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7. Conclusions

4.5.4. Photonics

El momento en que este conocimiento y esta autoridad se ponen especialmente a prueba es durante la pronunciación de la jutba, el sermón canónico que es pronunciado durante la oración comunitaria del viernes al mediodía 91. Los jutabaa (sing. jatib), aquellos imames que elaboran y

pronuncian el sermón de la oración comunitaria del viernes al mediodía, se exponen a la mirada crítica del colectivo, pudiendo revalidar, o poner en duda, su autoridad basada en su conocimiento, su integridad y compromiso con la comunidad, si él mismo ejemplifica o no, en su conducta cotidiana, lo que

90 En Mayotte, un criterio distintivo de la autoridad religiosa es compartir el propio conocimiento.

Aquel que posee el conocimiento, también debe ser capaz de transmitirlo (Lambek, 1990: 29).

91 La mayoría de los tratados de derecho islámico indican la obligación individual y comunitaria

de asistir a la oración del viernes, que tal como indica su nombre (salat al-jumaa) convoca a todos los miembros de la comunidad. La jutba ocupa un lugar central en la misma, y canónicamente está dividida en dos partes: una de carácter formal, con alabanzas a Dios y al Profeta, junto con la mención a las autoridades políticas y con citas del Corán. La segunda parte es de elección libre por parte del jatib, que suele referirse a cuestiones que afectan a la comunidad. Sobre la jutba, véase Wensinck (1986: 746-77), y sobre el jatib Pedersen (1978: 1141-1142).

incluye su sermón. El imam tiene que demostrar, pues, que es poseedor de la condición de adl, de honorabilidad, de persona sumisa a la ley religiosa y de buena moralidad, que le permite convertirse en patrón de referencia para el colectivo 92.

La jutba, pues, es la más evidente expresión de la frágil ambivalencia que rodea la autoridad religiosa de estas figuras. Si, por un lado, el jatib se convierte en una figura vulnerable a la crítica social (por lo que supone generar discrepancias ante sus argumentos), por otro, este es el principal vehículo de influencia del predicador sobre el colectivo (lo que, en principio, le otorga una capacidad de movilización y/o orientación del mismo). Los sermones religiosos, por definición, son instrumentos de comunicación moral (Luckmann, 2003). Es decir, en su contenido se incorporan una serie de exhortaciones que se dirigen a la conciencia de las personas que participan en este acto de propagación, de cara a que éstas mejoren su propia condición como creyentes 93. Para ello es

preciso que se doten de un componente autoritativo moral, que se relaciona con el propio carisma del que lo pronuncia, o bien de la misma institución que lo alberga.

La jutba, considerada como uno de los principales medios clásicos de comunicación pública entre gobernantes y gobernados en el mundo islámico (Antoun, 1989: 10; Gaffney, 1994: 120), así como un instrumento de movilización social y política, intensamente explotado por los movimientos

92 Sobre la noción de adl, véase Tyan (1960: 215-216).

93

María Jesús Viguera (1994) analiza el rol de los predicadores en tiempos del islam clásico, recogiendo las cualidades que éstos deberían poseer. Citando al granadino Ibn Hudayl (siglo VIII H/siglo XIV dC.), el predicador "debe emplear los términos explícitos y fáciles de comprender por el conjunto de sus contemporáneos y compatriotas, cuya masa pueda gozar el encanto, utilizando de manera oportuna los términos de la ley religiosa como forma de inspirar el deseo de la otra vida, la devoción en este mundo, fortificar sus corazones, dar energía a sus almas, despertar la fuerza de su convicción, motivar al grado más elevado del sacrificio, despertar el pensamiento profundo, implantar el coraje en los corazones, hacer nacer el horror de la vergüenza, enseñar la humildad ante el Todopoderoso, hacer entender que Él está Presente, nunca Ausente" (pp. 319-320). El estudio de los sermones pronunciados por estos predicadores, en opinión de Viguera, "propicia un acercamiento bastante completo al conocimiento de una situación social" (p. 332), así como de un contexto histórico concreto. Esta es la misma linea de trabajo desarrollada por Linda G. Jones, en su tesis presentada en 2004 en la Universidad de California, sobre los predicadores musulmanes y cristianos entre los siglos XII-XV en la Península Ibérica y el Magreb (Jones, 2005).

islamistas (Fathi, 1995), es normal que sea uno de los principales objetivos a controlar activamente por parte de los propios gobiernos musulmanes. La formación de especialistas religiosos que organizan los propios estados musulmanes designa la figura del imam jatib en lugar destacado en la jerarquía del conocimiento dentro de una estructura burocrática 94. La única figura superior (dentro del islam sunní) es el mufti, cuya elección no es tanto resultado de una formación superior, como de la decisión -colegiada o política- de ocupar un cargo de autoridad al frente de una institución religiosa concreta. Habitualmente, pues, el jatib depende de una estructura burocrática oficial, que puede haber designado para ocupar este cargo en una determinada mezquita local (es la versión moderna de la delegación que, en los tiempos clásicos, hacía el gobernante a manos del alim más respetado, para elaborar y pronunciar el sermón semanal); pero a la vez requiere de otros mecanismos que legitimen su autoridad ante el colectivo.

Uno de ellos podría ser la ritualización del sermón por parte del predicador 95, a

través del recurso a un lenguaje formal (con claro predominio del árabe clásico,

fusha), a una retórica propia de un orador que mantiene una vehemencia medida, o a una serie de metáforas con las que ejemplificar sus argumentos.

94 Los cuatro perfiles formativos que se definen dentro del perfil de imam, y que indican

diferentes grados de competencia en materia religiosa serían los de imam muntaz (imam- profesor con estudios teológicos superiores), de imam jatib (con la preparación doctrinal adecuada para poder elaborar y pronunciar la jutba), de imam as-salawat al-jams (el imam que dirige las cinco oraciones diarias, y que debe disponer de los conocimientos del fiqh necesarios para el ejecución de estas oraciones), y de mualim al-quran (profesor de enseñanza coránica, que debe haber memorizado el Corán). Otros perfiles profesionales, complementarios de los anteriores, también son funcionarizados, tanto aquellos que requieren de una formación específica (los muaqit, encargados de confeccionar el calendario lunar oficial y de calcular las horas de las cinco oraciones diarias), como los que no (los muaddin, o muecines encargados de hacer la llamada oración; o los qayim o mukkadam, que se dedican al mantenimiento de los locales de la mezquita).

95 La predicación es esencialmente un acto ritual. Esto explicaría el recurso intensivo a un

lenguaje literario (y no coloquial, con el que poder llegar con más intensidad a una audiencia generalmente no muy formada) o en la retórica y la entonación de la voz, como medios para crear un clima apropiado para escuchar la alocució de una autoridad religiosa. La ritualización, pues, sería uno de los elementos distintivos que diferencia a las jutabun de otras formas de dirigirse a un público con una finalidad religiosa, ya sea en forma de lectura (muhardra) o lección (dars), desarrollado por otros perfiles de predicadores, como el waiz (predicador itinerante) o dai (misionero, propagandista) (Gaffney, 1994: 122 y 32-33). El otro sería que la implicación de los que escuchan la jutba y su interacción respecto al predicador es mínima (en todo caso, los oyentes expresen su asentimiento a las palabras del jatib), a diferencia de los otros discursos que tienen previsto que éste haya responder las preguntas que le formulan los asistentes (Antoun, 1989: 101).

De esta manera, por el aspecto más formal del discurso, se intenta reforzar la autoridad del predicador sobre la base del conocimiento 96. Siguiendo con la

misma estrategia esotérica de acceso a los textos religiosos que comentaba anteriormente Gilsenan (1982), la predicación de sermones formales en clave de metáfora presume la paradójica necesidad de un intermediario que interprete la complejidad de la ley divina y la haga comprensible para el conjunto de la comunidad. La autoridad de los predicadores, pues, asume una función de mediación interpretativa entre la religión de los especialistas y la religiosidad popular (Antoun, 1989: 68; Gaffney, 1994: 52).

Según Tezcan (2005), las expectativas que se generan en torno al sermón y a sus contenidos -especialmente por parte de ámbitos externos a la comunidad musulmana-, acaban ignorando la dimensión ritual del mismo. El contenido de los sermones que se pronuncian desde el minbar de las mezquitas europeas sigue constituyendo un sujeto de interés de primer orden en la bibliografía sobre el islam europeo. Las circunstancias de la predicación en un contexto de diáspora, en cuanto a forma y fondo, han atraído la atención de investigadores, pero sobre todo de los diferentes servicios de seguridad europeos que, al menos desde principios de los 90, han dedicado un especial seguimiento de los sermones de diferentes predicadores -estuvieran adscritos a una mezquita local, o bien fueran itinerantes-, temiendo que estos fueran vehículos de penetración del radicalismo islámico. Estos estudios han mostrado que la temática que abordan estos sermones va evolucionando de acuerdo con las circunstancias sociales y políticas que afectan directa o indirectamente a las comunidades musulmanas en Europa y en el extranjero (Reeber, 2000: 199- 201; Canatan, 2002). Las prédicas con un contenido plenamente político, sin embargo, representan una minoría dentro de un conjunto en el que dominan referencias a aspectos éticos, teológicos, de ortopraxia, o de comportamiento respecto a las relaciones con no musulmanes (Barton, 1986) 97. Un estudio

96 Bloch (1975: 24) argumenta que una alocución formal refuerza la naturaleza jerárquica entre

el orador y el oyente, reproduciendo a través de ella las relaciones de poder existentes.

97

Los diferentes servicios de seguridad europeos han observado que los discursos con contenido radical utilizan otros mecanismos de expresión, y no la jutba, que tiene una dimensión esencialmente pública. Las prácticas de adoctrinamiento radical, por definición, han de llevarse a cabo en un contexto restringido, y de forma discreta y poco notoria. En este

elaborado por el Instituto de Altos Estudios sobre la Seguridad Interior francés, sobre 48 sermones hechos en Francia entre septiembre de 1999 y junio de 2001, indica que la gran mayoría de éstos no incorporan ningún tipo de contenido político, sino moralizador y orientado hacia la explicación de la práctica religiosa islámica (Ternissien, 2002: 24-34).

Es evidente que, en contexto europeo, estos predicadores disfrutan de un margen de libertad para elaborar el contenido de sus jutabun, que posiblemente no tienen en sus países de origen ante el control a que son sometidos por parte de las autoridades políticas o religiosas. Pero también es cierto que en diáspora, el grado de aceptación respecto a una serie de discursos muy concretos, depende de la actitud que muestren los propios receptores. La moderación en el discurso y en la selección de temáticas apropiadas, según el criterio del colectivo, constituye también un elemento de legitimación del predicador comunitario. La tendencia a transformar la jutba en un discurso de contenido político 98 no es tan evidente como parece: según

Reeber (ibid, 199) los discursos políticos acostumbran a hacerse antes o después de la oración del viernes al mediodía (o cualquier otro día), en forma de conferencia o lección, pero raramente en el momento del sermón. De hecho, quien quiera escuchar un discurso islámico con contenido político, no tiene porque acudir a la mezquita: el uso profuso de cassettes de audio y video que recogen las prédicas de reconocidos jeques o ulama es tanto en Europa como en la resto del mundo musulmán. Es difícil determinar el hit parade de los

sentido, internet se convierte en un instrumento de primer orden para esta propagación, tanto a través de páginas que proporcionan documentación, como principalmente a través de foros de debate.

98 Quizás un apunte en relación al uso del término "contenido político": que una jutba incorpore

en su contenido la recomendación del imam en relación a las buenas relaciones de vecindad que hay que mantener con los no musulmanes en la sociedad europea, tiene un claro componente político entendido en clave de convivencia y ciudadanía; que este discurso haga mención a la situación política que padecen los musulmanes en el mundo (Palestina como referencia obligada), o bien en el país de origen, se entiende en clave de denuncia política; que la jutba se utilice para llamar a la yihad violenta contra los infieles, adquiere otra dimensión política en términos de polarización y radicalización. Creemos que cuando se habla de política en los sermones se hace referencia explícita a esta última dimensión que, por su contenido, difícilmente puede ser aceptado en el marco de una sociedad democrática. El problema es cuando se ignoran el primer tipo de contenidos o se quieren reprimir los segundos, de acuerdo con un implícito principio de despolitización de los musulmanes como miembros de un colectivo minorizado.

sermones más escuchados, especialmente cuando ahora se incorporan otros formatos de reproducción digital. Durante los años 80, uno de los predicadores "estrella" fue Abd al-Hamid Kishk, del cual se editaron centenares de versiones de sus discursos y conferencias (sobre Kishk, ver Kepel, 1984 y 1985). En la actualidad, estos diversos formatos de reproducción también son utilizados por otros conferenciantes que, saliendo del perfil teológico clásico, elaboran una producción doctrinalmente muy variada (véanse, por ejemplo, la editorial Tawhid en Lyon). En palabras de Reeber, "la jutba se desplaza del minbar a los hogares musulmanes" en formato audio o video, lo que provoca toda una revolución en el campo religioso islámico.