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Al hacer referencia a la palabra “Género”, se hace necesario acudir al diccionario para partir de una definición literal.

“Género: I m 1 Conjunto [de personas o cosas] establecido por sus caracteres comunes” (Seco, Andrés, & Ramos, 2000, pág. 874).

Interpretando la definición brindada por este diccionario, se podrían citar para la raza

humana dos géneros posibles, el conjunto de los humanos que nacen con características

biológicas, fisiológicas y comportamentales inherentes a los varones y aquellas que nacen con las

mismas propiedades aplicables a las mujeres, con atribuciones anatómicas específicas para cada

uno.

García (2003) propone que el estudio del género debe darse holísticamente toda vez que

si solamente se usa la palabra sexo, se estaría haciendo referencia a lo enteramente fisiológico,

anatómico, biológico y simples dimorfismos entre unos y otros; el análisis va mucho más allá,

pues las diferencias de género abarcan, además de lo enteramente biológico, todos aquellos

neuropsicológico, concluyendo así que todas aquellas propiedades biológicas del ser y su

contexto siempre están presentes a la hora de interpretar la realidad que vive cada individuo.

Desde una perspectiva filosófica y social, las implicaciones de diferencias de género, se

remontan al impacto que la sociedad le da a uno y otro dependiendo del contexto. Comesaña

(2004) afirma que género es aquella construcción de carácter enteramente cultural que define la

interacción entre las personas entregando un acervo específico de normas y pautas de

comportamiento adaptadas a la sociedad y al entorno cultural. La autora refiere que la

construcción de género obedece a aquella relación existente entre dominante y subordinada,

generando una relación impar donde las mujeres se ven más que expuestas a la obediencia, deben

acatar indiscutiblemente los parámetros establecidos según la influencia tanto social como

política y religiosa predominante en el lugar donde se desarrollan como personas.

Pasando a otro punto de vista, un poco menos filosófico y sustantivamente más

pragmático y fáctico, se observa que las diferencias entre géneros, no se dan únicamente a nivel

fisiológico, biológico y cultural; también a nivel cognitivo se presentan importantes diferencias

que empezaron a ser descubiertas desde la frenología (Caplan, Crawford, Shibley, & Richardson,

1997).

Algunos frenólogos sostuvieron que la forma craneal de los hombres y de las mujeres

difiere sustantivamente sobre todo a nivel del lóbulo frontal, mostrando un mayor desarrollo en

hombres que en mujeres; a su vez, estas presentaban mayor desarrollo en la zona parietal

Walker, (1850), citado por Caplan, et.al., (1997). Así mismo, en la medida en que las diferentes

tecnologías fueron avanzando, la frenología fue perdiendo validez y cediendo espacio a otros

Sin embargo, estos siempre siguieron favoreciendo al hombre en términos de desarrollo cerebral

y por ende, cognitivo. Estas presunciones se llevaban a cabo fundamentadas en las mediciones de

los cerebros de cadáveres, pesándolos, y en los vivos midiendo la capacidad craneana. El

volumen cerebral indicaba un mayor desarrollo de este órgano; sin embargo, se concluyó que

estas diferencias en volumen cerebral estaban proporcionalmente relacionadas con la talla de los

individuos, es decir, a mayor talla, se presentaba un mayor volumen cerebral (Caplan et. al.,

1997).

Hoy por hoy, se encuentra que las diferencias radican en lo referente a la lateralidad y la

simetría de la distribución de determinadas áreas cerebrales con funciones específicas en su gran

mayoría en las áreas del lenguaje (Caplan et. al., 1997).

Diversas investigaciones se han llevado a cabo para ilustrar las diferencias que se

presentan entre los dos géneros. De hecho, Macaulay (2005) incluye dentro de su investigación

diferentes aspectos que han tenido correlación en la lingüística de los individuos.

El autor destaca como una de las principales diferencias, la construcción del discurso,

toda vez que la mujer utiliza “más historias e incluye más diálogo en sus narraciones

(Macaulay, 2005, pág. 168), en contraprestación al discurso del hombre que “hace mayor alusión

a ubicación geográfica y de lugares”. (Macaulay, 2005, pág. 169). Esto reivindica las

conclusiones alcanzadas por los investigadores citados en cuanto a la simetría hemisférica en

proyección del área de lenguaje.

García (2003), plantea que las diferencias a nivel conductual entre machos y hembras se

dan desde los reflejos hasta conductas mucho más elaboradas y estas se generan a nivel cerebral

hipotálamo y al cuerpo calloso. Específicamente, a nivel hipotalámico se podría definir el

comportamiento sexual puntualmente en lo que respecta a la pulsión y orientación, así como

también a las relaciones parentales.

Las diferencias de género también se pueden abordar desde lo hormonal teniendo en

cuenta la incidencia de este aspecto en la sexualidad. Petersen & Hyde (2011), observaron que

en experimentación con primates, aquellos que han sido sometidos a castración disminuyen

tanto su deseo como su activación sexual ante la presencia de hembras de la misma especie; sin

embargo, cuando la falencia hormonal se ha suplido de manera sintética, los machos recobran su

actividad sexual normal. En atención a esto, las mujeres mostrarían una iniciativa sexual muy

inferior dado que tienen menos testosterona en el organismo que los hombres.

Desde otra perspectiva, Ibarra (2008) sostiene que la mujer ha sido rechazada como

miembro en diferentes escenarios pues no es recibida como combatiente en las filas, ni tampoco

ha sido aceptada como partícipe activa en procesos donde se negocie o se convenga la paz entre

dos bandos; sin embargo, ha acudido a estrategias para pertenecer a diferentes grupos armados

y/o políticos siendo la más notoria la “des-identificación” del género, es decir, adopta comportamientos y roles que tienden a la “masculinización” de su conducta (proferir improperios, tener carácter rudo, dejar de lado la feminidad, etc.), con el fin de tener cierta

acogida dentro del grupo social al que pretende pertenecer.

En los párrafos anteriores, se ha hecho una revisión de la literatura acerca de los

conceptos teóricos fundamentales y los estudios más representativos sobre estrés y afrontamiento

en estudiantes universitarios y población militar en formación, cuerpos policiales y diferentes

estudios en las escuelas de formación de la Fuerza Pública de Colombia, lo cual pone de