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2 CHAPTER TWO

2.9 ANALYSIS MENU: GENERAL ANALYSIS

2.10.2 WORKSHEET (Professional version only)

El último ejemplo es un testimonio personal que ilustra la tarea del psicólogo frente a esas dificultades «imaginarias» en el interior de un grupo real. Se trata de una empresa de provincias, cuyo comité de dirección funciona tan mal que ya no se reúne. Está compuesto por cuatro personas: presidente-director general, director de personal, director técnico y un responsable de taller. Algunas entrevistas individuales sugieren que el problema del comité es un problema «imaginario».

El antiguo director y fundador de la empresa se ha jubilado por razones de salud y desea que su hijo le suceda. Pero el consejo de administración manifiesta su desacuerdo: nombra al antiguo director comercial para reemplazar al enfermo y, por

los escrúpulos morales en relación con su padre, a su hijo director de personal. Desde entonces, los miembros del comité de acuerdo en denunciar el abandono del hijo, a quien se le imputan todas las faltas. Además, el nuevo director no es habitual de la empresa porque residía anteriormente en París, donde debía negociar los encargos; duda en imponerse al comité y en tomar medidas propias de su responsabilidad. En cuanto al actual director técnico, se cree el único capaz de que la empresa marche bien y su idea es la de convertirse en director general.

Como consecuencia de la consulta a un psicólogo, se descubre que el «viejo» continúa ocupando una vivienda de la empresa en compañía de su hijo. Desde su jubilación permanece muy al corriente de la vida de la empresa y está en relación telefónica directa con el despacho de su hijo en la fábrica. La investigación revela que el padre ha dirigido siempre su empresa de manera autoritaria. El hijo, cuyo deseo era hacer ca- rrera en un banco, debió someterse a la decisión del padre, con la promesa del puesto de director general. Ante el rechazo del consejo de administración, el padre comunica al hijo que debe aceptar, por lo menos, el puesto de director de personal.

Bajo estas condiciones, ¿cuál es la representación imaginaria que une a todas estas personas entré si? Son los remordimientos y la culpabilidad ante el viejo jefe destronado: el nuevo jefe estima haber usurpado el sitio del hijo; el hijo tiene el sentimiento de haber sido traicionado por su padre y por sus colegas, de tal modo que realiza un sabotaje inconsciente para probar que el nuevo director es un incapaz. En cuanto al director técnico, también tiene el mismo sentimiento de haber sido traicionado. El verdadero jefe es el ausente, el desaparecido, cuya imagen continúa regentando todo el comité.

La intervención consistió en la toma de conciencia de cada uno de su relación con ese núcleo conflictual. El nuevo director comprendió que él era el jefe y que debía mandar. El hijo comprendió por qué los demás se le echaban encima: estaba hundiéndose, al hundir su sector de trabajo, y probaba así que se había tenido toda la razón al no nombrarle director general; como director de personal era como él debía mostrar su capacidad. Finalmente, el padre decidió marcharse de vacaciones.

Dicho de otra forma, éste es el mito de Tótem y tabú, y esto es lo que allí estaba pasando: un asesinato simbólico del padre por los hermanos ha permitido a los hermanos constituirse en un cuerpo solidario. En tanto que el padre permaneciera presente en imagen, la rivalidad era la única actitud posible de los sucesores para ocupar su lugar. Con la toma de conciencia de esta imagen, los problemas de la empresa podían ya situarse en el orden de la realidad económica y social (véase en el capítulo 9 el estudio detallado de esta intervención).

Resumiendo, se puede admitir primero que, en toda situación de grupo (grande o pequeño, de trabajo o de placer, de cultura o de vida económica), existe una representación imaginaria subyacente, común a muchos de los miembros del grupo. Mejor aún: en la medida en que existe tal representación imaginaria hay una unidad y algo común en el grupo. No obstante, esas representaciones pueden obstaculizar el funcionamiento del grupo, con relación a los fines que le ha asignado la sociedad, sus estatutos o las motivaciones de sus miembros, y pueden ser la causa de las parálisis en el funcionamiento interno del grupo o de sus errores de actitud en cuanto a la realidad se refiere.

Pero, cuando un grupo funciona eficazmente, es también una representación imaginaria la que le permite encontrar la solidaridad y la eficacia. Sin elemento imaginario no existe grupo. Se puede desechar un imaginario porque se puede reemplazar por otro.

La tarea del psicólogo es ser permeable a esas representaciones imaginarias para poder, con los grupos en los que vive y que le consultan, elucidarlas y lograr que el

grupo las elucide en la medida en que esas representaciones obstaculizan su funcionamiento.

Pero la toma de conciencia de las fantasías inconscientes, para un individuo, un grupo o una cultura, es siempre la operación más difícil y dramática. Por otra parte, palabras como «levantamiento» o «elucidación» son términos positivistas impropios. Porque esta operación no se hace más que, en el curso de una crisis, por un proceso vivido como dramático por los interesados y que es en el fondo lo que la filosofía de Hegel ha intentado conceptualizar como aufheben, es decir, negar, dejar atrás y conservar, a la vez. Y esas imágenes conservadas y superadas constituyen, finalmente, la realidad interna esencial de los grupos humanos.

CAPÍTULO III

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