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3.0 INFLUENCE OF CHEMICAL CLEANING ON PHYSICOCHEMICAL

3.2.3 Membrane characterization

3.3.1.2 XPS analysis

Sobre el surgimiento del Ejército de Liberación Nacional existe un primer acuerdo entre los analistas (Vargas, 2006; Pizarro 2004; Medina Gallego 2001) y los militantes (Hernández, 1998), con relación a que sus raíces hay que buscarlas en el periodo de la Violencia, que, como hemos señalado, se desarrolló desde mediados de los años cuarenta hasta los sesenta. A pesar de identificar factores en su origen que nos llevan a las guerrillas liberales de la época de la Violencia, hay significativas diferencias con los orígenes de las FARC. El inicio del ELN no se vincula de forma directa a las guerrillas liberales de autodefensa campesina, sino a la confluencia de diversos procesos como los movimientos estudiantiles, los paros cívicos, las organizaciones campesinas, las luchas laborales, etc.

Según los planteamientos de Vargas (2006), en el surgimiento del ELN confluyen y se entretejen una serie de eventos:

a) El triunfo de la Revolución Cubana. Acontecimiento que forjó la esperanza de un proceso similar en Colombia, mediante el cual se lograría la transformación social que, de acuerdo con distintos sectores, era fundamental para el país. Algunos jóvenes colombianos viajaron a Cuba para prepararse y recibir entrenamiento para la revolución. Entre este grupo se destacaron Fabio Vásquez Castaño, Ricardo Lara Parada, Víctor Medina Morón, Mario Hernández y

Heriberto Espitia, para citar sólo algunos, quienes regresaron de Cuba con el firme propósito de conformar una organización revolucionaria. Estos jóvenes formaban el movimiento estudiantil colombiano y organizaciones juveniles, tales como las Juventudes Comunistas (JUCO), el Movimiento Obrero Estudiantil Campesino (MOEC), las Juventudes del Movimiento Revolucionario Liberal (JMRL), entre otros. Integraron la denominada “Brigada Pro-Liberación José Antonio Galán”. Así se inició la consolidación de una “nueva izquierda”, que no se inspiraba en principios marxistas, maoístas y leninistas, sino que simpatizaba con los principios del “Castrismo” (Vargas, 2006).

b) Otro factor importante aparece asociado a los remanentes de las guerrillas liberales, especialmente a la guerrilla liderada por Rafael Rangel (ex alcalde de Barrancabermeja), la cual mantenía la esperanza de continuar con la lucha hasta alcanzar el cambio del régimen político imperante.

c) Un tercer factor lo constituyen las luchas cívicas, sindicales y estudiantiles que se registran a inicios de los sesenta en el departamento de Santander y su zona de influencia, región donde se funda el ELN: a) el paro cívico de 1963 en Barrancabermeja, en el que participaron amplios sectores de la población, y especialmente mujeres. Dentro de las líderes se encontraba Luisa Delia de Piña, quien como capitana de las brigadas femeninas lideró la estrategia que éstas siguieron para resistir los ataques de la fuerza pública79. b) La huelga de Ecopetrol80, que inició el 19 de julio de 1963 y que se prolongó durante 42 días,

y c) El Movimiento Estudiantil en la Universidad Industrial de Santander (UIS). El 25 de mayo de 1964 se inicia un nuevo movimiento del estudiantado de la UIS, en respuesta a la política del rector de la época. El comité de huelga estaba presidido por Jaime Arenas, estudiante de dicha universidad, quien para ese

79 El relato de Luisa Delia de Piña sobre el paro de Barrancabermeja está en el libro de Alejo Vargas (2006),

Guerra o solución negociada. ELN: origen, evolución y procesos de paz (pp. 105-110).

80 Ecopetrol S.A. es una sociedad pública por acciones, del Estado colombiano, dedicada a explorar, producir, transportar y refinar hidrocarburos. Sus utilidades promedio en los últimos cinco años son superiores a los 1.2 billones de pesos anuales, y ha presentado exportaciones en el mismo período por más de 1.500 millones de dólares; es la cuarta petrolera estatal más grande de América Latina.

entonces ya formaba parte del naciente ELN. “Los estudiantes se toman la Universidad y crean “milicias” estudiantiles para custodiarla. El movimiento recibe un amplio respaldo de la ciudadanía de Bucaramanga y con la Federación Universitaria Nacional como organismo gremial de los estudiantes se gesta un paro nacional estudiantil de solidaridad” (Vargas, 2006: 117).

d) En este convulsionado contexto se observa también una marcada radicalización de ciertos sectores sindicales, especialmente el petrolero, que plantea la necesidad de articular las luchas reivindicativas sindicales con las revolucionarias. La influencia se da en doble vía, en la medida en que los sindicatos también se vieron influenciados por las nacientes tesis del ELN.

Así, en medio de este devenir de procesos, el Ejército de Liberación Nacional, con dieciocho hombres, se instaura públicamente el 4 de julio de 1964 en el Magdalena Medio santandereano, región del nororiente colombiano que había sido escenario de actividades de la guerrilla liberal, liderada por Rafael Rangel. En los inicios, sus acciones se desarrollaron fundamentalmente en el área rural, y “el trabajo” urbano estaba dirigido a la búsqueda de apoyo logístico, algunas actividades militares y a la elaboración y difusión del periódico Insurrección. En las labores de apoyo y logística participaron mujeres, especialmente en la elaboración de los uniformes para la naciente guerrilla.

“Casi una década después en 1973, apenas llegaba a 270 guerrilleros y posteriormente en 1978 sólo le quedaban 36” (Aguilera, 2006: 215)81. En relación con el número de personas que hacían parte del ELN, es importante destacar que la proporción de mujeres que integraban el movimiento era mínima82. En la historiografía del grupo

81 En esta época, y después de la muerte del sacerdote Camilo Torres, el ELN sufre una de sus más significativas crisis tanto a nivel interno como externo. Internamente se dan una serie de contradicciones que se expresan en los fusilamientos de varios de sus integrantes: Víctor Medina Morón, Julio César Cortés y Heliodoro Ochoa. A esta situación se adicionan “dos importantes golpes militares: el primero, un error de Fabio Vásquez Castaño, permite la incautación de documentos y la detención de un grupo importante de militantes (1972), y, el segundo, la muerte de Manuel y Antonio Vásquez Castaño en la operación Anorí (1973), cuando intentaban expandir la organización a nuevos escenarios en Antioquia y Bolívar” (Aguilera, 2006: 217).

encontramos siempre referencias al número de hombres militantes, de los caídos en combate, y de sus comandantes. No se encuentran registros de las mujeres que militaban, o si en algún momento algunas han ocupado lugares de comandancia o cayeron en combate. Las referencias sobre la presencia femenina se encuentran en etapas recientes, cuando varios frentes de guerra del ELN llevan el nombre de mujeres que han tenido desempeños destacados o han caído en combate: en el nororiente, frente Claudia Isabel Escobar Jerez; en el sur-occidente, frentes Omaira Montoya Henao, Martha Elena Barón y la Gaitana, y en el nor-occidente el frente María Cano.

Aunque en la historiografía del grupo insurgente no se hace referencia a ninguna participación de las mujeres, es importante destacar que en 1965 (periodo de surgimiento) el sacerdote Camilo Torres83, en un documento titulado “Mensaje a las Mujeres”, hace alusión a la situación de las mujeres en la sociedad colombiana. En especial, se refiere a las mujeres en las distintas clases sociales, aludiendo a que ellas, de acuerdo con la clase social a la que pertenezcan, “han estado siempre en condiciones de opresión con relación a los hombres y a la sociedad” (1965: 1)84. Este

83 Como lo veremos más adelante, el sacerdote Camilo Torres hizo parte del Ejército de Liberación Nacional, convirtiéndose en uno de los referentes ideológicos fundamentales de esta organización.

84 Dentro de la clase popular la mujer tiene muchos deberes de tipo material y casi ningún derecho espiritual. El más alto grado de analfabetismo lo tienen las mujeres de la clase popular. Tienen que trabajar duramente en las ocultas pero en ocasiones muy duras labores del hogar y de las industrias menores (huertas, cerdos, gallinas, perros, etc.), sin consideración a las incomodidades y responsabilidades de la maternidad.

La mujer de la clase obrera no goza de ninguna protección social y mucho menos legal. Cuando, en un país como el nuestro, el hombre acosado por la miseria, la desocupación y enfrentando a las responsabilidades agobiantes de una familia numerosa, refugiándose falsamente en los vicios, abandona el hogar, la mujer tiene que afrontar todas las cargas de éste. Cuántas casas obreras se encuentran, durante las horas de trabajo, cerradas con un candado por fuera, llenas de niños semidesnudos y semihambrientos que esperan a que su madre llegue del trabajo para recibir algo de comer.

La mujer de clase media también es explotada por los patronos. Es posible que, dentro de esa clase, las relaciones con los maridos sean más igualitarias. Sin embargo, estas familias no podrían subsistir sin el trabajo de la mujer y sabemos que la mujer trabajadora, la oficinista, la empleada, sufre explotaciones y presiones de toda clase por parte del patrón.

La mujer de la clase alta tiene que disimular con ociosidad, en juegos de naipes y reuniones sociales, la falta de oportunidades intelectuales y profesionales que existe en nuestra sociedad. En ésta, la fidelidad conyugal no se exige sino a la mujer. La censura no viene sino sobre ella en el caso de que cometa algún error en esta materia. Aunque la ley consagre la igualdad de derechos y deberes, en la realidad esta igualdad no existe.

En la política, los hombres de la clase popular han sido hasta ahora conducidos según el capricho de la oligarquía. La abstención ha sido el primer grito de rebeldía de toda una clase que no confía en las patrañas de la clase dirigente.

Ya existen otros síntomas de unificación y de organización de los descontentos. Sin embargo la oligarquía como un pulpo, comienza a extender sus tentáculos hacia las mujeres colombianas. Los hombres de esta clase les han dado el derecho de votar para continuar usándolas como instrumento.

documento concluye planteando que la situación de dominación, tanto en el espacio privado como en el público, sólo se transformará a través de un proceso revolucionario.

En el momento de su fundación, el Ejército de Liberación Nacional presentó al pueblo colombiano su “programa de lucha”, al que llamaron Programa de Simacota, cuyos contenidos aparecen organizados en doce puntos (el apartado 10 hace referencia a la eliminación de la discriminación por condición de género). De manera resumida, son los siguientes:

1. La toma del poder para las clases populares y la instauración de un gobierno democrático y popular que libere al país de los monopolios internacionales y de la oligarquía criolla y que garantice la plena igualdad de nuestro pueblo, que otorgue plenas libertades democráticas a los sectores populares, que conceda a las mujeres sus legítimos derechos, que libere las fuerzas creadoras de las masas, que garantice el respeto a la dignidad humana y el libre desarrollo de los colombianos.

2. Revolución agraria que permita evitar la concentración de la tenencia de la tierra.

3. Desarrollo económico industrial mediante la protección de la industria nacional.

4. Planes de vivienda y reforma urbana que garanticen un hogar adecuado para todos los trabajadores del campo y la ciudad.

5. Creación de un sistema popular de crédito que elimine a los agiotistas y fomente el desarrollo económico e industrial.

6. Organización de un plan nacional de salud pública que haga posible la atención médico-farmacéutica y hospitalaria a todos los sectores de la población colombiana, sin gravar su economía.

7. Elaboración de un plan vial que sirva para articular la economía nacional y preste un servicio eficaz a todas las regiones.

Este documento finaliza argumentando que sólo es posible lograr la emancipación social de la mujer tanto como del hombre a través del proceso revolucionario. (Ver el texto completo de este documento como anexo). Publicado en: Frente Unido, número 8, 14 de octubre de 1965.

8. Reforma educacional que elimine el analfabetismo y promueva la construcción de escuelas rurales y urbanas y la formación de maestros competentes. La educación será obligatoria y gratuita.

9. Incorporación de la población indígena a la economía y la cultura de la nación, respetando sus costumbres, sus tierras, su lengua, sus tradiciones y el desarrollo de su vida cultural.

10. Eliminación de todo tipo de discriminación por raza, género, origen social o creencia religiosa.

11. Política exterior independiente basada en el respeto mutuo, la auto- determinación de los pueblos y la no intervención de algún Estado en los asuntos internos de otro, oposición a toda forma de opresión y dominación imperialista.

12. Formación de un ejército popular permanente, técnicamente dotado y disciplinado, que garantice las conquistas populares, defienda la soberanía nacional y sea el más firme apoyo del pueblo (Hernández, 1998, 85-88). Del Programa de Simacota llama la atención que no se inspira de manera homogénea en principios marxistas-leninistas, sino en principios liberales y socialdemócratas. De esta manera, desde nuestra perspectiva, el primer punto es coherente con la inspiración marxista, y efectivamente apunta a un cambio social radical, mientras que los otros once puntos buscan fundamentalmente reformar una sociedad con una democracia formal a una sociedad con una democracia real y consolidada.

Además del programa de lucha, este grupo insurgente nació planteando ciertos principios morales, que desde su perspectiva inicial eran considerados inalterables. Así por ejemplo, no debían tomar los bienes de los campesinos sin pagarlos, o se oponían abiertamente al ejercicio del secuestro por considerarlo una práctica propia de la delincuencia común. Principios que posteriormente fueron quebrantados ante la imposibilidad de conseguir los recursos necesarios para financiar sus acciones. Para justificar el secuestro recurrieron al argumento de que este delito estaba siendo

utilizado por organizaciones revolucionarias en otros países del continente, como Venezuela, Guatemala y Argentina (Medina, 1996).

En el surgimiento y la consolidación del ELN, un aspecto importante ha sido la participación de sacerdotes, quienes inspirados en la Teología de la Liberación hicieron y han hecho parte de este grupo. Esta participación ha generado controversia tanto entre los analistas como en la sociedad en general, debido al significado y simbolismo que esto implica.

Uno de los primeros sacerdotes que se unieron al ELN fue el colombiano Camilo Torres, quien adquirió un lugar destacado y polémico, aun cuando no fue ni ha sido el único clérigo que ha participado85. Además de Torres, entre el grupo de sacerdotes se destacan: Domingo Laín, del Seminario de los Padres Blancos de Bélgica (ingresa en 1969 y muere en 1974); José Antonio Jiménez (Español, ingresa en 1969 y está en la organización hasta 1970); Manuel Pérez, del Seminario Hispanoamericano de Madrid (ingresa en 1969 y muere en 1998); Carmelo Gracia, del Seminario de Tarazona, España (ingresa en 1969); Diego Uribe Escobar, sacerdote franciscano (ingresa en 1977 y está en la organización hasta 1981); Bernardo López Arroyave, sacerdote del Seminario de Vocaciones Tardías en Antioquia (ingresa en 1978); Laurentino Rueda, sacerdote franciscano (activo); Carlos Buitrago y Alirio Buitrago, catequistas (ingresan en 1978 hasta 1982); Vicente Mejía, sacerdote, y Gabriel Borja, seminarista (Aguilera, 2006).

85 Edgar Camilo Rueda Navarro (2002), en su ensayo sobre la biografía política de Camilo Torres, plantea que su pensamiento político puede sintetizarse en las siguientes ideas: para transformar el país y lograr el bienestar de la clase popular es necesario liberar al país del imperialismo norteamericano y de la oligarquía que sirve a sus intereses; es necesaria la fusión, la movilización y la vinculación de los sectores pobres de la población a la lucha por la construcción de un nuevo Estado. Por esto, debe generarse la unidad del movimiento revolucionario y opositor, aglutinando a las masas oprimidas del país; debe tenerse la convicción de llevar la lucha hasta el final afrontando todas las consecuencias; y por último, los cristianos no solamente tienen la posibilidad de participar en la revolución, sino que tienen la obligación de hacerlo (“el deber de todo cristiano es ser revolucionario, y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”).

Otro elemento fundamental en el pensamiento de Camilo Torres lo constituyó su esfuerzo por conciliar el cristianismo con el marxismo, impulsando un nuevo tipo de sociedad de carácter socialista y cristiano, basado en la justa distribución de la riqueza. “Los marxistas luchan por la nueva sociedad, y nosotros, los cristianos, deberíamos estar luchando a su lado”.

Todo este proceso debe ser desarrollado a partir de la acción popular, combinando la actividad política con la militar, y llevando a cabo labores políticas y organizativas a partir de las bases, es decir, en estrecha relación con el pueblo.

De acuerdo con el recuento de Alejo Vargas (2006), es en los años sesenta cuando en el escenario nacional aparece uno de los movimientos de masas más importantes del decenio: el Frente Unido, que se proyectó como movimiento de oposición al sistema y en contra del proceso electoral —entendido como uno de los mecanismos más importantes de legitimación de las democracias—. Y es a través de dicho movimiento que el padre Camilo (como habitualmente se identifica a Torres) se vincula al ELN. Como líder del Frente Unido, Camilo Torres buscó constituir un movimiento político totalmente diferente a los que tradicionalmente habían hecho presencia en el país, es decir, que no promoviera la exclusión política, sino que permitiera la participación de quienes denominaba como los “no alineados” o, en términos actuales, los de la “franja amarilla”86, quienes no pertenecían a los partidos tradicionales y los abstencionistas, que para Camilo eran los revolucionarios de la época, porque no estaban organizados en ningún partido político de los que habían estado en el poder. Camilo Torres, en el mensaje a los “no alineados”, expresaba:

Ha comenzado en nuestro país la formación de un nuevo movimiento político: El Frente Unido. Su origen es un tanto insólito, porque su iniciador ha sido un sacerdote católico: Camilo Torres Restrepo.

Se trata de un movimiento con objetivos revolucionarios, de transformación radical de las estructuras sociales y económicas colombianas. Por lo menos estos son sus enunciados y consideramos que han sido sinceramente expresados. En cuanto a la táctica él debe englobar a todos los revolucionarios desde los demócrata-cristianos hasta los comunistas (citado por Vargas, 2006:)

De este modo, Camilo Torres pretendió formar un movimiento político diferente a los tradicionales, mas no un grupo insurgente. Su decisión de ingresar a las filas del ELN fue posterior y la comunicó al país a través de la “Proclama al Pueblo Colombiano”87,

considerado como uno de los documentos más polémicos de su trayectoria política.

86 Así denomina el poeta y ensayista William Ospina a los colombianos que no pertenecen a los partidos tradicionales (liberal y conservador).

87 Sobre la incorporación de este sacerdote a las filas del ELN se han dado múltiples opiniones y análisis que van desde considerar que fue una decisión ingenua, teniendo en cuenta que era un intelectual con formación en sociología y fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, doctorado en Lovaina, hasta los planteamientos que sostienen que en su decisión hubo una máxima generosidad y que el grupo insurgente no valoró la presencia de este intelectual en la organización, de ahí que en lugar de ubicarlo en la dirección política de la misma, fuera incluido como un guerrillero de base, lugar que facilitó su muerte en combates con el ejército el 15 de febrero de 1966 en Patiocemento, Santander.

En síntesis, y siguiendo los planteamientos de distintos analistas, es posible sugerir que en el surgimiento del ELN confluyen múltiples sucesos internacionales, nacionales y regionales. En el ámbito internacional, la Revolución Cubana; en el nacional, el fin de la Violencia bipartidista y el surgimiento y la consolidación del Frente Nacional, y en lo regional, las luchas cívicas y sindicales, así como el movimiento estudiantil en la Universidad Industrial de Santander, que se extiende por todo el país. En esta síntesis no podemos dejar de lado la irrupción política del sacerdote Camilo Torres, presencia