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No se puede discutir que las consecuencias iniciales a la declaración de un espacio natural protegido no son positivas, en particular para ciertos sectores de población más cercanos a dicho espacio. Los efectos positivos de las declaraciones son progresivos y lentos, sin que en muchos casos esté en manos de los gestores poder catalizar dichos efectos (Casas, 2008).

El turismo se considera en la actualidad como una actividad económica que tiene la importante capacidad de ayudar al desarrollo económico y a la conservación de la naturaleza a través de sus distintas maneras (Pulido, 2007; Cobo y Aparicio, 2014), aunque para Pulido (2007) es importante diferenciar entre las distintas figuras de protección por la permisividad que tienen para el desarrollo de determinadas actividades que otras áreas protegidas prohíben.

El incremento del turismo en estas áreas ayuda a mejorar la competitividad de los destinos y al desarrollo de las comunidades locales, aunque se deben establecer estrategias que limiten las actividades que se puedan desarrollar en dichos espacios (Segrado et al., 2014).

Bajo la premisa de una gestión correcta de los espacios naturales protegidos como destino turístico, el turismo puede aportar beneficios a los mismos (Muñoz y Benayas, 2012). Para Eagles et al. (2002) el turismo aporta unos beneficios potenciales dentro del ámbito económico, sociocultural y medioambiental como se puede apreciar en la Tabla 34.

129 Tabla 34. Beneficios potenciales del turismo en espacios naturales protegidos

Mayores oportunidades económicas

Más puestos de trabajo para los habitantes Mayores ingresos

Estímulo para la creación de nuevas empresas turísticas e impulso y diversificación de la economía local

Fomento de la manufactura

Obtención de nuevos mercados y divisas Mejora del nivel de vida

Generación de ingresos mediante impuestos

Aprendizaje de nuevas técnicas por parte de los empleados Mayor financiación para las áreas protegidas y comunidad locales Protección del

patrimonio cultural y natural

Protección de los procesos ecológicos y de las cuencas hidrográficas Conservación de la biodiversidad (incluidos genes, especies y ecosistemas) Protección, conservación y valoración de los recursos del patrimonio cultural y construido

Creación de valor económico y protección de unos recursos que, de otro modo, no poseerían un valor que fuera percibido por los habitantes o que supondrían un costo más que un beneficio

Transmisión de los valores de la conservación mediante educación e interpretación

Contribución a la comunicación e interpretación de los valores del patrimonio natural construido y de la herencia cultural para los visitantes y habitantes de las áreas, creándose así una nueva generación de consumidores responsables

Apoyo a la investigación y el desarrollo de prácticas medioambientales y sistemas de gestión correctos que influyan en el funcionamiento de los negocios turísticos, así como en el comportamiento de los visitantes en los destinos

Mejora de las instalaciones, medios de transporte y comunicaciones locales Ayuda al desarrollo de mecanismos de autofinanciación para las actividades del área protegida

Mejora de la calidad de vida

Promoción de los valores estéticos, espirituales y de otra índole relacionados con el bienestar

Apoyo a la educación ambiental de visitantes y residentes

Creación de entornos atractivos para los destinos, los residentes y los visitantes, que puedan apoyar otras actividades compatibles nuevas, desde la pesca a la empresa de servicios o productos

Mejora del entendimiento intercultural

Fomento del desarrollo de la cultura, la artesanía y el arte Aumento del nivel educativo de la población local

Estímulo para que la población conozca los idiomas y culturas de los turistas extranjeros

Estímulo para que la población autóctona valore su cultura y su entorno Fuente: Eagles et al. (2002)

Hasta ahora los estudios no revelan diferencias significativas entre los municipios que forman parte de las áreas de influencia socioeconómica de los parques nacionales con los de su entorno, aunque con el tiempo se van intensificando las diferencias positivas entre los mismos analizadas dentro de un contexto nacional. Un claro ejemplo de lo anterior es que el Impuesto sobre Actividades Económicas se

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incrementó un 36,56% en la primera década del siglo XXI, mientras que en las zonas de influencia socioeconómica el crecimiento fue de un 64,97% (Casas, 2008).

Ha quedado demostrado que el turismo ha contribuido en muchas zonas a la sostenibilidad y conservación del medio ambiente ya que la principal motivación de los viajes ha sido la recreación y la contemplación, provocando que ciertos ecosistemas se mantengan, pero no es menos cierto que la actividad turística en general contribuye al deterioro medioambiental e incide de forma negativa en los problemas socioculturales y económicos de las diferentes zonas afectadas (Martínez y Blanco, 2013).

Es cierto que la figura de protección limita la realización de determinadas actividades dentro del espacio natural, pero también dentro de un mismo espacio natural protegido nos podemos encontrar con la zonificación, lo cual provoca que no exista el mismo grado protección en todas sus zonas, condicionando que determinadas actividades se puedan realizar en alguna zona del espacio natural protegido y no se pueda realizar en otras zonas del mismo (Cobo y Aparicio, 2014).

Pero no todos los efectos del turismo en los espacios naturales son positivos, también existe un incremento de riesgo potencial de impactos negativos sobre la conservación del entorno natural y cultural de estos territorios, especialmente ocasionados como consecuencia de una gestión inadecuada de su desarrollo turístico (Pulido, 2010). Para minimizar los riesgos se hace necesario unir el turismo a la calidad de vida, protección del medio ambiente y del patrimonio cultural (Vázquez y Martín, 2011).

Por tanto, y como hemos visto, para que una actividad turística pueda tener cabida en los espacios naturales hay que tener en cuenta premisas que permitan la utilización y conservación de manera simultánea mediante un uso racional de los recursos naturales y culturales (Millán, 2001).

Eagles et al. (2002) reconoce una serie de costes sociales, medioambientales y financieros dentro de los espacios naturales protegidos como consecuencia del turismo que suelen ser más profundos cuando las comunidades locales no tienen elección ni control sobre el turismo (Ver Tabla 35).

131 Tabla 35. Impactos negativos del turismo sobre los espacios naturales protegidos

Costes sociales Posibles perturbaciones de los habitantes locales

Generación de un empleo de temporada con subempleo fuera de la misma Pérdida de identidad de las tradiciones locales

Prohibición de usos tradicionales Costes

económicos

Incremento del coste de los servicios básicos

Incremento de mantenimiento de las infraestructuras y servicios Suele crearse una excesiva dependencia del turismo

No siempre el turismo repercute económicamente en la población local Costes

medioambientales

Deterioro de áreas naturales Residuos

Emisiones y contaminación del aire Perturbación de la vida silvestre Contaminación del agua Riego de incendios Desarrollo excesivo

Fuente: Eagles et al. (2002)

Otros autores como Muñoz y Benayas (2006) suman a estos impactos negativos algunos como como los experienciales ante la masificación de determinadas zonas que impiden disfrutar de la experiencia según las expectativas creadas. A la vez que se ha producido este incremento de demanda turística se ha creado un debate sobre su sostenibilidad, tanto económica como de los recursos naturales y los impactos que pudieran sufrir generaciones futuras (Mondéjar et al., 2009). Hay que tener en cuenta que estamos asistiendo a un momento en el cual las demandas con respecto al ocio, la formación y la conservación se están incrementado en los últimos años gracias a una mayor conciencia ambiental (Cobo y Aparicio, 2014).

En algunos casos, la conservación de los parques no ha sido la adecuada. Lovari y Cassola (1975) consideran que la imposición de una serie de prohibiciones crea actitudes hostiles difíciles de cambiar.

También consideran los autores que hay casos en los que no se consigue ayudar a la población local a través de una correcta gestión turística y de la generación de oportunidades de empleo debido al escaso presupuesto que tienen los parques nacionales, unido al beneficio que han conseguido los especuladores sin provocar que la riqueza se asentara en el territorio.

A pesar de que el turismo en espacios naturales es una oportunidad para el desarrollo de zonas desfavorecidas con economías menos competitivas y con problemas de despoblamiento, es necesario, para su desarrollo, una planificación y

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gestión turística activa de los mismos (Pulido, 2007). La respuesta por parte de los órganos de gestión de los espacios naturales protegidos se ha limitado, hasta ahora, a la ordenación y control del uso público (Pulido, 2012). Es imprescindible recuperar también destinos maduros y conservar otras zonas con gran potencial como son los espacios naturales protegidos (Roca, 2005).

En España se ha percibido una incompatibilidad casi total entre el turismo y el medio ambiente como consecuencia de que los esfuerzos públicos han ido destinados a la atracción de turistas sin tener en cuenta la gestión del flujo de los mismos. La degradación de recursos naturales ha conducido a una devaluación de destinos tradicionales provocando la aparición de nuevos destinos turísticos con un alto componente medioambiental (Roca, 2005).

El esquema competencial que está actualmente vigente en España en materia de espacios protegidos establece que las competencias para la regulación de las distintas actividades turísticas que puedan realizarse en los espacios protegidos corresponde a las CC. AA. Por tanto, deben ser ellas las que delimiten las actividades permitidas y prohibidas en el interior de los espacios naturales mediante la aprobación de los PORN, PRUG y los planes sectoriales correspondientes (Roca, 2005).

La postura de la administración ambiental es la de no asumir la importancia del sector turístico dentro de los espacios naturales y de ahí se desprende que no se realice una gestión turística proactiva de dichos espacios (Pulido, 2007). No se está haciendo una gestión turística de los espacios naturales protegidos, algo que se considera fundamental si se quiere hacer de ellos destinos sostenibles en los que el turismo juegue un papel relevante, tanto por sus beneficios económicos como las aportaciones a la conservación del propio espacio que las actividades turísticas pueden ayudar a realizar (Blanco, 2006).

La gestión no tiene en cuenta la demanda turística que se tiene sobre los espacios naturales protegidos, llegando, como mucho, a mantener una oferta de uso público alejada de la actual realidad turística de estos espacios. Una actividad turística sostenible y eficiente podría generar para estos territorios y sus habitantes a largo plazo, una serie importante de oportunidades (Pulido, 2009).

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La oferta turística rural debe terminar de adaptarse a las nuevas demandas que tienen los visitantes, con una mayor flexibilidad y una adaptación a las necesidades emergentes (García, 2005). Blanco (2006) considera que por parte de las administraciones competentes en materia turística se ha tratado de favorecer la creación de alojamientos en el medio rural como paso necesario para conseguir la afluencia de turistas, aunque, tras años de desarrollo sólo en los últimos años es cuando se empieza a perfilar que algunos destinos ofrecen actividades de turismo de naturaleza de manera organizada.

En cualquier caso, resulta necesario diseñar nuevas formas de gestión y desarrollo que ayuden a implementar la actividad turística dentro de los espacios naturales mediante la coordinación del uso público y el aprovechamiento turístico del entorno (Cobo y Aparicio, 2014).

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