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7. Conclusions

4.5.6. Advanced manufacturing technologies

A pesar de que la discreción es una cualidad que las comunidades musulmanas valoran mucho en los imames, no por ello éstos se convierten en figuras que reciben una fuerte presión social. Eso se debe al hecho de que éstos adquieren una dimensión pública, que les hace estar bajo la mirada permanente de los miembros de su colectivo. Los comentarios, favorables o desfavorables, sobre el ejercicio de su guía doctrinal, sobre su disposición para atender a su colectivo, sobre su habilidad para encargarse de la educación coránica de los más jóvenes, o sus relaciones sociales fuera de la misma comunidad, les colocan en una situación de permanente cuestionamiento de su ejercicio de autoridad. La propia fragilidad de la institución que le proporciona una parte esencial de esta autoridad -la mezquita-, facilita el hecho de que el imam se vea condicionado a dar pruebas periódicas de la misma.

No obstante, el imam no siempre es puesto en entredicho por la manera en que lleva a cabo el ejercicio de su función. También es criticado porque éste es uno de los mecanismos utilizados por parte de los contendientes o detractores de la junta que dirige la mezquita. De hecho la elección del imam por parte de sus responsables, le hace transmisor del perfil doctrinal, lo que le convierte en la figura visible, si no de la junta, al menos de lo que ésta representa desde el

punto de vista de orientación del centro. En más de una ocasión, especialmente si el imam no forma parte del grupo que dirige la mezquita, su figura se ve inmersa en polémicas no siempre buscadas por él mismo. Probablemente ésta sea una de las razones (la otra podría ser la búsqueda de mejores condiciones laborales), que puede explicar la intensa movilidad de imames entre centros, quizás algo más acentuada en España y en Cataluña, que en otros países de Europa.

El vínculo del imam con la mezquita abre la puerta a la expresión de discrepancias en relación a su ejercicio doctrinal. Las críticas pueden armarse sobre la base de los siguientes criterios: el político, indicando la dependencia ideológica de esta figura religiosa respecto a un determinado poder político; el

doctrinal, de acuerdo con la interpretación doctrinal que este haga; el

generacional, ante la falta de conexión entre el discurso que elaboran estos imames y las nuevas generaciones; y el de la competencia profesional de estas autoridades en su servicio a la comunidad.

Si la función de guía ritual y de predicación originariamente fueron delegadas por parte del poder político a manos de los imames, y si éstos expresaban su sumisión a la autoridad política haciendo referencia explícita a ella durante la pronunciación de la jutba, la pregunta que cabe hacerse es cómo se expresa esta dependencia política en un contexto de diáspora. Referirse o no a una autoridad política del país de origen (en el caso de Marruecos, hacer referencia a la figura del rey que, como ya se ha dicho, ostenta la condición de amir al- muminin, comendador de creyentes), ha sido el criterio que ha servido, de facto, para diferenciar entre centros oficiales (dependientes orgánicamente de una estructura administrativa o política), oficialistas (que sin depender de ninguna estructura gubernamental, se declaran afines al régimen político), los que podríamos denominar como independientes (pues se niegan a hacer referencia a estas u otras autoridades, sin no obstante cuestionar su legitimidad), o los opositores (que manifiestan claramente una línea de oposición hacia estas autoridades de origen). El activo trabajo desarrollado por los estados musulmanes de origen a fin de limitar la aparición de un espacio exterior de discrepancia política en el seno de estos oratorios comunitarios

(basta pensar en la acción en Europa de las Amicales magrebíes entre las décadas de los 60 y los 80, o la de la estructura asociativa controlada por la Diyanet turca), no ha impedido que el margen de libertad de expresión presente en las sociedades europeas permitiera la expresión de estas voces de oposición política. La línea ideológica adoptada por el imam o los responsables del oratorio definen la orientación del mismo, ubicándolo dentro de este espectro político de afinidades o polarizaciones. Ello dota de un carácter concreto a estos centros, y así lo entienden aquellos que suelen frecuentarlos. Lo mismo puede decirse de la orientación doctrinal de estos centros. La línea doctrinal suele ser concretada por el imam, que la expresa en el ejercicio de esta función, principalmente en sus sermones y prédicas. No obstante, son los responsables del centro los que determinan el perfil doctrinal que le caracteriza, buscando a un guía doctrinal que sea afín al mismo. Esta caracterización doctrinal permite el establecimiento de vínculos de complicidad y colaboración con otros centros que se adscriben a la misma linea doctrinal. Las diferentes variantes doctrinales de interpretación de la tradición islámica adquieren forma y discurso en cuanto a que se localizan en la mezquita, que se presenta como la principal institución de difusión y propagación de estas interpretaciones entre las comunidades locales. Su capacidad para amplificar la influencia de un discurso sobre un colectivo, supone que el control de la mezquita sea uno de los principales motivos de disputa en el seno de estos colectivos.

Si uno de los retos de futuro del islam europeo es hacer la transición de "el islam de los padres al islam de los hijos y -en especial- de las hijas" (según la expresión de Dassetto y Nonneman, 1996: 216), esto pasa también por revisar la relación que se establece entre estas nuevas generaciones y las autoridades religiosas. La desconexión que se produce entre unos y otros tiene un componente generacional, pero también de interpretación y/o identificación con la referencia islámica. Ante unas autoridades que suelen formar parte del mismo grupo de edad que el de los padres de estos jóvenes, y que desarrollan un discurso religioso cargado de referencias a la sociedad y cultura de origen del colectivo, las nuevas generaciones no acaban identificándose con un

discurso que los vincula con el país dejado atrás (a menudo, apenas conocido y, por tanto, no asumido como propio), antes que con la sociedad donde viven y en la que se han socializado. Estas nuevas generaciones desarrollan un proceso de "autosocialización" (en palabras de Leila Babes, 1997), formulando un discurso de recuperación de la referencia religiosa, pero al mismo tiempo de distanciamiento respecto a determinados elementos que se vinculan con sus tradiciones familiares y culturales. La búsqueda de espacios propios y autónomos, fuera de los oratorios comunitarios, conduce explícitamente a la búsqueda de nuevas autoridades religiosas, que hoy en día se identifican con el perfil de los nuevos intelectuales musulmanes educados en Occidente, y que su influencia supera considerablemente la de las autoridades establecidas en torno a las mezquitas locales. El desencuentro también es doctrinal, ya que la reivindicación que hacen estos nuevos intelectuales de la relación individual respecto al hecho religioso contrasta con el discurso en torno al vínculo comunitario que formulan las autoridades tradicionales.

La última crítica se formula en términos de competencia profesional, y es elaborada por parte de aquellos imames que, o bien han sido formados en los países de origen como tales y que se instalan en Europa sin estar adscritos nominalmente a ningún mezquita, o bien aquellos que complementan esta función con su condición de estudiantes de ciclo superior (cursando, a menudo, estudios técnicos) en universidades europeas. Este perfil de imames más jóvenes y con una mejor preparación que aquellos que, en su momento, fueron puestos por la comunidad al frente de los oratorios, representa una clara concurrencia para ellos, pues ponen en cuestión su competencia para ocupar este cargo. Su participación en las actividades que organiza el oratorio local es valorada positivamente, pero ésta suele limitarse a aquellos aspectos complementarios al culto, ya sea la educación coránica para niños y niñas, algunas conferencias durante el mes de ramadán, u otras atenciones que el imam nominalmente adscrito a una mezquita no puede cubrir por falta de tiempo. A veces, éstos son invitados a pronunciar la jutba del viernes al mediodía lo que, contrariamente a lo que podría pensarse, no supone delegar en él la responsabilidad de esta expresión fundamental de la autoridad religiosa, sino reforzar su condición de "invitado" externo al oratorio. Otras

veces, y coincide con el período estival, estos imames sustituyen a la persona que ostenta el cargo de imam principal, durante su ausencia por vacaciones. En definitiva, las relaciones de competencia que se generan entre aquellos imames que se aferran al cargo, y que tienen como principales activos la edad, la experiencia, la permanencia en el cargo o los vínculos de amistad con miembros de la comunidad, y aquellos que pueden aportar una mejor formación así como también una mayor disposición a afrontar algunos de los retos que acompaña su presencia en diáspora, nos confirman los argumentos expresados anteriormente de que el reconocimiento y la confianza otorgada a estas autoridades religiosas depende de circunstancias de contexto que no dependen únicamente de la acumulación del conocimiento.

B.3.7. LA CONSTRUCCIÓN Y TRANSMISIÓN DEL CONOCIMIENTO