En el siglo XIX, se presentó un número significativo de guerras civiles, tras finalizar la mayor confrontación de dicho siglo: la Guerra de los Mil Días, ocurrida de 1899 a 1903 —que enfrentó a liberales contra el gobierno conservador de la época y que ha sido descrita como la más desastrosa de las guerras civiles en Colombia, en términos de pérdida de vidas humanas y daño a la economía—. Este enfrentamiento se mantuvo durante tres años por toda la geografía nacional y contó con un amplio apoyo social brindado a los contendientes. De acuerdo con los cálculos, hubo cerca de 80.000 muertos entre 1899 y 1902, aproximadamente el 2% de la población de la época. El alzamiento de los liberales se generalizó por todo el país y tuvo respaldo internacional
62 Para mayor profundidad sobre los procesos de conflicto y violencia en Colombia, ver Sánchez, Fabio; Díaz, Ana María, y Formisano Michel (2003). Conflicto, crimen violento y actividad criminal en Colombia, un
de gobiernos liberales de países vecinos como Ecuador, Venezuela, Nicaragua y México.
Entre 1902 y 1948 la vida transcurrió en relativa calma. Colombia empezó un lento proceso de modernización industrial y financiero, acompañado de los movimientos agrarios en los años veinte y treinta (Sánchez et al, 2003). Esta calma fue interrumpida por el asesinato del líder popular y candidato a la presidencia, Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, que se reconoce como el suceso desencadenante de La Violencia. Este crimen agravó las particulares condiciones políticas, sociales y económicas de un país que intentaba asomarse a la modernidad.
De este modo, civiles que pertenecían principalmente a los partidos políticos tradicionales, liberal y conservador, protagonizaron acciones de especial violencia en su búsqueda por la eliminación física de los partidarios del liberalismo y de cualquier forma de oposición al conservadurismo más tradicional. Estas acciones se sustentaban en inculpar al gobierno conservador del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán.
En esta época, los liberales son separados de los cargos públicos y los conservadores se hacen al poder mediante fraude electoral. Es entonces cuando aparecen las primeras guerrillas reconocidas oficialmente y nombradas como “guerrillas liberales”. Dichos grupos surgieron como respuesta a la exclusión política de la época y para la defensa de las tierras que eran expropiadas a los campesinos. Esta condición influyó para que tales agrupaciones fueran concebidas con carácter defensivo. La más conocida y que se mantuvo a lo largo de varios años fue la del ex alcalde de Barrancabermeja, Rafael Rangel63. De acuerdo con los planteamientos de Alejo Vargas, ésta fue una guerrilla de clara ascendencia liberal: “un liberalismo libertario, si se quiere, exento de influencias comunistas” (2006: 67).
63 Sobre este tema, para mayor profundidad ver: Umaña Luna, Eduardo; Guzmán Campos, Germán y Fals Borda, Orlando (1988) La violencia en Colombia. Tomos I, II y III. Bogotá. Círculo de Lectores. Sánchez, Gonzalo y Peñaranda, Ricardo (1991): Pasado y Presente de la Violencia en Colombia. Bogotá. CEREC.
Paralelamente al surgimiento de las guerrillas liberales, aparecen movimientos de contraguerrilla (en términos actuales, grupos paramilitares), que apoyaban las acciones represivas de la policía de la época, llamada “chulavita”. Siguiendo los planteamientos de Vargas, los grupos de contraguerrilla no sólo combatían a los “grupos insurgentes” de este periodo, sino que también se formaron para apropiarse de las tierras de muchos campesinos apelando al boleteo64, a la intimidación de la población y al asesinato.
[…] De la venta de fincas a precios irrisorios no sólo se beneficiaron los miembros de la contraguerrilla conservadora; igualmente, ciertos liberales, con capacidad económica o situados en puestos claves de instituciones bancarias, compraron fincas a sus amenazados copartidarios a precios mínimos, como una forma de ayudarlos a dejar la región. Allí encontramos el origen de los procesos de concentración de la tierra: en el violento marco bipartidista (Vargas, 2006: 75).
Quienes participan y se enfrentan en la guerra civil que vive el país en este periodo son los sectores populares, especialmente campesinos; por su parte, las élites de los partidos permanecían al margen de los procesos de violencia. “Este desfase entre dirección ideológica y conducción militar explica en buena medida, por una parte, sus expresiones anárquicas; por otra su poder desestabilizador y sus efectos sobre el conjunto de la sociedad”65.
El régimen político instaurado en la época de La Violencia no logró alcanzar legitimidad, sustentado como estaba en el fraude electoral, la supresión violenta de los opositores y una marcada generalización de la práctica de la homogenización política en regiones enteras. La situación registró un receso, mas no llegó a superarse. Para finalizar La Violencia, las élites promovieron el golpe militar del general Gustavo Rojas Pinilla en 195366.
64 El término boleteo se utiliza en el contexto para denominar la extorsión que se realiza a través de cartas. 65 Comisión de estudios sobre la violencia. Colombia, violencia y democracia, informe presentado al Ministerio de Gobierno, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.
66 El golpe de Estado del general Rojas Pinilla se dio con la colaboración del ex presidente Mariano Ospina y del jefe conservador Gilberto Alzate. El Rojas Pinillismo trató de emular aspectos populistas del peronismo argentino, vigentes en la época, y buscó crearse una fuerte corriente de apoyo entre la población. Tras el Gaitanismo (nombre que recibió el movimiento liderado por Jorge Eliécer Gaitán) el Rojas Pinillismo fue el movimiento histórico político en Colombia que más apoyos suscitó.
El “nuevo” régimen militar, que se constituía supuestamente “al margen” de las ideologías liberales y conservadoras, logró una tregua con los “movimientos insurgentes” de la época, llegando incluso a la desmovilización sin condiciones de buena parte de quienes conformaban dichos grupos. Éste fue uno de los procesos de pacificación sin precedentes en el país, fundamentalmente porque, en el proceso, los “insurgentes” desmovilizados entregaron las armas y abandonaron su lucha, sin pedir nada a cambio. Pese a ello, no fue un proceso total, pues hubo remanentes de los grupos que permanecieron alzados en armas. Los logros de este periodo se vieron entorpecidos por el incumplimiento de acuerdos con los grupos alzados en armas que habían decidido entregarlas, el asesinato de varios líderes campesinos y guerrilleros
desmovilizados y la persecución y ejecución de personas que optaron por permanecer al margen de los pactos.
De acuerdo con los planteamientos de Amaya, (2001), algo que quedó claro de esta experiencia de Violencia fue que las élites tanto liberales como conservadoras continuaban compartiendo en cafés y clubes, mientras el “único acto de enfrentamiento que mantuvieron era ubicarse en diferentes salones. En el momento del golpe militar los sectores de élite retomaron sus cargos y posiciones privilegiadas y las personas del común que se enfrentaban y ponían los muertos, no lograron alivio a los problemas que los habían llevado a la confrontación armada” (2001: 542).
Aunque durante el gobierno de Rojas Pinilla fue posible un proceso de pacificación, éste no resolvió los problemas profundos que vivía el país y tampoco logró la plena reinserción de los alzados en armas; por el contrario, las condiciones de vida de un amplio sector de la población colombiana siguieron siendo precarias y las condiciones de parcialidad de las instituciones estatales no pudieron obrar como mediadoras de los conflictos sociales y políticos de la época (Vargas, 2006).
Las limitaciones descritas del proceso de pacificación facilitaron el resurgimiento de los grupos armados, conformados principalmente por aquellos que no se acogieron a la amnistía, por quienes se sintieron defraudados de los procesos llevados a cabo y por
los grupos de contraguerrilla. Estos “nuevos” actores de violencia de este periodo fueron reconocidos como bandoleros y recrudecieron la violencia de la época67.
En 1957, las élites políticas tradicionales consideraron el “forzoso” retiro del general Rojas Pinilla y la violencia se agudizó68. Los partidos tradicionales (liberal y conservador) plantearon una salida “novedosa” para la época: el Frente Nacional, que consistió en una alianza entre liberales y conservadores para distribuirse equitativamente la administración de las instituciones estatales y así buscar una solución común a los problemas. El acuerdo consistió en un pacto de igualdad entre los dos partidos, bajo el cual se alternarían la presidencia durante 16 años, en los que cuatro años estarían en el poder los liberales, y los siguientes cuatro años lo tendrían los conservadores; cada partido tendría así dos periodos de cuatro años, entre 1958 y 1974. El derecho al voto se ejercía sobre candidatos del mismo partido al que le correspondía el periodo. El congreso estaba conformado por igual cantidad de parlamentarios liberales y conservadores.
El pacto fue firmado por el liberal Alberto Lleras Camargo y el conservador Laureano Gómez, en Benidorm, el 24 de julio de 1956. Los principales objetivos de este acuerdo político fueron la reorganización del país luego de la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla y el cese de la violencia bipartidista.
Si bien esta alianza entre los partidos y las élites tradicionales logró en parte su objetivo, también dejó por fuera a grandes sectores de la población. No sólo a aquellos que no pertenecían a ninguno de los partidos, sino también a quienes no se sentían representados por sus postulados ni por quienes los lideraban, e incluso a otros que,
67 En el libro Guerra o solución negociada. ELN: origen, evolución y procesos de paz, Alejo Vargas (2006) explica cómo los grupos de bandoleros provenían tanto de las extinguidas guerrillas de autodefensa, y cómo fue la banda de Campo Elías Ayala la que sembró el terror en la zona de San Vicente (Santander) y fue exterminada por el ejército. A comienzos de la década del sesenta, grupos contra guerrilleros y la policía chulavita formaron el grupo bandolero comandado por Polo Millán, que operó como banda de asaltantes o “matarifes a sueldo” (las comillas son del autor) y que operó en la misma zona (2006: 87)
68 Se plantea un retiro forzoso debido a que los dirigentes de los partidos temían que el régimen del dictador Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) evolucionara hacia una dictadura populista y en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales.
sintiéndose pertenecientes a alguno de los partidos tradicionales, no compartían su propuesta. Así “el Frente Nacional creó las bases, junto con otros factores estructurales y coyunturales, para el surgimiento de un nuevo tipo de violencia: la violencia contra el régimen político y contra el Estado, conocida comúnmente como la “violencia revolucionaria”, la cual, para algunos analistas, puede entenderse como una consecuencia del período del Frente Nacional” (Vargas, 2006: 92), y para otros como consecuencia de los procesos que se vivían en el mundo.