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4.7 Discussion

4.7.1 Wire-based Array Animals

Ricoeur retoma aquí el deber de acordarse que vimos exigir a Todorov ―[c]uando

los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o

trágica‖έ713

Dice Todorov conmovedoramente al respecto:

Existe, en Francia, un ejemplo perfecto de esa tarea de recuperación: el memo- rial de los deportados judíos, creado por Serge Klarsfeld.714 Los verdugos nazis quisieron aniquilar a sus víctimas sin dejar rastro; el memorial recupera, con una sencillez consternadora, los nombres propios, las fechas de nacimiento y las de partida hacia los campos de exterminio. Así restablece a los desaparecidos en su dignidad humana. La vida ha sucumbido ante la muerte, pero la memoria sale victoriosa en su combate contra la nada.

710

La miniserie muestra la lucha de una familia judía por sobrevivir al horror de la marginación sistemática en la Alemania nazi y al exterminio de su comunidad.

711

Este documental fue el primero en mostrar el material que el ejército nazi había acumulado sobre las polí- ticas de exterminio sistemático durante el Tercer Reich y el consiguiente exterminio en masa.

712

Ricoeur, Paul, Lamémoire…, p. 584. Si bien existen diferentes acepciones de negar la existencia de la Shoah, de acuerdo a la tesis de Pierre Vidal-ζaquet el ―negacionismo‖ serìa en este caso ―la doctrina según la cual el genocidio practicado por la Alemania nazi contra los judíos y los gitanos no existió, sino que es pro-

ducto del mito, de la fabulación, del fraude‖έ Vidal-Naquet, Pierre, Los asesinos de la memoria (trad. León Mames), México, Siglo XXI, 1994, p. 106.

713

Todorov, Tzvetan, ob. cit., p. 18.

714

Serge Klarsfeld es un escritor, historiador y abogado francés, de origen rumano, que ha participado acti- vamente en favor de la lucha contra el antisemitismo y los criminales de guerra nazis.

Tras advertir que el imperativo de recordar —―tú te acordarás‖, ―no te olvidarás‖

—715

corre el riesgo de reivindicar la verdad-fidelidad de la memoria contra la función crítica de la historia —de las que se dio cuenta más arriba—, Ricoeur sostiene que el deber

de la memoria añadiría al trabajo de rememoración del que habla Freud una limitación do- ble. Externamente, se impondría desde afuera del deseo. Internamente, constreñiría al modo

de una obligaciónέ Ambos rasgos se encontrarìan reunidos en la idea de ―justicia‖, denomi- nación que hemos visto a Todorov equiparar al uso ejemplar de la memoria. Confirma Ri- coeur al respecto:

Es la justicia la que, al extraer de los recuerdos traumatizantes su valor ejem- plar, transforma la memoria en proyecto; y es este mismo proyecto de justicia el que da al deber de la memoria la forma del futuro y del imperativo. Se puede sugerir, pues, que el deber de memoria, en cuanto imperativo de justicia, se proyecta a la manera de un tercer término en el punto de unión del trabajo del duelo y del trabajo de la memoria.716

El deber de memoria como deber de justicia se legitimaría por tres órdenes de razo- nes. Primero, porque de todas las virtudes, la justicia, como ya enseñó Aristóteles, es la que se dirige hacia el otro distinto de sí. En efecto, la alteridad forma parte del núcleo de la jus- ticia en la Ética nicomáquea cuando al dividir la justicia particular en distributiva y correc-

tiva, Aristóteles dice que mientras una especie es ―la distribución de honores, dinero o

cualquier otra cosa compartida entre los miembros de la comunidad […] otra especie es la

que establece los tratos en las relaciones entre individuos‖έ717

Segundo, porque el deber de justicia hace intervenir una noción que ya fue anticipada al hablar en Temps et récit III del condicionamiento del discurso histórico para distinguirlo de la ficción: la noción de deuda

con los que nos precedieron, que ya no están pero que estuvieron. Tercero, y reuniendo los dos órdenes de razones precedentes, los otros con los que tenemos una deuda son primor- dialmente las víctimas, de las que también trata Todorov al incitar a pasar de la propia des- dicha, a la de los otros, sin reclamar para uno el estatuto exclusivo de antigua víctima. Uso

715

Ricoeur, Paul, Lamémoire…, p. 106. 716

Ver ibíd., p. 107.

717

ejemplar de la memoria que Todorov ilustra con la figura del escritor, miembro de la Resis- tencia francesa durante la II Guerra Mundial y sobreviviente del campo de concentración nazi Buchenwald, David Rousset, en términos que vale la pena transcribir:

David Rousset fue prisionero de guerra político deportado a Buchenwald; tuvo la fortuna de sobrevivir y regresar a Francia. Pero no se contentó con ello: es- cribió varios libros en los cuales se esforzaba por analizar y comprender el uni-

verso de los campos de concentración […] Y no se quedó en esoμ el doce de

noviembre de 1949 hace público un llamamiento a los antiguos deportados de los campos nazis para que se encarguen de la investigación de los campos so-

viéticos todavìa en actividadέ […] δa prensa comunista cubre de injurias a

Rousset, lo que lleva a éste a emprender, con éxito, un proceso de difamación. Dedica entonces varios años de su vida a luchar contra los campos de concen- tración comunistas, reuniendo y publicando informaciones sobre ellos.718

En lugar de hundirse en la memoria literal, Rousset habría utilizado la memoria ejemplar para hacer justicia en el presente dirigiéndose a otros deportados para investigar los campos existentes. Así habría evitado aquél tránsito del uso al abuso de la memoria obligada. Abuso que consistiría, de acuerdo con Ricoeur, en proclamarse portavoz ―de la

palabra muda de las vìctimas […] en la forma del frenesì de conmemoración‖,719

de modo semejante a como sucedía en la memoria manipulada, pero a un nivel superior, en el que la

―proclamación permanece cautiva del sìndrome de la obsesión‖έ720

El paralelo y complemento de este abuso de la memoria devenida obsesión sería, del costado del olvido y a nivel institucional, en primer término la amnistía, y de manera más marginal, el derecho de gracia.

Por una parte, el derecho de gracia, más conocido como derecho de indultar, consis- te en el perdón total o parcial de la pena concedida por el jefe de Estado a quien ha cometi- do un delito, sin por ello suponer el perdón del delito. De origen teológico-político —ya

718

Todorov, Tzvetan, ob. cit., pp. 42-43.

719

Ricoeur, Paul, Lamémoire…, p. 109. 720

que deriva de ―la unción religiosa que coronaba el poder de coerción del prìncipe‖ —,721 sus límites así como la dignidad y el peligro de su ejercicio fueron tratados por Kant en

Principios metafísicos del derecho, Segunda Parte, Sección Primera, Observaciones genera- les, E, II. Dice Kant:

El derecho de perdonar al culpable (aggratiandi), de mitigar su pena o de per- donarle enteramente, es de todos los derechos del soberano, aquel que da más brillo a su grandeza y en cuyo ejercicio puede cometer también una grande in- justicia. Respecto de los crímenes de los súbditos de unos contra otros, el dere- cho de gracia no toca al soberano porque entonces la impunidad del crimen ser- ía una gran injusticia cometida contra los súbditos lesionados. El soberano, no puede, pues, indultar más que en el caso en que la lesión se haya hecho a él mismo (en los crímenes de lesa majestad). Y en este caso tampoco tendría dere- cho tendría derecho, si la impunidad pudiese ser peligrosa a la seguridad públi- ca. Este derecho es el único digno del nombre de derecho majestático.722

Por otra parte, las leyes o actos de amnistía suponen el perdón del delito —no sólo de la pena como era el caso del indulto— en momentos de desórdenes sociales, revolucio- nes civiles o cambios violentos de regímenes políticos que afectarían la paz cívica y social,

―violencia que, supuestamente, la amnistìa interrumpe‖723

mediante una política de reconci- liación de los ciudadanos enemigos. El contenido de la amnistía es la extinción de la res- ponsabilidad penal y civil de quienes cometieron delitos vinculados a los episodios sedicio- sos. Ahora bien, de acuerdo con Ricoeur:

[…] la amnistìa, como olvido institucional, alcanza las raìces mismas de lo

político y, a través de éste, a la relación más profunda y más oculta con un pa- sado aquejado de interdicción. La proximidad más que fonética, incluso semán-

721

Ibíd., p. 585.

722

Kant, Immanuel, Principios metafísicos del derecho (trad. G. Lizarraga), Librería de Victoriano Suárez, Madrid, 1873, pp. 204-205.

723

tica, entre amnistía y amnesia señala la existencia de un pacto secreto con la

negación de la memoria […]724

Frente al imperativo del deber de la memoria, ―tú te acordarás‖, ―no te olvidarás‖

—que ya se invocó—, se alzarìa la fórmula ―no recordar‖, cuya violación negarìa u olvidar- ía el olvido institucional impuesto por la amnistía para restablecer la política a costa del olvido de la sediciónέ Si bien Ricoeur reconoce la ―utilidad‖ de la amnistìa como terapia social de urgencia, advierte que engendra un peligro doble en cuanto a la búsqueda de la

―verdad‖έ θrimero, por el hecho de ―borrar de la memoria oficial los ejemplos de crìmenes

capaces de proteger el futuro de los errores del pasado‖έ725 Es decir, por inhibir el uso

ejemplar de la memoria propuesto por Todorov ya que el olvido impuesto institucional- mente impediría abrir el recuerdo a la analogía y a la generalización para extraer del pasado

una lecciónέ Segundo, por privar a ―la opinión pública de los efectos benéficos del dissen- sus, para condenar a las memorias rivales a una vida subterránea poco saludable‖έ726

Por último, los peligros de la amnistía y su proximidad con la amnesia lo conducen a preguntarse sobre alguna forma legítima de olvido que sin ocultar el mal, logre expresarlo de un modo templado, sin violencia. Se podría pensar acaso que esta forma de olvido que expresa el mal sin violencia bien podría estar representada —aunque Ricoeur no lo dice explícitamente— por la Truth and Reconciliation Commission [La Comisión para la Ver- dad y la Reconciliación] creada por el entones primer presidente de Sudáfrica elegido de- mocráticamente Néstor Mandela, vicepresidente de la comisión, que trabajo desde enero de 1996 hasta julio de 1998. En contraste con ―las amnistìas generales otorgadas en América Latina bajo la presión de los militares, no se trataba de borrar sino de revelar; no de encu-

brir los crìmenes, sino […] de descubrirlos‖έ727

En este contexto, alejado de la amnistía-

amnesia y de la inmunidad colectiva, su objetivo habrìa sido la ―reconciliación en su di-

mensión explìcitamente polìtica‖728

después de la abolición de la política segregacionista del apartheid. Ahora bien, frente al beneficio innegable de las víctimas que pudieron ex- presar públicamente su dolor y hacer una katharsis pública, Ricoeur no deja de manifestar 724 Ibíd., p. 586. 725 Ibíd., 588. 726 Ibíd. 727 Ibíd. p. 627. 728 Ibíd.

sus reservas respecto tanto a las víctimas como a los acusados. En cuanto a las primeras, porque las legítimas indemnizaciones recibidas podrían haber obstruido su concesión de un perdón verdadero. En lo tocante a los acusados, porque la confesión pública de los excesos cometidos podría ser vista como una estrategia para liberarse de la persecución judicial y de la condena penal.729

La fórmula acuñada por el arzobispo Desmond Tutu, presidente de la comisión, a

saberμ ―Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”,730 conduce a la problemática del perdón que Ricoeur presenta en La lectura del tiempo pasado: memoria y olvido y profundiza en La mémoire, l'histoire, l'oubli.