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Es hasta cierto punto correcto lo que plantean autores como Vázquez Barquero (1999) (con su idea de “economía difusa”) y Manuel Castells (2006) (con su idea de “economías de geometría variable”), acerca de que la propia estructura en red y descentralizada de los modelos de desarrollo productivo local (endógenos), favorecen una dinámica de interdependencia productiva que impulsa una lógica “autocentrada” de casi todos los componentes productivos y de la propia estructura socioeconómica que regula el sistema productivo local, incluso del componente financiero. Ello, por la descentralización y “dispersión” empresarial que supone, hace difícil que una transnacional, o una gran empresa, entren fácilmente en ese sistema local, porque tendría que adquirir muchas empresas, e incluso de diferentes sectores, para poder controlar el proceso productivo local generado (debido al carácter policéntrico de estos sistemas productivos locales). Así lo atestigua por ejemplo, la información analizada a través de una investigación que tuve oportunidad de realizar en Villarrobledo102. La misma mostró cómo con una base agrícola- ganadera se podía generar un distrito agroindustrial muy interesante, que incluía elementos del régimen de acumulación (trasvase de fondos rentistas de la agricultura y ganadería hacia las actividades industriales o de servicios incipientes, sin perder la propiedad del capital y manteniendo por tanto el control sobre las nuevas actividades), del paradigma productivo (al trasvasar “saber hacer” y red de clientes de la producción artesanal de vasijas de barro a la producción de calderería industrial en aluminio; y al relacionarse la misma con la producción vitivinícola y láctea); y del modo de regulación (al generarse un sistema formativo común y adaptado al entorno, y un sistema de cooperativas agrícolas, además de una Agencia Local de Desarrollo Local que coordinaba ciertos intercambios de información, investigaciones o experiencias para la innovación, y articulaba intereses locales).

Por otro lado, la citada investigación, al igual que otras, permite corroborar la necesidad y potencialidad que este tipo de sistemas productivos locales alberga de y para la innovación. El carácter innovador en los modelos de desarrollo endógeno se torna en necesidad y característica definitoria, puesto que es uno de los elementos para construir lo endógeno (recordemos que junto al concepto de “distritos industriales” es el de “entornos innovadores” el otro que se requiere para hablar de Desarrollo Endógeno según esta Teoría), dado que se debe ir a modelos propios y en todo caso adaptar, y no importar sin más, los exógenos (tanto en lo tecnológico como sobre todo en la organización del trabajo y la producción -intercambio de conocimiento-, y en lo comercial)103. Además y de forma relacionada, la innovación se origina como consecuencia de una necesidad de integrarse al mercado en condiciones competitivas (en territorios donde el modo de regulación sea lo suficientemente “garantista” como para no competir en base a los costos salariales), y aportaría las ventajas competitivas originadas por la investigación y experimentación del distrito en su “pequeño mercado”. Incluso, bajo determinadas circunstancias, la innovación que se puede generar en estos sistemas productivos locales (sobre todo si han adoptado una conformación como Distritos Industriales), puede hacer frente competitivamente a la que algunas grandes empresas generan y aportar significativo valor añadido a la producción, dado que una buena parte de estas aglomeraciones productivas disponen de una cooperación y una planificación de tal calidad y solidez, que incorpora una cooperación estrecha entre organismos públicos y privados de investigación y las propias empresas. Es el caso de Institutos de Investigación patrocinados públicamente e instalados en distritos industriales concretos, como los de la cerámica y los del calzado en la Comunidad Valenciana (Castellón y Alicante respectivamente), la industria de la arcilla y el mueble en Castilla-La Mancha, etc. Idéntica función cooperativa e innovadora aportarían los Parques Tecnológicos que se han venido originando en determinados territorios que, aunque no representan el concepto tradicional -- sectorialmente homogéneo-- de“Distrito Industrial”, sí que guardan ciertas características de este conglomerado socio-productivo (no obstante, no siempre es así y en algunas ocasiones las grandes empresas dejan ver su peso y significación en determinadas ramas productivas, generando cierta dependencia tecnológica en las aglomeraciones productivas de un tamaño menor y/o menor coompejidad organizativa).

103 Schumpeter es quizá uno de los autores que más ha trabajado y promocionado la cuestión de la innovación. Para dicho autor el concepto de innovación supone: a) la introducción de un nuevo bien o el mismo con cambios o cualidades suficientemente diferenciadas; b) la introducción de un nuevo método de producción; c) la apertura de un nuevo mercado; d) la consecución de una nueva fuente de suministro de materias primas o productos intermedios; e) la creación de una nueva organización. (1912)

Sin embargo, las teorizaciones sobre el Desarrollo Endógeno, representadas por ejemplo por autores como Vázquez Barquero, Becattini, Costa, dejan algunas sombras acerca de las limitaciones concretas que en la práctica y dinámica productiva sufren los sistemas productivos locales. Se han resaltado habitualmente, y resaltaremos aquí también, las “limitaciones exógenas” a este tipo de sistemas productivos, pero antes comentaremos también algunas posibles “limitaciones endógenas”.

Limitaciones endógenas.

A través de la información y análisis que realicé en una investigación sobre necesidades formativas en Castilla-LM104, pude percibir la existencia de algunos casos en que la confianza generalizada en la implantación del intercambio y la cooperación como mecanismos “naturales” para los sistemas productivos locales, pueden ser una generalización inapropiada. En concreto, la situación que pude observar fue la relativa a barreras al intercambio de información generados por conflictos localistas o familiares enquistados (en comarcas o ámbitos territoriales de tipo rural, especialmente), y las barreras existentes a la cooperación innovadora en determinados sectores con escasez de mano de obra semicualificada y cualificada, en los cuales el miedo a perder los trabajadores/as cualificados hacía que las empresas (casi todas familiares) no quisieran que sus trabajadores/as estuvieran en contacto con otras empresas, aunque fuera a través de los/as trabajadores/as de las mismas105.

En un sentido similar cabe interpretar otra experiencia de desarrollo local que he tenido oportunidad de observar. En este caso no es la falta de confianza o “Capital Social” el elemento determinante, sino una particular configuración de ese capital social, en términos de un arraigo excesivamente endogámico que cierra o limita la posibilidad de innovación106, tal como podremos ver más adelante al tratar del “Capital Social”. Se trata en concreto de la experiencia de uno de los proyectos europeos que he analizado; el proyecto LEADER en la Sierra do Caldeirâo en el Algarbe portugués. En este caso, las empresas surgidas, casi todas basadas en la transformación agroganadera, tienen un marcado carácter familiar, con unos vínculos muy fuertes entre los miembros de la unidad productivo-familiar, y con una opacidad y resistencia

104 CIREM y FORCEM (1996); Estudio de Necesidades Formativas financiado por el Objetivo 4. Obra no publicada.

105 Por ejemplo al respecto, puedo mencionar el caso de varias empresas dedicadas a dulces navideños, para las cuales la cooperación materializada en el envío de sus trabajadores/as a acciones formativas comunes, suponía, desde su perspectiva, un riesgo de perder trabajadores/as a los que les había costado mucho formar en sus pequeñas explotaciones familiares, perdiendo con ellos parte del “saber hacer” e “innovación” propios y peculiares de esa empresa. Por eso preferían seguir con una formación propia y no cooperar con otras empresas, ni por supuesto intercambiar información clave sobre el proceso productivo.

respecto a profesionales y otros/as trabajadores/as ajenos a la familia, que por ejemplo les podrían ayudar en temas logísticos o de marketing que ellos suelen desconocer: “El lugar de

trabajo es considerado más como el espacio para una cierta socialización, que también proporciona algunos rendimientos, y menos como un espacio de realización de un proyecto profesional. Esta actitud, si bien tiene innegables aspectos positivos…, por otro compromete el pleno desarrollo de una actividad empresarial consecuente… Sus <<actividades empresariales>> han de ser vistas mucho más en el marco de una economía familiar, asentada en la pluriactividad y en el plurirendimiento, que en una lógica empresarial. Estas situaciones sin duda nos remiten a referentes culturales muy fuertes, presentes en las sociedades rurales…” (IN

LOCO, 2001: 93-94).

La reflexión en este caso sería doble, por un lado la de que una gestión empresarial familiar tiene sus ventajas pero también puede tener sus inconvenientes para el desarrollo. Y por otro lado, la de que en sectores muy específicos, donde la competencia se centra en mercados muy localizados y poco dispersos, y/o estacionales, la cooperación para la innovación puede ser muy dificultosa a pesar de tratarse de una experiencia productiva totalmente localizada en el territorio.

Limitaciones exógenas.

Las teorizaciones “clásicas” del Desarrollo Endógeno, inciden mucho en un modelo con un énfasis muy grande en la actividad industrial, precisamente cuando dicho sector parece ser el que más está afectado por las relocalizaciones empresariales (ARAGÓN, ROCHA Y DE LA FUENTE, 2007:36-38), con lo que en principio los sistemas productivos locales podrán resistir mejor el intento por parte de las transnacionales de introducir establecimientos productivos en sus territorios, pero lo tendrán bastante más dificultad para competir con esas empresas transnacionales si sus segmentos de mercado coinciden, puesto que estas últimas utilizan las estrategias de relocalización para conseguir reducir costes y por tanto vender más barato, mientras que los sistemas productivos locales, al aportar mayor calidad en el empleo, no podrán utilizar este recurso del abaratamiento de costes laborales (y quizá su carácter cooperativo e innovador no pueda resistir en todos los casos el embate de transnacionales muy enclavadas en la explotación laboral).

106 Algunos autores hablan de que “El capital social puede presentar riesgos y un lado oscuro. Un exceso de arraigo sin que

exista una contrapartida de vínculos externos (huecos estructurales) o relaciones autónomas puede provocar problemas relacionados con dificultades en la innovación” (Xavier Molina, 2007: 17)

En todo caso, esta “hipertrofia industrial y urbana” de las teorizaciones clásicas del desarrollo endógeno, minusvalora modelos de desarrollo basados en los servicios y en zonas rurales, a pesar de que hay evidencias de que a determinados territorios algunas actividades no industriales les han supuesto un cambio socioeconómico fundamental con características endógenas (los call-center que se han implantado en algunas zonas de Irlanda para determinados servicios de telemarketing y postventa, por ejemplo -quizá la discusión es cuan endógeno o autocentrado es este tipo de experiencias productivas-). Y de igual manera se puede hacer esta valoración respecto a sistemas productivos y de desarrollo local basados en la agricultura y la agro-industria, como por ejemplo algunas zonas conserveras del Mediterráneo o el Cantábrico, o la agro-industria en Villarrobledo y otras comarcas de Castilla-la Mancha107. Siguiendo con estas limitaciones exógenas a las políticas de Desarrollo Local que promueve la Teoría del Desarrollo Endógeno “clásica”, algunos autores han señalado la enorme complejidad que alberga la competencia en un mundo y mercado globalizado108. Así, señalan que no deben perderse de vista limitaciones exógenas a estos procesos, como especialmente la dependencia tecnológica, energética, financiera, de mano de obra cualificada, de inversión para infraestructuras, comercial (cuando la cuota de mercado está basada básicamente en mercados exógenos no controlados).

La cuestión clave o problema, por tanto, es la inserción de los sistemas productivos locales en el mercado global, para que sea en condiciones que no perturben la calidad en el empleo y de vida de las personas del territorio en el que se asienta ese sistema productivo local, descentralizado e integrado flexiblemente. Sobre todo en la medida en que tal inserción debe producirse bajo la hegemonía de la lógica globalizadora de las “ventajas competitivas” y en un mundo con tremendas desigualdades en las retribuciones salariales y en el resto de componentes del modo de regulación del empleo (condiciones de trabajo y disciplinamiento de la representación sindical). Por lo tanto, es importante considerar la acción de las transnacionales sobre ese territorio, porque la teoría clásica del desarrollo endógeno no concreta suficientemente qué elementos o barreras pueden impedir que todo el patrimonio de conocimiento y de eficacia y eficiencia productiva del sistema productivo local, pueda ser mediatizado o adquirido “hostilmente” por una transnacional (aunque después la experiencia resulte un fracaso por la

107 Al respecto de la agroindustria y lo que Jesús Oliva denomina “agrociudades”, se puede consultar en OLIVA, J.(1993),

Mercados de trabajo y localización residencial: una respuesta a la reestructuración del medio rural, Tesis Doctoral, UCM.

108 Por ejemplo se puede consultar a HIDALGO, y MARTÍ, (1991) y su artículo “Los límites exógenos a las políticas de desarrollo local”.

inoperancia de la transnacional para gestionar ese bagaje)109. Ello es particularmente relevante en los casos en que la gran empresa (sea transnacional o no) ya se encuentra en el surgimiento del distrito industrial o del polo de desarrollo endógeno, o incluso es ella la promotora de la misma. Es decir, cuando el desarrollo endógeno no viene de “abajo hacia arriba” sino a la inversa. Sería el caso de grandes empresas que externalizan actividades de mantenimiento, de suministro, distribución, marketing..., y que generan a su alrededor un conjunto de actividades altamente dependientes de la antigua empresa originaria o matriz. En ese caso es evidente que la dinámica del “distrito” es centrípeta, que no hay necesidad de innovación endógena y que un cambio drástico en la situación de esa empresa, por cuestiones financieras o comerciales, o por relocalización ante la búsqueda de bajos costos salariales, supondría el fin al citado “distrito” (es el modelo de subcontrataciones que incluso ha dado lugar en España a la aparición de una figura contractual laboral, como son “los autónomos dependientes”, y que por ejemplo utilizan mucho las grandes empresas del sector petroquímico en sus polos industriales).110

En definitiva, una de las deficiencias que se puede señalar a la Teoría del Desarrollo Endógeno en su formato clásico, es su insuficiente análisis crítico respecto a las limitaciones que supone la estructura “macro” en la que los sistemas productivos locales se deben de mover, casi en su totalidad, en este mundo globalizado. Es decir, hablamos de que esta teoría muestra una falta de suficiente análisis, cuando no cuestionamiento, del régimen de acumulación y la División Internacional del Trabajo (DIT) en la globalización capitalista, y su influencia o determinación de los sistemas productivos territoriales.

109 Uno de los quizá mayores intentos por analizar y tratar de “cuadrar” esa “convivencia” e incluso colaboración entre “gran empresa” y desarrollo endógeno, la realiza Vázquez Barquero (1999) en el capítulo 9 de la obra referida. En concreto en el apartado 5 de ese capítulo relata lo que vendría a ser la base y condición de esa colaboración, una especie de acuerdo de “aprovechamiento mutuo”, que él llama “acuerdo de planificación”, el cual “…recogería los objetivos estratégicos de la gran

empresa y la ciudad/región, coordinaría las acciones de interés común de la empresa y el territorio, fijaría los mecanismos de control y seguimiento de los acuerdos adquiridos” (VÁZQUEZ, 1999: 223). Como se puede apreciar, incluso pasando por alto la

confusión entre instituciones y comunidad territorial, esta propuesta no deja de ser un “ingenuo desideratum”, muestra de una “buena fe” o de la desconsideración de la naturaleza “perversa” de las relaciones empresariales y socioeconómicas en esta época de globalismo capitalista. Porque pensar en que una transnacional quiera planificar nada concertadamente con un territorio es perder de vista la situación real de este tipo de asuntos de localizaciones y relocalizaciones (como en otro momento ya se ha señalado; ARAGÓN et al., 2007), y los hechos a los que hemos venido asistiendo con la llamada “ciudad del juego” o “Eurovegas” y sus presiones para conseguir hasta incluso la exención de cumplimiento de normativas como la de la prohibición de fumar, nos ubican más claramente donde queda la soberanía de las instituciones territoriales en estos casos (en este caso la Comunidad de Madrid regentada por el Partido Popular), y especialmente desde el estallido de la crisis económico-financiera desde el 2008).

110 El planteamiento que hacemos conectaría con la polémica que viene manteniéndose entre diferentes grupos de autores más o menos próximos al paradigma del desarrollo territorial (los “globalistas” y los “localistas”). Dicha polémica nos remite a diferentes apreciaciones sobre los límites exógenos de los territorios para un desarrollo endógeno, a causa del proceso de concentración de capital y poder que comporta la globalización. Así, en palabras de Vázquez Barquero (1999: 63): “Los globalistas...argumentan

que la globalización ha estimulado la centralización y concentración del capital y de los mercados, y que las empresas pequeñas y medianas (incluidas las que forman los sistemas locales de empresas tipo distrito industrial) continúan bajo el control tecnológico y comercial de las grandes empresas, por lo que los cambios que produce la reestructuración de las ciudades,