7. THE MULTIFACETED LONE CARRIER
7.4. Voyage Charterer
El principio de la adaptación del organismo al entrenamiento tiene particularidades en relación con los niveles de aplicación de los diferen- tes estímulos. Durante la aplicación de estímulos de entrenamiento so- bre el organismo nos encontramos con el concepto del síndrome gene- ral de adaptación (SGA), propuesto por el científico Hans Selye en 1956 (en Dantas, 1985), que presentó una correlación entre los estímulos de entrenamiento deportivo y los estímulos del estrés. El estrés puede ser de diferente tipo, como por ejemplo físico, bioquímico y mental.
El síndrome de adaptación general tiene tres fases diferentes y es- calonadas en el tiempo:
1. Fase de excitación o choque. En esta fase se podrán provocar do-
lores y por este motivo una caída momentánea del rendimiento, y dar lugar a un período de reacción de alarma en el organismo.
2. Fase de resistencia o adaptación. Esta fase tiende a provocar una
adaptación al estímulo que ha sido aplicado y el cuerpo ya puede presentar una elevación del rendimiento deportivo.
3. Fase de fatiga o cansancio. En esta fase el cuerpo no responde de
una forma positiva a los estímulos por estar ya adaptado. Posible- mente existirá una caída del rendimiento en el caso de que el entre- namiento sea excesivo. Existe el riesgo temporal o permanente de la aparición de lesiones.
Entre los diferentes estímulos que se pueden presentar en el cuer- po, podemos escalonar diferentes tipos.
Cuando el estímulo es muy débil, no va a producir ninguna adapta- ción positiva, y éste se reciclará como un estímulo débil.
Los estímulos de baja intensidad que sólo excitan el organismo y que no producen posteriores adaptaciones serán clasificados como es- tímulos medios.
Los estímulos fuertes son los que proporcionan las adaptaciones más amplias, seguras y prolongadas. Con un entrenamiento organiza- do y consciente, se busca, la mayor parte del tiempo, presentar y man- tener este tipo de estímulo.
Los estímulos muy fuertes infringen pequeños daños al organismo y pueden incluso causar lesiones, si no son extremadamente controla- dos por medio de pruebas periódicas y evaluaciones generales previa- mente desarrolladas para conocer el estado de maduración biológico y también psicológico del individuo.
Los conceptos de Hussay (1956), presentados anteriormente y que han sido citado por Dantas (1985), nos informan y al mismo tiempo nos alertan para que en el proceso de entrenamiento seamos cautelosos en el momento de aplicar las sobrecargas en el organismo.
Se buscan las combinaciones ideales y una alternancia entre los es- tímulos medios y fuertes, y sobre esta base se fundamenta el éxito del entrenamiento, porque saber en qué momento hay que elevar el estí- mulo o reducirlo es la llave para las puertas del alto rendimiento.
La utilización de estímulos muy fuertes es necesaria para ultrapasar las barreras que presentan en el transcurso del entrenamiento a largo plazo los atletas de muy alto nivel. No debemos utilizar entrenamientos con este tipo de estimulación más allá de un ciclo (microciclo de cho- que), es decir, no más de 7 días, y mucho menos utilizarlo con atletas o practicantes en la etapa de iniciación. Un ciclo de entrenamiento de 3 a 4 años (ley de los 3 años) es obligatoriamente necesario antes de intentar arriesgar con estos niveles tan elevados de cargas en los en- trenamientos. No debemos olvidar que los grandes rendimientos de- portivos se alcanzan después de 8 a 12 años de entrenamiento siste- mático e intenso.
En el cuadro 37 se presenta una propuesta de clasificación de las condiciones de la intensidad y de la carga adicional, en referencia a los estímulos que provoca el entrenamiento con pesas.
CUADRO 37
Niveles de intensidad Carga adicional Estímulo
Máxima 100% Muy fuerte
Grande 1ª subzona 89-80 % Fuerte Grande 2ª subzona 79-70 % Fuerte Moderada 1ª subzona 69-60 % Fuerte Moderada 2ª subzona 59-50 % Medio Pequeña 1ª subzona 49-40 % Medio Pequeña 2ª subzona 39-30 % Débil (Chiesa, 1999)
El organismo humano responde de una manera diferenciada a cada estímulo. El estrés que se vive cada día en relación con el medio am- biente produce interferencias que deben ser consideradas en su con- junto con los estímulos de entrenamiento. Las respuestas a los entre- namientos pueden ser negativas en el caso de que exista una influencia de un medio ambiente inadecuado o con una falta de control por parte del entrenador.
Las respuestas a los estímulos psíquicos y sociales también son re- levantes sobre el rendimiento deportivo. Las actitudes psicológicas negativas, como la ansiedad, la angustia, la excesiva confianza, la de- presión, etc., y factores sociales, como el abuso de las bebidas alco- hólicas, las fiestas, los excesos sexuales, el tabaquismo y otros, nece- sitan estar bajo control del entrenador.
La individualidad deberá tenerse muy en cuenta en los períodos de adaptación, sobre todo en los niños y los adolescentes, los cuales po- seen una predisposición a adaptarse de una forma más fácil a los estí- mulos de entrenamiento con predominio de un alto volumen con una moderada a baja intensidad.
En muchas ocasiones surgen caídas en el rendimiento biológico sin ninguna explicación clara. Inmediatamente después de una minuciosa investigación sobre los hábitos de vida, surge un diagnóstico preciso del exceso de actividades paralelas y que influyen de una forma nega- tiva sobre las respuestas al entrenamiento deportivo. La falta de un ade- cuado reposo y los malos hábitos de alimentación son ejemplos clási- cos.
El estrés es necesario en el entrenamiento. Las situaciones de es- trés en la vida cotidiana es poco probable que se eliminen. Le compe-
te al entrenador diseñar una adaptación plena del organismo de su atle- ta, y concentrar los esfuerzos y la atención en los factores que pueden estar conduciendo ese organismo a un estado de entrenamiento exce- sivo. Este exceso puede estar ocurriendo tanto en las sesiones de en- trenamiento como durante las horas de recuperación, sobre las que el entrenador no tiene un control tan riguroso.