3.7 Assessing Model Fit
3.7.1 Absolute Fit
En primer lugar, hay que señalar que a las variables extraeconómicas habitualmente identificadas por los autores clásicos de la Teoría del Desarrollo Endógeno111, cabría añadir alguna otra que enriquezca el análisis de estos componentes extraeconómicos. Es el caso de la estabilidad en el empleo y las mejores condiciones de trabajo (entre ellas la conciliación vida laboral y familiar), así como la “satisfacción de necesidades básicas y la calidad de vida”. Son elementos añadidos del Desarrollo Endógeno que pueden servir como variables extraeconómicas, puesto que son una consecuencia buscada del mismo y una condición de su definición (al menos desde una perspectiva autocentrada de sustentabilidad), y porque también interactúan de forma recursiva al atraer o retener población (consumidores-ahorradores, trabajadores/as) y por tanto mejorar las condiciones del entorno del desarrollo (incluso el propiamente productivo).
La “amenaza” de la “flexibilidad” laboral
La fuerza de trabajo, las personas que como trabajadores/as desempeñan unas funciones en los sistemas productivos, son consideradas de una forma un tanto ambivalente y ambigua por parte de la teoría del Desarrollo Endógeno, al menos desde la perspectiva que se viene analizando en esta investigación. De hecho en los últimos años se ha hecho habitual el uso del término “flexiseguridad”112 en los análisis elaborados desde este posicionamiento teórico. Lo que al fin y al cabo no deja de ser un eufemismo para referirse a las exigencias continuas de adaptación que se imponen a los/as trabajadores/as y, lo que es claramente peor, a la intencionalidad de facilitar modos de regulación del empleo que permitan mayor precarización (tanto por la vía de las condiciones de trabajo como por las condiciones de contratación y despido). Así, la “flexibilidad” de la mano de obra, en la práctica no se limita simplemente a exigencias de polivalencia, sino también a la práctica cada vez más generalizada de despidos camuflados de externalizaciones, a la subcontratación de unidades productivas muy reducidas, que se tornan casi totalmente dependientes de aquellas a las que proveen (con el riesgo que ello supone ante una falta de demanda respecto a despidos), y en definitiva, al fomento de los/as trabajadores/as
regiones y países están condicionados por el proceso de globalización y, por tanto, por la estrategia de las grandes empresas multinacionales”. En esta línea globalista estarían A. Amin y K. Robins (1990 y 1991).
111 Por ejemplo las expuestas por Vázquez (1986; 106).
112 Para profundizar en este concepto se puede por ejemplo acudir al artículo de REVILLA y TOVAR (2012) “La individualización del trabajo; el concepto de flexiseguridad”.
autónomos/as, que no deja de ser en bastantes ocasiones una práctica de “autoexplotación”, no sólo en el sentido marxiano, sino también respecto al deterioro en las condiciones de trabajo que suele conllevar -en términos relativos respecto al trabajo por cuenta ajena-, y respecto al “desmembramiento o aislamiento social” que supone no estar integrado en una comunidad laboral como pueda ser la empresa. Lo que redunda en una peor capacidad de articulación de los intereses de los/as trabajadores/as, y en fomentar más la lógica de la competitividad que la de la cooperación, y a medio plazo acabar con la “competencia cooperativa” para dejar paso a la pura y dura competencia (desleal o de “dumping social” en ocasiones).
En cuanto a la fórmula del trabajo a tiempo parcial, las evidencias empíricas muestran que es más un deseo que una realidad el que dicha fórmula sea una elección y no una “imposición del mercado laboral”, y en la práctica supone un acto discriminatorio más a las mujeres trabajadoras (y esto principalmente para el caso de España, pero también para Europa)113. En última instancia, esta flexibilización laboral no deja de poder ser interpretada como una estrategia de reducción de costes laborales para poder seguir compitiendo con las empresas de los “países emergentes”. Y en esta línea podrían ser interpretados igualmente los comentarios de Vázquez acerca de cómo en ocasiones el sentimiento de pertenencia e identidad local se sobrepone al de clase, lo que en sus propias palabras “limita los conflictos sociales locales” (1999: 40).
Lo rural en la teoría del Desarrollo Endógeno
A pesar de que acontezcan las características que prescribe Vázquez (1986: 106) al caracterizar las variables extraeconómicas que definen un territorio con potencial endógeno (entre ellas también las de “una profunda identidad local y un sistema urbano mínimamente articulado”), en algunos territorios las barreras a la “endogeneización” persisten. Así, la falta de “masa crítica territorial” para conformar mercados solventes para el consumo y/o para el empleo, constituye una limitación de carácter endógeno del desarrollo, dado que supone que en algunos territorios, zonas rurales básicamente, aunque pueda surgir alguna propuesta o actividad productiva innovadora, la misma no encontrará una mínima base poblacional o demográfica para asentarse, puesto que el primer peldaño de su “escalada” comercial deberá ser necesariamente alejado de su entorno más próximo, con lo que se incrementan costos, no sólo de transporte, sino especialmente de investigación-conocimiento de mercados y establecimiento de una red comercial de distribución. Por otro lado, la conformación de un sistema productivo local será muy
113 En España alrededor de ¾ partes de los/as asalariados/as a tiempo parcial son mujeres. Para ampliar sobre este tema del trabajo a tiempo parcial se puede acudir a LLORENS (2001).
complicada en estos casos de dispersión rural, dado que el problema es generalizado, obviamente, y no existirán empresas en la zona con las que aliarse y cooperar en temas de marketing, innovación, etc. Y es que en estas situaciones las indicaciones de Vázquez sólo parece que puedan ser entendidas como una “condena del mundo rural” (de una buena parte del mismo; la “ruralidad extrema”114) a la dependencia exógena y a la imposibilidad del desarrollo endógeno, puesto que en algunos de estos territorios rurales existen unas mínimas condiciones de articulación del espacio (gracias a la inversión pública en infraestructuras de transporte y comunicación), pero sin embargo las barreras al desarrollo endógeno persisten; con lo que parece que la única respuesta desde esa teorización (cumpliéndose el resto de indicaciones del autor) sería la de que el umbral de “urbanización” debe ser mayor, y por tanto las zonas de “ruralidad extrema” quedan fuera de un posible desarrollo endógeno.
Por otra parte, se pueden identificar algunas experiencias de desarrollo y territorios rurales concretos, en los que sin acontecer plenamente las variables extraeconómicas aducidas por Vázquez, sin embargo sí se podría hablar de desarrollo endógeno, y territorios donde a la inversa, el cumplimiento de algunas de las condiciones teorizadas para el desarrollo endógeno, en realidad lo que generan es pérdida de autonomía y “exogeneidad” de esas comunidades. Sería por ejemplo el caso, ciertamente más minoritario y nada europeo, pero existente, de determinadas territorios y comunidades indígenas, donde la existencia de la condición de endogeneidad de Vázquez Barquero “organización social en la que se haya desarrollado el intercambio comercial”, más que apoyar el desarrollo endógeno ha generado dependencia exógena, puesto que la monetarización y mercantilización supone en muchas de estas comunidades indígenas, una pérdida de control sobre sus necesidades y satisfactores, y una dependencia de los dueños del capital que hasta ese momento no tenían115.
En sentido inverso, hay evidencias de que en zonas rurales puede haber desarrollo endógeno aunque no se cumpla esa condición de “urbanismo” expuesta por los teóricos. Es el caso que he podido observar en una de las experiencias que he analizado con mayor detalle; la Sierra do
114 En diversos textos se puede comprobar el análisis realizado sobre la ruralidad y el Desarrollo en el capitalismo postdfordista. Así, diversos tipos de ruralidad que afectan a territorios fuera de las redes de incfluencia urbana, se caracterizan precisamente por su marginalidad respecto a los intereses y prioridades de la trama empresarial vigente, y por ello sólo puede entenderse su subsistencia desde políticas “proteccionistas” al margen de criterios de mercado, y no en vano eso es lo que en buena parte venía realizando la UE con la Política Agrícola Común (PAC) y especialmente con sus programas de fomento del desarrollo rural, como LEADER o PRODER (aportaciones al respecto se pueden comprobar por ejemplo, en MAPA 1992, UE 2003). Por eso se hace muy difícil entender un desarrollo endógeno de base netamente empresarial y no institucional, en este tipo de territorios. Sobre este tipo de análisis se recomienda consultar el artículo de CAMARERO y GONZÁLEZ (1999)
115 Como ya se ha comentado, desde una teoría de las necesidades humanas, existe un umbral mínimo universalizable de necesidades, el cual en estas comunidades es habitualmente cubierto antes de los procesos de occidentalización. Pero también unos modos de atender las necesidades, “satisfactores”, que son concretados de forma específica por cada comunidad humana, y en ese sentido la monetarización trastoca el modo de atención de necesidades de estas comunidades y las estandariza y hace
Caldeirâo en el Algarbe portugués. En dicha experiencia, la “prótesis social” que han supuesto los/as profesionales o técnicos/as sociales y económicos, ha permitido que la población se dinamice y que reciba un apoyo para canalizar sus actividades, con lo que se han suplido las carencias “urbanizadoras” (una de las condiciones para el desarrollo endógeno expuestas por Vázquez) y se ha procedido a “autocentrar” el modelo de desarrollo en torno a la atención de las necesidades y no tan solo en torno al sistema productivo116. Se podrá aducir, con razón, que la financiación pública (mayoritariamente de la UE) para contratar a los/as profesionales y apoyar la puesta en marcha de algunos servicios, es la clave de esa endogeneización. Pero, ¿no es este el sentido de la redistribución y la responsabilidad social solidaria?, ¿o es tan sólo “el Mercado” el que debe “garantizar” el carácter endógeno del desarrollo territorial? Si la respuesta asumiera ese papel dominante y jerarquizante del Mercado, nos encontraríamos con la ineludible necesidad de reconocer que, al igual que ocurre con el concepto de “empleabilidad” respecto a determinados/as trabajadores/as, ciertos territorios nunca se podrán desarrollar con carácter endógeno (igual que ciertos/as trabajadores/as serán siempre considerados “inempleables”)117. Algo con lo que estoy radicalmente en desacuerdo, cuestionando por tanto esa naturaleza “mercantil” sobredimensionada, “o “mercantilista”, de esta manera de entender el desarrollo endógeno (la teorizada básicamente por Vázquez como mejor exponente teórico).
Las necesidades básicas y el Desarrollo Endógeno
Con las apreciaciones anteriores estamos cuestionando que la definición de desarrollo endógeno deba pivotar tan prioritariamente sobre los factores productivos mercantiles, tanto por la importancia que suponen los factores productivos no mercantiles (los mesoeconómicos y los sociales; el entramado institucional de formación-innovación y apoyo empresarial, el capital social, la protección social…), como porque propongo que los factores vinculados a la atención de necesidades sociales de la población y a la vehiculación de la responsabilidad solidaria colectiva, tengan un mayor peso en la definición de “lo endógeno”, entendiendo así el desarrollo endógeno como “desarrollo autocentrado” (más adelante incidiremos sobre ello). Por ejemplo, si incorporamos en el análisis integral del desarrollo territorial una consideración compleja de la
dependientes de modelos exógenos. Esto es algo que pude observar en una investigación en la que tuve oportunidad de participar en la comunidad de Ralco-Lepoi con las comunidades pehuenches, en la precordillera andina de la región del Bío-Bío. 116 Esta “prótesis social” a la que hacemos referencia supone la incorporación a los procesos de desarrollo endógeno rural, de profesionales dedicados a servicios empresariales varios (como marketing y comercialización, contabilidad y gestión empresarial, arquitectura, ingeniería agroganadera y alimentaria…), y a servicios socioculturales y a la comunidad (agentes de desarrollo local –para apoyo a tramitaciones y acceso a ayudas, entre otras cuestiones-, técnicos/as de animación y dinamización sociocultural, mediadores/as…).
“biodiversidad”, y la entendemos también como extensible a la “biodiversidad humana”, comprenderemos porqué tiene sentido una solidaridad económica pública-colectiva con las zonas de extrema ruralidad, como el caso de la Serra do Caldeirâo que hemos comentado. Sería un error pensar que ello es “simplemente” un resorte ético o “moralista”, puesto que tiene una vinculación directa con la calidad de vida, y conexiones también con el propio sistema productivo118.
Lo mencionado es algo que en parte incluso ha entendido la UE en diversos ámbitos o políticas. Por ejemplo, al asumir que el mantenimiento de rentas de los agricultores de la UE (potenciado por la Política Agrícola Común -PAC-), más allá de un elemento de redistribución solidaria entre personas, es también un mecanismo de “solidaridad interterritorial”, que podemos interpretar como potenciadora de la “eco-diversidad humana”, en virtud de la cual se potencia, reconoce y valora, la dimensión que los agricultores y habitantes de las zonas rurales en general, tienen como protectores del medioambiente y mantenedores del ecosistema; lo que ha llevado en alguna ocasión a la UE a referirse acerca de los agricultores como los “jardineros de la naturaleza”:
“Para la protección del medio ambiente, el bienestar de los animales, la mejora de la
calidad de los productos agrícolas, la conservación del paisaje, así como la salvaguardia
del patrimonio cultural, de la biodiversidad, de la tradición rural y de su cultura –aspectos que a los ojos de los ciudadanos europeos son custodiados por la población rural– se necesita una protección de las zonas rurales, que únicamente puede garantizarse mediante el mantenimiento de un nivel de empleo adecuado… Dado que la nueva política agrícola común prevé que se pase parcialmente del principio del apoyo a la producción al del apoyo al productor, resulta oportuno plantearse de forma distinta la política de apoyo a las actividades relacionadas con el mantenimiento y la salvaguardia de las zonas rurales; en dicho contexto resulta necesario no sólo apoyar el empleo agrícola si no también reforzar las medidas dirigidas a crear nuevo empleo en el ámbito de las actividades paralelas a la agricultura… Entre las acciones financiadas por los
117 Al respecto de un análisis del concepto de empleabilidad, es muy recomendable el artículo “El concepto de empleabilidad en la estrategia europea de lucha contra el desempleo: una perspectiva crítica” de Amparo Serrano (1999)
118 Pensemos por ejemplo en el caso de la agricultura ecológica, que no es otra cosa que la agricultura que se ha hecho toda la vida hasta la llegada de las explotaciones intensivas, los pesticidas y abonos químicos, así como la “biología genética”. En este caso de la agricultura ecológica, las semillas que sirven de base para cultivos adaptados a cada terreno y clima, son aquellas que se han ido adaptando al mismo (evolucionando) durante siglos, y si han persistido y todavía se mantienen hoy, es gracias a que personas de zonas rurales extremas, que practican lo que algunos, desde la lógica del mercado, podrían denominar “agricultura de subsistencia”, han mantenido tales semillas y ciertos saberes de cultivo de las mismas. Ello desde luego incide en nuestra calidad de vida (y sólo hay que pensar en las frutas, y sobre todo hortalizas, que consumimos), pero es sin duda también el baluarte de un segmento de mercado en expansión. Ambos elementos se sedimentan en esa “biodiversidad humana” que consideramos que desde el desarrollo eco-territorial debe favorecerse como un eje básico de la sustentabilidad.
Fondos Estructurales, la adopción de la Iniciativa Leader señaló el inicio de una nueva manera de concebir la política de desarrollo rural, al permitir una efectiva participación de las comunidades locales en la programación y en el fomento de una estrategia de desarrollo integrado” (UE, DOCE 6/8/2003 ES: C186/3-4).
Es una lástima que sea tan ambigua y no explícita, la alusión a que el mantenimiento de ese nivel de empleo y el fomento del desarrollo rural, requerirán también de inversiones y transacciones económicas financieras de la UE (redistribución fiscal solidaria, al fin y al cabo), tanto en cuanto al ámbito productivo y de empleo, agroganadero y de otros sectores, como en cuanto a determinados aspectos territoriales, como las infraestructuras y los servicios a las empresas y a la comunidad. Sí es explícita la alusión a la necesidad de fortalecer la cohesión económica y social en estos territorios, en especial considerando un enfoque de género y de renovación generacional, y conceptuando el desarrollo rural de una forma integral.
Ejemplos similares, en cuanto a la consideración de aspectos no mercantiles respecto al fomento del desarrollo territorial, se pueden poner respecto a cómo la política de la UE reconoce un necesario enfoque integral, o incluso de Sostenibilidad, que relativiza, al menos en parte, el énfasis productivo respecto a la calidad de vida: “Se reconoce así que, a largo plazo, el
crecimiento económico, la cohesión social y la protección del medio ambiente deben ir de la mano” (UE, 2001ª: 2). Incluso la Comisión llega a hablar de “controlar la globalización para que
el comercio esté al servicio del desarrollo sostenible” (UE, 2002), y de hecho se supone que para ello crea un Fondo financiero específico, el FEAG, Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización en el periodo de programación 2007-2013. También se puede ejemplificar esta “relativización mercantil” del desarrollo territorial con las ideas que asume la UE respecto a “sostenibilidad urbana” (UE, 1998 y 2004b). Y también respecto a la significación que los aspectos cualitativos extraeconómicos tienen para el desarrollo y para el empleo, tal como la propia Agenda de Política Social de la UE indica: “Como se establece en la Agenda de política
social: «calidad del trabajo significa mejores puestos de trabajo y medios más equilibrados para conciliar la vida profesional con la vida privada.[...] Calidad de la política social significa un alto nivel de protección social, buenos servicios sociales disponibles para todos en Europa, oportunidades reales para todos y respeto de los derechos fundamentales y sociales. Para reforzar la productividad y facilitar la adaptación al cambio son necesarias buenas políticas
sociales y de empleo, las cuales desempeñarán también un papel crucial hacia la transición completa a la economía basada en el conocimiento»” (UE, 2001b:4).122
En definitiva, la teoría del desarrollo endógeno defendida por autores como Vázquez Barquero, parece mostrar un sobredimensionamiento tácito de las variables económicas mercantiles, frente a las extraeconómicas, lo que en última instancia hace que sea una visión mercantil la que predomine o resulte hegemónica para calificar las posibilidades de un desarrollo endógeno (o la “endogeneización” de los procesos de desarrollo existentes), frente a una visión integral “eco- territorial”, que esté basada en una visión o análisis de “lo endógeno” desde la atención de las necesidades básicas. Respecto al objetivo de Sustentabilidad aquí defendido, esta teoría plantea una actuación de atención del “nivel de vida o del nivel de bienestar”, y no tanto de “calidad” de vida, lo que podría enmascarar situaciones de falta de cobertura de necesidades. En todo caso nos remite a “la comunidad local” como referente de esos logros y objetivo del desarrollo (en abstracto), pero no queda claro cómo se puede garantizar tal logro para “todas” las comunidades locales, incluso no queda claro si el logro de las necesidades de alguna comunidad local puede ser a costa de otras. La simple yuxtaposición del logro del bienestar social de cada comunidad local no parece que pueda ser una opción viable, puesto que como demuestran algunos análisis no se parte de cero, existe una interdependencia entre territorios y estructuras, y hay una “dependencia de campo” que configura las posibilidades de path dependence (concurrencia competitiva) (KRUGMANN, 1997), una inercia o punto de partida de cada territorio en el sistema económico mundial (en términos de infraestructuras o CSF, de identidad o capital social, y por supuesto en términos de mercado interno e inserción en el mercado internacional, así como en