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6.0 COMPARISON OF CERAMIC AND POLYMERIC NANOFILTRATION

6.3.6 Achieving drinking water standards

La construcción de sentido de los militantes urbanos, en relación con la dimensión económica, es coincidente entre hombres y mujeres, en los términos descritos en párrafos anteriores. Plantean una distribución desigual en los recursos, y de hecho una concentración de los mismos en muy pocos, lo cual configura una realidad que se caracteriza por una situación de injusticia generalizada que debe ser transformada. Los lugares desde donde se percibe la carencia son diferentes para las mujeres (solteras y casadas) y los hombres urbanos: las mujeres solteras, a partir de sus entornos privados e inmediatos, manifiestan que sus familias de origen y ellas mismas no pueden acceder a educación, vivienda y salud, por no tener recursos adecuados; por su parte, quienes tienen niveles educativos superiores expresan los múltiples sacrificios por los que han pasado para poder educarse. Las casadas y con hijos describen como precarias las condiciones económicas en las que viven, no tienen ni pueden tener condiciones de vida dignas para ellas y su prole, por lo que es fundamental hacer algo para transformar la sociedad colombiana.

Desde escenarios inmediatos, comienzan a plantearse la necesidad de llevar a cabo acciones que permitan cambiar su situación; algunas migran de una región a otra e intentan buscar trabajos mejor remunerados que les permitan educarse y atender tanto sus necesidades como las de sus familias, que se encuentran insatisfechas120. Si esto

ocurre con las solteras, para las mujeres que llegaron al ELN con parejas e hijos la situación es semejante, aunque se complejiza con todo lo que implica el cuidado de los hijos, la atención a sus hogares y la vida insurgente. Así, las mujeres construyen sentido a partir de su condición histórica como cuidadoras y madres, y es desde esa

120 Kampwirth (2007), en la investigación realizada sobre la participación de mujeres en movimientos guerrilleros que llegaron a procesos revolucionarios exitosos en Nicaragua, El Salvador, México (en Chiapas) y Cuba, plantea que mujeres participantes en los grupos guerrilleros buscaron soluciones personales a la crisis rural que se vivía en estos países a mediados del siglo XX, especialmente migraron tanto a zonas rurales como urbanas en busca de mejores condiciones de trabajo. (41-46).

condición que también dan sentido a la acción insurgente. La sensación de injusticia y de indignación frente a la realidad existente se construye a partir de sus roles y relaciones tradicionales de género, de sus espacios privados. Según nuestro punto de vista, diríamos que hay una politización de la carencia y el sufrimiento, que influye en su posibilidad de acción.

Los hombres hacen referencia a la percepción de carencia en un entorno más amplio: lo público, el país, el mundo. Son las condiciones existentes en el mundo, las relaciones de dominación y expropiación entre países (imperialismo), las que no les permiten tener condiciones para la realización de sus derechos y necesidades, por tanto no sólo hay que cambiar las condiciones económicas en Colombia, sino en el mundo. No aluden a sus escenarios inmediatos, familia de procreación o de origen, y por tanto es más lejana la percepción de soluciones personales a crisis nacionales. En la voz de un hombre militante,

Este mundo ha sido tan injusto que amerita por lo menos mantener la seguridad de que uno puede cambiarlo, y quizá ésa es una justificación política, pero digamos para mí hoy sería muy difícil, digamos, estar por fuera de este proyecto, así uno no haga parte de estructuras muy internas”[ ACGH01C2, líneas 1.024-1.027].

Con relación a las mujeres y los hombres del área rural, es importante señalar que en su gran mayoría son combatientes, es decir, personas organizadas como ejército, entre las que entrevistamos a niñas entre 15 y 17 años de edad. Sus expresiones sobre la construcción de sentido de la dimensión económica son “menos” elaboradas. Ellos y ellas se definen como personas “pobres”, sin ningún tipo de recurso, con múltiples carencias al igual que sus familias, y no hacen referencia a un gobierno o a un Estado “culpable” de dichas condiciones y su permanencia a lo largo de la historia, sino a una clase: “los ricos”. Valoran su permanencia en las filas insurgentes como una manera de contribuir a un proceso de cambio, que una vez logrado, modificará la actual realidad y permitirá que todas las personas tengan mejores condiciones económicas y que no exista la pobreza. Ninguno de sus relatos hizo alusión a la explotación de recursos naturales, ni a un escenario o a unas condiciones mundiales que influyan en su condición de pobres.

A diferencia de los militantes urbanos, los combatientes no tienen la conciencia de vivir en un país con recursos; por el contrario, la apreciación es de carencia absoluta, y por tanto valoran la vida en el ejército guerrillero como una vida sin carencias, “tienen vestido, comida, medicamentos y aprenden sobre la realidad”121. Por tanto, lo que da sentido a su acción son sus condiciones de pobreza, de carencia, que adquieren importancia cuando están en los movimientos insurgentes. Sin embargo, su ingreso no ocurre por una búsqueda explícita y compartida de cambiar situaciones colectivas, sino personales: tener comida, vestido y asistencia médica; la educación no ocupa un lugar importante, más bien el hecho de aprender “algo”. La alusión y el sentido de una lucha colectiva se aprenden al interior del Ejército de Liberación Nacional, y también se aprende que para esa lucha son necesarias las armas:

Cuando uno entra a la guerrilla, uno busca tener comida que no tiene en la casa, vestido, si se enferma, que lo atiendan y le den drogas (sic)122 y conseguir algo para ayudar en la casa; después es que uno se va formando y entiende que esta lucha es para que se acabe la pobreza y no hayan tantos ricos [ACGM16C1, líneas 20-25].