Dr. Jorge Estenssoro Machicado, médico sanitario del ejército boliviano.
P: ¿Cómo siguió la guerra para usted?
R: Luego me destinaron como médico al Regimiento Monje, 18 de
Infantería. Allí me encontré con el mayor Gandarillas que me enseñó a distinguir el tiro paraguayo del tiro boliviano, para que me tendiera en el momento preciso. Me dijo que el tiro boliviano hacía “pum tack” y el paraguayo “tack pum”. Uno se acostumbra, distinguía entonces los tiros y me tendía cuando escuchaba el paraguayo. Defendimos Carandaiti, cuando atacaron las tropas del coronel paraguayo Franco. Defendimos toda esa zona. Nos faltaba agua, mucha gente moría de sed, la retirada de Picuiba fue un desastre. Pero logramos parar a los paraguayos.
P: ¿Cómo era el hospital?
R: En Carandaiti me destinaron al hospital de Machareti, que
queda entre Villamontes y Boyuibe. Allí me encontré con el doctor del hospital, Genaro Siles, hermano del ex presidente Hernando Siles. Allí curamos a los enfermos y heridos que llegaban del frente. El hospital era el convento de San Francisco, las camas eran chamapas (cama trenzada con cuero y palos). En Machareti encontré a varios amigos que habían ido a la guerra. Trabajé en ese hospital durante unos seis u ocho meses, hasta que llegó una avalancha paraguaya. Nosotros estábamos en mala situación porque estábamos lejos de nuestras posiciones. Los aprovisionamientos llegaban tarde y por ello retrocedimos; todo el ejército retrocedió. Entonces fui a dar Lagunillas, donde al menos contábamos con enfermeras; recuerdo a una de ellas, de nombre Cinthia Villarroel. Posterior a eso, me enviaron nuevamente al frente como cirujano de regimiento. El ejército se parapetó en las alturas de Aguarague, donde estaba el petróleo boliviano. Los paraguayos avanzaban permanentemente. En Ipatí, con el regimiento de Manchego, defendimos el pozo de Ñancorainza, que estaba en la mira de los paraguayos.
P: ¿Tuvo algún encuentro con el enemigo?
R: En una ocasión, llegamos a Boyuibe, por el camino a
Villamontes, cuando vimos una columna paraguaya. Repartimos a los soldados por las matas, esperando que pase la columna para emboscarla. Pero los paraguayos tenían punteros (guías). Cuando pasó el puntero todos le dispararon. La columna escuchó el tiroteo y se retiró. El chofer saltó y se metió al monte y ya no lo encontramos. Yo me agarré el camión paraguayo para la sanidad…
P: ¿La naturaleza también era agresiva para los bolivianos? R: Si en Boyuibe, cierto día, estaba sentado a las dos de la tarde,
descansando en completo silencio cuando de repente oí un ruido, me levanté y vi un víbora coral, venenosa. Sospeché que no estaba sola y, en efecto, al rato apareció otra. Los camilleros las agarraron y las mataron. Si me mordían, ya no estaba aquí.
P: ¿En qué consistía el equipo de salvamento?
R: Nos proporcionaban algodón, yodo, medicamentos, vendas y el
equipo sanitario. Atendíamos con eso a los heridos y una vez curados los enviábamos a Villamontes. Fuera de las heridas de guerra, la enfermedad más grande era la disentería que no era amebiana, sino microbiana. Por eso solicitamos penicilina y sulfa, con lo que salvamos muchas vidas. La sulfa servía para curar heridas y la penicilina para evitar infecciones. La disentería la combatíamos con vacunas y desinfectantes intestinales. Además sufríamos por la escasez de agua, el agua no era buena y causaba enfermedades. Al principio de la guerra no había agua y la alimentación no era buena, pero nos sirvieron mucho las conservas argentinas para alimentarnos mejor y evitar las infecciones.
P: ¿Cómo terminó la guerra?
R: Teníamos que tomar contacto con Villamontes, pero no
podíamos porque todo el ejército paraguayo estaba atacando esa localidad. El hermano de Dr. Bilbao Rioja, Benardino, defendió
esa población. Si tomaban Villamontes, se perdía el petróleo. Toda Bolivia defendió el petróleo, todos se enlistaron, por eso nadie puede decir que es dueño del petróleo, el ejército del Chaco lo defendió. Defendimos todo el Chaco hasta Boyuibe. Cuando íbamos a dar el segundo pechazo hasta el río Paraguay, con el ejército fortalecido y con una buena cantidad de reservas, alimentos y armas; cuando el ejército de Paraguay estaba debilitado, nos llegó la paz del Chaco. Nos sentimos decepcionados, muchos soldados lloraban. Podíamos llegar hasta el río Paraguay y hasta entrar más adentro. Así acabó la guerra.
P: ¿Cuántos heridos atendía durante los combates?
R: Dependía de las batallas, cuatro, seis y ocho heridos... Teníamos
todas las facilidades para realizar atenciones de emergencia y sostenerlos con vida. En Villamontes teníamos hospitales buenos. Más adelante se crearon postas sanitarias.
P: ¿Cuántos médicos se movilizaron?
R: Todas las facultades de medicina se enrolaron. La de Sucre, la de
La Paz y la de Cochabamba..
P: ¿Qué tan eficiente fue la Sanidad del Ejército?
R: Fue magnifica. Había todo el personal necesario. En Tarija
llegamos a atender y operar no sólo a los heridos, sino a toda la población. Además, los soldados cuando se movilizaban, nombraban madrinas de guerra y éstas les mandaban ropa y alimentos. Las enfermeras se portaron muy bien. Todas eran voluntarias, aprendieron curando heridos. Todas las mujeres que podían se enlistaban para ser enfermeras. También recuerdo a María Josefa Saavedra, como directora de las enfermeras.
1925 Protocolo de Ginebra, prohibición al
LLAASS PPEERRSSOONNAALLIIDDAADDEESS
Francisca Nieto Pando
Nació en Oruro el 2 de septiembre de 1904 y murió en La Paz, a los 97 años, el 5 de abril del 2001. Realizó sus estudios en el colegio El Carmen de Oruro y en el Liceo de Señoritas de La Paz. Más tarde, en 1949, recibió el título de enfermera profesional, labor que desempeñó durante toda su vida con entrega y sacrificio. Durante la Guerra del Chaco, sirvió en el Hospital Militar de Sangre Nº 1 y en el Hospital del Banco Central. Los soldados heridos, a quienes cuidaba y atendía, la llamaban “Mamita Panchita“. De 1938 a 1940 fue enfermera jefe de la sala de operaciones del Hospital Antituberculoso de La Paz. Más tarde, en 1944, cumplió esas mismas funciones en el Centro de Higiene Materno Infantil de la Cruz Roja Boliviana.
Visitó y atendió, como representante de la Cruz Roja Boliviana, a los presos políticos de varios gobiernos, entre ellos a los confinados en la Isla de Coati del Lago Titicaca en 1942, y a los de Corocoro durante el gobierno del MNR. En esta misma etapa, atendió a los heridos de la revolución del 52.
En 1947, en varias ciudades del país, impulsó e inauguró el Desayuno Escolar, organizado por el Ministerio de Trabajo y Previsión Social. En 1948, fue designada presidenta del Cuerpo de Enfermeras de la Cruz Roja Boliviana.
Estuvo en todos los desastres naturales y tragedias que se registraron en el país llevando vituallas, medicamentos y alivio a los damnificados. De 1957 a 1962, fue la administradora del Restaurante del Niño de la Cruz Roja Boliviana y, de 1962 a 1968, fue directora del Instituto de Rehabilitación para Jóvenes Carmen de Ernst, de la misma institución.
Durante el golpe de agosto de 1971, atendió a los heridos del ejército y, a los pocos días, a los presos políticos del nuevo régimen que guardaban detención en distintos lugares.
Por sus méritos, recibió la condecoración Antonia Zalles de Cariaga, de la Cruz Roja Boliviana y Florence Nightingale, del CICR. En 1985, la Cruz Roja Boliviana instituyó la medalla a la constancia con su nombre. Francisca Nieto Pando,“Panchita”, nunca se separó de la Cruz Roja Boliviana. Murió prácticamente sirviendo a quienes necesitaban de ayuda.“Aquí en nuestra patria Bolivia, la mujer no se quedó indiferente, concurrió voluntariamente a los campos de batalla en el Alto de la Alianza y posteriormente en la Guerra del Chaco, mujeres de gran corazón y verdaderas patriotas, restañando heridas y curando a los enfermos, quienes recibieron de esas manos divinas el bálsamo de bondad”.68
68Discurso pronunciado por Francisca Nieto Pando el 15 de mayo de 1989.