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ZONE CHARTS

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2 CHAPTER TWO

2.9 ANALYSIS MENU: GENERAL ANALYSIS

2.9.2 ZONE CHARTS

La observación, animación y análisis de los grupos humanos reales o artificiales, sugieren algunas hipótesis y perspectivas de investigación. [64] ¿Cuáles son las ideas que se admiten en la psicosociología de los grupos pequeños? Es sabido que Lewin intentó la primera representación científica de los fenómenos de grupos cuando los interpretó como un juego de fuerzas físicas. Así, la conducta de un grupo se reduciría a la resultante de las fuerzas internas y externas a las que el grupo se somete. La validez de este esquema es problemática porque pocos grupos se comportan realmente según esa relación de fuerzas. La observación demuestra, por el contrario, que las dificultades del grupo empiezan cuando lo que se quiere hacer está desfasado de la realidad externa y de su propia realidad interna. En general, este «dramatismo» del grupo es la justificación de la intervención de un psicosociólogo para mejorar su fun- cionamiento.

Se puede, entonces, formular otra hipótesis: entre el grupo y la realidad, entre el grupo y él mismo, existe algo más que las simples relaciones entre las fuerzas reales. Primitivamente existe una relación imaginaria. Las imágenes que se interponen entre el grupo y él mismo y entre el grupo y el entorno explican los fenómenos y procesos olvidados hasta ahora.

* * *

4 Este resumen del presente capítulo es una síntesis del informe de nuestra conferencia de Aix- en-Provence de febrero de 1965. Recoge, de forma condensada, la mayoría de los temas abordados en la primera parte del presente capítulo.

En este aspecto, la experiencia llevada a cabo por Lewin y sus colaboradores en 1942 sobre el camino de actitudes alimenticias de las amas de casa americanas merece ser discutida.

El punto de partida es la observación de la resistencia a la adquisición de «trozos inferiores» como riñones, criadillas o corazón, cuyo precio es inferior al de la carne «noble». La hipótesis consiste en que esta resistencia se basa en prejuicios. El objetivo del grupo de discusión (no directivo) es llevar a las participantes a una toma de conciencia de estos prejuicios y, al mismo tiempo, conseguir la modificación de sus hábitos alimenticios. Si la interpretación lewiniana se apoya en las bases dinámicas de la decisión, no explica el contenido psicológico del prejuicio. Ahora bien, este prejuicio incide en lo imaginario, en una zona que, en la historia individual, es la zona de la suciedad, de lo sucio, de lo prohibido. Los «despojos» pertenecen a la categoría de los «objetos malos» (M. Klein), que no se ingieren sin peligro. Por eso fue suficiente que, a lo largo de la discusión» los animadores hicieran algunas consideraciones sobre la riqueza de calorías de los despojos o sobre la manera de cocinarlos para objetivar las asociaciones subyacentes al prejuicio (por ejemplo, olor de los riñones y de la orina) y para transformar el objeto malo en objeto bueno. El cambio se operó en el plano de lo imaginario.

Ciertas observaciones más recientes demuestran que la situación de un grupo es vivida, esencialmente y al principio, a nivel de las representaciones imaginarias más arcaicas. Para determinar esas representaciones, lo primero que aparece en nuestro camino es la palabra misma de [65] «grupo», que es una de las palabras de aparición más tardía en las lenguas occidentales. Es el término del léxico de las bellas artes, que se importó de Italia a Francia a finales del siglo XVII y que designa un conjunto de sujetos pintados o esculpidos. Pero es en el poema de Molière sobre el Val de Grâce donde hace su primera aparición en la literatura. A mediados del siglo XVII, la palabra grupo significaba toda reunión de personas vivas, y sólo a partir del siglo XIX experimentó una expansión prodigiosa (grupo electrógeno, grupo escolar, teoría matemática de los grupos, estudio psicológico de los grupos restringidos). Esta palabra habría podido designar la realidad muy precisa en la que vivimos continuamente (grupo familiar, grupos de amigas, célula, sindicato, grupo de trabajo y equipo); pero se comprobó que no existía término distintivo que representara esta realidad. Apenas nacido, empieza a tomar sentidos lexicográficos destinados a ocultar la realidad psicológica que hubiera podido representar. Además, ni en latín ni en griego encontramos el equivalente léxico de «grupo restringido»; esto es, el concepto de gru- po no existe. No existe más que el individuo, por una parte, y, por otra, la sociedad; esta oposición se ha convertido en uno de los más bellos temas imaginarios de la sociología. Porque el individuo «solo» representa la patología mental y no se conocen sociedades globales sin grupos destinados a trasmitir las normas, estructuras, instituciones e ideales, en la realidad concreta de las actividades y personalidades humanas. Lo único «observable» es el grupo. Si existe una resistencia al concepto de grupo, debe ser articulada con fenómenos psicológicos precisos. Las investigaciones que utilizan el método experimental y los análisis de contenido de las discusiones sobre el grupo, han demostrado que la única forma de grupo admitida es la del grupo de «compañeros». El grupo de trabajo o el institucionalmente impuesto son percibidos como un ataque y una amenaza a la libertad individual.

El grupo de diagnóstico representa una técnica más depurada, en la medida en que se interrumpe la comunicación con el exterior. Los papeles profesionales y sociales permanecen en la sombra, las personas; no se conocen, se llaman por su nombre de pila. La experiencia de estos grupos, lo mismo que la de todo grupo que recrea una situación semejante (tal como: una expedición polar, la dotación de un submarino, una patrulla aislada), permite proponer una hipótesis: el grupo es vivido por cada uno como espejo de muchas facetas que le envían su propia imagen deformada y repetida hasta el infinito. La situación de grupo despierta la imagen de esta fragmentación, indefinida,

de la propia persona y ante todo de su cuerpo. De la misma forma, los psicoanalistas de [66] niños han demostrado, a través del estudio de la esquizofrenia precoz y del hospitalismo, que el desmembramiento de la imagen del propio cuerpo constituye el núcleo de la enfermedad mental. Una de las angustias más profundas es la angustia de la pérdida de la unidad del cuerpo y del psiquismo. La situación de grupo en la que yo no sé quiénes son «ellos» ni ellos saben quién soy «yo» es, en sí misma, una fuente de angustia. Por eso, los primeros encuentros se dedican a luchar contra esta imagen y esta angustia. Citemos, por ejemplo, el extraordinario esfuerzo de organización que se debe realizar para crear una estructura allí donde momentáneamente no existe (elegir un presidente, dar una orden del día), o, incluso, el recurso a las presentaciones de cada uno, cuyo resultado es singularmente pobre: cada participante tiene aún menos que decir sobre lo que es en el momento en que se siente puesto en entredicho.

¿Quién soy yo? He aquí la pregunta que la situación de grupo plantea a cada uno de los miembros. Y esta pregunta es para el hombre la más difícil de contestar y de asumir. Parece conveniente plantear la hipótesis de que esta imagen del cuerpo amenazado explica la resistencia a vivir en grupo, a trabajar en grupo y al mismo concepto de grupo. Como prueba de ella podemos evocar algunos ejemplos.

Si un grupo ha conseguido, finalmente, superar esta angustia de fragmentación, es porque ha experimentado una emoción común que le une, mediante actividades tales como reír, comer juntos, es decir, restaurar el propio cuerpo. La imagen que el grupo tiene de sí mismo en este momento es ésta: nosotros constituimos un «cuerpo».

Existe también la posibilidad de distinguir diferentes categorías de imágenes, específicas de los diferentes tipos de grupos. El fenómeno de la multitud constituye un problema para la sociología a partir de Le Bon. Tarde subraya su carácter contradictorio: la multitud es pasiva, por una parte, y, por otra, presenta conductas paroxísticas. La multitud es un lugar de contagio de emociones (el miedo se convierte en pánico, la cólera se torna en linchamiento) y de creencias. Le Bon infiere, de este comportamiento contradictorio, que la multitud es mujer; para Hugo, esta mujer está borracha, y para Zola es una prostituta. La otra metáfora es la de la imagen oceánica: la idea de la multitud está asociada al peligro de ser tragado, ahogado uno mismo, a la angustia de ser pisoteado y perdido. Esta comparación reactualiza la relación primitiva del niño con su madre, relación que se efectúa en el plano de dos imágenes antagonistas y complementarias: calor, alimento, seguridad, por una parte, y, por otra, la primera representación del peligro interno (la madre devoradora). Es decir, que los hombres en multitud actúan movidos por la relación con una imagen que tienen en común. La «imago» materna.

La cuadrilla pone en marcha otro tipo de relación imaginaria. En la cuadrilla se busca la presencia de otros que no ejerzan ni coacción, ni crítica en relación conmigo, es decir, otros que sean mis iguales. La [67] imagen que aquí se presenta es mi propia imagen, pero duplicada, reforzada y justificada por lo que son los otros; esto es, una imagen narcisística tranquilizadora.

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