Kreig ( 2013) propone que el paso de las personas por la educación superior presupone el
incremento en los niveles de estrés debido a diferentes factores propios de la vida estudiantil y la
adaptación del individuo a este nuevo rol de estudiante universitario.
Las expectativas frente a la carrera, bien sea que se hayan cumplido o no, tendrían alta
probabilidad de constituirse en una fuente de estrés, pues la persona se podría enfrentar a
situaciones en las que se involucra el cumplimiento de determinadas metas o expectativas
particularmente frente a la carrera y su desarrollo.
La autora encontró que los niveles de estrés presentados en el primer año no eran tan
severos como se esperaba, pues en gran parte la incertidumbre que se genera iniciando la vida
universitaria se atenúa como consecuencia de la obtención de información proveniente de amigos
y/o compañeros más antiguos; también identificó niveles de estrés más altos en los estudiantes
que se encuentran más adelantados en sus estudios universitarios.
Otro trabajo adelantado por Guo, Wang, & Johnson (2011) tuvo como objetivo identificar
qué tan común es la influencia de las recesiones económicas en el estrés que presentan los
estudiantes universitarios y la percepción del mismo teniendo en cuenta las diferencias de género
una muestra mixta de hombres y mujeres, con edades comprendidas entre los 17 y los 57 años.
Teniendo en cuenta la economía como variable principal de análisis frente a la generación de
estrés en la muestra, se evidenció que una de las principales causas de estrés en los estudiantes
era la incertidumbre que generaba la difícil situación económica de la época frente a la
consecución de un empleo que coincidiera con la formación académica de cada persona; esto
demandaba mayor energía de los individuos al llevar a cabo procesos de afrontamiento ante estas
situaciones. Se identificaron cuatro grandes estresores que influenciaron la presencia de estrés en
los participantes: a) oportunidades actuales de empleo y sus condiciones; b) oportunidades
futuras de empleo; c) panorama económico global y nacional y desarrollo económico; y d) déficit
monetario. Los autores refieren no haber encontrado diferencias significativas entre los sexos;
sin embargo, las diferencias se marcaron de acuerdo al nivel que ocupaban los participantes entre
las carreras, es decir, a mayor antigüedad en los estudios, mayor era el nivel de estrés y entre más
neófitos fueran los estudiantes menor nivel de estrés causado por los estresores anteriormente
mencionados.
Bland, Melton, Welle, & Bigham (2012), estudiaron la propensión al estrés y las
estrategias de afrontamiento en estudiantes de una universidad en los Estados Unidos de
Norteamérica. La muestra fue de 246 estudiantes de primer año escogidos aleatoriamente dentro
de esta población y distribuidos según los siguientes criterios: la mayoría de la muestra (56.7%)
fue de sexo masculino; la distribución racial de los participantes fue mayoritariamente de
población blanca (64%), mientras que el 27, 6% lo constituyó la población negra, y en la
categoría “otros” se encuentra el restante 8,4%. En los resultados se resalta la siguiente información obtenida a partir de la aplicación del Stress Tolerance Questionnaire (STQ
& Welle (2011), el cual está compuesto de listas de chequeo que evalúan síntomas, estresores y
estrategias de afrontamiento. Al momento de evaluar los eventos vitales los autores encontraron
que el 83% de la muestra manifiesta verse sometida a situaciones estresantes buena cuenta de la
presión que ejercen sobre sí mismos para rendir adecuadamente en sus estudios o como resultado
de las expectativas de los padres; el 82% consideró importante el cambio de estilo, rutinas y
condiciones de vida; el 74% nombró como evento importante el comienzo de la etapa
universitaria; el 69% marcó como evento importante la elección de su carrera; el moverse o
cambiarse de lugar de residencia fue elegida por el 67,8%. De otro lado, los participantes fueron
evaluados con respecto a las actividades que dedican más tiempo; se encontró que los resultados
jerárquicamente más significativos fueron: el 87,8% utiliza su tiempo respondiendo encuestas; el
82,9%, procrastinando; el 82,8%, sosteniendo conversaciones por internet. Finalmente se
evaluaron las estrategias de afrontamiento, encontrando, entre los hallazgos más representativos
los siguientes: el 95,1% escucha música; el 93,4% duerme; el 93,4% se enfoca en la interacción
social; el 90,1% utiliza la relajación; el 88,8% pide apoyo a los familiares; el 88,1% navega en
internet. Los autores de la investigación encontraron que para los evaluados, sentirse apoyados
por la familia, amigos y profesores logró ser más representativo como factor de protección al ser
expuestos a situaciones estresantes. En su gran mayoría, los factores de estrés están asociados a
sus vidas familiares y personales. Estar separados de sus familiares, comunicarse con ellos y sus
roles en los grupos sociales, entre otros, generan en los estudiantes menor tolerancia al estrés y
menor capacidad de desarrollar estrategias de afrontamiento adecuadas al contexto; frente a las
estrategias de afrontamiento, el principal hallazgo fue que antes de buscar apoyo en sus pares
compartiendo espacios comunes, las más usadas fueron aquellas actividades que no involucraran
Felipe & León del Barco (2010), llevaron a cabo un estudio cuyo objetivo fue describir
las estrategias de afrontamiento utilizadas por hombres y mujeres en situaciones de conflicto
interpersonal y de estrés; la muestra estuvo conformada por 162 estudiantes universitarios (125
hombres y 37 mujeres) cuya edad promedio fue 20 años, pertenecientes a diferentes carreras
entre ellas: terapia ocupacional, educación social y licenciaturas en diferentes ramos. Los
instrumentos utilizados para llevar a cabo el estudio fueron la Escala de Adjetivos
Interpersonales de Wiggins (1996) y el Inventario de Estrategias de Afrontamiento de Tobin,
Holroyd, Reynolds & Wigal, (1989). Los resultados de dicha investigación demostraron que la
estrategia más utilizada por los participantes fue el apoyo social y la menos recurrida fue la
retirada social. De otro lado, algunas estrategias de afrontamiento están ligadas directamente a la
variable edad, como por ejemplo, la adopción de estrategias activas de resolución de problemas;
por el contrario, se encontró una relación negativa con la adopción de estrategias pasivas en
relación con esta variable.
En 2013, Kao & Craigie (2013) adelantaron una investigación en la cual estudiaron
cuáles fueron las estrategias de afrontamiento usadas por los estudiantes ante situaciones
estresantes, utilizando como predictor de ansiedad el estudio de una lengua extranjera. La
muestra estuvo compuesta por 120 participantes de una universidad taiwanesa que, como ya se
mencionó, adelantaban estudios de una segunda lengua. Para la evaluación se utilizó la versión
modificada de la Escala de Ansiedad en Aprendices de un Idioma Extranjero (Foreign Language
Anxiety Coping Scale (Marwan, 2007). Los resultados arrojados demostraron que la estrategia
más usada por los estudiantes al momento de presentar ansiedad derivada del aprendizaje de un
estudios se convertía en uno de los predictores de los niveles de ansiedad más altos en la
mencionada población.
En el contexto colombiano, Agudelo, Casadiegos, & Sánchez (2008) llevaron a cabo un
trabajo investigativo en la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana en la
ciudad de Bucaramanga, indagando sobre la prevalencia de los síntomas de ansiedad y depresión
en la población estudiantil de este programa en particular, acudiendo a una muestra de 259
estudiantes de los cuales hubo 227 mujeres y 32 hombres, con una media de edad de 19,73 años.
Los resultados arrojados por esta investigación indican que a pesar de que los síntomas no
revisten gravedad en la medida en que no se convierten en patológicos, sí se evidencia que las
mujeres presentan mayor vulnerabilidad a presentar síntomas tanto de ansiedad como de
depresión. Es importante resaltar que esta investigación develó una diferencia notable entre los
sexos y la aparición de los síntomas.
Otra investigación realizada en Colombia es el trabajo de Caballero, Abello, & Palacio
(2007) quienes estudiaron las variables “burnout” y satisfacción frente a los estudios universitarios. La muestra estuvo compuesta por 202 estudiantes de jornada nocturna de una
universidad privada barranquillera y se utilizó como instrumento el MBI-SS. Dentro de los
hallazgos más relevantes de esta investigación se encuentra que el 41,6% de la muestra presenta
“burnout” académico. Este resultado se refleja en la percepción de incapacidad frente al
rendimiento propio en lo que atañe al estudio, mientras que el 49% manifestó estar satisfecho
con la carrera que escogió. No obstante lo anterior, las relaciones que se establecieron frente a las
variables indicaron que a pesar de presentar “burnout” académico y una tasa relativamente alta
de agotamiento (29,7%), los estudiantes se ven más comprometidos con sus estudios generando
En otra investigación, llevada a cabo por Bermúdez, y otros (2006), se estudiaron los
factores de riesgo que influyeron en el rendimiento académico de los estudiantes de medicina de
la Universidad de Manizales. El instrumento utilizado para llevar a cabo la investigación fue una
encuesta transversal que evaluó aspectos psicosociales como la cultura, la motivación, la
escolaridad; y de otro lado, presencia de síntomas depresivos, disfunción familiar, estrés y
consumo de sustancias. La muestra constó de 212 estudiantes de edades comprendidas entre los
17 y los 31 años que cursaban desde el segundo semestre hasta el decimoprimero. Dentro de los
resultados se encontró una relación bastante amplia entre las variables estudiadas. La presencia
de estrés y el consumo de sustancias en los estudiantes estuvieron determinados en intensidad y
cantidad por el semestre que cursaban los participantes, aunque los investigadores también
definieron que el estrés también dependía mucho más del rendimiento académico de cada
estudiante que de las relaciones sociales que se pudieran generar.
Lo anteriormente mencionado ayuda a comprender el contexto del estrés en la población
estudiantil, mostrando una alta tasa de presentación de los síntomas que acompañan este
padecimiento. La presencia de síntomas ansiosos, así como de síntomas depresivos, hace alusión
directa a desórdenes de tipo cognitivo y conductual.