5.3 Summary of the Findings
5.3.4 Conclusions regarding Hypothesised Relationships
En las últimas décadas del siglo XX diversos/as investigadores/as centraron sus esfuerzos en analizar los mecanismos que la flora y fauna utilizaban de forma natural para mantenerse equilibradamente en su entorno, y en concreto las estrategias y mecanismos para adaptarse a las condiciones y cambios de los ecosistemas donde se encontraban (se suele citar a Robert Ayres como uno de los principales). Este era un terreno ya recorrido, especialmente por la Biología, pero la particularidad de la “mirada” de estos investigadores consistía en que lo hacían con intención de copiar o imitar a la naturaleza para aplicar sus procesos en ámbitos de la producción, especialmente el industrial. De ahí surgió lo que se acuñó como “Ecología Industrial”, como campo de conocimiento especializado en ese tipo de investigaciones sobre el trasvase de conocimientos desde la naturaleza a la producción industrial generada por los humanos.
128 El concepto asumido habitualmente es el de “Ecosistemas Industriales”, aportado por la “Ecología Industrial” (que es una precursora de la Eco-economía), pero siguiendo la propia evolución de los razonamientos aportados para este concepto al señalar su carácter limitante y no incluir inicialmente otro tipo de actividades productivas como las agrarias, se puede acordar que “Ecosistema Productivo” se ajusta más a la complejidad de la producción en la mayor parte de economías del planeta. Al respecto de esta cuestión terminológica puede acudirse a la obra de Bermejo (2005; Apartado 9.4).
La motivación de estas pioneras investigaciones obviamente tenía un componente claramente económico, a modo de lo que más tarde ha acabado denominándose “ecoeficiencia”. Por eso la mayor parte de las personas que se adentraron inicialmente en este campo lo hicieron fundamentalmente desde el sector productivo, ya como responsables públicos ya como responsables empresariales, y desde campos científicos como la Ingeniería industrial, la Química y la Biología. Así sucedió por ejemplo con una de las instituciones que más apoyó este tipo de investigaciones desde los años 60’, como es el Ministerio Internacional de Comercio e Industria (MITI) de Japón, auténtico organismo planificador de la economía japonesa, o el Instituto Mendeleiev de Tecnología Química surgido en la URSS. Y de este campo productivo llegó una consolidación fundamental de la Ecología Industrial, cuando a finales de los 80’ varios responsables de la General Motors publican artículos defendiendo la oportunidad y utilidad de este tipo de investigaciones, que se consolidó de forma efectiva en los años 90’ con la creación de Journal of Industrial Ecology en los EE.UU.129
La cuestión es que, desde ese inicial impulso de la Industria y las instituciones responsables de la producción, el interés por este campo de conocimiento se fue extendiendo, tanto en cuanto a personas interesadas como en cuanto al campo de trabajo y aplicaciones, que fue ampliándose a otros sectores no industriales. De hecho, nos interesa destacar que la Ecología Industrial nos ha acercado a un campo de estudio que se caracterizaría, siguiendo a Bermejo (2005:69):
por buscar analogías entre los sistemas naturales y el industrial, siendo éste considerado un subsistema del natural con el que debe encontrar un equilibrio dinámico;
por adoptar una visión global e integrada del substrato físico en que se asienta la producción industrial y los límites que la biosfera supone para dicha producción (resaltando así la utilización de recursos y el flujo de los materiales como un elemento fundamental, más allá del monetario-financiero;
por destacar que estamos en un sistema planetario de producción, aunque los subsistemas tienen ciertos márgenes de actuación descentralizada (respetando las reglas básicas de un “mundo finito”);
y por señalar que aunque el mercado incentiva y se basa exclusivamente en la competencia, la realidad es que “el sistema sólo podrá sobrevivir mediante un alto grado de cooperación”.
Evidentemente, según que autor tomásemos de referencia se identificaría más o menos con algunos de estos elementos que caracterizarían la Ecología Industrial. Aquí nos interesa destacar éstos siguiendo a Bermejo, del que también destacamos su aviso respecto a que a la Ecología Industrial le falta abundar bastante más en un campo fundamental para sus intencionalidades de convertirse en una “ciencia de la sostenibilidad”, como es el campo del
consumo. Y es que, como ALONSO (2000, 2005, 2007) nos ha señalado reiteradamente, el sistema productivo actual se ha convertido en “un apéndice” de un complejo sistema de consumo que se ha especializado en grado sumo en “la generación sistemática de la carencia” (Obsolescencia controlada, sistema de marketing y publicidad…).
Con su asentamiento académico, la Ecología Industrial ha venido aportando conceptos de interés para la Sostenibilidad Ecológica, como es el de “Ecosistema Industrial”, que vendría a ser una red de empresas industriales o auxiliares que en sus pautas productivas colaboran en la gestión de los recursos naturales, de forma que los residuos o “subproductos” que una genera son utilizados por otra/s como recursos de su propia producción. Es decir, se trata de una red empresarial similar a la que ya describimos para hablar de los “distritos industriales”, a la que en este caso se le une la finalidad de una búsqueda de la ecoeficiencia energética y la utilización sostenible de los materiales. Por tanto es la simbiosis o colaboración mutual la que define el sistema productivo de los ecosistemas industriales, en base a mecanismos de transformación energética y uso de los recursos que realicen un “cierre del ciclo de los materiales”, de forma que en el proceso productivo no se pierdan esos recursos primarios sino que se logre un círculo de flujo de los mismos, evitando o minimizando la disminución de los recursos naturales inicialmente utilizados (ya por evitar generar residuos, porque los mismos no superen la capacidad de la naturaleza para renovarlos, o por lograr que los mismos sean reutilizables, evitando así residuos que suponen contaminación y saturación de la capacidad de sumidero de la biosfera). Por lo tanto un ecosistema industrial, además del intercambio de subproductos, supone un programa planificado de colaboración, y en definitiva, como mantiene LOWE (2001), “una agenda más amplia de mejora ambiental y resultados económicos”, que incide en aspectos como el almacenaje y la logística, las infraestructuras, los recursos humanos, el marketing y servicios diversos de apoyo empresarial, y evidentemente también la necesaria investigación en biología y flujo de materiales y su aplicación en los procesos industriales y en la eficiencia energética (es decir un planteamiento similar a los ya mencionados “distritos industriales” y los “entornos innovadores”, pero con la especificidad de su temática ecológica y su finalidad de sostenibilidad). Como mantiene BERMEJO (2005: 244) analizando las aportaciones de diferentes investigaciones (como las del matrimonio Ayres); “Los ecosistemas industriales funcionan
gracias a una alta cooperación y una mutua confianza…Así que las empresas forman un sistema dentro del cual deben coevolucionar. Esta coevolución necesita la cooperación y planificación a
largo plazo entre las empresas del ecosistema y de un mecanismo que la garantice, todo lo cual resulta contradictorio con el modelo globalizador”.
En última instancia la Ecología Industrial se ha ido especializando en el flujo del ciclo de materiales y la eficiencia energética desde una perspectiva ingenieril (campos estos muy potenciados dado el interés empresarial, en términos de beneficios, que pueden reportar los desarrollos ingenieriles de este ámbito científico), y también sirvió para llamar la atención sobre esos otros campos anejos de investigación, dando así paso al surgimiento de la Economía Ecológica o Eco-economía, dado que era necesario un campo de investigación más amplio para poder abordar la mayor complejidad de los procesos analizados. En España J. Manuel Naredo se puede identificar como el precursor de este campo de trabajo, con su obra de 1987 “La Economía en Evolución”, pero otros autores relevantes que se pueden citar entre otros son; R. Bermejo, R. Fernández Durán, Joan Martinez Alier, Enric Tello, Oscar Carpintero (especializado en la incorporación de la contabilidad de los recursos naturales al proceso productivo y la economía). A nivel internacional hay que señalar a L.R. Brown, N. Georgescu-Roegen, Marina Fischer-Kowalski, el ya citado R. Ayres, y a H. Daly. Además hay que reconocer la aportación que el movimiento ecologista y otro tipo de movimientos sociales por la Equidad y Justicia Social, como el ecofeminista (CARRASCO, 2005), han sido capaces de aportar en la línea de pensamiento eco-económico de la que se está hablando (movimientos como ATTAC, Ecologistas en Acción, Economistas Críticos, Foros Sociales…).