularon su fe y les indicaron que seguirían apoyándolos en oración. Pero ellos no les indicaron dónde debían ir. El Espíritu mismo los dirigió para que fueran a Seleucia y luego a Chipre. Más tarde, Pablo reconoció que los ancianos de las iglesias locales estaban en la misma clase que estos apóstoles misioneros. El Espíritu Santo los hizo supervisores (obispos, «superintendentes», pastores de las iglesias locales) para «apacentar (velar, pastorear) la iglesia (asam blea) del Sefior» (Hechos 20:28). Ellos también tenían su ministerio y su llamado por medio de la guía directa del Espíritu. :81 era la fuente de los dones de administración que ellos necesitaban para dirigir también la iglesia ( 1 Corintios 12:28).
Atado por el Bspiritu
El ser dirigido por el Espíritu significa más que disfrutar de la li bertad, la valentía y las victorias que Él concede. Por sobre todo, no hay libertad para las expresiones de la voluntad egoísta o arbitraria de uno. Por el contrario, los que son llamados y dirigidos por el Espíritu, se convierten en prisioneros (voluntarios) de :81. Aceptan las limitaciones y restricciones que :81 les impone. Ellos le prestan atención cuando :81 les controla. Reconocen que :81 sabe lo que hace y que las restricciones son necesarias para sus propósitos.
Hallamos un ejemplo destacado durante el segundo viaje misio nero de Pablo. El apóstol, junto con Silas y Timoteo, fue impedido por el Espíritu de hablar la Palabra en la provincia romana de Asia. Proba blemente esto fue también una exclamación profética, ya que el griego indica un mandato directo mediante el Espíritu. Piense lo que debe haber significado esto para el hombre que dijo: «¡Ay de mí si no anun ciare el evangelio!» (1 Corintios 9: 16).
En realidad, Dios concedió a Pablo un gran ministerio en la pro vincia de Asia en su tercer viaje misionero. Pero en esta oportunidad Dios quería que Pablo fuese en otra dirección. Sin embargo, el Espíri tu no proporcionó una guía positiva. Por esto, Pablo siguió el camino que se abría delante de él. Al llegar a Misia se hizo necesario tomar una decisión. El camino hacia el norte se terminaría pronto. Puesto que no había direcciones positivas provenientes del Espíritu, Pablo se volvió hacia el este e hizo un intento, dio pasos definidos para ir hacia
EL ESPÍRITU SANTO REVELADO EN LA BIBLIA
Bitinia. No fue sino hasta este momento que el Espíritu (llamado aquí el Espíritu de Jesús en algunos manuscritos antiguos) dio instruccio nes. Además, fue un rechazo definido a permitirles que fueran en esa dirección (Hechos 16:6-8).
Pablo se volvió entonces hacia el oeste, hacia Europa, solo porque el Espíritu le conminó a no ir en ninguna otra dirección. Pero en Troas estaba en el lugar donde el Seftor podía darle otra clase de dirección mediante la visión del llamado macedónico. Los obstáculos previos que le presentó el Espíritu lo prepararon para que aceptara esto como la voluntad del Señor. En Macedonia no dudó que el Señor lo había en viado, aun cuando en Filipos fue puesto en la prisión (Hechos 16:9, 25).
Cuando Pablo hizo su último viaje a Jerusalén, fue «ligado ... en (por) el espíritu» (Hechos 20:22). No era su deseo personal ir a Jerusa lén. Él deseaba ir a Roma y luego a Espafta (Romanos 1:10-13; 15:23, 24). Pero fue atado por el Espíritu para que fuera a Jerusalén. Se usa el mismo verbo respecto de los prisioneros. Pablo fue más tarde a Roma encadenado, como prisionero del gobierno romano (aun cuando él siempre se consideró a sí mismo como un prisionero de Cristo). Pero aquí él era en verdad un prisionero del Espíritu. El Espíritu le llevaba a Jerusalén para que ministrara allí al llevar una ofrenda de las iglesias en Macedonia y en Grecia (Romanos 15:25-27).
Esto no quiere decir que Pablo fuese renuente a ir, aun cuando el Espíritu le daba testimonio de ciudad en ciudad que le esperaban cadenas y persecución. Pablo no fue movido por ello de su propósito de obedecer a Dios. El esperaba terminar su carrera con gozo (Hechos 20:23, 24).
En el capítulo siguiente del libro de Hechos hallamos más detalles de cómo el Espíritu dio testimonio. En Tiro, mientras el barco se ha llaba descargando, Pablo y sus amigos pasaron siete días con los cre yentes del lugar. «Ellos decían a Pablo por el Espíritu que no subiese a Jerusalén» (21:4). Sin embargo, la palabra por no es la palabra que se usa en los pasajes anteriores para la intervención directa del Espíritu Santo. Puede significar «a consecuencia del Espíritu», o «a causa de lo que el Espíritu decía». Definidamente, el Espíritu mismo no prohibió a Pablo que fuera. Más bien el Espíritu constreftía a Pablo a que siguiera adelante. Él no se contradice a sí mismo.
Los detalles de lo que sucedíó en la siguiente parada de Pablo, Ce sarea, hacen que el cuadro resulte más claro (Hechos 21:10-14). Un profeta, Agabo, bajó desde Jerusalén, tomó el cinturón de Pablo y lo
El Bsplritu en el libro de Hechos
usó en forma de lección objetiva para ilustrar el mensaje del Espíritu de que Pablo seria atado por los judíos de Jerusalén y que sería entregado a los gentiles. Por causa de esta profecía, todos rogaron a Pablo que no fuese a Jerusalén. Este fue, indudablemente, el caso en Tiro. La gente, al oír el mensaje del Espíritu, expresó sus propios sentimientos de que Pablo no debería ir.
Sin embargo, Pablo declaró que él estaba dispuesto no solamente a ser atado sino a morir en Jerusalén por causa del nombre del Sefior Jesús. Él sabía que la voluntad de Dios era que fuera. Por fin los demás dijeron: «Hágase la voluntad del Señor». Esto es, ellos reconocieron que era realmente la voluntad del Señor que Pablo fuera.
En realidad, era muy importante que los cristianos supieran que era la voluntad de Dios que Pablo fuese aprisionado. Había todavía judaizantes alrededor que se oponían al evangelio que predicaba Pablo y que deseaban obligar a los gentiles a hacerse judíos antes que se hi cieran cristianos. Efectivamente, ellos decían que los cristianos gentiles no eran realmente salvos.
Si Pablo hubiese ido a Jerusalén sin todas estas advertencias para que las iglesias supieran lo que iba a suceder, los judaizantes pudieran haber tomado el arresto que sufriría como un juicio de Dios. Esto pudo haber creado gran confusión a las iglesias. Pero el Espíritu, mediante , esto, dio testimonio a Pablo y al evangelio que predicaba. Al mismo tiempo la Iglesia misma fue protegida de las fuerzas que causan divi sión. El Espíritu es de veras el Guía y Protector que necesita la Iglesia. El libro de Hechos enfatiza de este modo que el Espíritu Santo, en la misma naturaleza de las cosas, se halla íntimamente ligado con todo aspecto de la vida de la Iglesia y de los cristianos. Jesús es el Salvador. Jesús es el bautizador, Jesús es el Sanador. Jesús es el Rey venidero. Pero el Espíritu Santo revela a Jesús y hace por nosotros todo lo que Jesús '
prometió que Él haría. Somos bautizados en el Espíritu, dinamizados por el Espíritu, enseñados a ser discípulos por el Espíritu, guiados y reprimidos por el Espíritu. Y esto no está limitado a los apóstoles o a ' otros líderes. En el libro de Hechos, todo creyente es un testigo. Todo
creyente es llenado. Todo creyente tiene el gozo del Señor. ¡Qué cuadro de lo que debiera ser la Iglesia!